martes, 31 de marzo de 2009

Travesía Transcantábrica I (Proyecto).

El proyecto de hacer una gran Travesía por la Cordillera Cantábrica nació hace varios años. Mi cuñado Alfredo, por entonces Guarda del Parque Nacional de los Picos de Europa, la planificó con tiempo con la esperanza de poder realizarla en cuanto pudiera. Pero por diversas circunstancias no pudo realizarla y en el año 2002 me cedió toda la información que había recopilado hasta entonces: Una lesión irreversible en su rodilla le impidiría poder afrontar el reto.

En 1994 realicé una Travesía por los Picos de Europa y la Sierra de Cuera hasta llegar al mar. Fue una gran aventura de la que guardo muy buenos recuerdos. Partimos de Posada de Valdeón con la intención de subir por la Canal de Amuesa desde la Ruta del Cares (por el llamado Pando Culiembro), para descender luego por Bulnes y la Canal del Tejo, Poncebos, Arenas de Cabrales, Arangas, atravesar toda la Sierra de Cuera por el Turbina y descender finalmente hasta la costa de Llanes.

Desde entonces, siempre tuve en mente hacer otra travesía similar, pero por aquellos años de final de carrera, Prestación Social Substitutoria, y demás circunstancias, tuve que conformarme con pequeñas salidas de fin de semana para subir algún pico y regresar pronto a León.

La idea de hacer una travesía por la Cordillera Cantábrica como la que me propuso Alfredo me entuseasmó desde un principio y durante varios años trabajé sobre ella buscando las rutas más apropiadas para poder realizarla. El principal problema era que necesitaba al menos 15 días para poder llevarla a cabo, algo inpensable por aquel entonces. Con mi nuevo negocio en marcha, La Cesta Biológica, era imposible permitirse el "lujo" de disponer de tantos días de vacaciones.

Una oportunidad surgió en el año 2005, con motivo de mi separación y posterior divorcio. Era precisamente lo que necesitaba para poder "liberar" mi mente y afrontar un cambio de vida que estaba por llegar, la mejor manera de afrontar la dura realidad. Recuperé los mapas, repasé el trazado de las rutas, y llegué a realizar una buena planificación. Pero finalmente no pudo ser; por entonces trabajaba de distribuidor, buscaba casa, buscaba la forma de marcharme de León y acabé comprando un apartamento en Posada de Valdeón. Allí me fui a principios del 2006 con la idea de poner en marcha un negocio que me permitiera vivir en el valle. El proyecto de la travesía acabó nuevamente metido en un cajón.

Pero ahora, tres años después, me encuentro en Madrid, trabajando como Asesor Comercial de Telecomunicaciones para Telefónica, y por primera vez en mi vida laboral dispongo de días de vacaciones. He tenido que cuadrar mis días de vacaciones de acuerdo con las condiciones de la empresa, pero finalmente los he podido escoger pensando en la Travesía. Dispongo de tres semanas, la última de mayo y las dos primeras de junio. En total 21 días disponibles, tiempo suficiente para poder realizarla dejando un margen de días entre el principio y el final de la travesía, y con dos meses por delante para planificarla y para someterme a un duro entrenamiento, ya que desde que estoy aquí en Madrid mis salidas a la Montaña han sido muy escasas y cortas, y apenas he practicado deporte. Estoy muy muy bajo de forma, tengo 37 años y para poder afrontar este reto necesito recuperar las fuerzas que tenía cuando tenía 23 años.



domingo, 8 de marzo de 2009

Ruta de Las Machotas (El Escorial).

A unos 2,5 Km. al sur de San Lorenzo de El Escorial se encuentra "La Silla de Felipe II", un observatorio privilegiado desde donde el monarca contemplaba el paisaje del Monte Abantos mientras supervisaba los progresos de las obras del Monasterio. Desde este punto da comienzo una senda ecológica que atraviesa el Bosque de la Herrería y conduce hasta la falta de Las Machotas, riscos graníticos que culminan en el Pico del Fraile (1.461 m.).

