domingo, 7 de junio de 2009

Ruta Transcantábrica IV: Crónicas

Miércoles, 27 de mayo:


Estoy en León, soportando como puedo los incesantes ataques de la alergia primaveral. Lo tengo todo preparado y he entrenado por última vez. La mochila pesa unos 22 Kg. pero cada vez que la pongo sobre los hombros pienso en lo que me espera... Tengo la suerte de tener buen tiempo garantizado para los próximos tres días. Y en casa de mis padres, aquí en León, he dejado copia con la descripción exacta de las jornadas de la Travesía y hemos acordado ponerme en contacto al menos una vez cada 24 horas, dejando un margen de 36 horas para avisar al 112 en caso de que no reciban noticias mías. También les he dejado instrucciones claras de cómo gestionar con la Federación de Montañismo un posible accidente o desaparición.





Jueves, 28 de mayo:



Tal y como estaba previsto, llego en autobus a Caboalles de Arriba a las 20:30. Durante el viaje he podido disfrutar de los paisajes de Las Omañas; todo está muy verde, la primavera en su máximo esplendor. He dejado mis cosas en el único albergue rural del pueblo y he salido a dar una vuelta. Se trata de un pueblo típicamente minero que intenta salvaguardar la arquitectura típica de la zona. Su entorno me parece muy bonito, rodeado de espesos hayedos en los que no dudo de la existencia de los últimos urogallos cantábricos. De hecho, al lado del albergue se encuentra el Centro de Interpretación del Urogallo, pero no podré visitarlo porque abre sus puertas a las 11:00 de la mañana.







Después de prepararme la cena, César, el gerente del Albergue, se interesa en conocer los detalles de mi expedición. Como buen montañero y gran conocedor de la zona, me da buenos consejos y me advierte de los peligros.


Viernes, 29 de mayo:



Me levanto a las 8:00 de la mañana. César me prepara un buen desayuno y a las 8:30 con la mochila al hombro comienzo a caminar. El aire fresco de la mañana es ideal para acomodarme a los primeros pasos por las calles del pueblo. Subo por la carretera del Puerto de Cerredo hasta coger la pista que conduce a la "Mina Escondida". Tras pasar por las minas, llego a la Vega del Palo y al Valle de La Fleitina, desde donde contemplo la ascensión al Cueto Arbás.





A las 10:30 me encuentro con los primeros obstáculos: No hay sendero que me lleve al Collado de Bobia, y tengo que saltar numerosos cercos para atravesar las fincas, con el engorro que supone quitarme y ponerme de nuevo la mochila. A las 11:00 encuentro una sombra bajo un fresno que aprobecho para descansar. Ya estoy cerca del Collado de Bobia, pero todo está rodeado de grandes piornos y brezales, y no se ve ninguna vereda que conduzca hacia arriba.





Subiendo al collado atravieso numerosos canchales que me dan un respiro después de abrirme paso como puedo por los piornales. En uno de ellos sorprendo a una comadreja con un topillo en la boca. Me quedo inmóvil mientras veo cómo la comadreja baja hacia el bosque con su presa sin percatarse de mi presencia; lástima que no pudiera grabarla con la videocámara, pero no quise asustarla y sí poderla ver con detalle.





A las 12:00 llego al Collado de Bobia (1.622 m.), pero hace mucho calor y me cuesta mucho avanzar por el piornal. Ahora tengo que subir por la ladera del Cueto Arbás hasta coger altura y liberarme por fin de tanto piorno y brezo. Dos horas me costó atravesar la barrera del piornal, un auténtico infierno intentar abrirse paso donde no lo hay, con la mochila a cuestas y con semejante calor. Con la cantimplora a punto de agotarse por fin alcanzo altitud, desaparecen los brezales y aparecen los primeros neveros. Gracias a ellos lleno la cantimplora y recupero fuerzas para los últimos metros de ascensión. A las 14:30 alcanzo la cumbre del Cueto Arbás (2.007 m.), primera cota de la Travesía. La visibilidad es estupenda y ello me permite comprobar el recorrido de la travesía de los próximos días. Justo debajo se encuentra el Puerto de Leitariegos, lo que me advierte de un gran descenso.








Aprobecho media hora para descansar en la cumbre y tomar varias instantáneas del lugar. Una de ellas por supuesto tiene que ser con mi bandera:







Desde aquí puedo divisar el Cornón, con el Collado de Cereizales a su izquierda, a donde llegaré a dormir en la jornada de mañana. También puedo divisar más al horizonte Peña Orniz y el Macizo de Las Ubiñas, lejísmos, me parece increíble que pueda llegar hasta allí, y más alla, hasta los Picos de Europa... Hacia el sur puedo divisar en el horizonte el Macizo Galaico Leonés, y hacia Asturias, todo el Valle de Arbás y su comarca.






A las 16:30 y después de un acusado descenso que me ha "machacado" los pies, llego a la Laguna del Cueto Arbás (1.690 m.). Rápidamente me quito las botas para remojar mis pies en las gélidas aguas del lago y me doy cuenta de que el dedo meñique derecho no ha podido soportar la presión y el calor y se le ha reventado la piel, y todavía estoy en la primera jornada...




Al acercarme a la orilla sorprendo a un montón de sapos en plena orgía sexual, pero les dejo tranquilos mientras busco un hueco donde meter los pies.




Hasta aquí tenía previsto llegar en esta primera jornada, pero todavía es pronto y me siento con fuerzas para avanzar hasta el Puerto de Leitariegos y un par de kilómetros más. Además, seguro que la noche aquí con tanto sapo iba a ser algo más que ruidosa.





