jueves, 13 de abril de 2006

Las Peñas de Cifuentes.

En Valdeón llaman "Peñas de Cifuentes" al macizo formado por la Torre de Friero, la Torre del Hoyo de Liordes, Torre de Salinas y Peña Remoña. Y es que este macizo esta separado del Macizo Central por la Canal de Asotín, por la Vega de Liordes y por Los Tornos de Liordes. Existen dos únicos pasos que permiten cruzar las Peñas de Cifuentes: La Canal de Pedabejo y la Collada de La Chavida. El paso por ambos permite realizar una de las travesías más espectaculares de los Picos de Europa.

Cuando vine a vivir a Valdeón estuve trabajando en varios proyectos que me permitieran ganarme la vida aprovechando los recursos que ofrece un entorno como este. Uno de ellos consistió en hacerme guía titulado de montaña, para lo cual llegué a inscribirme en la Asociación Española de Guías de Montaña. Sin embargo la titulación de "Guía de Montaña" no está reconocida ni regulada en España.

No obstante estoy diseñando varias rutas especiales por los Picos de Europa que permiten disfrutar de la montaña desde una óptica diferente, rutas que pasen por lugares imposibles y que ofrezcan emociones tan fuertes que sean difíciles de olvidar. Y esta es precisamente una de ellas: La Ruta de las Peñas de Cifuentes.

Consiste en un circuito circular que bordea el macizo formado por la Torre del Hoyo Chico (2.356 m.), la Torre del Hoyo de Liordes (2.474 m.) y la Torre de Salinas (2.446 m.) pasando por la Collada de la Chavida (2.160 m.) que lo separa de la Torre de Friero (2.445 m.). Lo he recorrido varias veces para asegurarme del trazado y he marcado con varios hitos los puntos más delicados de la travesía.

En esta ocasión llevo a Almudena y a la pareja formada por Angel Mari y Amaya. A Angel Mari le conozco desde hace años, hacía el mejor pan ecológico que nadie pueda imaginar, y surtía a "La Cesta Biológica" durante los primeros años de funcionamiento. Desde entonces siempre he mantenido una muy buena relación con él. Recientemente se ha separado y hemos hablado mucho de nuestra nueva situación; me anunció que venía a visitarme y organicé esta ruta para la ocasión. Viene acompañado de Amaya, una montañera experimentada que se ha pateado los Pirineos de punta a punta. Pero estoy seguro de que esta ruta no la dejará indiferente.

Nos acercamos con el Trepas al Caben de Remoña procedentes del Puerto de Pandetrave; la pista ofrece panorámicas espectaculares del Valle de Valdeón. Nada más comenzar a caminar hay que dirigirse por la senda que viene marcada hacia la Canal de Pedabejo. Hay dos maneras de subir la canal: Por el pedrero (la ruta normal) o por el Sedo de Remoña (la variante más atractiva pero no apta para montañeros inexpertos). Les llevo por el sedo porque es mucho más interesante que subir en zig-zag por un pedrero interminable.

Tras pasar el sedo llegamos a la parte alta de la canal que se abre hacia el Collado Remoña (2.030 m.). Con las vistas de la Vega de Liordes que ofrece este punto merece la pena tomarse un buen descanso después del esfuerzo que ha supuesto subir desde el Caben de Remoña.

La ruta normal baja a la Vega de Liordes, pero lo que se trata ahora es de buscar el camino más cómodo para bordear la Torre de Salinas procurando no perder altitud, tenemos que mantenernos en torno a los 2.000 m. de altitud.

Enseguida llegamos al Hoyo de Liodes el cual invita a subir a la Torre del mismo nombre, pero tenemos que mantener altitud y así llegaremos a las estribaciones de la Torre Olavarría. Por aquí hay pasos delicados pero espectaculares, y la Torre Santa asoma ya por el horizonte.

Amaya me habla mucho de los Pirineos, pero reconoce estar realmente impresionada de la belleza de los Picos de Europa, es la primera vez que los visita.

Llegamos a un hoyo pequeño que resulta ser el Hoyo Chico, pero una vez cruzado tenemos que descender varios metros por las estribaciones de la Torre del Hoyo Chico en dirección a la Canal de Asotín. Por aquí hay que dejarse guiar por varios hitos que indican el único sitio por donde se puede pasar. Enfrente ya podemos ver el Refugio de Collado Jermoso.

