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viernes, 2 de mayo de 2008

Las Peñas de Cifuentes.

En Valdeón llaman "Peñas de Cifuentes" al macizo formado por la Torre de Friero, Torre del Hoyo de Liordes, Torre de Salinas y Peña Remoña. Y es que este macizo esta separado del Macizo Central por la Canal de Asotín, por la Vega de Liordes y por Los Tornos de Liordes. Existen dos únicos pasos que permiten cruzar las Peñas de Cifuentes: La Canal de Pedabejo y la Collada de La Chavida. El paso por ambos permite realizar una de las travesías más espectaculares de los Picos de Europa.




Estamos en el Puente de Mayo de 2008. Por quinta vez organizo la travesía guiada por las Peñas de Cifuentes, esta vez para Antonio, Miguel y Víctor, amigos de mi hermano Luis. El día es soleado aunque hace un poco de frío. La nieve impide que alcancemos el Caben de Remoña con el Trepas, pero podemos llegar a la Horcada de Valcavao.

Emprendemos la subida por el Sedo de Remoña sin demasiadas complicaciones. No hay mucha nieve y nos abrimos paso sin dificultad. Pero al alcanzar el Collado Remoña (2.030 m.) comenzamos a pisar nieve de continuo.


Víctor no lleva el calzado adecuado y pronto empieza a notarlo, se le calan los pies de inmediato, lo cual no es nada bueno para su resfriado. Después de reponer fuerzas, continuamos la travesía.


A medida que vamos cogiendo altura hay más nieve lo que facilita enormemente el paso por esta zona, plagada de grandes rocas. Pero en algunos tramos tenemos que extremar las precauciones puesto que la pendiente es bastante fuerte y puede haber bloques de hielo o grietas bajo la nieve.



Bordeamos el Hoyo de Liordes y la Torre Olavarría. En este punto siempre me fijo en la subida hacia la Torre del Hoyo de Liordes y la Torre de Salinas. Encumbrar alguna de las dos es algo que tengo en mente desde hace bastante tiempo. Desde aquí no parece bastante complicado, no creo que sea necesario llevar equipo para escalarlas. No sé, puede que algún día lo intente, ya veremos.



Avanzamos poco a poco mientras voy abriendo huella con mis crampones. Es paisaje aquí siempre es sobrecogedor, sin duda uno de los parajes más espectaculares de los que conozco en Picos. Noto que mis colegas lo están disfrutando al máximo, a pesar de algunas dificultades por las que atravesamos.





Llegando a la Torre Olavarría, el paso más complicado, optamos por subir directamente por la vertiente nevada a pesar del fuerte desnivel.




Pronto alcanzamos la Canal de La Chavida, en su viertiente hacia Asotín. Disfrutamos de la panorámica espectacular de las estribaciones del Friero, de la Canal de Asotín y del Collado Jermoso con Peña Santa al fondo. Es impresionante notar la caída descomunal hacia Asotín y ver "colgado" de la peña al mejor refugio de los Picos de Europa, Collado Jermoso.


Ahora nos queda la última subida hacia la Collada de La Chavida (2.160 m.); para llegar tenemos que ir sorteando numerosas simas que abundan por esta zona, extremando las precauciones porque la nieve puede estar ocultando alguna bajo nuestros pies. Tras la collada, nos espera el largo descenso por el nevero hasta dar con la senda que cruza hacia el Caben de Remoña.

Ha sido una jornada estupenda, me he sentido muy bien a pesar de las enormes dificultades por las que estoy atravesando con la cesión de mi supermercado de Posada. Ha sido un paréntesis en una de las etapas más difíciles de mi vida; he tomado oxígeno, he respirado aire puro y me he cargado de energía para seguir adelante. Y esa energía, como siempre, me la da la Montaña.


domingo, 3 de septiembre de 2006

Ascensión a Torre de Friero (2.445 m.)

La Torre de Friero (2.445 m.) es mundialmente conocida por su larguísimo corredor norte, el más largo de España. Con más de 1.000 metros de vía este corredor es codiciado por los mejores escaladores, quienes acuden sobre todo en el invierno para escalarlo. Pero además de su corredor, El Friero es uno de los Picos más característicos del Macizo, por su forma erguida y esbelta.


Es domingo, 3 de septiembre de 2006. La semana pasada fracasó el segundo intento de alcanzar la cumbre del Friero y no he podido recuperarme de la decepción de abandonar cuando estaba ya tan cerca. La primera vez lo había intentado el año pasado, subiendo por la cara sur, pero fue imposible subir por una chimenea de la que se desprendía cualquier roca a la que me agarrara; me quedé a unos 200 m. de la cumbre. Así que lo he organizado todo para volver a intentarlo, aunque tenga que hacerlo en solitario. Finalmente mi hermana Laura ha decidido subir conmigo.

Subimos lo más pronto que pudimos con el Trepas hacia el Caben de Remoña para ascender por el Sedo de Pedabejo hacia el Collado Remoña. Bordeamos las Peñas de Cifuentes y descansamos en la Collada de La Chavida antes de atacar la ascensión.

La primera parte de la ascensión por la terraza hasta la cara norte se resuelve sin dificultad salvo por las numerosas piedras que continuamente se desprenden a nuestro paso. Ya en la cara norte sorteamos con mucho cuidado las enormes grietas que caen hacia Asotín; la sensación de vacío es tan grande que nos hace extremar las precauciones al máximo. Y así, alcanzamos el final del corredor norte para dar con el balcón que asoma hacia Asotín. Hasta aquí llegué la semana pasada acompañado de Clara, Maite y Quique. Fue imposible convencer a Maite para seguir con la ascensión, lo estaba pasando realmente mal y decidimos dar la vuelta.