A las 18:00 llego al Puerto de Leitariegos (1.523 m.). Es un pueblo pequeñito, con su iglesia, su fuentecilla, pero apenas veo señales de vida. Finalmente me encuentro con un hombre y le pregunto por un bar, me apetece tomar un café con algo dulce antes de seguir. Y aprobechando la cobertura, llamo a mis padres y a Clara para informales de mi posición y de que todo ha ido bien.





A las 18:30 cojo un camino que sube hacia las vegas del puerto bajo un calor insoportable. Comienzo a subir hasta que poco a poco el cansancio va haciendo mella. En cuanto alcanzo los 1.700 m. de altitud busco un lugar donde acampar hasta que encuentro una pequeña vaguada rodeada de piornos ideal para pasar la noche; no hay agua, pero justo al lado tengo un pequeño nevero.






En cuanto se mete el sol la temperatura baja rápidamente hasta los 9ºC. Después de montar el campamento y asearme, preparo la cena y una pequeña hoguera; a la luz de la lumbre escribo la crónica de esta primera jornada con la satisfacción de haberla completado sin excesivas dificultades.









Sábado, 30 de mayo:


Durante la noche la temperatura bajó hasta los 4ºC, he pasado algo de frío pero he podido descansar a pesar de despertarme varias veces. A las 7:30 de la mañana me he levantado y he tardado dos horas en desayunar, asearme, cagar, vestirme, desmontar el campamento y empaquetar la mochila. A las 9:30 por fin me echo a andar.




A las 10:15 alcanzo el Collado Los Penones (1.865 m.),y justo aquí encuentro la indicación del sendero GR203 que marca la ruta de Leitariegos a Genestoso. Una hora después, llego a la Laguna del Viveiro (1.630 m.), donde me encuentro con una rana que no había visto desde que era pequeño, la Ranita de San Antonio, el único anfibio de Europa capaz de trepar por ramas, arbustos y carrizos. Para no asustarla demasiado mientras saco mi cámara, la hago unas fotografías con la videocámara.






Después de descansar y comer algo, a las 12:00 desciendo por el sendero hacia el Collado Chano (1.523 m.). Allí me encuentro con numerosas turberas plagadas de esfagnos y ranúnculos. Me abro paso como puedo siguiendo el curso del arroyo Tuerto pero el calor es tan intenso que necesito parar cada poco para refrescarme con las aguas del arroyo. Atravieso la Braña Vallerona bajo la mirada estupefacta de caballos y vacas mientras el Mastín de los vigila no cesa en su empeño de echarme de allí. Cada vez hace más calor y no encuentro ninguna sombra. A las 14:30 por fin alcanzo el Collado de Recuélabre (1.667 m.) por donde el sendero GR baja hacia Genestoso. Aquí tengo que desviarme y comenzar con la ascensión hacia los Altos de la Sierra de Sopeña (1.844 m.), pero antes tengo que descansar porque mis hombros no pueden más.






Una hora después, alcanzo los Altos de Sopeña. Por fin distingo y Pico Cornón y el collado a donde tengo que llegar, pero el panorama es "desolador": Todavía me queda mucho por caminar y estoy agotado. Además, no hay senda, vereda ni nada parecido que me facilite el paso por todo el cresterío de la Sierra de Sopeña.






Me ha impresionado bastante todo el paso por el cresterío; el viento sopla muy fuerte y en algunos tramos tengo que mantener el equilibrio con fuertes pendientes a ambos lados. Pero por fin llego al Collado de Tres Lagunas (1.726 m.) a las 16:30 más o menos. Allí me encuentro con una flor muy rara que hacía muchos años no veía, "El Tablero de Damas" (Fritillaria pyrenaica). Se trata de una flor endémica de la Cordillera Cantábrica y Pirineos, muy especial por el característico dibujo que lleva impreso en sus pétalos.






Parece que hay una senda bien marcada que recorre toda la ladera hasta mi destino. No estoy muy seguro, pero es la mejor de las opciones, por no decir la única. Pero a las 18:00 horas me doy cuenta que si sigo caminando por la senda me desvío de mi objetivo. Me salgo de la senda, subo hacia lo más alto que puedo y efectivamente, me estaba desviando. Ahora tengo que bajar un pequeño valle, subirlo por la otra vertiente y mantener la altitud hasta llegar al Puerto de Cereizales. El problema es que no hay vereda alguna y sí mucho piornal.





A las 19:30 y después de pasar por una ladera inclinada, sin veredas, y atravesando brezales constantemente, llego exhausto al Collado de Cereizales (1.725 m.). Pero tengo la suerte de encontrarme con un zorro en plena sesión de caza. No se ha percatado de mi presencia por el ruido del arroyo y por lo inhóspito del lugar, de modo que puedo grabarlo con mi videocámara. También hay un grupo de venados pastando en la otra ladera, pero del oso nada de nada, ni rastro. Monto el campamento, me aseo y ceno con la satisfacción de haber llegado a la base del Cornón, tal y como lo había planeado, aunque algo preocupado por el agotamiento físico y el dolor de los hombros. Espero mañana poder salir renovado del descanso.



Domingo, 31 de mayo:



Durante la noche ha refrescado bastante, de nuevo la temperatura bajó hasta los 4ºC, pero he dormido muy bien y he descansado. A las 7:30 me he levantado,y como ayer, he tardado 2 horas en desmontar todo, preparar la mochila, vestirme, desayunar... Comienzo a caminar subiendo poco a poco por la ladera para ganar altura poco a poco. Pero a las 12:40 me encuentro con un "obstáculo" en mi camino llamado "Cornín". Por la izquierda tiene un "cortado" imposible de salvar; por la derecha la pendiente es tan vertical que no me atrevo a pasarla, así que sólo puedo subirlo sin saber lo que me encontraré al otro lado, quizás otro cortado.


