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domingo, 1 de septiembre de 2002

Aproximación a Torre Cerredo (2.648 m.)

Torre Cerredo con sus 2.648 metros es la montaña de mayor altitud de los Picos de Europa, de la Cordillera Cantábrica y también del todo el noroeste peninsular, estando enclavada en el Macizo Central de los Picos de Europa o Macizo de los Urrieles, en la divisoria de las provincias de León y Asturias. Su cima, con un desnivel de más de 2.200 metros sobre el río Cares, el más acusado de la Península Ibérica, posee unas magnificas vistas del Macizo Occidental y de las canales que vierten sobre la garganta del Cares. Fue ascendida por primera vez el 30 de junio de 1.882 por Aymar d'Arlot de Saint Saud, Paul Labrouche, Juan Suárez y Francois Salles.



Sábado, 31 de agosto de 2.001. Por fín ha llegado el día de intentar la ascensión a la mayor elevación de los Picos de Europa, Torrecerredo. He dejado sola a Marta con la tienda en León y me he organizado este fin de semana con Raul Alfageme para llevar a cabo tal hazaña.

Nuestra intención es partir de Caín hacia Culiembro por la senda del Cares, subir por la Canal de Piedra Bellida hasta el Collado Cerredo, y continuar la ascensión por los Cuetos del Trave hasta el Jou de Los Cabrones, donde pernoctaremos en el Refugio "Jose Ramón Lueje". El domingo por la mañana saldremos a conquistar la cima de Torrecerredo con tiempo para que podamos regresar y descender de nuevo a Amuesa en el día. Serán dos jornadas maratonianas pero necesarias para poder estar de regreso el lunes.

Partimos de León a las cinco de la mañana para plantarnos en Caín con los primeros rayos del sol. Rápidamente preparamos los macutos y comenzamos a caminar por la Senda del Cares durante media hora hasta llegar a Culiembro. Cuando comenzamos a subir por los pendientes pandos de Culiembro enseguida notamos el fuerte calor que íbamos a pasar durante la larga ascensión. Y es que nos esperan más de dos mil metros de desnivel; se hace muy duro pensar durante la subida que cuando lleguemos al Collado Cerredo todavía estaremos a 1.454 metros de altitud (Caín está a 460 m. y El Cares a su paso por Culiembro todavía está más abajo).


El calor sofocante unido a la elevada humedad ambiental nos hace sudar a cada paso que damos. Aun así, con alguna que otra paradita para coger aire logramos avanzar mientras nos adentramos de lleno por la Canal de Piedra Bellida. Raúl sube con doscientas moscas revoloteando alrededor de su cabeza, es el "Señor de las Moscas"...


Al acercarnos al Collado Cerredo nos metimos de lleno en una espesa niebla que no nos permitió disfrutar del paisaje que ofrecen estos cortados. Lo preocupante ahora es que demos con la senda que sube por la Cuesta del Trabe porque no vemos nada, lo único que podemos hacer es dejarnos guiar por la marca de la senda y los hitos.


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: A medida que íbamos ganando altura a punto de llegar a los Cuetos del Trave desapareció el terreno firme y afloró la roca viva, y claro, nos perdimos. La niebla es tan espesa que no nos deja ver ni una sola referencia, estamos totalmente perdidos y desorientados.


Decidimos seguir subiendo poco a poco extremando al máximo las precauciones y al poco tiempo oímos unas voces. Se trataba de un par de montañeros que precisamente buscaban el mismo objetivo que nosotros. Los cuatro juntos reunimos nuestros esfuerzos y tomamos la determinación de buscar hitos. Fuimos siguiendo hito tras hito hasta encontrarnos cientos de ellos por todos lados; al examinar uno de ellos pudimos comprobar que fueron puestos por los espeleolólogos para indicar las entradas a las simas.


Deducimos por tanto que debemos encontrarnos en algún punto al pie de los Cuetos del Trave, puesto que aquí se encuentran las simas más profundas de los Picos de Europa, varias de las cuales superan los mil metros de profundidad, y concretamente una de ellas, la Torca del Cerro, es la cavidad más profunda de España y la cuarta del planeta. Precisamente hace tres años un grupo de espeleólogos franco-español batieron aquí el record de España llegando hasta sus 1.589 m. de profundidad.


Perdidos y desorientados en medio de ninguna parte, de pronto vemos cómo asoman unos picos en lo alto:


Probablemente se trate de los Cuetos del Albo, pero ninguno de nosotros está lo suficientemente seguro. Se está haciendo tarde y pronto debemos encontrar alguna referencia mejor para dar con el refugio. Decidimos subir un poco más alto a ver si logramos salir de la niebla. Por fin, con las últimas luces del día logramos alcanzar el límite superior de la niebla, pero sin tener ni idea de por dónde andamos.


Lo único que podemos hacer ahora es buscar en medio de toda esta roca un buen lugar donde pasar la noche. Caminando casi a oscuras con los frontales puestos descendemos hacia lo que nos parece un circo o un jou donde suponemos encontrar algo de terreno firme.


Y allí perdidos los cuatro, Raúl, yo y nuestros colegas asturianos Carlos y Paco, improvisamos un pequeño campamento, cenamos y nos echamos a dormir en los sacos mientras contemplábamos el firmamento.