Pero esta vez voy con mi hermana Laura, que se habituó rápido a la sensación de vacío y está decidida a coronar El Friero conmigo.

Las vistas son espectaculares; el aire es tan limpio que se ve el Mar Cantábrico con toda nitidez, y en el horizonte no dejan de verse montañas en la Cordillera.


Comenzamos a trepar el tramo final de la ascensión por un corredor casi vertical sin demasiada dificultad salvo por la sensación de vacío. De momento no veo la necesidad de asegurarse con cuerda pero cuando terminamos este corredor llegamos a la chimenea que procede del corredor norte y la cosa cambia. Aquí la sensación de vacío es mucho más fuerte y pensando en la bajada ato una cuerda a la roca.

Y por fin llegó el momento más esperado. Tras subir por la chimenea alcanzamos la vía que sube ya directa a la cumbre. Son los últimos metros de la ascensión y la emoción de coronar El Friero hace que nos olvidemos del agotamiento físico. Ya en la cumbre nos fundimos en un fuerte abrazo y no paramos de movernos de un lado a otro para no perder detalle del inmenso panorama que teníamos ante nosotros.

En frente, Collado Jermoso, con su refugio casi insignificante pero que impresiona verlo ahí colgado en la roca...


Y en el otro Macizo, Torre Santa, con la línea del mar en el horizonte. Tomaré esta instantánea para utilizarla como la imagen corporativa de mi negocio en Posada de Valdeón, que por algo he llamado "Supermercado Friero".


Embriagado todavía con la emoción, me siento a enviarle a Clara un mensaje desde mi móvil: "Saludos desde la cumbre del Friero... ojala estuvieras aquí para contemplar lo que tengo antes mis ojos". La semana pasada en su despedida le prometí que le enviaría una foto y un mensaje desde la cumbre, y lo prometido es deuda...



Hacemos un montón de fotos, no quiero perder ningún detalle porque no se cuándo podré volver. Se ve por completo el Valle de Valdeón, la Canal de Asotín, el Monte Corona...

Y no pierdo detalle de mi próximo objetivo en los Picos de Europa: Subir la Torre del Hoyo de Liordes (2.474 m.). Desde aquí puedo ver su posible vía ascensión.


Ha sido emocionante, por primera vez después de mucho tiempo me siento feliz, siento que Valdeón es mi sitio, que he tomado la decisión acertada, siento que he recuperado mi autoestima... Y ha sido un placer poder compartirlo con mi hermana Laura; estoy seguro de que para ella también ha sido muy emocionante, ella también vivió en Valdeón y siempre quiso subir la Torre de Friero. Hoy ha sido un gran día para los dos.


domingo, 27 de agosto de 2006

Aproximación a Torre de Friero (2.445 m.).

La Torre de Friero (2.445 m.) es mundialmente conocida por su larguísimo corredor norte, el más largo de España. Con más de 1.000 metros de vía este corredor es codiciado por los mejores escaladores, quienes acuden sobre todo en el invierno para escalarlo. Pero además de su corredor, El Friero es uno de los Picos más característicos del Macizo, por su forma erguida y esbelta.

Es jueves, 24 de agosto de 2006. Estoy en plena temporada alta y el supermercado marcha estupendamente, hay muchos turistas, hace un tiempo estupendo y dos meses después de ponerlo en marcha todo va sobre ruedas, las ventas son inmejorables, Susi trabaja estupendamente y mis padres han venido a echarme una mano.

Por aquí están mis amigos Quique y Maite, de León, que han venido a pasar unos días de vacaciones a los Picos de Europa. Y no he tardado en ofrecerles una de mis aventuras, intentar nuevamente la ascensión a la Torre de Friero. Precisamente con ellos lo había intentado el año pasado, pero no pudimos llegar a cumbre por intentarlo por la vía más complicada. Este año lo volveremos a intentar, el domingo 27, esta vez por la vía normal.

El viernes entraron en mi súper Clara y Toñi, y resulta que Clara es la sobrina de mi vecina Mary. Por supuesto les ofrecí mi ayuda para todo lo que necesitaran y les animé a que se apuntaran a la aventura del domingo con Quique y Maite, a lo que accedieron sin reparos. Mientras tanto les aconsejé algunas rutas que podían hacer por el valle, incluso me acompañaron a Fuente Dé a recoger la miel ecológica de uno de mis proveedores.

Y llegó el día. Me ha costado organizarlo todo para que en mi ausencia todo vaya bien; es la primera vez que me ausento del supermercado, pero tengo la suerte de contar con Susi, en la que confío plenamente, y tengo además a mis padres. Así que con todo preparado y organizado, me voy de ruta con Quique, Maite, Clara y Toñi. Cogimos temprano el Trepas y subimos al Caben de Remoña. El día es estupendo, presiento que todo va a salir bien. Inmediatamente nos ponemos en marcha para subir por el Sedo de Remoña.

En cuanto llegamos a la Vega de Liordes me percaté de que mi cámara llevaba la batería descargada, así que estas fotos proceden de la cámara de Toñi, que no perdió detalle durante toda la travesía por Cifuentes.

Y los rebecos estaban por allí, como siempre. Durante la marcha yo iba por delante, abriendo camino, pero estaba tan ansioso por llegar a la base del Friero que a veces miraba hacía atrás y comprobaba que a ese ritmo dejaba atrás a mis acompañantes, así que reduje la marcha hasta llegar a La Chavida.

Allí paramos para descansar y comer para retomar fuerzas. En ese momento Toñi renunció a continuar con la ascensión, estaba muy cansada y prefirió quedarse por el lugar a descansar y tirar algunas fotografías. Lo demás emprendimos la ascensión con Quique y Maite a la cabeza. Clara y yo íbamos por detrás, tranquilamente, paso a paso, momento que aproveché para entablar conversación con ella, aunque el agotamiento de la subida y los nervios que llevaba encima a penas me dejaron articular palabra.