Es domingo 8 de marzo. A Clara y a mí nos apetece salir al campo, a respirar aire puro. Hace muy buen tiempo, es como si la Primavera se adelantara. Así que cogemos el Trepas y nos vamos en dirección a Cercedilla. Pero llegando a Guadarrama, Clara propone que nos acerquemos a conocer la ruta de "La Silla de Felipe II".

Dejamos el coche aparcado en el camino que asciende hacia la "Silla" y comenzamos a caminar. Pero es domingo, hay mucha gente y Clara y yo nos sentimos como dos domingueros más siguiendo el rebaño... Sin embargo, en cuanto alcanzamos la senda ecológica y empezamos a caminar cambiaron todas nuestras sensaciones. El recorrido por el bosque fue de lo más tranquilo y agradable, más de lo que esperábamos, de hecho, me sorprendió lo respetuosa que era toda aquella gente con el entorno y lo bien cuidada que estaba toda la ruta.



Poco a poco fuimos ganando altura a la vez que mejoraba el paisaje, hasta alcanzar un collado desde donde se inicia la ascensión a Las Machotas. Sorteando grandes bloques graníticos alcanzamos la cumbre del Pico del Fraile (1.461 m.), llamado así por la forma característica de un enorme risco que la adorna, y al que no pude trepar.



sábado, 14 de febrero de 2009

Ascensión al Monte Abantos (1.758 m.)

San Lorenzo de El Escorial se encuentra rodeado por un circo de montañas pertenecientes a las últimas estribaciones de la Sierra de Guadarrama. Con una altitud de 1.758 m. (700 m. de desnivel desde San Lorenzo), el Monte Abantos constituye una enorme cresta granítica que confiere al paisaje local un carácter muy singular, motivo por el cual ha sido protegido por la figura legal de "Paisaje Pintoresco de Interés Nacional".


Es sábado, 14 de febrero, día de San Valentín. El tiempo es soleado, agradable, huele tanto a primavera que Clara y yo nos animamos a salir al campo, a respirar aire puro, a carganos de energía y hacer algo de ejercicio. Nos cogemos "La Capri", ella se pone al volante (es la primera vez) y nos vamos por la mañana hacia San Lorenzo de El Escorial.


A los pies del Monte Abantos se extiende un gran pinar que casi llega hasta lo más alto. Nos adentramos en el bosque siguiendo uno de los numerosos senderos que lo atraviesan y poco a poco vamos ganando altura. A medida que avanzamos, el paisaje es cada vez mejor, comienza a aflorar la roca, comienzan a aumentar los desniveles, llegamos a los primeros neveros, y casi sin quererlo, alcanzamos el final del pinar. Pero Clara está cansada, es tarde, el sol comienza a ponerse y decide que es el momento de dar la vuelta y comenzar el descenso. Pero yo siento la cumbre muy cerca y me resisto a abandonar. Esta montaña ya me ha enganchado, he llegado al punto de "no retorno", por nada del mundo dejo pasar la oportunidad de hacer cumbre estando tan cerca.




A toda prisa comienzo la ascensión trepando por grandes bloques graníticos mientras Clara desciende tranquilamente por el pinar. Estoy disfrutando al máximo, el paisaje es sobrecogedor, a mis pies veo San Lorenzo de El Escorial con su enorme monasterio, y una gran llanura se extiende hacia el sur con la ciudad de Madrid en la lejanía. Me agarro fuertemente a las rocas, el sol se está poniendo y cada vez veo más cerca la cumbre. Pero cuando alcanzo las últimas trepadas, me doy cuenta de que la cumbre está todavía más arriba. Por un momento me planteo desistir, el sol está ya muy cerca del horizonte, es tarde, camino sobre nieve y no he traído el equipo adecuado, y sobre todo, no puedo arriesgarme a realizar un descenso a ocuras.


Pero no lo puedo evitar, ya veo el vértice geodésico. Además, voy a ser testigo de una puesta de sol desde la cumbre del Abantos, y llevo mi cámara encima. Sin más, continuo la ascensión. Las piernas se me unden en la nieve, el corazón me late a toda máquina, la cima se me resiste, pero voy a llegar. Finalmente, tras una hora de tremenda ascensión, alcanzo la cumbre, justo a tiempo para disfrutar de la puesta de sol. Saco mi cámara y comienzo a disparar. Me doy una vuelta por el lugar pero no puedo entretenerme, se está oscureciendo el cielo y estoy en terreno desconocido, sin linterna ni equipo apropiado.