Al día siguiente amaneció con más claridad y pudimos observar todo lo que teníamos a nuestro alrededor.


Con ayuda de los mapas supimos entonces que nos hayábamos en el Jou del Agua, bastante desviados del Jou de Los Cabrones donde estaba el refugio. Comenzamos a caminar salvando todo tipo de obstáculos: Trepadas, destrepadas, simas... en algunos tramos tuvimos que hacer uso de cuerdas de seguridad. Y allí fue donde comencé a notar que algo no iba bien en mis rodillas, sentía un dolor muy intenso en los lados de la rodilla cada vez que descendía un paso.


Casi dos horas después de comenzar a caminar por fín dimos con el Jou de Los Cabrones. No nos extrañó entonces el nombre que le pusieron a esta zona. Y allí estaba el refugio. Yo lo único que deseaba era llegar, soltar la mochila y pedirle al guarda una pomada o algo que aliviara el dolor de mis rodillas.


Descendimos al refugio para descansar un poco, conocer al guarda y considerar nuestras posibilidades de alcanzar la cumbre de Torre Cerredo. Carlos y Paco lo descartaron desde un principio y decidieron descender a Bulnes. Raúl y yo no nos resignábamos a abandonar, pero lo cierto es que mis rodillas no estaban para más ascensión. Finalmente tomamos la decisión de abandonar.


Nos planteamos entonces la posibilidad de bajar por la Canal del Agua directamente a El Cares. A priori una bestialidad pero lo cierto es que el guarda no nos lo puso tan crudo; tan solo necesitaríamos unos 25 ó 30 metros de cordino para salvar el paso de la Canal del Agua a la Canal de Ría, y precisamente llevábamos suficiente cordino encima. Lo que teníamos claro era que descender de nuevo por la Cuesta del Trabe hasta Bulnes, Poncebos y Caín nos parecía una auténtica matada. Subimos al Collado del Agua y allí tomamos la decisión.


La bajada nos pone los pelos de punta, y a mí la tendinitis me hace ir más despacio de lo normal. Aun así, siendo ya la una de la tarde no podemos demorar más nuestra decisión y sin pensarlo más nos ponemos a bajar por la canal.


Pero al cabo de una hora de descenso vertiginoso nos encontramos con un grupo de montañeros cargados de material de escalada que nos advierten de lo complejo que va a ser cruzar a la Canal de Ría para evitar el cortado que termina con nuestra canal; de hecho uno de ellos nos confiesa que él nunca haría la Canal del Agua bajando. Entonces fue cuando nos entró el pánico: Las dos de la tarde y yo con una tendinitis aguda en las rodillas, o nos damos la vuelta para arriba o nos arriegamos a cruzar ese paso tan complicado.

Nos quedamos unos minutos pensándolo en silencio, ninguno de los dos sabíamos qué decir. Al final tomamos una de las decisiones más difíciles de tomar en la Montaña: Abandonar nuestro objetivo y retirarnos a tiempo.


Pasadas las tres de la tarde cruzamos el refugio y sin parar caminamos y caminamos por los Cuetos del Trabe. Al llegar a Amuesa tenía las rodillas tan destrozadas que no me atreví a descender por la Canal de Piedra Bellida. Optamos entonces por bajar hacia Bulnes e intentar llegar a Poncebos antes de que anochezca. Los dos éramos conscientes de que no llegaríamos a tiempo para regresar a León, de modo que llamamos por teléfono para advertir que tendríamos que pasar una noche más.


Tuve que "arrastrarme" literalmente por los pedreros de la Canal de Amuesa por aliviar en lo posible el dolor que me causaba la tendinitis en ambas rodillas. No podía caminar y me sentía mal por hacerle perder tiempo a Raúl que tenía que acudir al trabajo al día siguiente.


Al llegar a Bulnes se nos echó la noche encima y bajamos por la Canal del Tejo a oscuras y con los frontales. Cuando por fin alcanzamos Poncebos nos tiramos al suelo y dormimos unas cuantas horas.


Al día siguiente tardamos más de cinco horas en recorrer los 12 km. de la Ruta del Cares. Mientras caminaba aguantando el dolor pensé que mis años de locura montañera habían llegado a su final. Tengo ya 30 años de edad y noto que ya no tengo la misma capacidad y resistencia que tenía años atras. Es cierto que para subir Torrecerredo desde Caín hay que estar en plena forma, entrenar lo suficiente y estirar correctamente, y yo no lo he hecho. Tengo que pensar que si quiero aventurarme en rutas de este calibre, necesito entrenar, calentar, ponerme en forma y llevar bastón.

martes, 16 de agosto de 1994

Murallón de Amuesa (Aproximación a Torre Cerredo).

Torre Cerredo con sus 2.648 metros es la montaña de mayor altitud de los Picos de Europa, de la Cordillera Cantábrica y también del todo el noroeste peninsular, estando enclavada en el Macizo Central de los Picos de Europa o Macizo de los Urrieles, en la divisoria de las provincias de León y Asturias. Su cima, con un desnivel de más de 2.200 metros sobre el río Cares, el más acusado de la Península Ibérica, posee unas magnificas vistas del Macizo Occidental y de las canales que vierten sobre la garganta del Cares.

