martes, 31 de marzo de 2009
Travesía Transcantábrica I (Proyecto).
domingo, 8 de marzo de 2009
Ruta de Las Machotas (El Escorial).

sábado, 14 de febrero de 2009
Ascensión al Monte Abantos (1.758 m.)


A toda prisa comienzo la ascensión trepando por grandes bloques graníticos mientras Clara desciende tranquilamente por el pinar. Estoy disfrutando al máximo, el paisaje es sobrecogedor, a mis pies veo San Lorenzo de El Escorial con su enorme monasterio, y una gran llanura se extiende hacia el sur con la ciudad de Madrid en la lejanía. Me agarro fuertemente a las rocas, el sol se está poniendo y cada vez veo más cerca la cumbre. Pero cuando alcanzo las últimas trepadas, me doy cuenta de que la cumbre está todavía más arriba. Por un momento me planteo desistir, el sol está ya muy cerca del horizonte, es tarde, camino sobre nieve y no he traído el equipo adecuado, y sobre todo, no puedo arriesgarme a realizar un descenso a ocuras.

Pero no lo puedo evitar, ya veo el vértice geodésico. Además, voy a ser testigo de una puesta de sol desde la cumbre del Abantos, y llevo mi cámara encima. Sin más, continuo la ascensión. Las piernas se me unden en la nieve, el corazón me late a toda máquina, la cima se me resiste, pero voy a llegar. Finalmente, tras una hora de tremenda ascensión, alcanzo la cumbre, justo a tiempo para disfrutar de la puesta de sol. Saco mi cámara y comienzo a disparar. Me doy una vuelta por el lugar pero no puedo entretenerme, se está oscureciendo el cielo y estoy en terreno desconocido, sin linterna ni equipo apropiado.

Para el descenso decido ir directo por la ladera sur corriendo por la nieve hasta alcanzar el bosque. Después de media hora bajando a toda prisa, ya no veo casi nada. Estoy descendiendo por el bosque sin ninguna referencia, no alcanzo ninguna senda ni nada parecido. Pero se que bajando, bajando y bajando alcanzaré las luces de la última urbanización de San Lorenzo.

Una hora después de estar en la cumbre, llego por fin al pueblo. Ha sido una experiencia extrema que me ha dejado extenuado, pero la adrenalina me ha cargado las pilas y estoy encantado de poder sentir otra vez la montaña, y tan cerca de casa...
martes, 14 de octubre de 2008
Ascensión a Peñalara (2.428 m.)
Es martes, 14 de octubre de 2008. Tengo el día libre pero el tiempo está desapacible y mi estado de ánimo está por los suelos: El traspaso del supermercado sigue complicándose y me encuentro muy bajo de moral. Clara me anima a que coja la mochila y me vaya a "explorar" la Sierra, pero el tiempo no acompaña y no estoy muy motivado a salir, pero no tego nada mejor que hacer, así que me preparo, cojo el Trepas y me voy directo al Puerto de Cotos (1.830 m.), muy cerca del puerto de Navacerrada. Tardo menos de una hora en llegar desde Leganés.
Amenaza lluvia; por arriba se ve bastante niebla pero de momento aguanta. Así que cojo un camino que se adentra en el pinar para buscar algún sendero que me lleve hacia mayor altitud, y poder así encontrar alguna vista que me permita distinguir el macizo de Peñalara. Pero el camino comienza a perder altitud y decido salir de inmediato para meterme de lleno en el pinar y subir hasta alcanzar una senda que figura en el mapa.

Pronto alcanzo la senda y contunuo por ella hasta llegar al Circo Glaciar de Peñalara, que alberga la Laguna Grande. Hay una caseta de información plantada en medio, y un sendero fabricado en madera conduce directamente a la laguna. He alcanzado los 1.900 m. de altitud y el paisaje de las laderas está ya tapizado de praderas y matorrales alpinos. Un poco más arriba en medio de las rocas se distingue un refugio, pero al acercarme compruebo que se encuentra prácticamente derruido.

Todavía no distingo la cumbre de Peñalara, pero de acuerdo con el mapa tengo que trepar por las rocas hasta un collado desde donde creo podré vislumbrar la cima. El problema es que hay bastante niebla y la visibilidad es en algunos tramos totalmente nula. Tras una gran trepada alcanzo el collado y encuentro una senda marcada por hitos que parecen indicar la ascensión a cumbre. No hay nadie por el lugar, estoy completamente solo. Tampoco distingo la presencia de ningún animal, no hay rapaces, ni cuervos, no oigo cantar ningún pájaro...

Sigo la senda que asciende lentamente pero la niebla me impide ver dónde termina. No se ve nada; se supone que desde aquí tendría que verse toda la Meseta, y la ciudad de Segovia a los pies, pero nada de nada, estoy metido de pleno en la nube. Después de un buen rato subiedo, alcanzo lo que parece ser la cumbre, por los grandes bloques de roca que la conforman. Y efectivamente, de pronto me encuentro con el vértice geodésico.

viernes, 2 de mayo de 2008
Las Peñas de Cifuentes.






domingo, 2 de marzo de 2008
6ª Ascensión a Torre Bermeja (2.393 m.).