Aquel paso nos permite alcanzar la Canal de La Chavida, inconfundible por la característica silueta de la Torre de Friero y porque invita a subirla hasta alcanzar lo alto de la collada. Tenemos que andar con cuidado porque por aquí hay numerosas simas, algunas de ellas muy profundas, que pueden estar tapadas por la nieve. Cuando llegamos a la Collada tenemos otro punto ideal para otro merecido descanso mientras contemplamos Collado Jermoso, El Llambrión, La Palanca, Torre Santa...

Ahora toca descender la canal hasta el Peñón Chico, y desde allí, caminar por alguna de las numerosas veredas hacia el Caben de Remoña que se distingue en el horizonte.

jueves, 6 de abril de 2006

Barranco de Masca (Tenerife)

Hasta hace muy poco tiempo Masca fue una aldea perdida e incomunicada en el corazón de los impresionantes Acantilados de los Gigantes, al sur de la isla de Tenerife. Sus únicas vías de comunicación con Santiago del Teide o Buenavista eran las largas y empinadas veredas que discurrían por sinuosas laderas e impresionantes barrancos. La otra alternativa era bajar por un sendero rodeado de interminables farallones hasta la paradisíaca playa de Masca y coger una embarcación para llegar al pueblo de Los Gigantes. Hoy se puede llegar a Masca en coche, pero el descenso por el impresionante barranco hasta el mar sigue siendo todo un paraíso para naturalistas y aventureros.

He venido a Tenerife con mi mochila a pasar cuatro días retirado del mundanal ruido. Los trabajos para el acondicionamiento del local de mi próximo supermercado en Posada de Valdeón han comenzado, pero después de varios meses de incertidubre, estudio y planificación de mis alternativas para ganarme la vida en el Valle, necesito un pequeño respiro, unas pequeñas vacaciones en un paraíso que me traerá muchos recuerdos: La isla de Tenerife.

He venido con la intención de recorrer los parajes más salvajes de la isla, pero me he encontrado con bastantes problemas: Para empezar está prohibida la acampada libre por toda la isla, el tiempo está desapacible, los vientos alíseos soplan con toda su energía, hay mucho oleaje, el agua está fría y el nivel del mar está tan elevado que ha cubierto las paradisíacas playas de la punta de Anaga, a donde me dirijía para pasar la primera noche. Pero eso no es todo, me he encontrado la isla totalmente masificada por el turismo, mucho más que hace 9 años, la última vez que la visité.

El primer día, el 2 de abril de 2006, alquilé en el aeropuerto un coche para circular por la isla durante los cuatro días de mi estancia. La primera visita consistía en recorrer la punta de Anaga y acampar en algunas de sus playas, pero en cuanto llegué a Benijo al atardecer pude comprobar que el nivel del mar por esta época del año está tan elevado que cubre todas las playas, imposible acampar. Caminé por la pista de El Draguillo buscando una zona lo bastante alejada como para que nadie pudiera divisar mi campamento, pero nada, todo era roca escarpada hacia los acantilados. Finalmente, en uno de esos resaltes, pude montar la tienda.

Al día siguiente me dirijí al Teide con la intención de buscar una mínima posibilidad para ascenderlo, pero soplaba tantísimo viento que no pude pasar más allá de la Montaña Blanca. El viento era tan fuerte que tuve que refugiarme a comer bajo uno de los famosos "Huevos del Teide".

Busqué otras rutas, zonas de acampada, travesías, algo que me motivara de verdad, pero las posibilidades de hacer algo realmente interesante eran muy escasas. Bajé a Puerto de la Cruz para pasar la segunda noche en un hotel mientras planificaba la ruta del día siguiente. El paseo por el muelle de Puerto de la Cruz me trajo buenos recuerdos de la anterior vez que estuve allí con Marta, en septiembre de 1997, que por aquel entonces era mi novia y la invité a unos días de vacaciones en Tenerife, viaje que pude pagar con el dinero que gané durante mi primera temporada como Socorrista.