Superar el Cornín me ha dejado "hecho polvo", me he expuesto demasiado y los pies han sufrido lo suyo manteniendo el equilibrio con los 20 kg. de la mochila. Con el susto todavía metido en el cuerpo, alcanzo la cumbre del Pico Cornón (2.188 m.) a las 13:30. Las vistas son "infinitas", por fin diviso en la lejanía los Picos de Europa.




Hacia abajo veo que suben numerosos montañeros que supongo vengan desde el Puerto de Somiedo. Además, hoy domingo y con este día seguro que esto se llena rápido. Así que me hago la foto de rigor, recupero fuerzas y rápidamente comienzo con el descenso.





La bajada está marcada por hitos, pero están tan mal colocados y hay tanta nieve acumulada que en algunos tramos me despisto y no sigo el trazado correcto. Así que tomo la determinación de guiarme únicamente con mi orientación y desciendo directamente por los neveros olvidándome de perder el tiempo en buscar hitos. Pero hace mucho calor, tengo los pies destrozados, y el agotamiento es tan grande que tengo que parar cada poco a descansar. Dos horas después del prolongado descenso ya no puedo más; tiro la mochila y caigo al suelo desplomado. Estoy sin agua, bajo un sol abrasador y sin fuerzas para continuar. Mientras intento reponerme pienso en descartar si quiera intentar llegar a La Cueta, mi destino de hoy, si llego al Puerto de Somiedo será más que suficiente, dormiré donde sea pero no puedo avanzar más.




Mirando hacia La Cueta distingo el Macizo de Peña Orníz (2.191 m.), que sería mi objetivo para la jornada de mañana. Queda totalmente descartado, no tengo fuerzas para afrontar semejante ascensión después de tres días tan duros. Llegada la noche me plantearé alternativa para mañana.





A las 18:30 llego al pueblo de Santa María El Puerto de Somiedo (1.460 m.); sueño con darme una ducha fría, comer hasta reventar y tirarme en una cama... La suerte está echada, dudo que por aquí encentre algún alojamiento.





Pero estoy de suerte, al llegar a la carretera alcanzo el Hotel "El Coronel", está abierto y tienen datáfono!! (no me queda dinero en efectivo). Voy directo a la habitación, directo a la ducha, y directo a la cama. Pero antes de bajar a cenar, lavo la ropa y organizo las cosas para mañana, porque en cuanto suba me voy a tirar a dormir.





Lunes, 1 de junio de 2009:


Son las 10:30, he dormido profundamente, sin duda he descansado lo necesario; entre la cena de ayer y el pedazo de desayuno que me acabo de tomar he recuperado fuerzas para afrontar otra jornada. No voy a subir Peña Orniz, lo dejo para otra ocasión. He encontrado una ruta alternativa que más o menos con la misma distancia puede llevarme a los Lagos de Saliencia.


Me dirijo a un Collado cerca de Peña Salgada desde donde divisaré el pueblo de Valle de Lago; bajaré hasta el pueblo, y seguiré por la pista hasta la ascensión a los Lagos. Pregunto a las gentes del pueblo y me indican por dónde puedo llegar hasta ese collado, un collado que en los mapas figura como Collado del Muñón, a unos 1.840 m.


Con las energías totalmente renovadas voy caminando mientras disfruto del paisaje, algo que no pude hacer ayer, estaba tan machacado que apenas pude disfrutar de la jornada; estaba tan abatido que incluso me planteé avandonar. Hoy las cosas son totalmente diferentes, el descanso me ha reconfortado tanto que hoy me siento con fuerzas para llegar hasta el final.


A las 14:00 llego al collado, y como era de esperar, abajo diviso el pueblo de Valle de Lago. Ahora me espera un largo descenso a través del Valle de Salgada y las Brañas de Sousas.





Realmente hoy estoy disfrutando del paisaje; Peña Salgada, Peña La Franca, Penachana... todo esto el calizo y me recuerda mucho a los Picos de Europa. A las 14:40 llego a las Brañas de Sousas.




Llegando ya al pueblo de Valle del Lago entro en la zona del Monte La Enramada, área de uso restringido del Parque de Somiedo, sin duda lo más cerca que voy a estar del Oso Pardo.



A las 15:30 llego al pueblo. Se nota que esta zona es muy turística, hay numerosos alojamientos, restaurantes, bares... todo está muy cuidado y bien señalizado. Entro en un bar y pido una cerveza. El ambiente es tan acogedor y la gente tan amable que me quedo un rato a descansar mientras me tomo un buen bocadillo de chorizo casero.


A las 17:00 de nuevo me pongo la mochila al hombro y bajo un sol abrasador comienzo con la temerosa ascensión hacia los Lagos de Saliencias. Menos mal que el camino está bien indicado y hay numerosas fuentes. A las 18:30 descanso bajo la sombra de un espino a media subida hacia las Vegas de Camayor. Una hora después llego a lo más alto, a unos 1.760 m. y se abre ante mí la mayor planicie de alta montaña que he visto, las Vegas de Camayor, una enorme extensión de vegas, más grande incluso que la Vega de Liordes, en los Picos de Europa. En medio de esta enorme extensión espero encontrar un buen lugar para acampar.



En la lejanía logro divisar un refugio pegado a la peña donde probablemente encuentre una fuente con agua. Pero cuando alcanzo el refugio rápidamente cambio de opinión, está tan abandonado que prefiero montar la tienda, además, por aquí no aparece agua por ningún lado. Finalmente encuentro un nevero y decido montar el campamento cerca para tener agua.