Para el descenso decido ir directo por la ladera sur corriendo por la nieve hasta alcanzar el bosque. Después de media hora bajando a toda prisa, ya no veo casi nada. Estoy descendiendo por el bosque sin ninguna referencia, no alcanzo ninguna senda ni nada parecido. Pero se que bajando, bajando y bajando alcanzaré las luces de la última urbanización de San Lorenzo.


Una hora después de estar en la cumbre, llego por fin al pueblo. Ha sido una experiencia extrema que me ha dejado extenuado, pero la adrenalina me ha cargado las pilas y estoy encantado de poder sentir otra vez la montaña, y tan cerca de casa...

martes, 14 de octubre de 2008

Ascensión a Peñalara (2.428 m.)

Peñalara es la cumbre más elevada de la Sierra de Guadarrama, que a su vez forma parte del Sistema Central. El paraje alberga pequeños circos, dos morrenas y diversos lagos de origen glaciar que motivaron su declaración como Parque Natural en junio de 1990. De su fauna tan solo son destacables la presencia de algún buitre negro y del aguila imperial, además de los anfibios que sobreviven en las lagunas.


Es martes, 14 de octubre de 2008. Tengo el día libre pero el tiempo está desapacible y mi estado de ánimo está por los suelos: El traspaso del supermercado sigue complicándose y me encuentro muy bajo de moral. Clara me anima a que coja la mochila y me vaya a "explorar" la Sierra, pero el tiempo no acompaña y no estoy muy motivado a salir, pero no tego nada mejor que hacer, así que me preparo, cojo el Trepas y me voy directo al Puerto de Cotos (1.830 m.), muy cerca del puerto de Navacerrada. Tardo menos de una hora en llegar desde Leganés.


Amenaza lluvia; por arriba se ve bastante niebla pero de momento aguanta. Así que cojo un camino que se adentra en el pinar para buscar algún sendero que me lleve hacia mayor altitud, y poder así encontrar alguna vista que me permita distinguir el macizo de Peñalara. Pero el camino comienza a perder altitud y decido salir de inmediato para meterme de lleno en el pinar y subir hasta alcanzar una senda que figura en el mapa.


Pronto alcanzo la senda y contunuo por ella hasta llegar al Circo Glaciar de Peñalara, que alberga la Laguna Grande. Hay una caseta de información plantada en medio, y un sendero fabricado en madera conduce directamente a la laguna. He alcanzado los 1.900 m. de altitud y el paisaje de las laderas está ya tapizado de praderas y matorrales alpinos. Un poco más arriba en medio de las rocas se distingue un refugio, pero al acercarme compruebo que se encuentra prácticamente derruido.


Todavía no distingo la cumbre de Peñalara, pero de acuerdo con el mapa tengo que trepar por las rocas hasta un collado desde donde creo podré vislumbrar la cima. El problema es que hay bastante niebla y la visibilidad es en algunos tramos totalmente nula. Tras una gran trepada alcanzo el collado y encuentro una senda marcada por hitos que parecen indicar la ascensión a cumbre. No hay nadie por el lugar, estoy completamente solo. Tampoco distingo la presencia de ningún animal, no hay rapaces, ni cuervos, no oigo cantar ningún pájaro...


Sigo la senda que asciende lentamente pero la niebla me impide ver dónde termina. No se ve nada; se supone que desde aquí tendría que verse toda la Meseta, y la ciudad de Segovia a los pies, pero nada de nada, estoy metido de pleno en la nube. Después de un buen rato subiedo, alcanzo lo que parece ser la cumbre, por los grandes bloques de roca que la conforman. Y efectivamente, de pronto me encuentro con el vértice geodésico.