Al día siguiente me dirijí a Santiago del Teide para buscar y conocer la aldea de Masca, y lo que me encontré fue un precioso caserío rural en medio de los barrancos que caen hacia Los Gigantes. Durante mi paseo por la aldea pude comprar algo de fruta y aproveché para preguntar a las gentes del lugar la posibilidad de acampar en la playa; todos me dijeron lo mismo, que estaba prohibido, es más, me advirtieron que por las noches la playa estaba vigilada por lanchas motoras de la Guardia Costera. No hice caso, estaba decidido a correr el riesgo, ya buscaría la forma de esconderme, pero he venido hasta aquí en busca de aventura.

Después de comer y a pleno sol preparé el equipo y comencé el vertiginoso descenso por el Barranco de Masca. El sendero, de unos 5 km., discurre por un auténtico laberinto natural que intenta seguir el cauce del barranco rodeado por unos murallones de más de 500 metros. La vegetación es tan exuberante que de vez en cuando aprovecho para descansar en la sombra y comer los riquísimos nísperos que he ido recogiendo de los frutales que abundan por toda la zona.

Al principio me iba cruzando con los últimos excursionistas que habían bajado por la mañana, pero en cuanto me acerqué a lo más profundo del cañón dejé de cruzarme con gente.

En ese momento comencé a sentirme bien, totalmente satisfecho con lo que estaba buscando, una aventura de verdad. Estaba ansioso por llegar al mar y darme un baño en las aguas del Atlántico, a los pies de los Acantilados de los Gigantes, pero el paisaje era tan espectacular que disfrutaba a lo grande de cada uno de los rincones por los que pasaba. En una de estas cascadas pude refrescarme del calor.

El cañón se iba cerrando cada vez más y más, me impresionaba encontrarme allí abajo, en aquel lugar tan recóndito. Pero todavía no se veía el mar, el desnivel que tenía que descender desde la aldea de Masca era de 600 metros, y debían de faltarme unos 200 m.

En cuanto llegué a la zona más profunda comencé a escuchar el sonido del mar, pero ocurrió algo que me sobresaltó sobremanera: Debían ser las ocho de la tarde cuando un helicóptero se adentró en el cañón; el sonido de las hélices era ensordecedor. Rápidamente me escondí debajo de una gran roca. Supongo que se tratara de la Guardia Civil o de la Guardería del Parque Natural del Teno. No lo sé, el caso es que permanecí allí inmóvil durante un buen rato hasta que se marchó. Entonces empecé a pensar que quizás alguien de los que me crucé arriba hubiera podido advertir de mi presencia y podría encontrarme en la playa a la Guardia Civil esperándome...

Proseguí la marcha despacio, escuchando atentamente cualquier sonido que pudiera advertirme de la presencia de alguien ahí abajo. Pero de pronto, el barranco se abre al mar y llego a la playa justo a tiempo para darme un chapuzón mientras el sol se mete en el horizonte tras la isla de La Gomera. Rápidamente escondo la mochila y corro hacia el muelle para quitarme toda la ropa y lanzarme al agua.

Las aguas son muy profundas, no se ve fondo, pero su temperatura es muy agradable. Estoy en un auténtico paraíso, en una playa salvaje, solitaria e inaccesible en medio del Atlántico..., no recuerdo un baño en el mar tan agradable y placentero como éste en toda mi vida.

Salgo de las aguas para secarme y me pongo a buscar un lugar donde acampar. Para ello busco por el interior del barranco, no muy cerca de la playa, un rincón acogedor donde pasar la noche. La temperatura es tan agradable que decido no montar tienda, voy a vivaquear sobre la arena al lado de una gran roca. Pero en cuanto me dispongo a preparar la cena, escucho una lancha motora acercándose al muelle. Rápidamente me acerco para inspeccionar: Efectivamente, tal y como me habían advertido, una lancha motora de la Guardia Costera se acercó y enchufó sus potentes focos contra la playa.


No me vieron, pero entonces pensé que durante la noche podría tener más sobresaltos como este, supuse que la Guardia Costera estuviera vigilando la zona ante la posible llegada de pateras. Pero no fue precisamente esto lo que me despertó a las cuatro de la mañana. De repente, comenzaron a llegar en medio de la noche cientos de aves marinas que no pararon de revolotear y chillar sobre mi cabeza en toda la noche. Posteriormente descubrí que se trataba de las Pardelas Cenicientas, que se pasan el día pescando mar a dentro y regresan a descansar por la noche a los acantilados. Pero de descansar nada, menuda nochecita que me dieron.