Su lejanía y difícil acceso en lo más alto del Macizo de Los Urrieles la convierten en la montaña más inaccesible de los Picos, motivo por el cual pasó desapercibida para los locales durante mucho tiempo, y todavía hoy este hecho sigue exigiendo un soberano esfuerzo por parte de quienes pretenden alcanzar su cima.

Esta temporada mi hermana Laura vuelve a trabajar en el Parque Nacional, pero esta vez en la vertiente asturiana. Ricardo, Carlos y yo no queremos dejar que pase este verano sin organizar otra de nuestras grandes aventuras por los Picos de Europa y hemos pensado en aproximarnos los máximo posible a Torre Cerredo. Disponemos de cuatro días, dos para la aproximación y otros dos para el descenso, y hemos pensado que quizás la forma más accesible de llegar sería subir desde Bulnes por la Canal de Amuesa y ascender por la Cuesta del Trabe hasta el Refugio Jose Ramón Lueje, que sirve de base para las ascensiones al Pico de Los Cabrones y a Torre Cerredo.

Hemos quedado con Laura en Valdeón pero lo primero que nos ha dicho es que el lunes tiene que trabajar. Por un momento nos hemos replanteado la expedición porque ahora disponemos de dos días en lugar de cuatro y no creemos que podamos llegar en tan poco tiempo. No obstante Laura está dispuesta a regresar ella sola cuando fuese necesario sin que nosotros tengamos que alterar nuestro programa.

Partimos el viernes por la tarde desde Caín para dirigirnos a Culiebro. Allí tenemos pensado pasar la primera noche al raso en algún remanso del Río Cares y continuar al día siguiente por la Senda del Cares hasta Poncebos.

Llevamos todo el equipamiento necesario para acampar repartido entre todas las mochilas. Tenemos por delante más de dos mil metros desnivel, va a ser una ascensión durísima, la más dura que hayamos realizado. Recuerdo perfectamente la Canal de Amuesa, hace muy poco que bajé por ella y solo pienso en lo duro que va a ser subirla con este calor y esta humedad.

Encontramos un ribazo al lado del río que resultó ser espléndido para pasar la noche, no fue necesario ni montar la tienda, pasamos la noche con los sacos extendidos y nos dormimos contemplando el cielo estrellado entre los dos murallones del Desfiladero del Cares.
Al día siguiente retomamos la senda muy temprano y llegamos a Poncebos poco antes de que empezasen a llegar los turistas. Cruzamos el Puente de La Jaya sobre el Río Cares y subimos por la Canal del Tejo hacia la aldea de Bulnes. En algo menos de una hora llegamos al Puente Colines, que cruza el río para subir al Barrio del Castillo (Bulnes de Arriba). Poco a poco vamos ganando altura hasta que llegamos a la Canal de Amuesa donde comienza la subida más dura y pendiente.

El calor y la humedad relativa hace que suframos lo indecible a cada paso de la ascensión. Los últimos metros de la canal se hacen eternos, parece que nunca vamos a llegar. Cuando por fin hallamos la fuente sabemos que estamos a punto de alcanzar la majada.

Llegamos al Collado Cima (1.386 m.) más o menos a media tarde. Ha sido una ascensión de más de 1.100 metros de desnivel y estamos reventados y sin fuerza alguna para continuar la ruta hacia la Cuesta del Trabe. Decidimos montar campamento en la majada y pasar allí la segunda noche.

Al día siguiente amanece con la típica niebla que se mete por la Garganta del Cares hasta que se disipa luego con el calor. Nos levantamos muy temprano y preparamos el desayuno antes de desmontar el campamento. Mientras recogemos el material debatimos qué hacer durante la jornada que tenemos por delante. La niebla comienza a desaparecer y podemos ver justo enfrente la Majada de Ostón.

No nos faltan ganas, pero si subimos por la Cuesta del Trabe luego no nos quedaría tiempo para descender y regresar a tiempo para que Laura pueda incorporarse a su trabajo. Ella nos anima para que continuemos con nuestro programa aprovechando que tenemos tiempo pero finalmente lo hablamos entre todos y decidimos acompañarla.

Eso sí, les dije que descendiéramos por la Canal de Piedra Bellida hacia el Pando Culiembro para que conociesen y disfrutasen de las espectaculares vistas desde el Collado Cerredo.

Cuando pasé por aquí el mes pasado no pude ver esta vista tan espectacular por estar todo cubierto por la niebla. Pero hoy es muy diferente, tenemos justo delante la impresionante Canal de Mesones con la Torre Santa al fondo. También se ve la Bermeja y las Torres de Arestas. Poco antes de meternos de lleno en la Canal de Piedra Bellida pudimos ver el Valle de Valdeón y la Cuesta Duja.

Finalmente llegamos de nuevo a Culiembro donde aprovechamos para darnos un refrescante baño en las gélidas aguas del río Cares.

Aunque no hemos cumplido con nuestro objetivo, que era llegar al menos hasta la base de Torre Cerredo, sí que hemos hecho completa la ruta circular que bordea el Murallón de Amuesa. Finalmente acompañamos a Laura y pasamos la noche en la casa que acaba de alquilar en la aldea de Bada, muy cerca de Cangas de Onís.