La ascensión se me ha hecho relativamente sencilla. Pero merodeando por la cumbre he podido comprobar que la ascensión por la vertiente norte parece mucho más atractiva, con mayores desniveles y grandes riscos, como el Risco de los Pájaros (2.266m.) o el Risco de Los Claveles (2.387 m.). De modo que reservo para otra ocasión la ascensión a Peñalara por esta otra vertiente, esperando hacerla algún día soleado para poder disfrutar del paisaje que se adivina.

viernes, 2 de mayo de 2008

Las Peñas de Cifuentes.

En Valdeón llaman "Peñas de Cifuentes" al macizo formado por la Torre de Friero, Torre del Hoyo de Liordes, Torre de Salinas y Peña Remoña. Y es que este macizo esta separado del Macizo Central por la Canal de Asotín, por la Vega de Liordes y por Los Tornos de Liordes. Existen dos únicos pasos que permiten cruzar las Peñas de Cifuentes: La Canal de Pedabejo y la Collada de La Chavida. El paso por ambos permite realizar una de las travesías más espectaculares de los Picos de Europa.




Estamos en el Puente de Mayo de 2008. Por quinta vez organizo la travesía guiada por las Peñas de Cifuentes, esta vez para Antonio, Miguel y Víctor, amigos de mi hermano Luis. El día es soleado aunque hace un poco de frío. La nieve impide que alcancemos el Caben de Remoña con el Trepas, pero podemos llegar a la Horcada de Valcavao.

Emprendemos la subida por el Sedo de Remoña sin demasiadas complicaciones. No hay mucha nieve y nos abrimos paso sin dificultad. Pero al alcanzar el Collado Remoña (2.030 m.) comenzamos a pisar nieve de continuo.


Víctor no lleva el calzado adecuado y pronto empieza a notarlo, se le calan los pies de inmediato, lo cual no es nada bueno para su resfriado. Después de reponer fuerzas, continuamos la travesía.


A medida que vamos cogiendo altura hay más nieve lo que facilita enormemente el paso por esta zona, plagada de grandes rocas. Pero en algunos tramos tenemos que extremar las precauciones puesto que la pendiente es bastante fuerte y puede haber bloques de hielo o grietas bajo la nieve.



Bordeamos el Hoyo de Liordes y la Torre Olavarría. En este punto siempre me fijo en la subida hacia la Torre del Hoyo de Liordes y la Torre de Salinas. Encumbrar alguna de las dos es algo que tengo en mente desde hace bastante tiempo. Desde aquí no parece bastante complicado, no creo que sea necesario llevar equipo para escalarlas. No sé, puede que algún día lo intente, ya veremos.



Avanzamos poco a poco mientras voy abriendo huella con mis crampones. Es paisaje aquí siempre es sobrecogedor, sin duda uno de los parajes más espectaculares de los que conozco en Picos. Noto que mis colegas lo están disfrutando al máximo, a pesar de algunas dificultades por las que atravesamos.





Llegando a la Torre Olavarría, el paso más complicado, optamos por subir directamente por la vertiente nevada a pesar del fuerte desnivel.




Pronto alcanzamos la Canal de La Chavida, en su viertiente hacia Asotín. Disfrutamos de la panorámica espectacular de las estribaciones del Friero, de la Canal de Asotín y del Collado Jermoso con Peña Santa al fondo. Es impresionante notar la caída descomunal hacia Asotín y ver "colgado" de la peña al mejor refugio de los Picos de Europa, Collado Jermoso.


Ahora nos queda la última subida hacia la Collada de La Chavida (2.160 m.); para llegar tenemos que ir sorteando numerosas simas que abundan por esta zona, extremando las precauciones porque la nieve puede estar ocultando alguna bajo nuestros pies. Tras la collada, nos espera el largo descenso por el nevero hasta dar con la senda que cruza hacia el Caben de Remoña.

Ha sido una jornada estupenda, me he sentido muy bien a pesar de las enormes dificultades por las que estoy atravesando con la cesión de mi supermercado de Posada. Ha sido un paréntesis en una de las etapas más difíciles de mi vida; he tomado oxígeno, he respirado aire puro y me he cargado de energía para seguir adelante. Y esa energía, como siempre, me la da la Montaña.


domingo, 2 de marzo de 2008

6ª Ascensión a Torre Bermeja (2.393 m.).