Al día siguiente por la mañana temprano desmonté el campamento antes de que pudieran encontrarme, y comencé con la ascensión por el barranco hasta Masca. Hubiera podido coger una embarcación que se acercaría al muelle a media mañana, pero luego no encontraría la forma de regresar a Masca para recoger el coche.

Ese mismo día tuve tiempo para bañarme en las piscinas naturales de Puerto de Santiago, donde disfruté a lo grande del tremendo oleaje, y llegar al pueblo del Acantilado de Los Gigantes para embarcarme en un catamarán que me llevara a recorrer la costa en busca de calderones y delfines, pero las aguas estaban tan bravas que no pudimos ver nada interesante. Esa última noche la pasé en un hotel de mala muerte en El Fraile, cerca de Los Cristianos. Al día siguiente por la mañana visité la Playa del Médano, y por la tarde me dí una vuelta por Santa Cruz. Antes del anochecer cogí el avión de regreso.

domingo, 26 de marzo de 2006

Hernán Llanos Balsas, "Nani".



El leonés Hernán Llanos, más conocido como "Nani", es uno de los grandes escaladores que ha dado el Montañismo Español. Reconocido en el mundo del alpinismo como el aperturista de numerosas vías de escalada en las Hoces de Vegacerbera y en los Picos de Europa, el 23 de agosto de 1974 hizo historia junto a su amigo Alfredo Díaz al abrir una de las vías clásicas del Picu Urriellu, en la cara Este del emblemático Naranjo de Bulnes.




Tan solo unos pocos días después, el 29 de agosto de 1974, subió junto a sus compañeros Jose Carlos González (Charli) y Angel Ledesma (Gelo) la cara sur de Peña Santa de Castilla por la Canal del Pájaro Negro. Una nube traicionera se posó sobre sus cabezas mientras Nani recogía las cuerdas en la cumbre y lanzó un rayo, un único rayo que fulminó la vida del más prometedor escalador leonés que haya existido nunca.


Hernán era mi primo, yo apenas tenía 3 años cuando murió, pero siempre que veo la Peña Santa me acuerdo de la historia que me contaba mi padre acerca de lo complicado que resultó rescatar su cuerpo de donde había caído. Y todavía hoy me sobrecogen aquellas peripecias de mi primo Hernán cuando veo a lo lejos las descomunales paredes de Peña Santa o del Naranjo de Bulnes.

Yo no he seguido nunca los pasos de Hernán, nunca he practicado la escalada, aunque me hubiera gustado iniciarme, y seguramente lo hubiera hecho si le hubiera tenido a él de maestro. Lástima que no pudo ser. Allí arriba han puesto una placa en su homenaje, quizás algún día pueda llegar a verla, ojala...


Sirva esta entrada como mi pequeño homenaje al primo que nunca conocí, con estas fotografías que sin duda agradecerán quienes le conocieron de cerca y tuvieron la suerte de compartir con él aquellas inolvidables hazañas.

sábado, 18 de febrero de 2006

Crónica del primer año viviendo en los Picos de Europa.

Esta es la crónica que resume lo acontecido a lo largo del año en el que decidí iniciar una vida rural en Posada de Valdeón, rodeado de las montañas más altas, en plena naturaleza y en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa.


Durante todo el 2004 apenas tuve contacto con la naturaleza, fue un año de mucho trabajo dedicado exclusivamente a sacar adelante nuestro negocio, "La Cesta Biológica". Tan solo alguna salida a los montes de Geras de Gordón y una pequeña escapada al Cabo de Gata aliviaron mi sed de montaña durante todo el año.

Pero 2005 ha sido un año muy importante en mi vida, un año que difícilmente podré olvidar y que sin duda pasará a la historia como el año del cambio, un cambio radical de rumbo en todos los sentidos.

Al principio estuve un poco perdido y desorientado, fruto de la situación en la que me ví metido como consecuencia de mi ruptura matrimonial. Tuve que renunciar a años de trabajo y esfuerzo por hacer realidad mi mejor proyecto empresarial, y proyectar mi futuro laboral hacia otros horizontes muy diferentes. Lo que sí tenía claro es que no podía quedarme en León de brazos cruzados dejando pasar el tiempo mientras recordaba tiempos pasados, necesitaba el cambio y un nuevo rumbo.