Después de montar el campamento, asearme y cenar comienza a oscurecer y un extraño sonido me llama la atención.




Hacía muchos años que no escuchaba el croar de las ranas, pero lo que no sé es de dónde viene, dónde están. Me doy una vuelta a investigar y encuentro una pequeña laguna en medio de la vega.


Rápidamente comienza a refrescar y decido meterme en la tienda a dormir. Ha sido un día muy largo y llevo ya cuatro jornadas de ruta, además, he podido comprobar lo importante que es tener un buen descanso.







Martes, 2 de junio:


Son las 6:02, no puedo dormir, no paro de moverme en el saco, entra frío por todas partes. Miro el termómetro y me quedo atónito: Marca 0º C, y dentro de la tienda!! No me lo puedo creer, hace tanto frío que decido ponerme toda la ropa que llevo, absolutamente toda. Aun así, sigo sin poder dormir...

A las 7:00 ya no aguanto más, necesito moverme y calentarme con una infusión. Cuando salgo de la tienda lo veo todo "helado", todo blanco, como en una mañana del más puro invierno. Me acerco al nevero pero está tan dura la nieve que apenas logro romper un pedrusco del hielo para hacerme la infusión...


Desmonto el campamento y a las 9:00 me echo a andar. Me noto cansado, no he dormido nada y avanzo con la preocupación de aguantar toda una jornada que me tiene que llevar a la base del mismísimo Macizo de Peña Ubiña. Enseguida llego a los Lagos de Saliencias, pero durante el descenso por el Lago de La Cueva mi dedo meñique, aquel que sufrió con la bajada de Cueto Arbás, se ha infectado y veo las estrellas cada vez que doy un paso.






A las 11:30 llego al Alto de La Farrapona (1.710 m.) donde el Valle de San Emiliano y las Ubiñas se abren ante mí. Ahora tengo que descender por la pista hasta Torrestío, pero el pie derecho no me deja caminar, voy sufriendo a cada paso que doy, y no logro aliviar el dolor, el meñique está en carne viva.





Cojeando y con cara de dolor, llego a Torrestío a las 13:00 horas bajo un sol abrasador. Pero no quiero parar, decido seguir caminando para llegar lo más pronto que pueda a San Emiliano para meterme en un hotel y descansar. Camino lentamente por la carretera sin sombra durante una hora, otra hora, y otra hora. A las 15:40 llego por fín a San Emiliano.

Me meto en el primer hotel que pillo, pido habitación, subo corriendo, me quito toda la ropa pegada sobre mi cuerpo y me meto en la ducha. Pero el grifo no suelta una gota de agua, abro todas las llaves del baño y nada, no hay agua, no me lo puedo creer!! Con un humor de perros bajo a la recepción y me dicen "ah!, sí, hay una avería y no tenemos agua". Recojo la mochila y busco otro alojamiento, una casa de Turismo Rural. Y me ocurre exactamente lo mismo!! Pero qué pasa con este puto pueblo!!! Una avería, no hay agua en todo el pueblo. Lo gracioso del tema es que nadie me dice si va a haber agua a lo largo de la tarde, noche... nada de nada, un mutismo y una parsimonia asombrosos. Enseguida me doy cuenta de dónde estoy, en el típico pueblo de León con la gente más cazurra y cerrada que me pueda encontrar.


No tengo opciones, cojo la mochila y continuo caminando por la pista que sube hacia el Puerto de La Cubilla. El paisaje es desolador: La pista se encuentra intransitable, el agua del arroyo está sucia, no hay ninguna fuente, ninguna señal, todo está lleno de escombreras... Es lamentable, menudo cambio desde que crucé el límite con Asturias hoy por la mañana.


Lo que me preocupa ahora es que se ha agotado la batería del teléfono y no he podido avisar a mis padres de mis pretensiones después del lamentable paso por San Emiliano. Espero poderlo cargar en cuanto llegue a la Casa Mieres.





La Casa Mieres es un refugio de Montaña construido y gestionado por el Ayuntamiento de Mieres (Asturias) para dar servicio a los ganaderos que suben su ganado a pastar por estas vegas. Yo no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar, no estaba previsto que fuera a pasar noche aquí, pero las circunstancias de San Emiliano me han traído y sólo espero poder ducharme, comer algo y descansar. Es un refugio privado que solo da servicio a los ganaderos, pero he sido bien recibido y me han cedido un sitio para poder pasar la noche. No hay agua caliente, ni electricidad, pero si una buena colchoneta donde poder dormir. Después de darme una ducha a oscuras con agua helada y oliendo a "vaca" por todos los rincones, bajé a cenar y me acosté pronto con la preocupación de no poder llamar a mis padres.





Miércoles, 3 de junio:


He dormido casi 11 horas, ni me he enterado de los ronquidos, estaba tan agotado ayer que caí muerto sobre la colchoneta. Estoy en Casa Mieres, muy cerca del Puerto de La Cubilla, atrás dejo el Murallón de las Ubiñas y comienzo la sexta jornada de la Travesía pensando en llegar a Pajares y conseguir así adelantarme un día entero a lo previsto. Pero Pajares está lejos, muy lejos de aquí, y tengo que caminar por zonas totalmente alejadas e instransitables, no tengo móvil y el tiempo está cambiando. Desayuno rápidamente y a las 8:30 me echo a andar.




A las 11:15 llego a las Vegas de la Cruz del Ciego (1.743 m.) donde realizo el primer descanso. De momento todo va bien, creo haber encontrado el camino adecuado aunque por aquí no hay señal alguna, ni sendas, ni veredas, ni hitos ni nada. Lo único que hay es abundante ganado; mientras escribo estas palabras una vaca muy curiosona se acerca para ver quién soy y qué hago aquí...