Cuando llegamos al paso más delicado, después de sortear las descomunales caídas hacia Asotín por el corredor norte, nos encontramos a Quique y Maite atascados. Maite está tan sobrecogida por el impresionante vacío que no puede dar un paso más. En ese momento, agarro la mano de Clara y la ayudo a dar el último salto hasta alcanzar la terraza sobre la Aguja de Maria Luisa. Yo les digo que ya estamos muy cerca, a pocos metros de la cumbre, pero Maite se niega a trepar por aquella chimenea tan expuesta. Clara no dice nada, sólo disfruta de las vistas, y Quique está dispuesto a intentarlo en otra ocasión.

En otras circunstancias les hubiera dicho que regresaran a La Chavida mientras yo alcanzaba la cumbre, pero había una fuerza aun mayor que me impedía separarme de Clara... Por un momento nos quedamos allí, los dos solos, tumbados sobre la terraza, todavía impresionados con la altitud, queriendo decir algo pero sin saber qué decir...

Finalmente, regresamos al encuentro con Toñi en La Chavida y descendimos por el pedrero hacia el Caben. Mi frustración por no alcanzar la cumbre estando tan cerca podría haber sido insoportable, pero en ese momento mi cabeza estaba en otro lado, sin importar otra cosa nada más que estar cerca de Clara.




No obstante, me he prometido a mí mismo intentarlo de nuevo la próxima semana, llegar a la cumbre y enviarle a Clara un mensaje desde allí mismo.

jueves, 13 de abril de 2006

Las Peñas de Cifuentes.

En Valdeón llaman "Peñas de Cifuentes" al macizo formado por la Torre de Friero, la Torre del Hoyo de Liordes, Torre de Salinas y Peña Remoña. Y es que este macizo esta separado del Macizo Central por la Canal de Asotín, por la Vega de Liordes y por Los Tornos de Liordes. Existen dos únicos pasos que permiten cruzar las Peñas de Cifuentes: La Canal de Pedabejo y la Collada de La Chavida. El paso por ambos permite realizar una de las travesías más espectaculares de los Picos de Europa.

Cuando vine a vivir a Valdeón estuve trabajando en varios proyectos que me permitieran ganarme la vida aprovechando los recursos que ofrece un entorno como este. Uno de ellos consistió en hacerme guía titulado de montaña, para lo cual llegué a inscribirme en la Asociación Española de Guías de Montaña. Sin embargo la titulación de "Guía de Montaña" no está reconocida ni regulada en España.

No obstante estoy diseñando varias rutas especiales por los Picos de Europa que permiten disfrutar de la montaña desde una óptica diferente, rutas que pasen por lugares imposibles y que ofrezcan emociones tan fuertes que sean difíciles de olvidar. Y esta es precisamente una de ellas: La Ruta de las Peñas de Cifuentes.

Consiste en un circuito circular que bordea el macizo formado por la Torre del Hoyo Chico (2.356 m.), la Torre del Hoyo de Liordes (2.474 m.) y la Torre de Salinas (2.446 m.) pasando por la Collada de la Chavida (2.160 m.) que lo separa de la Torre de Friero (2.445 m.). Lo he recorrido varias veces para asegurarme del trazado y he marcado con varios hitos los puntos más delicados de la travesía.

En esta ocasión llevo a Almudena y a la pareja formada por Angel Mari y Amaya. A Angel Mari le conozco desde hace años, hacía el mejor pan ecológico que nadie pueda imaginar, y surtía a "La Cesta Biológica" durante los primeros años de funcionamiento. Desde entonces siempre he mantenido una muy buena relación con él. Recientemente se ha separado y hemos hablado mucho de nuestra nueva situación; me anunció que venía a visitarme y organicé esta ruta para la ocasión. Viene acompañado de Amaya, una montañera experimentada que se ha pateado los Pirineos de punta a punta. Pero estoy seguro de que esta ruta no la dejará indiferente.

Nos acercamos con el Trepas al Caben de Remoña procedentes del Puerto de Pandetrave; la pista ofrece panorámicas espectaculares del Valle de Valdeón. Nada más comenzar a caminar hay que dirigirse por la senda que viene marcada hacia la Canal de Pedabejo. Hay dos maneras de subir la canal: Por el pedrero (la ruta normal) o por el Sedo de Remoña (la variante más atractiva pero no apta para montañeros inexpertos). Les llevo por el sedo porque es mucho más interesante que subir en zig-zag por un pedrero interminable.

Tras pasar el sedo llegamos a la parte alta de la canal que se abre hacia el Collado Remoña (2.030 m.). Con las vistas de la Vega de Liordes que ofrece este punto merece la pena tomarse un buen descanso después del esfuerzo que ha supuesto subir desde el Caben de Remoña.

La ruta normal baja a la Vega de Liordes, pero lo que se trata ahora es de buscar el camino más cómodo para bordear la Torre de Salinas procurando no perder altitud, tenemos que mantenernos en torno a los 2.000 m. de altitud.

Enseguida llegamos al Hoyo de Liodes el cual invita a subir a la Torre del mismo nombre, pero tenemos que mantener altitud y así llegaremos a las estribaciones de la Torre Olavarría. Por aquí hay pasos delicados pero espectaculares, y la Torre Santa asoma ya por el horizonte.

Amaya me habla mucho de los Pirineos, pero reconoce estar realmente impresionada de la belleza de los Picos de Europa, es la primera vez que los visita.