Para salir adelante encontré trabajo en una distribuidora de productos ecológicos, pero sentía que tenía que marcharme de León, aunque por culpa de ese trabajo tuve que permanecer ligado a la ciudad durante todo el año. Decidí entonces vender mi piso y buscar casa por los pueblos cercanos a León en busca de una vida lo más rural posible: Santovenia del Monte, Matallana, Aviados, Orzonaga, La Vecilla, La Magdalena... Y la encontré en Cuevas de Viñayo, un lugar estupendo, rodeado de Montañas, bosques y a escasos 30 km. de León.


Cuevas de Viñayo, un pueblecito con apenas 20 habitantes.

Allí había una casa de ensueño, grande, de piedra, acondicionada con garaje, taller, un salón enorme, tres dormitorios, cocina, despensa, dos baños... incluso una gran finca rústica adosada en la parte trasera. Justo lo que estaba buscando, el lugar perfecto para vivir; ni por un momento me detuve a pensar en los posibles inconvenientes de vivir allí solo y aislado, directamente me puse en contacto con la inmobiliaria y el 30 de marzo inicié los trámites para comprarla.

Casa de "Las Eras" en Cuevas de Viñayo

Una casa de estas características me permitiría desarrollar proyectos futuros relacionados de una u otra manera con el Turismo Rural. Pero unos días antes de la fecha prevista para la firma de la compra-venta mi jefe, que por aquel entonces buscaba una cámara frigorífica de segunda mano me enseñó un anuncio en el periódico donde había encontrado algo interesante. No se cómo pudo ocurrir, pero mi vista se dirigió directamente a un pequeño anuncio en la misma página que decía: "Se vende apartamento en Posada de Valdeón".


Vivir en los Picos de Europa... sería fantástico. Claro que tarde o temprano tendría que renunciar a mi trabajo en León y pensar en cómo poder ganarme la vida allí. Pero eso no me preocupaba todavía, confiaba en que tarde o temprano se me ocurriría algo. Rápidamente me desplace a Posada para ver el apartamento y no tardé en confirmar mi decisión: Paralicé todos los trámites de la compra de la casa de Cuevas de Viñayo (lo cual me supuso la pérdida de los 3.000 € que había entregado en concepto de señal) e inicié el proceso de adquisición del apartamento de Posada de Valdeón.

Posada de Valdeón vista desde el Monte Piergua

A partir de mayo comencé a desplazarme a Posada todos los fines de semana para recuperar los contactos con las gentes del valle que había conocido anteriormente cuando pasé el invierno del 2003 en Santa Marina de Valdeón. Allí seguían, por ejemplo, mis vecinos de entones Josefa y Eusebio, con quienes me uniría una gran amistad.

Eusebio y Josefa sentados en su casa de Santa Marina.

Durante esos fines de semana me alojaba en diferentes hospederías del pueblo. El 8 junio organicé una ruta a la Vega de Llos a la que se apuntaron amigos y clientes de La Cesta Biológica: Roberto, Jacinta, Quique, Maite, Isaac... Tres días después repetiría la misma ruta con mi madre y mi tía Mª Carmen.

Cascada de Llos, deshielo en la Vega de Llos

El 18 de junio ya estaba muy avanzado el proceso de la compra del apartamento. Ese fin de semana me alojé en el Albergue donde trabajé durante el invierno del 2003, "La Ardilla Real", gestionado ahora por mis amigos Julio y Laura, y subí con mi nuevo coche al Caben de Remoña para hacerle una sesión de fotos: Le bauticé como "El Trepas".


Al "Trepas" lo compré en Cangas de Onís el 28 de mayo.

Finalmente todo se materializó el día 6 de julio de 2005, cuando firmé la compra-venta del apartamento y la correspondiente hipoteca. Lo pinté, lo acondicioné, comencé a llevar mis muebles y en agosto terminé de instalar la cocina. A partir de entonces cada viernes por la tarde me cogía el Trepas y me iba a Posada a pasar el fin de semana para planificar mi futuro profesional en el Valle de Valdeón.

Durante aquellos días me encontraba triste y abatido, cansado de la vida, se habían frustrado mis proyectos y se habían aniquilado todas mis esperanzas de futuro. Aquellas escapadas a la Montaña me hacía recobrar fuerzas a la vez que le daba tranquilidad a mi espíritu en medio de tanta soledad.