Desde aquí busco la posibilidad de alcanzar la Canal de Bufón sin perder altitud, pero no hay paso posible. Tenemos que descender unos 150 m. de desnivel hasta entrar en la canal. Y aquí comenzamos a trepar. Es la parte que más me gusta de esta ascensión, motivo por el que la hago tantas veces. Eli trepa como una cabra, hay muy poca nieve y gozamos de las vistas de Valdeón mientras vamos ganando altitud. Y pronto alcanzamos la nieve. Nos ponemos los crampones pero está demasiado blanda (hace mucho calor). Nos los quitamos, pero más arriba nos los volvemos a poner.
En cuanto podemos, tiramos por la roca para poder trepar y no acusar tanto el esfuerzo de hundirnos en la nieve.
Más o menos a las 14:00 horas llegamos a cumbre. Hace un día de calor, aunque sopla algo de viento fresco. Pero nos parece increíble que en 2 de marzo haga este tiempo a casi 2.400 m. de altitud. Comemos tranquilamente, descansamos y planificamos el descenso. No nos apetece bajar por el mismo sitio, así que le planteo a Eli la posibilidad de dirigirnos a Los Modelizos (2.245 m.) y descender por la Canal del Perro hacia El Frade.
Sin poner ninguna objeción, emprendemos la aventura de descender por otra variante. Pero cuando estamos a punto de llegar a Los Modelizos, después de media hora de descenso, nos topamos con un cortado imposible de salvar. No hay opciones, tenemos que regresar a La Bermeja. Pero echo un vistazo hacia abajo intentanto buscan la más mínima opción alternativa, pero nada. No me parece una buena idea, y menos con Eli: Hay una caída en pendiente casi vertical de unos 40 o 50 metros y solo un loco bajaría por ahí. Pero Eli no lo piensa tanto como yo y se lanza sin más. Tira la mochila, se agarra con fuerza y comienza a destrepar por ese abismo. Es como si no tuviera el más mínimo aprecio por su vida. Intento que desista pero es imposible, ya está en medio de la pared.
Tengo que bajar inmediatamente antes de que ocurra algo. No tiengo tiempo de pensarlo más, somos unos insensatos, pero nos puede más la adrenalina. Por suerte hay suficientes agarres y conseguimos llegar al canchal sanos y salvos.
Pero en este punto me doy cuenta de que desde aquí no hay paso directo a La Travesona, tiene que haber un cortado que impide el paso, si no, habría una ascensión directa a La Bermeja desde La Travesona, pero esto no figura en ningún mapa. Presiento que nuestros problemas no han hecho más que empezar. De pronto, un grupo de rebecos nos ve aparecer y emprenden su huída hacia arriba en lugar de descender. Está claro, hay un cortado bloqueando el paso.
Y efectivamente, lo hay. Ahora sí que la situación es crítica, porque si optamos por regresar a La Bermeja, es decir, volver a subir todo lo que hemos bajado y trepar otra vez por aquella pared, se nos hace de noche seguro (son las seis de la tarde). Y si tenemos que pasar la noche, es seguro que nos vamos a congelar. Hay que salir de aquí como sea. Me pongo a buscar una salida, por un lado, por otro, pero solo encuentro caídas verticales imposibles de salvar. Siento como si La Bermeja nos hubiera atrapado y nos nos deja salir. De pronto, veo una grieta que desciende por un surco estrecho por el que creo podemos destrepar agarrándonos fuertemente. La grieta está muy expuesta y tiene nieve que dificulta el paso, pero poco a poco y con mucho cuidado logramos salvar el paso.
Respiramos tranquilos, pero más abajo nos encontramos con un segundo cortado. Esta vez sí que veo La Travesona, pero tenemos que salvar otra caída vertical. Buscamos por todos los lados y finalmente encontramos otro paso menos arriesgado que el anterior.
Finalmente, a las siete de la tarde alcanzamos La Travesona sanos y salvos. Es increíble ver por dónde hemos bajado, no nos lo podemos creer. Pero tenemos que darnos prisa porque el sol está a punto de ocultarse en el horizonte.
Ha sido una experiencia inolvidable; pocas veces he vivido sensaciones en la Montaña tan intensas como esta. He sentido el vacío, he sentido el instinto de supervivencia, son sensaciones difíciles de explicar. Son las aventuras que busco en la Montaña, las sensaciones que dan sentido a mi vida. Soy consciente del riesgo que corro, se que algún día puedo no encontrar la salida que hasta ahora he encontrado, pero la Montaña es así, es el precio que tienes que pagar.
sábado, 16 de febrero de 2008
Travesía Invernal Gabanceda - Gildar.







domingo, 10 de febrero de 2008
Recuerdos de Valdeón: El Final de mi estancia en los Picos de Europa.
como las grandes nevadas...
jueves, 6 de diciembre de 2007
2ª Ascensión al Pico Jario (1.913 m.)





.jpg)











+-+Miguel+%C3%81ngel+Varona.jpg)