La Torre Bermeja es la peña situada más al sur del Macizo del Cornión (Occidental) de los Picos de Europa. Con sus 2.393 m. de altitud ofrece una espectacular visión de Torre Santa (2.596 m.), del Mar Cantábrico, de Asturias y de la Cordillera Cantábrica. Su ascensión desde Posada de Valdeón supone salvar un desnivel de 1.465 m. Pero el paso por la Canal de Pambuches, Collado Verde y Canal del Bufón recompensa y mucho el gran esfuerzo físico.

Es domingo, 2 de marzo de 2008. Hace tiempo le prometí a mi amiga Eli que la subiría a la Torre Bermeja. Es búlgara, lleva dos años buscándose la vida como puede en el Valle de Valdeón, una de mis primeras y más fieles clientes del supermercado, pero sobre todo, una buena amiga. Y lo prometido es deuda, así que temprano preparamos las mochilas y nos ponemos en marcha.

Para salvar parte del desnivel al que nos enfrentamos, cogemos el Trepas y subimos hasta la Majada de la Argoya, y de allí hasta Bustiello, a unos 1.300 m. de altitud. Allí dejamos el Trepas y comenzamos a subir por la pista hacia la Vega de Llos. Vamos a subir por La Travesona hacia el Collado Verde (2.087 m.). Hace un día soleado y caluroso, increíble para la época en la que estamos. Pero el día es corto y tenemos que subir a buen ritmo. En la cumbre es posible que haya nieve helada, de modo que llevamos crampones y piolet.

En la Vega de Llos apenas nos entretenemos, cogemos agua y comenzamos la ascensión a La Travesona. Sin demasiada dificultad, llegamos y cruzamos toda La Travesona hacia el Collado Verde. Es la sexta vez que subo La Bermeja, pero la primera vez que lo hago por el Collado Verde. Hasta ahora siempre había subido por Pambuches.



Eli comienza a notar el esfuerzo físico, pero goza de una gran fortaleza y disfruta tanto de la Montaña que saca fuerzas de donde sea para seguir adelante y mantener mi ritmo. Por fin llegamos al Collado Verde y hacemos una parada para descansar.


Desde aquí busco la posibilidad de alcanzar la Canal de Bufón sin perder altitud, pero no hay paso posible. Tenemos que descender unos 150 m. de desnivel hasta entrar en la canal. Y aquí comenzamos a trepar. Es la parte que más me gusta de esta ascensión, motivo por el que la hago tantas veces. Eli trepa como una cabra, hay muy poca nieve y gozamos de las vistas de Valdeón mientras vamos ganando altitud. Y pronto alcanzamos la nieve. Nos ponemos los crampones pero está demasiado blanda (hace mucho calor). Nos los quitamos, pero más arriba nos los volvemos a poner.


En cuanto podemos, tiramos por la roca para poder trepar y no acusar tanto el esfuerzo de hundirnos en la nieve.


Más o menos a las 14:00 horas llegamos a cumbre. Hace un día de calor, aunque sopla algo de viento fresco. Pero nos parece increíble que en 2 de marzo haga este tiempo a casi 2.400 m. de altitud. Comemos tranquilamente, descansamos y planificamos el descenso. No nos apetece bajar por el mismo sitio, así que le planteo a Eli la posibilidad de dirigirnos a Los Modelizos (2.245 m.) y descender por la Canal del Perro hacia El Frade.

Sin poner ninguna objeción, emprendemos la aventura de descender por otra variante. Pero cuando estamos a punto de llegar a Los Modelizos, después de media hora de descenso, nos topamos con un cortado imposible de salvar. No hay opciones, tenemos que regresar a La Bermeja. Pero echo un vistazo hacia abajo intentanto buscan la más mínima opción alternativa, pero nada. No me parece una buena idea, y menos con Eli: Hay una caída en pendiente casi vertical de unos 40 o 50 metros y solo un loco bajaría por ahí. Pero Eli no lo piensa tanto como yo y se lanza sin más. Tira la mochila, se agarra con fuerza y comienza a destrepar por ese abismo. Es como si no tuviera el más mínimo aprecio por su vida. Intento que desista pero es imposible, ya está en medio de la pared.