Buscaba cualquier sendero y caminaba por veredas perdidas hacia lo más alto que podía para asegurarme de encontrarme al fin solo y alejado de todo. Poco a poco, bajo la influencia del tiempo y de la Montaña los fanstasmas del pasado se fueron marchando mientras dejaba que penetraran en mí todas las impresiones y sensaciones de la naturaleza.

Varias ideas rondaban ya por mi cabeza, como la de montar una empresa de turismo activo, que sería pionera en Valdeón, o la de poner en marcha un centro de producción y recolección de plantas medicinales y aromáticas. Pero lo primero que hice fue apuntarme en la web de Toprural para ofrecer mis servicios de Guía de Montaña por los Picos de Europa.

En octubre comencé ha hacer las primeras rutas guiadas: A la Cueva del Agua de la Canal de Capozo, al Monte Corona, al Monte Piergua, a Dobres, a la Vega de Llos... Por mediación de Top Rural conocí a Almudena, que se apuntó a varias de estas rutas y vino a visitarme frecuentemente.

Pantivalles desde el Monte Piergua (25 de septiembre de 2005)

Subiendo a la Cueva del Agua (16 de octubre de 2005)


En los bosques de Llos (15 de octubre de 2005)

Subiendo a Cuesta Duja (7 de enero de 2006)

Llevando a Dobres al grupo ecologista AVAFES (18 de febrero de 2006)

En noviembre llegaron las primeras nieves al valle, pero eso no impediría que siguiera desplazándome a Posada cada fin de semana.

Ventiscas en los altos de La Bermeja


Primeras nevadas en el Valle (26 de noviembre de 2005)

La nieve se acumula en los tejados de mi casa.

Noches de luna llena en el puerto de Panderrueda (11 de diciembre de 2005).


Persiguiendo huellas por el Monte Piergua (5 de febrero de 2006)

Amanecer en el Valle (26 de noviembre de 2005).


Puestas de Sol...

Mientras le daba vueltas a los proyectos que tenía en mente para emprender un negocio en el valle, se me brindó una oportunidad que no pude rechachar: La disponibilidad de un local comercial a la entrada del pueblo, frente al Ayuntamiento.


Se trata de un local muy amplio que ofrece multitud de posibilidades, aunque requiere una fuerte inversión para acondicionarlo y reformarlo, tanta que agotaría todos mis ahorros y necesitaría financiación. En lo primero que he pensado es en un supermercado rural, ya que el año pasado falleció Fonso, el propietario del único supermercado del pueblo que precisamente cerró el pasado verano.

Inicié entonces un minucioso estudio de mercado para valorar las posibilidades de este proyecto, y he llegado a la conclusión de que es perfectamente viable. Con mucho trabajo y empeño por mi parte y el apoyo de las gentes del valle, creo que podré sacar adelante el proyecto, siempre y cuando cuente con la financiación. Para ello estoy elaborando una memoria con todos los detalles del proyecto para presentarla en el banco y conseguir esa financiación.

Hoy 18 de febrero de 2006 ha sido mi último día en León. He dejado el trabajo, he cerrado todos los asuntos que tenía pendientes y he roto con todos los vínculos que me han unido a esta ciudad desde que nací. A partir de hoy inicio una nueva vida, hoy nace la etapa rural en la vida del Treparriscos...

sábado, 4 de septiembre de 2004

Desierto de Tabernas (Almería).

El Desierto de Tabernas (Almería) es un paraje único en Europa, el único desierto propiamente dicho de todo el continente. Su interés ecológico se basa en el modelado del relieve, en la vegetación y en la fauna. Un conjunto sumamente complejo de factores climáticos, edafológicos y geológicos han contribuído para modelar un sobrecojedor paisaje formado por grandes "Bad Lands", cárcavas, ramblas, barrancos, torrenteras y planicies de austera vegetación sometidos a continuos procesos de erosión.