Llegamos a un hoyo pequeño que resulta ser el Hoyo Chico, pero una vez cruzado tenemos que descender varios metros por las estribaciones de la Torre del Hoyo Chico en dirección a la Canal de Asotín. Por aquí hay que dejarse guiar por varios hitos que indican el único sitio por donde se puede pasar. Enfrente ya podemos ver el Refugio de Collado Jermoso.

Aquel paso nos permite alcanzar la Canal de La Chavida, inconfundible por la característica silueta de la Torre de Friero y porque invita a subirla hasta alcanzar lo alto de la collada. Tenemos que andar con cuidado porque por aquí hay numerosas simas, algunas de ellas muy profundas, que pueden estar tapadas por la nieve. Cuando llegamos a la Collada tenemos otro punto ideal para otro merecido descanso mientras contemplamos Collado Jermoso, El Llambrión, La Palanca, Torre Santa...

Ahora toca descender la canal hasta el Peñón Chico, y desde allí, caminar por alguna de las numerosas veredas hacia el Caben de Remoña que se distingue en el horizonte.

domingo, 1 de julio de 2001

2ª Ascensión a la Torre de La Palanca (2.614 m.)

La Torre de La Palanca (2.614 m.) es una de las cumbres más elevadas de los Picos de Europa, ascensión obligada si se pernocta en el refugio de Collado Jermoso (2.042 m.). Ofrece impresionantes vistas de todo el Macizo Central, del Naranjo de Bulnes, del Macizo Occidental y del mar Cantábrico. Su ascensión no entraña ninguna dificultad salvo alguna trepada expuesta tras la Torre del Peñalba.


Sábado, 30 de junio de 2001. He organizado para el grupo de amigos de Carolina una ascensión a la Torre de La Palanca (2.614 m.) con noche en Collado Jermoso. A pesar de haber estado ya en muchas ocasiones en Collado Jermoso, tan solo será la segunda vez que subo a la cumbre de La Palanca nueve años después de haberla coronado por primera vez. Quizás allí decidamos subir el Llambrión, pero en principio prefiero ir por lo seguro y ya conocido.

Partimos de León repartidos en dos coches, pero justo a la salida de la ciudad los que iban detrás de mi no se percataron de que tuve que frenar en un semáforo y golpearon su conche contra el mío. A mi Citroën Xsara no le pasó nada, pero al coche de ellos se le rompió el radiador.

Con en susto todavía en el cuerpo la mayor parte de ellos decidieron suspender la ruta; yo me ofrecí para llevar a los que entraran en mi coche pero al final sólo Julio y Laura se apuntaron. Carol y el resto optaron por quedarse el fin de semana en León. Laura es prima de Fernando, el novio de Carolina, y a Julio no le conocía, así que aprovechamos el viaje para charlar largo y tendido para conocernos mejor. Laura estuvo en la aventura del Cares y también había venido a la Cueva del Agua y a Pambuches, y Julio es aficionado a la escalada, recientemente había conocido al grupo de Carolina y se había apuntado a esta ascensión.

Cuando llegamos al Puerto de Pandetrave dejamos el coche, agarramos las mochilas y nos pusimos a caminar por la pista hasta el Caben de Remoña. Parece que el tiempo va a ser bueno, aunque se ven algunas nubes bajas.


Hoy estreno nueva cámara digital, una Minolta Dimage 2330. Tiene más resolución que la anterior y las fotos por fin pueden verse en el ordenador con bastante más nitidez. 


Hace tiempo que dejé de subir la Canal de Pedabejo por el pedrero; se sube mucho mejor por el sedo. Un inmenso mar de nubes cubre todo el valle del Liébana y parte de Valdeón, pero pronto nos plantamos en el Collado Remoña dejando atrás la niebla y allí les enseñé a Julio y Laura las vistas del Llambrión, Collado Jermoso y la Vega de Liordes.

La niebla intenta subir por la Canal de Pedabejo pero no logra sobrepasar del Collado Remoña.

Abajo nos espera la inmensa pradería de la Vega de Liordes, la mayor vega de los Picos de Europa.


Aprovechamos el paso por la Vega de Liordes para descansar y comer un poco. Hacia abajo por la Canal de Asotín asoman las nubes desde el Valle de Valdeón.
Al llegar a Las Colladinas nos encontramos con los omnipresentes rebecos. Siempre que he pasado por aquí me los he encontrado, y en esta ocasión los veo algo más confiados que otras veces, ocasión que aprovecho para ver si logro una buena instantánea mientras Julio y Laura continuan subiendo.

Al llegar a lo más alto de Las Colladinas nos hacemos una foto con la Torre de Friero al fondo.

Llegamos al refugio de Collado Jermoso a eso de las seis de la tarde. Después de asearnos en la fuente con las gélidas aguas que vienen del nevero del Llambrión, dejamos las mochilas en el refugio y nos fuimos a recorrer las inmediaciones del Collado Jermoso. El mar de nubes es impresionante de modo que nos sentamos tranquilamente en lo alto de la Torre Jermosa a contemplar el panorama.

Justo en frente tenemos la mejor vista posible de Torre Santa. Es una ocasión única para fotografiar la puesta de sol detrás de su impresionante mole y con ese manto blanco a los pies...


A pesar de tener el refugio al lado la temperatura es tan agradable que decidimos tirar los sacos al suelo y hacer vivac durante toda la noche. Después de cenar nos tumbamos a contemplar las estrellas, se veían con tanta nitidez que no perdimos detalle a lo largo de la Vía Láctea. Mientras Julio y Laura se daban sus primeros arrumacos, yo intentaba recordar las veces que he subido a Collado Jermoso y las noches que pasé aquí con Alberto, Tato, con Laura y Carlos de Vega, con Carolina y Carmen, con Marta...

A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol sobre las naranjas paredes del Llambrión, desayunamos y nos preparamos para la ascensión.