A las 13:00 llego a la Collada del Barradal (1.606 m.), en la base del Negrón. Antes de subir me como una barrita energética porque me encuentro como si me fuera a dar una pájara. Y tardo hora y media en subir los 290 m. de desnivel hasta la cumbre del Pico Negrón (1.884 m.).





Pero sigo sintiendo los síntomas de una pájara: Mareo, temblores, sudor frío... Seguramente el motivo sea el poco agua que estoy bebiendo, y es que por aquí no hay y tengo la cantimplora seca. Desde aquí distingo el Cueto Negro, todavía muy lejos, y contemplo lo que tengo que descender y lo que tengo que volver a subir...






No puedo seguir caminando sin beber, así que decido descender hasta encontrar agua. A las 16:00 encuentro una charca; el agua está sucia y llena de renacuajos, pero logro llenar la cantimplora de un chorrillo. Rápidamente comienzo con la ascensión hacia el Cueto Negro. Pero de pronto oigo tronar, miro hacia atrás y veo a Las Ubiñas envueltas en nubes negras.







Y justo cuando estoy a punto de llegar a lo alto, se me echan las nubes encima. No veo nada, y por si fuera poco, oigo volar a un helicóptero muy cerca de aquí. No cabe duda, seguro que me están buscando. A las 17:45 llego al Cueto Negro (1.856 m.).




Bajo por las pistas de esquí guiándome de los postes de los telesillas de la estación mientras escuho sobrevolar el helicóptero. No pueden verme por la espesa niebla, solo espero llegar pronto a Branillín y poder llamar lo antes posible. Bajo tan rápido que a punto estoy de meterme una hostia derrapando por un terraplén.




Cuando llego a Branillín el panorama es desértico, no hay nadie, ni un alma, todo cerrado y abandonado. Así que sigo bajando por la carretera hasta llegar al Puerto de Pajares (1.378 m.). En el único bar abierto no tienen teléfono, pero logro cargar un poco el móvil y a las 18:45 por fin establezco comunicación con casa. Efectivamente, mi madre, preocupada por la falta de noticias, llamó a 112. ¡Te están buscando! Inmediantamente llamamos para comunicar mi aparición y confirmar que me encontraba en Pajares en perfecto estado.


Ahora el cometido es buscar alojamiento. He llegado aquí un día antes de lo previsto y estoy pensando en tomarme el día de mañana como descanso y dar tiempo así a que mejore el tiempo.

Bajo hasta Busdongo pero por aquí no hay ningún alojamiento. Cae la tormenta y se pone a llover con fuerza. Me refugio en la estación de tren pensando en hacer dedo para que alguien me baje hasta Villamanín hasta que un empleado de Renfe me invita a llevarme a Golpejar, donde hay un buen hotel de carretera.


Comentando el estado del tiempo me advierte que han pronosticado lluvias y mal tiempo para los próximos días. Cuando llego al hotel, me doy una buena ducha, bajo a cenar, y consulto el parte meteorológico: Fuertes lluvias y bajada brusca de temperaturas para los próximos tres o cuatro días.


Con este panorama no sé cómo me voy a enfrentar a cruzar la cornisa desde El Cellón hasta San Isidro, envuelto en nieblas, lluvias y tormentas. Tras pensarlo y meditarlo durante unas horas, he decido dejar aquí la Travesía. He cumplido la primera parte de la Travesía en menos tiempo de los previsto, he caminado 100 km. desde Caboalles hasta Pajares en seis jornadas, con cuatro ascensiones. Y me queda la segunda parte, otros 100 km. hasta los Picos de Europa, que realizaré el próximo año.





Jueves, 4 de junio:


Me levanto de la cama con una fuerte gastroenteritis; me estoy acordando del agua que bebí ayer en aquella charca. El cielo está nublado y las cumbres están tapadas por las nubes, va a llover de un momento a otro. Así que con cierta resignación regreso a León en un autobús de Villamanín. Es una lástima porque al margen de la gastroenteritis, me encuentro con fuerzas para seguir, pero también pienso en que el próximo año tendré un aliciente más cuando llegue el mes de marzo y comience a prepararme para la segunda parte de la Travesía Transcantábrica.

miércoles, 3 de junio de 2009

Ascensión al Negrón (1.884 m.) y Cueto Negro (1.856 m.).

Realizo estas ascensiones durante el recorrido de la sexta jornada de la Travesía Transcantábrica entre la Casa Mieres del Puerto de La Cubilla y Arbás del Puerto (Pajares).

Inicio la ascensión al Negrón desde el Collado del Barradal (1.602 m.) procedente de las Vegas de la Cruz del Ciego. Es una ascensión sencilla que se realiza por una vereda bien marcada que asciende directamente desde el Collado por la ladera norte de la montaña.

Con sus 1.884 m. de altitud la cumbre del Negrón ofrece unas vistas magníficas del Macizo de Peña Ubiña. Hacia el Este puede verse la proximidad del Cueto Negro y de la Estación de Esquí de Valgrande-Pajares.


Mientras realizaba el trayecto entre el Negrón y el Cueto Negro me quedé sin agua. En el Collado Las Rubias dejé la mochila y me lancé ladera abajo en busca de agua, pero el tiempo apretaba y tenía que llegar cuanto antes a Pajares para poder llamar por teléfono, había superado el tiempo límite para avisar a casa porque en Casa Mieres me había quedado sin batería en el móvil.

De pronto escuché el sonido de un helicóptero que sobrevolaba la zona, pero no lo pude ver porque había ya mucha niebla. No quise pensar si aquel helicóptero me estaba buscando a mí, pero lo sospeché.