La barrera montañosa de la Sierra Alhamilla favorece el aislamiento de la influencia mediterránea y provoca el efecto Fohën a escala reducida, lo que hace disminuir la humedad relativa del aire y contribuye a extremar las oscilaciones térmicas. En consecuencia la desolación vegetal es espectacular, y las pocas especies que logran colonizar las cárcavas y los taludes conforman una comunidad con un alto grado de xerofilia, semejante al de los desiertos norteafricanos. Muchas de estas especies son endémicas de Almería y junto con una fauna condicionada por factores ecológicos tan peculiares el resultado es un Paraje Natural exclusivo protegido legalmente desde 1989.


Es Sábado, 4 de septiembre de 2004. Me encuentro en San José (Cabo de Gata, Almería) disfrutando de unos pocos días de vacaciones con Marta junto a nuestros amigos Oscar y Loli, que también se han traído a su pequeña Laura. Hemos venido en busca de decanso, relajación, tranquilidad y reflexión, sobre todo mucha reflexión después de un período de dos años plagados de intensísimo trabajo, y después de cinco años de un matrimonio que desde hace unos días atrás atraviesa una profunda crisis que probablemente conduzca a su fin.


Tengo mucha ansiedad metida en el cuerpo debido a los acontecimientos de los últimos días y necesito evadirme de todo lo antes posible; siento más que nunca la necesidad de un contacto directo con la naturaleza y el Cabo de Gata me ofrece varios parajes para poder escaparme.

Después de examinar detenidamente los mapas y valorar todas mis posibilidades y los recursos que tenía al alcance, decido salir hoy de madrugada con el coche en dirección a la Sierra Alhamilla y al Desierto de Tabernas para hacer una pequeña ruta por alguno de sus espectaculares barrancos.


Se trata de una ruta por el fondo de una de las ramblas más profundas del desierto, la Rambla de Tabernas. El sendero discurre por el lecho arenoso de la rambla desde el Puente de Los Callejones, en las proximidades del "Mini Hollywood", hasta un oasis que fue construído en 1962 para rodar una de las escenas de la película "Lawrence de Arabia".


En contra de lo que yo pensaba Marta decidió a última hora acompañarme en la ruta. Cojimos el coche y pusimos rumbo a la Autovía del Mediterráneo con dirección a Murcia para tomar la Nacional 340 en Sorbas y recorrer los paisajes de la Sierra Alhamilla.

Visitamos los pueblos de Lucainena de Las Torres, Los Romerales, Turrillas... hasta llegar a Tabernas y al cruce de la A-92. Dejamos el coche en el aparcamiento del "Mini Hollywood" y descendimos el barranco por un sendero construído con maderos entablados.

Ya en el fondo del barranco caminamos siguiendo el lecho de pequeños riachuelos rodeados de cañas y juncos hasta la primera bifurcación de la rambla. El espectáculo geológico es sobrecogedor: Numerosos desplomes cuaternarios rodeados de grandes cárcavas modeladas a capricho del sol, del viento y del agua durante miles de años.



De frente distinguimos la espectacular silueta del Monte Alfaro, uno de los más característicos del Desierto de Tabernas, reconocible en numerosas secuencias de películas rodadas en Almería.



La rambla que viene por nuestra derecha procede de la Rambla de Otero, un espectacular barranco que sirvió de panorámica para rodar secuencias de películas como "Lawrence de Arabia", "Indiana Jones y la Última Cruzada", "El bueno, el feo y el malo", o "La Muerte tenía un Precio".


Después de caminar durante una hora llegamos al famoso oasis que, por lo que nos han dicho en el punto de información turística del "Mini-Hollywood" fue construído por Eddie Fowlie en 1962 con plameras traídas de Alicante para rodas varias escenas de "Lawrence de Arabia". Posteriormente utilizaron el mismo oasis para rodar algunas escenas de "La Muerte tenía un Precio".

Ha sido una ruta sencilla y tranquila, pero sobre todo me ha parecido muy interesante recorrer los parajes donde se rodaron películas tan importantes para la historia del cine. Mientras caminaba me imaginaba al equipo de rodaje dando instrucciones a actores tan ilustres como Harrison Ford, Clint Eastwood o Peter O'toole.


Me han quedado ganas de volver en otra ocasión y recorrer con mayor detenimiento todas estas zonas, o incluso subir alguna montaña como el Monte Alfaro, que a pesar de no sobrepasar los 750 m. de altitud tiene que ofrecer una vista espectacular de todo el Desierto de Tabernas. ¡Volveré!