Hacia abajo han desaparecido las nubes que ayer cubrían todo el Valle de Valdeón y se puede contemplar el macizo de la Bermeja con la Canal de Pambuches entera.

Alcanzamos la cumbre de La Palanca después de una hora de ascensión desde Collado Jermoso. Julio nos demostró su gran habilidad en la escalada trepando por la Torre del Peñalba. Ya desde la cima, nos pusimos a identificar los Picos y lancé las panorámicas con mi recién estrenada cámara digital.


El Cantábrico está cubierto de nubes, pero se ven todos los picos sin excepción: El Naranjo, los Cuetos Albos, el Neverón de Urriellu, Peña Vieja, Tesorero...

La Torre de Friero no parece tan impresinante desde aquí, claro que sobrepasamos en unos doscientos metros su cota más alta. No obstante nos permite ver con todo detalle su impresionante corredor norte de arriba a abajo.


Y hacia el norte mi próximo objetivo, la montaña más deseada, la cumbre de los Picos, Torre Cerredo...



domingo, 21 de junio de 1998

Travesía Collado Jermoso - Liordes.

El Refugio Diego Mella fue construido en 1942 en un lugar privilegiado de los Picos de Europa para servir como base a las ascensiones del Llambrión, La Palanca y la Torre del Peñalba: El Collado Jermoso. Su construcción fue ideada por Diego Mella, pero fue el arquitecto Julián Delgado Úbeda, presidente de la Federación Española de Montañismo, quien la llevó a buen término. Es el refugio más antiguo de los Picos de Europa y está situado a 2.064 m. de altitud, en la base del Macizo del Llambrión.

Sigo pensando que Collado Jermoso es el lugar más espectacular, especial y bonito de los Picos de Europa, y cualquiera de las rutas para acceder a él no dejan indiferente a nadie, por eso cuando mis amigas Carolina y Mary me pidieron que les llevase de ruta por los Picos de Europa no lo dudé ni un momento: Vamos al Collado Jermoso.

He subido un montón de veces, tantas que ya he perdido la cuenta, pero para mí sigue siendo la ruta más bonita de los Picos: Ascender al collado desde Cordiñanes y descender por la Vega de Liordes, pasando noche por supuesto en el Refugio Diego Mella.

Para Marta es la segunda vez, a pesar de que cuando la traje por aquí hace ya unos años me dijo que había sido una ruta tan dura que no volvería nunca más. Y por mi parte qué decir, más que estoy ansioso de volver a pisar la Montaña, llevo meses sin salir de León, entre el trabajo y la mudanza (por fin me he emancipado) no he tenido la posibilidad de salir al campo ni un solo día en todo lo el año.

Es sábado, día 20 de junio de 1998. Amanece un día espléndido, totalmente despejado, con una temperatura muy agradable, casi veraniega. Los Picos no conservan en sus cumbres prácticamente nada de nieve. Hemos salido muy temprano de León y hemos llegado a Posada de Valdeón a muy buena hora y hemos dejado el coche aquí para salir ya de ruta rumbo a Cordiñanes, 3 km. de paseo mañanero muy agradables e ideales para acostumbrarse al peso de las mochilas y para calentar. Se respira aire puro y limpio.

El Cordiñanes cargamos de agua las cantimploras y cruzando la aldea me acerco hasta la casa de Evarista, la venerable anciana que conocí hace unos años cuando subí por primera vez a Collado Jermoso. Nada más salir de Cordiñanes comenzamos a subir por la senda que conduce zigzagueando a la Rienda de Asotín, primer punto interesante de la ascensión.

Es una prueba de fuego porque el vértigo juega una mala pasada a todos los que pasan por aquí por primera vez, pero no ha sido el caso ni de Carolina ni de Mary, las dos han pasado por la rienda sin inmutarse. Marta ha tenido más miedo y al igual que la otra vez la he despojado del peso de su mochila y ha podido pasar sin preocuparse por el equilibrio.

Se puede decir que esta vez voy muy bien acompañado a Collado Jermoso: Esas tres chicas que posan en plena Rienda de Asotín son Carolina, Marta y Mary.

Después de cruzar el Hayedo de Asotín acusando ya el esfuerzo de la ascensión llegamos a la Vega de Asotín, donde realizamos la primera parada para descansar. Allí nos encontramos con un par de montañeros que también subían a Collado Jermoso y... ¡sorpresa! Resulta que uno de ellos es Basilio Llamas, el experto en Briófitos de la Facultad de Biológicas de León. Charlamos un buen rato con él recordando los primeros años de carrera pero sin entretenernos demasiado, todavía queda la parte más dura de la ascensión.

Basilio y su acompañante suben por la Canal Honda, pero yo llevo a Carolina, Mary y Marta por el atajo que evita pasar por aquel pedrero tan insufrible de la Canal Honda, nosotros subimos por el Collado Solano, que ofrece ya unas vistas magníficas del Cares y del Monte Corona.

Después del Collado Solano llegamos a la base de la Torre Jermosa. Aquí la sensación de altitud y de vacío comienza a hacerse notar, pero lo que a mí más me preocupa es que con este calor y con esta sudada nos hemos quedado ya sin agua, hemos dejado secas las tres cantimploras antes de tiempo.

Para llegar a la fuente del Llambrión todavía nos queda la ascensión más difícil de la ruta, el Argayo Congosto. Marta se acuerda muy bien de este lugar por lo mal que lo pasó, pero esta vez ha subido fenomenal, al igual que Carol y Mary, aunque Carol estaba tan desesperada por beber que se tragó las primeras aguas que vimos descender por el argayo.