En cuanto llegué al Cueto Negro me hice la foto de rigor y bajé cagando leches a Pajares para buscar un teléfono. Efectivamente, aquel helicóptero me estaba buscando.



domingo, 31 de mayo de 2009

Ascensión al Pico Cornón (2.188 m.).

El Cornón es la cumbre más elevada de Somiedo y Laciana; con sus 2.188 m. de altitud representa la primera gran cumbre de la Cordillera Cantábrica en su Sector Occidental. Levantado sobre cuarcitas blancas El Cornón se hace visible y reconocible desde puntos muy lejanos de la Cordillera.

Realizo la ascensión al Pico Cornón durante el transcurso de la tercera jornada de la Travesía Transcantábrica, partiendo la mañana del 31 de mayo desde el Collado de Cereizales donde pasé la noche. Me levanté a las 7:30 y comencé a caminar un par de horas más tarde tras desmontar y recoger todo el campamento. Comencé subiendo poco a poco por la ladera para ir ganando altura poco a poco.

Tras bordear una montaña durante aproximadamente una hora llegué a un collado que asoma a los Puertos de Sosas. En el mapa aparece como Collado Miro (1.933 m.) y me da la impresión dev que por aquí no hay paso seguro, aunque puedo contemplar un paisaje salpicado de pequeños lagos glaciares con el Cornón al fondo con su arista cimera bien marcada. Intentaré llegar hasta él por la crestería.

Pero a las 12:40 me encuentro con un "obstáculo" en mi camino llamado "Cornín". Por la izquierda tiene un cortado imposible de salvar y por la derecha la pendiente es tan vertical que no me atrevo a pasarla, así que sólo puedo subirlo sin saber lo que me encontraré al otro lado, quizás otro cortado. No hay rastro de paso alguno, ni de señales, ni hitos, ni pisadas...

Superar el Cornín me dejó hecho polvo, me he expuesto demasiado y los pies han sufrido lo suyo manteniendo el equilibrio con los 20 kg. de la mochila. Con el susto todavía metido en el cuerpo, alcanzo la cumbre del Pico Cornón (2.188 m.) a eso de las 13:30.

Las vistas desde la cumbre son "infinitas" y puedo reconocer en la lejanía a los Picos de Europa. Se ven más cercanos el Macizo de Peña Ubiña y la Peña Orníz todavía con abundante nieve.

viernes, 29 de mayo de 2009

Ascensión al Cueto Arbás (2.007 m.).

La Reserva Natural Parcial del Cueto Arbás se encuentra incluida dentro del Parque Natural de las Fuentes del Narcea y del Ibias, en el concejo de Cangas del Narcea. Presenta un modelado glaciar muy interesante y peculiar, con turberas y una vegetación subalpina rica en especies botánicas de gran valor. El oso pardo también ha encontrado aquí su hábitat, junto a otras especies protegidas.


Realizo la ascensión al Cueto Arbás (2.007 m.) durante la primera jornada de la Travesía Transcantábrica. Partiendo de Caboalles de Arriba subo por la carretera del Puerto de Cerredo hasta coger la pista que conduce a la "Mina Escondida". Tras pasar por las minas, llego a la Vega del Palo y al Valle de La Fleitina, desde donde contemplo por fin la ascensión al Cueto Arbás.

Pronto me encuentro con los primeros obstáculos: No hay sendero que me lleve al Collado de Bobia, de modo que tengo que saltar numerosos cercos para atravesar las fincas, con el engorro que supone quitarme y ponerme de nuevo la mochila cada vez que llego a un cercado. A las 11:00 encuentro una sombra bajo un fresno que aprovecho para descansar. Ya estoy cerca del Collado de Bobia, pero todo está rodeado de grandes piornos y brezales y no se ve ninguna vereda que conduzca hacia arriba.

Subiendo al collado atravieso numerosos canchales que me dan un respiro después de abrirme paso como puedo entre los enormes piornos. A las 12:00 llego al Collado de Bobia (1.622 m.), pero hace tanto calor que me cuesta mucho avanzar por el piornal. Atrás quedan las minas y al fondo el valle de Caboalles.

Ahora toca subir por la ladera del Cueto Arbás hasta coger altura y liberarme por fin de tanto piorno y brezo. Dos horas me costó atravesar la barrera del piornal que preside las faldas del Cueto Arbás, un auténtico infierno intentar abrirse paso donde no lo hay, con la mochila a cuestas y con semejante calor. Con la cantimplora a punto de agotarse por fin alcanzo altitud, desaparecen los brezales y aparecen los primeros neveros. Gracias a uno de ellos lleno la cantimplora y recupero fuerzas para afrontar los últimos metros de la ascensión.

A las 14:30 alcanzo la cumbre del Cueto Arbás (2.007 m.), primera cota de la Travesía. La visibilidad es estupenda y ello me permite comprobar el recorrido de la travesía de los próximos días. Justo debajo se encuentra el Puerto de Leitariegos, lo que me advierte de un gran descenso.

Justo en frente puedo reconocer el Pico Cornón, que será mi próxima ascensión durante la tercera jornada de la travesía. Para el descenso buscaré la senda que seguro sube desde el Puerto de Leitariegos pasando por la laguna glaciar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

2ª Ascensión a Peñalara (2.428 m.)

Peñalara es la cumbre más elevada de la Sierra de Guadarrama, que a su vez forma parte del Sistema Central. El paraje alberga pequeños circos, dos morrenas y diversos lagos de origen glaciar que motivaron su declaración como Parque Natural en junio de 1990. De su fauna tan solo son destacables la presencia de algún buitre negro y del aguila imperial, además de los anfibios que sobreviven en las lagunas.