Tengo que bajar inmediatamente antes de que ocurra algo. No tiengo tiempo de pensarlo más, somos unos insensatos, pero nos puede más la adrenalina. Por suerte hay suficientes agarres y conseguimos llegar al canchal sanos y salvos.


Pero en este punto me doy cuenta de que desde aquí no hay paso directo a La Travesona, tiene que haber un cortado que impide el paso, si no, habría una ascensión directa a La Bermeja desde La Travesona, pero esto no figura en ningún mapa. Presiento que nuestros problemas no han hecho más que empezar. De pronto, un grupo de rebecos nos ve aparecer y emprenden su huída hacia arriba en lugar de descender. Está claro, hay un cortado bloqueando el paso.

Y efectivamente, lo hay. Ahora sí que la situación es crítica, porque si optamos por regresar a La Bermeja, es decir, volver a subir todo lo que hemos bajado y trepar otra vez por aquella pared, se nos hace de noche seguro (son las seis de la tarde). Y si tenemos que pasar la noche, es seguro que nos vamos a congelar. Hay que salir de aquí como sea. Me pongo a buscar una salida, por un lado, por otro, pero solo encuentro caídas verticales imposibles de salvar. Siento como si La Bermeja nos hubiera atrapado y nos nos deja salir. De pronto, veo una grieta que desciende por un surco estrecho por el que creo podemos destrepar agarrándonos fuertemente. La grieta está muy expuesta y tiene nieve que dificulta el paso, pero poco a poco y con mucho cuidado logramos salvar el paso.

Respiramos tranquilos, pero más abajo nos encontramos con un segundo cortado. Esta vez sí que veo La Travesona, pero tenemos que salvar otra caída vertical. Buscamos por todos los lados y finalmente encontramos otro paso menos arriesgado que el anterior.


Finalmente, a las siete de la tarde alcanzamos La Travesona sanos y salvos. Es increíble ver por dónde hemos bajado, no nos lo podemos creer. Pero tenemos que darnos prisa porque el sol está a punto de ocultarse en el horizonte.


Ha sido una experiencia inolvidable; pocas veces he vivido sensaciones en la Montaña tan intensas como esta. He sentido el vacío, he sentido el instinto de supervivencia, son sensaciones difíciles de explicar. Son las aventuras que busco en la Montaña, las sensaciones que dan sentido a mi vida. Soy consciente del riesgo que corro, se que algún día puedo no encontrar la salida que hasta ahora he encontrado, pero la Montaña es así, es el precio que tienes que pagar.

sábado, 16 de febrero de 2008

Travesía Invernal Gabanceda - Gildar.

Las Sierras de Cebolleda y Gabanceda se encuentran en Posada de Valdeón, y constituyen un "balcón" privilegiado para disfrutar de las mejores vistas de Los Picos de Europa. Totalmente apartadas de la acción humana, forman parte del nucleo oriental de la población del Oso Pardo que se conserva en la Cordillera Cantábrica.

Es sábado, 16 de febrero de 2008. Estoy en Posada de Valdeón organizando mi traslado a Leganés y supervisando el traspaso de mi supermercado. Pero me entero de que Gonzalo Casares va a llevar de ruta a Eva y Marcos por el Gabanceda, y Eli y yo nos apuntamos sin dudarlo.

Salimos temprano de Posada con dirección al Puerto de Pandetrave (1.558 m.), donde dejaremos el coche y ascenderemos por la ladera de la Vega de Prego. Hay nieve abundante, pero no tanta como otros inviernos, además el día es espléndido, luce un sol radiante muy impropio de la estación en la que nos encontramos. Tras media hora de ascensión alcanzamos el Collado de Prego (1.758 m.), desde donde contemplamos la vista de las Peñas de Cifuentes de los Picos de Europa.