Finalmente llegamos al refugio a eso de las seis y media de la tarde. Lo primero que hicimos fue reservar nuestra plaza para asegurar la noche porque por allí había numerosos montañeros y por un momento llegué a pensar que podríamos quedarnos sin sitio. Pero no fue así, el guarda nos reservó tres colchonetas bajo cubierta, de modo que compartiríamos la noche con Basilio y compañía.

Dejamos nuestras cosas en el refugio, fuimos a la fuente para asearnos y nos acercamos a la Torre Jermosa para ver la espléndida puesta de sol.

Hacía mucho tiempo que no dormía en el interior del refugio, las últimas veces que vine a Collado Jermoso monté la tienda de campaña en los alrededores. Hemos dormido relativamente bien a pesar de los ronquidos de los acompañantes. Para hoy he propuesto subir a la Torre de Palanca pero en cuanto he visto las caras de mis tres acompañantes he descartado la idea.

Después de desayunar y de recoger el equipo nos despedimos del guarda y de Basilio y comenzamos a caminar hacia Las Colladinas. Allí nos hicimos varias fotos:
El resto del camino hacia la Vega de Liordes fuimos disfrutando del paisaje y de los rebecos. El camino por aquí es mucho mas suave que el de ayer y Carol, Mary y Marta marchan a muy buen ritmo. En la Vega de Liordes aprovechamos para comer y para tirarnos en la hierba durante un buen rato. Es un lugar maravilloso, yo me siento genial, estoy en el corazón de los Picos en compañía de mi novia y con dos de mis mejores amigas, ¿qué más se puede pedir?

Después de la Vega de Liordes tocó subir hacia el Collado de Liordes y bajar por el Sedo de Pedabejo. En este sedo Marta tubo problemas con el vértigo y tuve que despojarla de nuevo de su mochila para que pudiera destrepar por el sedo con seguridad.

Una vez llegados al Caben de Remoña tomamos las veredas que descienden poco a poco hacia Santa Marina de Valdeón y llegamos a Posada pasadas las siete de la tarde. Ha sido un fin de semana memorable, mañana toca regresar a la vida cotidiana en León. Espero volver pronto a los Picos.

lunes, 23 de septiembre de 1991

Ruta ciclista a los Picos de Europa.

Esta aventura tiene un antecedente histórico que se remonta al 1 de julio de 1954. Tres muchachos de Astorga que rondaban los veinte años de edad se embarcaron el una aventura que no olvidarían durante el resto de sus vidas. Julio, Lorenzo y Tancio cogieron sus bicicletas, prepararon sus macutos y se fueron pedaleando desde Astorga a Asturias atravesando la Cordillera Cantábrica por el puerto del Pontón.





Julio era mi padre, y tan pronto como me compró mi primera bicicleta, me relató aquella aventura con todo detalle:


El primer día recorrieron 110 km. entre Astorga y Cistierna. Recuerdan que por aquella época circulaban tan pocos coches que era todo un acontecimiento ver a tres chicos con sus bicicletas pasando por cada uno de los pueblos. En Cistierna buscaron alojamiento barato y les recomendaron la casa de una señora del pueblo que disponía de camas para los forasteros. Al ver que aquella señora tenía dos hijas muy guapas decidideron quedarse a dormir aunque fuera directamente en el suelo del pasillo... Por la noche Julio y Lorenzo no desaprovecharon la oportunidad de salir al baile del pueblo acompañando a aquellas dos señoritas tan monas, mientras Tancio se quedaba sólo en la habitación escribiendo a su novia de Astorga.

Al día siguiente aquella hospedera tan generosa les llenó los termos de un riquísimo ponche y partieron hacia el Pontón. Pasaron por Crémenes, Riaño, Vegacerneja, el Puerto del Pontón, Oseja de Sajambre... estaban realmente impresionados al ver aquellas Montañas de las que no estaban acostumbrados. Comieron en el cruce con Soto de Sajambre y continuaron bajando hasta que llegaron a media tarde al pueblo de Caño. Hacía tanto calor que Julio no pudo evitar la tentación de lanzarse a las frías aguas del río Sella, hasta que un guarda del coto de pesca lo sacó de allí a gritos. Se trataba de un coto privado donde solía ir a Pescar el "Generalísimo Franco"; incluso les llevó a su casa para enseñarles las fotos que conservaba de Franco pescando en aquellas aguas.

Bajaron a dormir a una hospedería de Cangas de Onís y allí se quedaron durante todo el día siguiente haciendo turismo. A la mañana siguiente subieron a Covadonga y pasaron otro día entero recorriendo los atractivos turísticos de la zona. Tancio se olvidó sus gafas en la Basílica y tuvieron que regresar de nuevo a Covadonga desde Cangas, antes de partir hacia Gijón, su siguiente destino. Habían enviado una maleta desde Astorga a Gijón con ropa limpia y elegante para poder disfrutar de sus días de vacaciones en la costa.


En Gijón permanecieron seis días hasta que regresaron a León subiendo por el Puerto de Pajares. Pero al llegar a Puente de los Fierros estaban tan reventados que aprovecharon que pasaba un tren para subirse y evitar tener que pedalear el Pajares, todo un "rompepiernas". En Busdongo se bajaron del tren y continuaron pedaleando hasta llegar a Astorga.

Por primera vez en muchos años estoy disfrutando de un verano dedicado plenamente para mí, sin tener que preocuparme de los estudios y disfrutando de todo el tiempo del mundo para mi ocio y tiempo libre.



En junio aprobé la Selectividad con una nota aceptable de 5,78 (5,80 con la revisión posterior); el 2 de julio realicé la Preinscripción en la Universidad de León solicitando plaza para la Facultad de Veterinaria, pero el 23 de julio me notificaron que mi nota de la Selectividad era insuficiente para que me admitiesen en Veterinaria, de modo que me confirmaron plaza en la Facultad de Biología, que era mi segunda opción.