Aprovechando su día de trabajo subimos con ella a los Lagos de Covadonga y con su uniforme del parque nos acompañó hasta la Vega de Ario para que regresáramos Carlos, Ricardo y yo por la Canal de Trea.

domingo, 10 de julio de 1994

Travesía de Picos al Mar Cantábrico.

Entre los Picos de Europa y el Mar Cantábrico se extiende a lo largo de unos 30 km. un cordal montañoso paralelo cuyo origen geológico es el mismo que el de los Picos de Europa. Se trata de la Sierra de Cuera, una pequeña cordillera muy singular que proporciona vistas incomparables de los tres macizos de los Picos de Europa y de la costa oriental de Asturias. Su punto culminante es el Cerro Turbina, de 1.315 m. de altitud.

Lo propio este año hubiera sido planificar una travesía por el Macizo Oriental de los Picos de Europa, sin embargo nos hemos decantado por hacer una aventura mucho más emocionante: Caminar a pie desde Valdeón hasta la costa del Mar Cantábrico cruzando los Picos de Europa y la Sierra de Cuera. En línea recta no hay mucha distancia, el mayor reto es atravesar ambos accidentes geográficos, y calculamos que en cuantro jornadas podríamos lograrlo.

Jornada 1: Caín - Majada de Amuesa (5 de julio de 1994).

Este año Tato no ha querido perderse la aventura y se ha unido a la propuesta, al igual que Oscar, el mismo que nos acompañó a Alberto y a mí en la travesía del año pasado. También nuestro viejo amigo Raúl (Morgan) se ha decidido a venir a pesar de su poca experiencia en el mundo de la Montaña.

Nos llevamos todo el equipo de acampada repartido entre las cinco mochilas, junto con ropa y comida suficiente para las cuatro jornadas de la travesía.

Anoche montamos la tienda en las proximidades de Caín después de bajar de Posada de Valdeón. Llevamos una tienda de campaña apta para cuatro personas, pero nos hemos metido los cinco como hemos podido, aunque hemos dormido con ciertas incomodidades.

Levantamos el campamento con las primeras luces del día y comenzamos a caminar por la Ruta del Cares hasta Culiembro, donde se inicia la ascensión al Murallón de Amuesa. En Culiembro llenamos las cantimploras y revisamos el equipo antes de iniciar la ascensión.



Tenemos delante los interminables zig-zag's de la senda que sube por el Pando Culiembro hacia la Canal de Piedra Bellida. He pasado varias veces por Culiembro y en todas ellas me he fijado en esta senda que va a parar al Collado Cerredo con la inquietud de saber cuándo podría subir por allí. Es una de las vías de ascensión a Torrecerredo.


Nada más bajar al río Cares nos hemos encontrado con un gran problema: El puente que lo cruza está totalmente destruído, por lo que hemos tenido que buscar el mejor lugar para poder cruzarlo a pie con seguridad. Es bastante arriesgado, porque las aguas además de heladas bajan muy torrenciales, y no resulta nada fácil cruzarlo descalzos y porteando mochilas tan pesadas. Al final hemos podido cruzarlo con las aguas por encima de las rodillas, todos menos uno: Raúl ha sido incapaz de mantener el equilibrio. Hemos intentado ayudarle, varias veces, pero ha sido imposible. Al final nos quedamos los cuatro mirándole al otro lado del río sin saber muy bien qué decirle mientras él se ataba las botas para regresar por donde vino.

Mientras subíamos por el Pando Culiembro no parábamos de preguntarnos si habíamos obrado correctamente con Raúl, él insistió en que no suspendiéramos la travesía por su culpa, pero verle regresar por la otra ladera a él sólo fue muy duro para nosotros. Subimos todo el tiempo sin quitárnoslo de la cabeza.

Poco después de meternos en la Canal de Piedra Bellida ha subido la niebla y nos ha impedido ver cualquier tipo de referencia para evitar perdernos, pero por suerte la senda está bien marcada y cuando no lo está hay bastantes hitos bien localizados. Pero poco antes de llegar al Collado Cerredo a mí me dió una pájara de escándalo; estábamos trepando con las manos heladas agarrándonos a las hierbas mojadas en una gran pendiente y envueltos en una espesa y húmeda niebla. Me dieron temblores en las piernas y tuve que parar a descansar y comer algo, necesitaba energía pura para poder seguir.

Finalmente llegamos a lo más alto de Amuesa y caminamos por la senda hasta llegar a la Majada del mismo nombre. La localizamos gracias al sonido del los cencerros de las vacas, porque no se veía absolutamente nada. Nos hizo mucha gracia ver que los responsables de aquel ganado era una pareja de muchachos cuya edad no debía superar los doce años, parecían Heidi y Pedro. Les preguntamos por una fuente y nos indicaron el camino, a unos cincuenta metros bajando por la canal de Amuesa hacia Bulnes. En cuanto localizamos en arroyo buscamos una vaguada y acampamos. Como hacía tanto frío nos cambiamos de ropa y nos metimos los cuatro en la tienda para calentar con el hornillo un buen plato de espaguettis. Antes de dormir escribimos en el diario de ruta unas palabras dedicadas a nuestro compañero Raúl: "Hoy hemos sufrido una baja, Raúl ha tenido que avandonar la expedición; pero ahora vamos a domir los cuatro en la tienda de puta madre...".