Hacia el sur vemos los Picos de La Braña que forman parte de una de las vertientes del Gabanceda. Allí nos dirigimos con la intención de bordear el Pico Gabanceda hacia el Collado Montó.





En este momento propongo la ascensión al Pico Gabanceda (2.034 m.), pero el grupo no está muy por la labor y deciden continuar hasta el Collado de Montó donde pararán a comer. Sin más demora comienzo con la ascensión en solitario hasta la cumbre. Son unos doscientos metros de desnivel que resuelvo en media hora escasa. Y como era de esperar el esfuerzo mereció la pena...



Desde la cumbre contemplo todo el Valle de Montó, con su Peña La Silla (llamada así porque su forma recuerda mucho a la de una silla de montar), y por supuesto Valdeón que se cierra entre los macizos de los Picos de Europa:


Para el descenso bajo directamente hacia el Collado de Montó, pero desde aquí no veo al grupo de Gonzalo por ningún lado. Hay un risco bastante expuesto desde donde me asomo para ver si les veo, pero nada, no aparecen por ningún lado. Doy varias vueltas por la zona hasta que me los encuentro repostados en una ladera asando los chorizos que Gonzalo llevaba consigo. Comimos como bestias ambrientas mientras planificábamos el descenso por el Valle de Cable.

Tras alcanzar la Horcada de Cable (1.938 m.), ya en la Sierra del Cebolleda, propongo seguir toda la crestería hasta el Gildar, a lo que Gonzalo y Marcos renuncian. Eli y Eva deciden seguirme por aquella crestería, no exenta de peligros: Nos abrimos camino por las Verdes de Cable, crestas muy pronunciadas y expuestas por ambos lados hacia el abismo. En algunos tramos tenemos que destrepar para sortear alguna pared y volver a trepar para abrir paso hacia el Gildar.


El paso por la crestería ha mermado las fuerzas de Eli y Eva, pero paso a paso y poco a poco consiguen alcanzar la cima del Gildar (2.078 m.) donde les espero mientras planifico la bajada. Hace frío, sopla mucho el viento lo que acentúa la sensación térmica, son las seis de la tarde y el tiempo parece empeorar.



Tenemos el tiempo justo para reponer fuerzas y comer algo. Eva está bastante "machacada" y le preocupa el descenso, así que sin más demora comenzamos a descender por la ladera en dirección a un collado desde el que distingo una vía de descenso directo a Cable.



Tras una hora de descenso sin parar, llegamos a la Vega de Cable, donde nos esperan Gonzalo y Marcos que han estado pendientes de nuestros movimientos desde la cumbre. Nos informan que han visto huellas de oso muy cerca del chozo. Sin entretenernos demasiado continuamos todos juntos bajando por el Tombo Bramero hacia Porciles. A las ocho de la tarde, ya prácticamente de noche, llegamos a Posada.

domingo, 10 de febrero de 2008

Recuerdos de Valdeón: El Final de mi estancia en los Picos de Europa.

Hoy se termina mi etapa en Valdeón. He traspasado mi negocio y he aceptado una oferta de trabajo muy tentadora en Madrid. Las razones que me han llevado a tomar la decisión de poner fin a estos años de vida en los Picos de Europa son principalemente dos: Una, que la vida de autónomo aquí me absorbe todas las horas de cada día y todos los días de cada semana, sin descanso, y me siento verdaderamente cansado, tanto física como anímicamente; y la otra, que sinceramente me siento decepcionado de la escasa respuesta que ha tenido mi negocio para las gentes del valle. Si a eso le añadimos el riesgo al que me enfrento con la crisis que se avecina, no puedo dejar de escapar una oportunidad como la que se me ofrece.

No se qué tipo de vida me espera en Madrid, sobretodo pensando en el contraste de haber pasado casi tres años viviendo en un entorno como este, en un Parque Nacional. Pero tengo muy claro lo que necesito, un trabajo remunerado que no me quite mis horas de descanso y mi tiempo de ocio y vacaciones para, al menos, poder disfrutar de mis salidas a la Montaña.