He pasado todo el mes de agosto en Llanes y, entre otras cosas he re-descubierto los Picos de Europa recorriendo aquellos parajes con mi bicicleta. A mediados de agosto tuve que regresar a León porque me habían declarado "Util para el Servicio Militar" (se me había olvidado solicitar el último aplazamiento...). Así que no tuve más remedio que hacerme "Objetor de Conciencia" y aproveché para visitar a mis amigos Alberto y Tato con el objeto de convencerles para que se vinieran conmigo a los Picos de Europa antes de que iniciemos los estudios universitarios.


Alberto y yo hemos salido juntos en numerosas ocasiones con las bicis por los alrededores de León, de modo que me vino a la cabeza aquella aventura de mi padre con sus amigos hace 37 años y les convencí a los dos para que hiciéramos algo parecido. Además, los tres tenemos la misma edad que ellos cuando lo hicieron. Sería una bonita forma de despedir este verano tan especial y de homenajear de alguna manera aquella aventura de mi padre.


Planificamos entonces irnos en bici a los Picos de Europa el 19 de septiembre, quedarnos unos días por allí, hacer alguna ruta turística y regresar de nuevo con las bicis el día 23. Unos días antes, le dimos a nuestro amigo Juan de Crémenes la tienda de campaña para que pudiéramos cogerla cuando pasemos por su pueblo, ahorrándonos así peso considerable durante al menos los primeros 75 kilómetros.


El miércoles 18 de septiembre por la tarde nos reunimos los tres para supervisar nuestros macutos y repasar la planificación de nuestro viaje; teníamos que organizar espacio suficiente para llevar la ropa necesaria, víveres en abundancia para todos los días y dejar espacio para repartirnos el material de acampada. Llevamos pan, chorizo, jamón, lomo, queso, galletas, leche condensada, huesitos, latas de conservas, isostar, agua... y poco, muy poco dinero.


Con unos 10 Kg. cargados a la espalda y una adrenalina que nos salía por las orejas partimos el jueves 19 temprano rumbo a Cistierna, donde teníamos planificado realizar una parada para descansar y comer. Alberto salió con tanta euforia que le metió caña a la bici durante los primeros 10 kilómetros hasta perdernos de vista, pero poco antes de llegar a Mansilla de las Mulas nos lo encontramos tirado en la cuneta con una pájara monumental. "Me duele la cabeza, estoy mareao", decía.
Pronto se recuperó y durante los siguientes 40 kilómetros fuimos los tres juntos pedaleando tranquilamente haciendo relevos para contrarrestar el efecto del viento. Llegamos a Cistierna poco antes de la una de la tarde. A la salida de Cistierna paramos un poco para mear, descansar y comer un poco.
Por la tarde seguimos pedaleando hasta llegar a Crémenes donde nos esperaba Juan con la tienda de campaña. No queríamos ni pensar el tener que aumentar el peso de las mochilas con esos hierros y esas lonas. En el bar de Juan nos repartimos el material y sin más demoras continuamos ruta hacia Riaño.


Tras subir la presa de Riaño a mí me subió el tono muscular y comencé a pedalear como un bestia dejando atrás a los dos rezagados. Pero poco antes de llegar a Carande me entró tal pájara que acabé tirado en la cuneta chupando leche condensada como un bebé hambriento... Lo peor fueron las risas de Tato y Alberto cuando pasaron por delante.


A media tarde llegamos los tres juntos a las calles medio desérticas del nuevo Riaño. Estábamos tan reventados que decidimos quedarnos por allí y desistir de nuestro empeño de llegar a los Picos en el mismo día. Habíamos recorrido ya 94 kilómetros. A la salida de Riaño había un cartel enorme con la planificación de la nueva urbanización de Riaño donde figuraba la ubicación de un camping. Fuimos hasta aquella ubicación pero allí no había nada más que maleza. Preguntamos en el pueblo y nos dijeron que el camping más cercano se encontraba en Boca de Huérgano, el siguiente pueblo a unos 8 kilómetros en dirección a San Glorio.


Llegamos a Boca de Huérgano a eso de las ocho de la tarde y allí se encontraba un camping cerrado a cal y canto y medio destartalado. Nos dijeron en el pueblo que podíamos saltar y montar allí la tienda, así que eso fue precisamente lo que hicimos.
Nos aseamos como pudimos y fuimos a un bar a tomar unas cervezas con algo de embutido del pueblo. No había casi nadie, pero unos paisanos nos dieron conversación y nos contaron historias del Oso Pardo y del Lobo. La charla estuvo muy interesante pero estábamos tan molidos que nos fuimos pronto a dormir.


A media noche comenzamos a oir ruidos muy extraños alrededor de nuestra tienda. Estábamos acojonados, era la primera noche que pasábamos juntos en el monte. Ni corto ni perezoso Tato sacó su navaja y decidimos los tres salir de la tienda a ver quién merodeaba por allí. Con las historias del Oso Pardo y del Lobo que nos habían contado los lugareños del pueblo estábamos ya prepaparados para enfrentarnos a una gran bestia salvaje, pero lo que realmente encontramos fue un caballo perplejo pastando tranquilamente al lado de nuestra tienda.


Con las primeras luces del alba nos despertamos temprano envueltos en un manto de niebla y humedad. Lo primero que hicimos fue desmontar el campamento y buscar un bar en el pueblo donde poder desayunar. Estaba todo cerrado, pero un hombre mayor advirtió que estábamos buscando algo y nos preguntó. Precisamente aquel hombre era el propietario del bar más antiguo del pueblo y nos abrió su establecimiento para que pudiéramos desayunar. Nos sirvió unos cafés acompañados de una cesta repleta de magdalenas y sobaos deliciosos.