Jornada 2: Majada de Amuesa - Arangas de Cabrales (6 de julio de 1994).

Nos espera una larga jornada en la que tenemos que cubrir buena parte de la distancia que nos separa del Mar Cantábrico, además de tener que descender más de mil metros de altitud hasta Bulnes y Poncebos.

Nos levantamos todavía con niebla, todo estaba empapado, la tienda, las mochilas, las botas, la ropa... todo empapado de la humedad. Comenzamos a descender por la Canal de Amuesa sin perder la senda, la única referencia que teníamos para llegar sin perdernos a Bulnes.

Cuando estábamos a punto de llegar al Barrio de Arriba la nieba comenzó a disiparse y nos permitió ver entera la Canal del Tejo, por donde teníamos que bajar hacia Poncebos.

Poco antes de cruzar el Puente de la Jaya sobre el río Cares, buscamos un rincón para echarnos un rato a comer y descansar lejos del bullicio que se ve en la Ruta del Cares. Después caminamos ya por carretera hasta Arenas de Cabrales, donde aprovechamos para comprar nuevas provisiones. Seguimos caminando por la carretera que sube a Peñamellera hasta llegar a la villa de Arangas. Buscamos un buen lugar donde acampar pero la temperatura era muy agradable y descubrimos que la iglesia del pueblo tenía un gran pórtico donde podíamos pasar la noche resguardados sin necesidad de montar la tienda. Le compramos fruta a un frutero ambulante, cenamos mientras se metía el sol e improvisamos una pequeña ducha portátil para asearnos antes de dormir.

Jornada 3: Arangas de Cabrales - Acebal (7 de julio de 1994).

Tenemos enfrente de nosotros un gran murallón montañoso de más de 600 metros de desnivel, la Sierra de Cuera. Desde aquí no se ve el Turbina, pero según el mapa lo veremos en cuanto alcancemos los mil metros de altitud. Hemos dormido estupendamente bajo el pórtico de la iglesia, a nadie del pueblo le ha parecido mal que hubiéramos pasado allí la noche, más bien todo lo contrario, un vecino vino a vernos y nos preguntó si necesitábamos algo. Aprovechamos para preguntarle el mejor camino para subir al Turbina.

El día está espléndido, un sol brilla intenso y el aire está limpio y nítido, nada parece indicar que vayamos a sufrir otra vez las inclemencias de la niebla. La senda de la que nos habló el cabraliego de Arangas se pierde y se bifurca constantemente, de modo que decidimos olvidarnos de buscar sendas y veredas y optamos por subir directamente a pesar de la pendiente. En cuanto llegamos al alto de la sierra pudimos contemplar la panorámica que veníamos buscando: Los tres macizos de los Picos de Europa.


Ahora vendría la segunda parte. Creíamos que nos íbamos a encontrar el Mar Cantábrico en cuanto nos asomáramos a la otra vertiente. Pero nada de eso. La otra vertiente estaba todavía muy lejos, y tuvimos que caminar un largo trecho hasta que dimos con el Turbina. No hay sendas ni veredas ni hitos ni rastro de nada más que rocas, dolinas, vaguadas y simas. Sólo podemos guiarnos de nuestra intuición, pero somos cuatro, y en estos casos es inevitable que surgan discrepancias. Así ocurrió con Tato, empeñado en ir en una dirección con la que el resto no estábamos de acuerdo. Al final logramos un consenso y alcanzamos el cerro. Lástima que al otro lado estuviera todo cubierto por las nubes.




Ha sido un chasco no poder ver la costa desde aquí, se ve el mar, sí, pero mucho más allá de las nubes. En la cumbre del Cerro Turbina paramos a comer y pudimos disfrutar de un paisaje sin igual.

Tras el Turbina comenzamos a descender por la ladera norte hasta que comenzaron los problemas...
.

Lo primero fue quedarnos sin agua. El calor era sofocante y desde Arangas no habíamos encontrado ni rastro de agua. Lo segundo fue que seguíamos sin encontrar ningún camino o senda. Y lo tercero, que cuando pensábamos que al otro lado de la colina veríamos la costa, nos encontrábamos con otra colina, y otra detrás, y otra... Pero lo peor era la sed terrible que estábamos pasando, estábamos deshidratados y desesperados por encontrar agua.

Por fin encontramos a un ganadero y le preguntamos dónde podríamos encontrar agua; nos habló de una cueva con un manantial de aguas frescas y cristalinas, pero sus explicaciones sobre su localización nos parecieron tan incomprensibles que al final se decidió a acompañarnos.

Después de repostar las cantimploras seguimos caminando hasta que por fin dimos con el último valle y la última colina antes de llegar a la costa.