Pero no me arrepiento de los años que he vivido en los Picos de Europa, tenía muy claro lo que quería, tenía un sueño, aproveché una oportunidad y lo hice realidad. Ahora las cosas han cambiado y toca una nueva etapa, lejos de aquí, en la gran ciudad, en la capital, rodeado de asfalto, edificios, centros comerciales y contaminación atmosférica. Al menos me llevo conmigo el recuerdo de tantas imágenes que nunca se borrarán de mi mente...

como las grandes nevadas...

los amaneceres...


el silencio de las montañas nevadas...

la llegada de la primavera...

el regreso del invierno con esas nevadas inesperadas...


los paisajes que veía cada día...

la sensación de aislamiento...

el privilegio de vivir rodeado de montañas...

como las Montañas de Riaño...

y el acogedor salón de mi casa...

o las impresionantes puestas de sol...


y las cumbres que algún día pude alcanzar...

Hasta siempre, Valdeón.

jueves, 6 de diciembre de 2007

2ª Ascensión al Pico Jario (1.913 m.)

Se acerca el final de mi estancia en Posada de Valdeón, y mientras organizo los detalles del traspaso del supermercado a Pedro y Diana y con la mente puesta en la primera entrevista con Telefónica que tendrá lugar en Madrid el próximo martes 11 de diciembre, llega el puente de la Constitución y se viene Clara acompañada de Toñi y Ana.

Después de ofrecer diversas alternativas, finalmente decidimos realizar la ascensión al Pico Jario (1.913m.) desde Panderrueda para descender por Vegabaño hacia Soto de Sajambre. Allí llamaremos al taxi de Emiliano para que venga a recogernos y nos lleve de regreso a Panderrueda.

Es diciembre y ya han caído las primeras nieves, pero han sido tan escasas que apenas se han acumulado. Ha amanecido despejado y salimos pronto con el Trepas hacia el Puerto de Panderrueda.

No llevo la cámara de fotos, pero Ana no deja de desaprovechar la mínima oportunidad para lanzar una buena foto. Todas las fotos de esta crónica son suyas; aquí estamos en el Mirador de Piedrashitas.

Después de subir al Collado Viejo (1.638 m.) y la Peña del Centenal (1.768 m.), cresteamos por la senda las Peñas de Dobres y llegamos al Collado de Dobres para realizar el primer descanso.

Subiendo por las Colladinas de Samaya poco a poco vamos ganando altura mientras gozamos de las vistas del paisaje y la caída cada vez mayor hacia Sajambre.
Engañando un poquito a Toñi, que se resiste a seguir subiendo, alcanzamos la cima del Pico Jario a eso de las tres de la tarde. Desde aquí me viene a la memoria la primera vez que subí al Jario, desde Vegabaño, acompañado de mi hermana Laura y con Carlos de Vega bajo una lluvia incesante el 3 de noviembre de 1991 (hace casi 16 años).

Descendemos hacia Vegabaño pasando por el chozo de Llareya, justo antes de adentrarnos en pleno bosque. Allí paramos a comer y a recargarnos con la energía de los "señores" del bosque...

Desde Vegabaño pudimos contemplar toda la bajada desde el Pico Jario. Pero comienza a refrescar y no nos entretenemos demasiado, tan solo para visitar el refugio y saludar a los Asturcones que pastan por la vega.

Llegando a Soto de Sajambre nos detenemos para descansar bajo los últimos rayos del sol.


Ya en Soto, nos tomamos un café mientras esperamos la llegada de Emiliano con su taxi. En este momento, también me viene a la memoria aquella vez en julio de 1993 cuando Alberto, Oscar y yo hicimos una travesía por el Macizo Occidental y pasamos noche aquí después de subir la Bemeja. Recuerdo que nos perdimos con la niebla bajando por el bosque de Vegabaño hasta que un vecino de Soto nos acompañó y nos invitó a su casa.

Aquel paisano es hoy un anciano y me lo encontré hace poco en Oseja, Eusebio se acercó a charlar con él y yo lo reconocí. En cuanto le conté la historia de aquelos tres muchachos perdidos en Vegabaño, a los que bajó a Soto, invitó a su casa y les vendió unas zapatillas de lana de oveja, se acordó inmediatamente.