Primera de las cumbres de los 10 Principales Sistemas Montañosos de España: ¡CONSEGUIDO!

Miércoles, 13 de mayo de 2009. Me encuentro en plena preparación física para la Transcantábrica, y nada mejor que probar con una segunda ascensión a Peñalara. Después del intento fallido del Almanzor el pasado fin de semana, en el que pude comprobar el peso de la mochila y el esfuerzo de portearla durante dos jornadas, necesito probar el fondo físico para una ascensión prolongada, con crampones y piolet, que seguramente tendré que llevar a la Cantábrica por la cantidad de nieve que todavía está en las cumbres. Y cumpliré así con la ascensión a la primera de las cumbres de los 10 Principales Sistemas Montañosos de España, mi próximo reto después de la travesía.

He llegado al Puerto de Cotos (1.829 m.) a las 13:00 horas y he comenzado inmediatamente con las ascensión de manera ininterrumpida con la intención de alcanzar la cumbre en tres horas. Esta vez voy a subir por la vertiente sur-este, desde la Laguna de Los Claveles. Cuando llego a la Majada de la Laguna Grande, puedo comprobar la abundante nieve que todavía persiste por toda la cumbre.

Continuo por el sendero bien marcado hacia el altiplano donde se asienta la Laguna de Los Calveles (2.120 m.). Hay nieve abundante y las praderas están totalmente encharcadas, el deshielo está tan abanzado que las cascadas son constantes por toda la zona, algunas de ellas de extraordinaria belleza...

En este punto necesito comer algo, justo antes de ponerme los crampones y comenzar la ascensión por un nevero muy vertical pero que conduce directo a las estribaciones de la cumbre de Peñalara. La nieve está bastante más dura de lo que pensaba, en algunos tramos está incluso helada, pero con los crampones voy con cierta seguridad y poco a poco voy ganando altura. Aprovecho la sensación para grabar con la videocámara algunas tomas de la ascensión.

A medida que voy ganando altitud comienzo a disfrutar con las extraordinarias vistas que no había podido descubrir en mi primera ascensión, en octubre del año pasado. Detrás de mí tengo la vista completa del valle de Rascafría, con todos sus pueblos y el embalse al fondo.


A unos cien metros de la cumbre decido quitarme los crampones y trepar por la roca; la nieve alcanza una gran rimaya entre el Risco de Los Claveles y Peñalara que en algunos tramos está rota y no pinta muy bien arriesgarse a subir por allí. Además, lo mío es trepar por la roca, que es con lo que realmente disfruto, y la chimenea por la que voy a subir es de las que me gustan.

Me doy bastante prisa porque las nubes que se están formando allí arriba no me gustan nada, sopla mucho viento frío y puede ponerse a llover de un momento a otro. Más o menos a las 16:00 horas alcanzo la cumbre.

Las vistas de Segovia con la Meseta al fondo son realmente sorprendentes. Realizo varias tomas con la videocámara y rápidamente me refugio del frío más abajo para comer algo y descansar mientras planifico el descenso.






martes, 12 de mayo de 2009

Próximo Reto: Cumbres de los Principales Sistemas Montañosos Españoles

A pesar de tener una gran Meseta que abarca dos quintas partes del territorio, España es un país geomorfológicamente abrupto y elevado, con una vasta representación de cadenas montañosas que lo convierten en el segundo país más montañoso de Europa, únicamente superado por Suiza. Entre este paisaje puramente montañoso sobresalen cumbres como el Mulhacén (3.478 m.) o el Aneto (3.404 m.), además de contar con los 3.718 m. del Teide, máxima elevación del país.

Este será el próximo reto después de la ruta Transcantábrica, conocer de cerca los diez principales Sistemas Montañosos Españoles ascendiendo a su cumbre más elevada mediante rutas bien programadas y organizadas que me permitan comprender la riqueza alpinística de mi país:
  • Macizo Galaico-Leonés (Teleno, 2.188 m.)
  • Cordillera Cantábrica (Torre Cerredo, 2.648 m.)
  • Montes Vascos (Aitzkorri, 1.551 m.)
  • Pirineos (Aneto, 3.404 m.)
  • Sistema Ibérico (Moncayo, 2.313 m.)
  • Sierra de Gredos (Almanzor, 2.592 m.)
  • Sierra de Guadarrama (Peñalara, 2.428 m.)
  • Cordillera Penibética (Mulhacén, 3.477 m.)
  • Baleares (Puig Major, 1.445 m.)
  • Canarias (Teide, 3.718 m.)

El Macizo Galaico-Leonés constituye el sector más noroccidental del primitivo Macizo Ibérico, la primera cordillera originada por la orogenia herciniana a finales del Paleozoico (250-350 m.d.a.). Con la orogenia alpina del Cenozoico su estructura fue rejuvenecida y remodelada por la acción de los glaciares, hasta convertirse en una elevación escalonada desde el Cantábrico hasta la Meseta interior con cumbres redondeadas y aplanadas formadas por materiales precámbricos y paleozoicos (granitos, pizarras, gneis). Su máxima elevación se encuentra en los Montes de León, en el Macizo del Teleno (2.188 m.).


La Cordillera Cantábrica discurre paralela a la costa cantábrica desde el Macizo Galaico-Leonés hasta los Pirineos. Es una gran cadena montañosa singular y única en el contexto de la Europa Occidental, formada fundamentalmente por cuarcitas, grauvacas, calizas y pizarras, y caracterizada por sus espectaculares masas boscosas, por su gran riqueza faunística y por la gran variabilidad vegetal entre el norte y el sur marcada por el límite fitogeográfico entre las regiones Eurosiberiana y Mediterránea.