Comenzamos entonces a sufrir las consecuencias de caminar durante tantas horas por un terreno tan impredecible: Aparecieron las primeras ampollas en los pies. En cuanto llegamos al fondo del valle encontramos un río y no dudamos en quitarnos la roma y zambullirnos en sus aguas para quitarnos el sudor de todo el día. Nos bañamos en pelotas y lo pasamos a lo grande chapoteando y gritando "¡Escándalo Púbico!"...

Caminamos un poco más en busca de una buena pradera para acampar y llegamos al Acebal, muy cerca de la carretera nacional de Santander, donde encontramos un rincón muy confortable bajo unos árboles. Allí montamos la tienda y nos acercamos a un bar del pueblo antes de irnos a dormir. Casi no podíamos caminar por el dolor de las ampollas.

Jornada 4: Acebal - Llanes (8 de julio de 1994).

La peor parte se la ha llevado Oscar, en cuanto nos ha enseñado las plantas de sus pies no hemos podido hacer otra cosa más que santiguarnos. Además, antes de levantar el campamento hemos desayunado y a él le ha tocado una babosa que se había metido en el cartón de leche.

Pero la jornada de hoy no tiene más complicación que caminar por carretera hasta Llanes, acampar en el Camping e irnos directos a la playa para disfrutar de un merecido descanso esparcidos en la arena.

En cuanto llegamos a Llanes alzamos la vista atrás y nos quedamos contemplando la sierra que acabábamos de cruzar con el Turbina todavía cubierto por la niebla.


Buscamos un teléfono público y llamamos a nuestras familias para comunicarles que habíamos llegado sanos y salvos. En el caso de Oscar sus padres decidieron venir a buscarle en coche. Tato, Alberto y yo optamos por quedarnos un día más en Llanes para descansar antes de regresar a Valdeón por la Senda del Cares.


Al día siguiente nos metimos en un bar de Llanes para ver el partido de la semifinal del Mundial de Fútbol entre España e Italia, y sufrimos viendo cómo Italia nos mandaba a casa despues de jugar un partido excepcional.

miércoles, 15 de julio de 1992

Travesía Macizo Central de los Picos de Europa.

Los Picos de Europa constituyen una unidad montañosa que se desprende de la Cordillera Cantábrica hacia el norte acercándose a unos 20 kilómetros del Mar Cantábrico. Favorecido por la naturaleza de la roca calcárea y las abundantes precipitaciones se ha originado un importante Karst que ha dado lugar a la formación de numerosos hoyos ("Jous"), simas y profundas gargantas.

De los tres macizos que conforman la unidad montañosa es el Macizo Central, también conocido como el Macizo de los Urrieles, el más extenso y agreste, donde se encuentran las mayores altitudes y las simas más profundas.

Alberto, Tato y yo nos hemos planteado un reto para este año, al igual que hizimos el año pasado cuando fuimos a pedal desde León hasta los Picos de Europa. Nos hemos puesto delante del mapa del Macizo Central de los Picos de Europa y hemos trazado un recorrido para atravesarlo de sur a norte: Partiremos de Cordiñanes, subiremos a Collado Jermoso, cruzaremos la Vega de Liordes, bajaremos los Tornos de Liordes, subiremos el teleférico de Fuente De, ascenderemos el Pico Tesorero, cruzaremos los Horcados Rojos, cruzaremos el Jou sin Tierra, pasaremos por la Vega de Uriellu, tocaremos el Naranjo de Bulnes, y bajaremos hacia El Cares por Bulnes y Poncebos.

Nos llevamos la tienda de campaña y comida abundante para los cinco días a base de latas de conservas, embutido envuelto en una tela, pan, leche, galletas, leche condensada y alguna lata de Isostar.

Partimos el sábado 11 de julio desde Cordiñanes. Es la segunda vez que subo a Collado Jermoso y recuerdo la ruta perfectamente: La Rienda de Asotín, el Hayedo y la Vega de Asotín, la Canal Honda (y su atajo para evitarla por el Argayo Berón) y el Argayo Congosto. Recuerdo también a la Aguja Señora del Tío Toribio, perfectamente visible desde el Argayo Congosto.

Poco antes de entrar en el Argayo Congosto nos encontramos con una pareja de alemanes que andaban totalmente desorientados. No entendían ni "J" en castellano, de modo que nos comunicamos como pudimos con el inglés. No tenían ni idea de por dónde se subía al refugio, estaban a punto de meterse por un desvío hacia la Canal de Asotín que conducía directamente a un cortado sin salida. Les dijimos que nos acompañaran y treparon el Argayo Congosto detrás de nosotros. El tipo se parecía mogollón al actor Rutger Hauer, el de Blade Runner.

En esta ocasión no pernoctamos en el refugio, como nos llevamos la tienda de campaña con su material repartido entre las tres mochilas montamos campamento en las proximidades del refugio. En lo alto de la Torre Jermosa había decidido montar su tienda un obsesivo de la fotografía que perseguía una instantánea de un rebeco con Torre Santa al fondo. Se había traído a su hijo pequeño y le dijimos que aquel no era un buen lugar para montar la tienda porque durante la noche se levantaban vientos huracanados. No nos hizo caso. A las tres de la mañana le vimos desmontar su tienda y meterse en el refugio... hacía un viento endiablado.