Tan pronto como terminamos de desayunar nos montamos en las bicis y con gritos de dolor dimos los primeros pedaleos. Teníamos los culos destrozados por el sillín del día anterior. En cuanto se disipó la niebla se quedó una mañana con el sol radiante, la brisa fresca de la mañana, un paisaje espectacular... A los pocos kilómetros tuvimos que parar porque a Tato le entraron ganas de cagar. Luego, al llegar a Portilla de la Reina el turno para liberar el lastre fue de Alberto, quien cometió la torpeza de bajarse al puente sin un paquete de clines... aunque pudo apañárselas con un envoltorio de los Donuts que se acababa de zampar.
Durante todo el trayecto por las Tierras de La Reina apenas nos cruzamos con coches, y acometimos la subida del Puerto de Pandetrave casi sin darnos cuenta, aunque el viento a favor nos ayudó considerablemente. A eso de la una de la tarde llegamos a las últimas rampas del puerto, prácticamente sin bajarnos de las bicis. La imagen de los Picos de Europa asomando sobre el horizonte fue algo que no olvidaremos jamás, estábamos eufóricos, rápidamente nos soltamos de las bicis y comenzamos a disparar fotos. Imaginé entonces la sorpresa de mi padre cuando asomaron a estas montañas, es realmente impresionante.

Para celebrarlo sacamos el pan y abrimos una lata de pulpitos. Pero nos quedaba lo mejor, descender por el puerto hasta Santa Marina de Valdeón, donde se encuentra el Camping. El primero en lanzarse a "tumba abierta" por aquel descenso fue Tato, del que perdimos a pista a los pocos metros. Alberto y yo bajamos más prudentemente disfrutando del paisaje, y yo no pude evitar la tentación de detenerme a tirar algunas fotos de vez en cuando. Me encantó ver aquel pueblecito tan bonito rodeado de pastos y metido en aquel valle en medio de los Picos.
Cuando llegué a Santa Marina me encontré a Tato y Alberto haciéndome señales con las manos y la marca de una rodada de bicicleta plasmada en el asfalto. Y es que la carretera de pronto desaparece, hay que coger un camino rural que conduce al interior del pueblecito. Tato casi se estampa contra la cuneta y lo mismo le ocurrió a Alberto. Yo como estaba avisado tomé las precauciones oportunas y frené justo a tiempo.

Lo primero que hicimos al adentrarnos en el pueblo fue buscar un bar, y encontramos una vieja cantina llamada "Bulnes" que además de servir bebidas surtía al pueblo de todo tipo de cosas, a modo de tienda rural. Le preguntamos al paisano dónde se encontraba el Camping y nos dio las indicaciones necesarias. No había casi nadie por el pueblo, tan solo algunas gallinas, gatos y alguna vaca. Pero al llegar al camping nos encontramos con bastantes turistas.


Alquilamos una plaza para nuestra tienda de campaña y aparcamos las bicicletas. Sacamos la comida y comimos tranquilamente sentados en la hierba mientras contemplábamos aquel paisaje sobrecojedor. Por la tarde nos dedicamos a descansar, relajarnos, salir a pasear, jugar al billar, consultar nuestra economía y planificar la ruta que íbamos a hacer al día siguiente.
Echamos un vistazo al mapa que tenían colgado en el camping y nos recomendaron subir a la Vega de Liordes, a más de 2.000 metros de altitud, para contemplar desde allí las vistas del Macizo Central y el Collado Jermoso. Nos hablaron de un refugio que había por allí arriba.
A la mañana siguiente partimos hacia el Caben de Remoña subiendo por un sendero que partía desde el mismo pueblo. Fue una subida agotadora, pero subimos como tiros y cuando llegamos al Caben nos impresionó la vista del otro valle y los murallones de los Picos de Europa tan de cerca.
Subimos por la senda de la Canal de Pedabejo hasta llegar a lo alto del Collado Remoña donde nos encontramos con la vista del Macizo...

Nos sentamos en la roca para comer delante de la inmensa Vega de Liordes. Después comenzamos a descender tranquilamente hasta que nos sorprendió una tormenta bajando ya del Caben de Remoña y poco antes de llegar a Santa Marina los rayos eran tan estruendosos que bajamos corriendo dando brincos por encima de las zarzas. Llegamos al camping y desde la cafetería pudimos disfrutar de los espectaculares rayos que caían alrededor, uno de ellos cayó en el mismo camping, fue impresionante, lo más cerca que hemos estado nunca de una tormenta.

Al día siguiente nos quedamos por la zona haciendo algo de turismo, bajamos a Posada de Valdeón y pasamos buena parte de la tarde-noche en la plaza de Santa Marina de Valdeón; habían organizado una fiesta en el pueblo amenizada por un hombre que tocaba el acordeón y era gracioso ver a las gentes del pueblo disfrutando de aquel improvisado festejo.
El día 23 por la mañana partimos con nuestras bicicletas hacia Posada temerosos de la subida que nos esperaba con el Puerto de Panderrueda. Era una mañana de sol radiante pero un manto de nubes subió por la Garganta del Cares y pronto llenó todo el valle.

Sin embargo fuimos a buen ritmo todo el tiempo y a pesar del lamentable estado de la carretera de Riaño pudimos disfrutar del paisaje a lo largo de todo el trayecto.


A primeras horas de la tarde llegamos a Cistierna tan agotados que decidimos acercarnos a la Estación del tren de la FEVE con la esperanza de coger algún tren que nos llevara directamente a León.

Y así fue, tuvimos la suerte de tener que esperar tan solo una hora para que parase un tren procedente de Bilbao que nos llevaría directamente a León.