En el Carbonífero, hace unos 300 m.d.a., era una gran cuenca marina que se elevó posteriormente tras la orogenia herciniana para ser erosionada a lo largo del período de estabilidad tectónica. Esto explica la abundancia de fósiles marinos y de yacimientos de carbón y otros minerales. Luego, tras la orogenia alpina, se producen nuevas elevaciones paralelas al mar que rejuvenecen los materiales hercinianos.

Su máxima elevación, Torre Cerredo (2.648 m.), se encuentra en los Picos de Europa, un tremendo macizo calcáreo de elevadas cumbres e intensa karstificación que albergó grandes glaciares en el Cuaternario, y que hoy constituye el mayor macizo calcáreo de la Europa Atlántica.



Los Montes Vascos constituyen el enlace de la Cordillera Cantábrica con los Pirineos. Están formados por materiales mesozoicos y terciarios, margas, areniscas, arcillas y calizas cuyos procesos kársticos son muy evidentes y que conforman paisajes de gran belleza a lo largo del País Vasco. Su máxima elevación se encuentra en el cresterío de la Sierra de Aizkorri, en el Monte Aitxuri (1.551 m.).


Los Pirineos forman el istmo de la Península Ibérica y constituyen la mayor cordillera de España. Su levantamiento se remonta a finales del Paleozoico, tras la orogenia herciniana. Posteriormente, durante millones de años, fue erosionado, cubierto por el mar, tapizado por mantos sedimentarios y vuelto a aflorar tras la orogenia alpina. Está formado mayoritariamente por calizas, cuarcitas, areniscas y pizarras, y en menor medida por batolitos graníticos y pequeños volcanes.

Pero lo que más caracteriza a los Pirineos es la acción glaciar, mucho más evidente que en cualquier otro sistema montañoso ibérico. Buena parte del relieve del Alto Pirineo se explica por la presencia de extensos glaciares durante miles de años que han dado origen a grandes valles como el de Gállego, Ara y Araza, Cinca, Arán... Alguno de esos glaciares todavía persiste en la actualidad a modo de reliquia en una de las vertientes del Pico Aneto (3.404 m.), la máxima cumbre de los Pirineos.


El Sistema Ibérico es la estructura montañosa peninsular más antigua, formada por un conglomerado montañoso sin alineación definida de macizos y sierras desordenadas cortadas por amplias fosas y depresiones. Su formación se debe al plegamiento alpino, con elevaciones muy laxas a veces acompañadas de grandes fracturas, como la que forma la depresión del Ebro, una línea de falla de más de 1.000 m. de desnivel. A veces, esta actividad tectónica se deja sentir con movimientos sísmicos de cierta importancia.

Conforman el Sistema Ibérico la Sierra de La Demanda, los Picos de Urbión, la Sierra Cebollera, Gúdar, Javalambre, Albarracín, la Serranía de Cuenca y la Sierra del Moncayo, donde se encuentra la máxima elevación, a 2.313 m.



El Sistema Central constituye una larga cadena montañosa que divide el paisaje de la Meseta en dos, la submeseta norte y la submeseta sur. Surgió de la orogenia alpina del Terciario como rejuvenecimiento del zócalo herciniano, desplazado hacia el norte por la placa africana. Sus materiales son rocas metamórficas de origen sedimentario, granitos, gneis, pizarras, equistos, cuarcitas...

Su sector principal y culminante lo constituye la Sierra de Gredos, caracterizada por la fuerte asimetría de sus dos vertientes y por la suavidad de sus cumbres erosionadas, rota en su macizo central por la acción de los glaciares. Precisamente allí se elevan las más altas cumbres, como La Galana (2.568 m.) o el Pico Almanzor (2.592 m.).



La Sierra de Guadarrama forma parte de la división natural de las dos submesetas a lo largo de una cuerda montañosa de unos 80 km. De entre todas sus elevaciones destaca el Macizo de Peñalara, que con sus 2.428 m. de altitud alberga un paraje natural protegido formado por el circo glaciar, los lagos glaciares colindantes y los grandes pinares que lo rodean.


La Cordillera Penibética es la principal cordillera de los Sistemas Béticos, y se extiende desde Tarifa hasta Cartagena entre el Mediterráneo y la depresión penibética. Su complejidad geomorfológica viene dada por la superposición de diversos mantos de corrimiento sobre sedimentos del Jurásico que emergieron durante la orogenia alpina. Su relativa juventud es uno de los factores que condicionan el hecho de presentar más de veinte cimas que superan los 3.000 m. de altitud, siendo el Mulhacén (3.478 m.) el "techo" de la Península Ibérica.

Las Islas Baleares constituyen un eslabón geológico de la Cordillera Bética. La orogenia alpina provocó la elevación de los sedimentos marinos del antiguo mar de Tetis dando lugar al archipiélago, cuya litología es muy similar a la del Sistema Bético. La Sierra de Tramuntana, en la isla de Mallorca, alberga las mayores altitudes de todo el archipiélago, siendo el Puig Major la máxima elevación con 1.445 m. Lamentablemente, la cumbre se encuentra opupada por una base militar que impide alcanzar la máxima cota.


Por último, las Islas Canarias forman un archipiélago volcánico perdido en el Atlántico de extraordinaria singularidad. Su origen sigue siendo muy debatido y existen varias tesis al respecto. Una de las más extendidas afirma que su formación está asociada a la fractura que dio origen a la Cordillera de Los Atlas.

Entre los relieves más destacados de las islas, se encuentran los macizos antiguos de Anaga y El Teno, en Tenerife. El Teide, con sus 3.718 m. se levanta asociado a la Caldera de Las Cañadas para convertirse en el techo de las montañas españolas.