Me cautivó la belleza de la Torre de Friero con su impresionante corredor norte. Al día siguiente partimos temprano rumbo a la Vega de Liordes por Las Colladinas. La imagen de la Torre Jermosa con Torre Santa al fondo es digna de las mejores postales de los Picos de Europa.

Llegamos a la Vega de Liordes más o menos a la hora de comer. Teníamos la vega entera para nosotros solos; el año pasado la habíamos visto desde el Collado Remoña y no nos imaginábamos que era tan grande. Sacamos nuestras viandas de las mochilas y nos pusimos a comer. Acto seguido nos entraron ganas de cagar y cada uno nos buscamos el mejor retrete rocoso disponible.

Echamos un último vistazo al Valle de Valdeón y a la Torre Santa y emprendimos el descenso por los vertiginosos Tornos de Liordes mientras escuchábamos en la radio portátil de Tato el desarrollo de la etapa del Tour de Francia.


Llegamos a Fuente De a última hora de la tarde y fuimos directamente al Camping para contratar una parcela para acampar esa noche. Después de lavarnos nos sentamos en una de las mesas del bar donde nos encontramos con Rutger Hauer y su chica. No sabíamos que habían hecho la misma ruta que nosotros, habían salido más temprano, por eso no coincidimos. Estuvimos charlando con ellos un buen rato poniendo en práctica nuestras dotes con el inglés.


El día siguiente amaneció con el cielo totalmente encampotado, pero pronto nos dimos cuenta que eran nubes bajas y el personal del teleférico nos confirmó que arriba estaba despejado. Fue un momento espectacular cuando la cabina del teleférico cruzo las nubes y aparecimos por encima del mar de nubes con un sol radiante.

Comenzamos a caminar en dirección a la Cabaña Verónica, que se la ve perfectamente a los pies del Pico Tesorero. Poco después de pasar por La Vueltona nos encontramos con que la senda estaba cubierta por un gran nevero. Cruzar un nevero en pleno verano fue toda una novedad para mí, nunca lo había experimentado.


Pero lo que más deseaba en aquel momento era llegar a Horcados Rojos para disfrutar de las vistas del Naranjo de Bulnes, con la Sierra de Cuera y el Mar Cantábrico de fondo. Antes pasamos por la Cabaña Verónica, una cabina en forma de iglú extraída de un portaaviones que sirve de refugio para 8 únicas plazas.


En el mirador de los Horcados Rojos estuvimos comiendo antes de enfrentarnos a la ascensión del Pico Tesorero, que con sus 2.570 m. de altitud se convierte en la primera de mis grandes ascensiones, nunca antes había estado en un punto geográfico tan elevado. Concurren en su cumbre los límites provinciales de León, Asturias y Cantabria; estábamos en "Tierra de Nadie". Saludamos de nuevo desde la cumbre a la Torre Santa.


También ha sido la primera vez que he experimentado la sensación de vacío cuando hemos bajado hacia el Jou de los Boches por el cable de acero que está amarrado a la roca. Un mal paso durante aquel descenso y no lo cuentas, y como te pille una tormenta mientras bajas agarrado al cable date por muerto, no sería la primera vez.

Mientras cruzamos el Jou de los Boches hacia el Jou sin Tierra paramos para deslizarnos con las esterillas por alguno de los neveros. Estábamos sedientos, hacía mucho calor, así que nos prometimos bebernos una botella de vino en el refugio del Naranjo de Bulnes.

En cuanto llegamos al refugio preguntamos por el guarda para reservar nuestra plaza. Nos dijeron: "Es aquél"... "Hola, ¿eres el guarda del refugio?" "Puede..." nos contesta. Debía tener una crisis de identidad, el muy gilipollas. En fin, nos asignó nuestra plaza y nos explicó las normas. Al menos nos permitió cenar dentro del refugio, nos sentamos en una de las mesas y sacamos nuestras viandas. Cuando vimos a los de al lado sacar su hornillo y calentarse unos espaguetis se nos cayó la baba... y nosotros ahí, con nuestro trozo de jamón, lomo y chorizo... "Tenemos que hacernos con un hornillo", meditamos.


El día siguiente continuamos nuestro camino en dirección hacia Pandébano, desde donde lanzamos las fotos con la estampa clásica del Naranjo de Bulnes. Nos llamó la atención un ganadero que intentaba meter a las vacas en los graneros, al parecer había una que se le estaba resistiendo y no paraba de gritar: "¡Aposenta, aposenta!"

De Pandébano bajamos hasta Bulnes, y de Bulnes a Poncebos por la Canal del Tejo. Llegamos reventados, pero nos quedaba por delante toda la Ruta del Cares. De vez en cuando paramos para meter los pies en las gélidas aguas del canal. Llegamos a Caín cuando comenzaba a caer la noche, pero estábamos tan cansados que no teníamos ganas de montar la tienda, así que nos metimos en el pórtico de la Iglesia y allí tiramos los sacos para dormir bajo la mirada atónita de los cainejos que pasaban por allí.


Ha sido una aventura memorable; regresamos a León con la sensación de que se nos ha hecho demasiado corta. No obstante, ya tenemos anotado que para el próximo año vamos a hacer la Travesía por el Macizo Occidental.

lunes, 26 de agosto de 1991

Mis Primeros Pasos por la Montaña.

Cuando tenía 10 años de edad mis padres me apuntaron a una Escuela de Esquí en la Estación Invernal de San Isidro, que fue donde aprendí a esquiar. Ese fue mi primer contacto directo con el mundo de la Montaña, solíamos ir todos los fines de semana durante el invierno de 1981 y recuerdo perfectamente cómo me quedaba mirando el Pico Susarón cuando pasábamos por el embalse del Porma, justo antes de llegar a Puebla de Lillo. También recuerdo cómo observaba impresionado las inmensas paredes del Pico Torres, o las afiladas crestas del Pico Agujas.

Mi padre también solía llevarnos con frecuencia a las Hoces de Vegacervera, y en la Venta de Getino, donde solíamos parar a comer, pasábamos la tarde antes de regresar a León. Recuerdo que me quedaba mirando la peña que estaba justo en frente de la Venta y un día le dije a mi padre que me dejara subir hasta arriba. Quería ver cómo se veían las cosas desde allí arriba, saber cómo me sentiría al llegar al punto más alto con mi propio esfuerzo. Aquella fue mi primera trepada, la primera vez que sentí cómo fluía la energía de la montaña a través de mi cuerpo.

La primera vez que visité los Picos de Europa fue en una excursión del Colegio P.P. Agustinos organizada por el naturalista profesor Padre Santiago Insunza, quien nos llevó de ruta a conocer el Valle de Valdeón y los Picos de Europa. Fue durante el otoño de 1985, un día lluvioso en el que el autobus nos dejó en Posada y fuimos caminando hacia el Monte Corona, haciendo parada en el Mirador del Tombo. Recuerdo que allí realicé mi primera fotografía con una pequeña cámara "Werlisa" que mi padre me había regalado cuando estuvimos en Ceuta; por suerte aun conservo esa fotografía.

El Padre Insunza nos metió de lleno en el corazón del Monte Corona, llegando a La Farfada y a las inmediaciones de la Canal de Capozo. Tengo pocos recuerdos de aquella excursión, pero no me olvido de lo mucho que me impresionaron las paredes de la Torre de Comea (Cueto Agudos), y las verticalidades que se observaban en el Macizo de enfrente. También recuerdo que encontramos una salamandra común, aun frecuente por aquella época.

Pero esa no fue la única vez que el Padre Insunza nos llevó al campo. Recuerdo otra excursión en la que nos llevó al Puerto de Aralla desde donde ascendimos al Cerro Pedroso (1.914 m.), para luego descender por el arroyo de Polanco hacia Geras de Gordón. Podría decir que aquella fue mi primera ascensión, de la que conservo los recuerdos de las vistas del Embalse de Luna, los parapetos que resisten el paso del tiempo desde la Guerra Civil, la Pica del Cellerón que Insunza llamaba "El Supositorio", el Desfiladero del Palanco y la Hoz de Geras, de la que conservo una fotografía. Debió ser por la primavera de 1986.


A partir de 1987 mi padre comenzó a llevarnos de excursión a conocer un montón de lugares tanto de Asturias como de León. Recuerdo que nos llevó a Riaño antes de que lo inundaran, al Valle de Valdeón, a San Emiliano, a Pajares, a Somiedo... Todavía conservo alguna foto de aquella excursión a los Lagos de Somiedo del verano de 1988.

Durante 1990 me dio fuerte por la bicicleta y comencé a recorrer largas distancias en bici desde León hasta Matallana, Vegacervera, Valporquero, Cármenes, La Vecilla,... casi siempre hacia la Montaña. En julio de 1991, cuando pasábamos el verano en Llanes (Asturias), me llevé la bicicleta para recorrer los pueblos del oriente asturiano. Un día, cuando pasaba cerca de Poo de Cabrales, observé y reconocí en la lejanía al Naranjo de Bulnes. Era una imagen impresionante y no dudé en hacer una instantánea con mi cámara.


Aquella visión motivó que comenzará a interesarme en conocer la geografía de los Picos de Europa y decidí acercarme con la bici al macizo lo más cerca posible. Llegué a Poncebos, allí dejé aparcada la bici y subí caminando a Camarmeña (en aquella época no había carretera). Por fin pude observar el Naranjo de Bulnes más de cerca, pero no lo suficiente, desde la aldea de Bulnes debía verse mejor todavía, así que ascendí a pie por la Canal del Tejo hasta que llegué a Bulnes.


Estaba realmente impresionado paseando por la villa de Bulnes, una aldea totalmente remota en medio de aquellos impresionantes macizos, con sus calles sin asfaltar, sus gallinas, los patos, y aquel burro que porteaba todos los víveres desde Poncebos.


Al regresar a casa les conté a todos mi descubrimiento y rápidamente fuimos todos en coche a recorrer los Picos. El 26 de agosto llegamos a Fuente De y subimos en el teleférico. Reconocí entonces la Peña Vieja, la Peña Remoña, los Horcados Rojos, Áliva... Estaba ansioso por llegar a León y contarle a mis amigos Tato y Alberto mis viajes por aquellas tierras asturianas y proponerles una gran excursión en bici desde León hasta los Picos de Europa.