domingo, 1 de septiembre de 2002

Aproximación a Torre Cerredo (2.648 m.)

Torre Cerredo con sus 2.648 metros es la montaña de mayor altitud de los Picos de Europa, de la Cordillera Cantábrica y también del todo el noroeste peninsular, estando enclavada en el Macizo Central de los Picos de Europa o Macizo de los Urrieles, en la divisoria de las provincias de León y Asturias. Su cima, con un desnivel de más de 2.200 metros sobre el río Cares, el más acusado de la Península Ibérica, posee unas magnificas vistas del Macizo Occidental y de las canales que vierten sobre la garganta del Cares. Fue ascendida por primera vez el 30 de junio de 1.882 por Aymar d'Arlot de Saint Saud, Paul Labrouche, Juan Suárez y Francois Salles.



Sábado, 31 de agosto de 2.001. Por fín ha llegado el día de intentar la ascensión a la mayor elevación de los Picos de Europa, Torrecerredo. He dejado sola a Marta con la tienda en León y me he organizado este fin de semana con Raul Alfageme para llevar a cabo tal hazaña.

Nuestra intención es partir de Caín hacia Culiembro por la senda del Cares, subir por la Canal de Piedra Bellida hasta el Collado Cerredo, y continuar la ascensión por los Cuetos del Trave hasta el Jou de Los Cabrones, donde pernoctaremos en el Refugio "Jose Ramón Lueje". El domingo por la mañana saldremos a conquistar la cima de Torrecerredo con tiempo para que podamos regresar y descender de nuevo a Amuesa en el día. Serán dos jornadas maratonianas pero necesarias para poder estar de regreso el lunes.

Partimos de León a las cinco de la mañana para plantarnos en Caín con los primeros rayos del sol. Rápidamente preparamos los macutos y comenzamos a caminar por la Senda del Cares durante media hora hasta llegar a Culiembro. Cuando comenzamos a subir por los pendientes pandos de Culiembro enseguida notamos el fuerte calor que íbamos a pasar durante la larga ascensión. Y es que nos esperan más de dos mil metros de desnivel; se hace muy duro pensar durante la subida que cuando lleguemos al Collado Cerredo todavía estaremos a 1.454 metros de altitud (Caín está a 460 m. y El Cares a su paso por Culiembro todavía está más abajo).


El calor sofocante unido a la elevada humedad ambiental nos hace sudar a cada paso que damos. Aun así, con alguna que otra paradita para coger aire logramos avanzar mientras nos adentramos de lleno por la Canal de Piedra Bellida. Raúl sube con doscientas moscas revoloteando alrededor de su cabeza, es el "Señor de las Moscas"...


Al acercarnos al Collado Cerredo nos metimos de lleno en una espesa niebla que no nos permitió disfrutar del paisaje que ofrecen estos cortados. Lo preocupante ahora es que demos con la senda que sube por la Cuesta del Trabe porque no vemos nada, lo único que podemos hacer es dejarnos guiar por la marca de la senda y los hitos.


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: A medida que íbamos ganando altura a punto de llegar a los Cuetos del Trave desapareció el terreno firme y afloró la roca viva, y claro, nos perdimos. La niebla es tan espesa que no nos deja ver ni una sola referencia, estamos totalmente perdidos y desorientados.


Decidimos seguir subiendo poco a poco extremando al máximo las precauciones y al poco tiempo oímos unas voces. Se trataba de un par de montañeros que precisamente buscaban el mismo objetivo que nosotros. Los cuatro juntos reunimos nuestros esfuerzos y tomamos la determinación de buscar hitos. Fuimos siguiendo hito tras hito hasta encontrarnos cientos de ellos por todos lados; al examinar uno de ellos pudimos comprobar que fueron puestos por los espeleolólogos para indicar las entradas a las simas.


Deducimos por tanto que debemos encontrarnos en algún punto al pie de los Cuetos del Trave, puesto que aquí se encuentran las simas más profundas de los Picos de Europa, varias de las cuales superan los mil metros de profundidad, y concretamente una de ellas, la Torca del Cerro, es la cavidad más profunda de España y la cuarta del planeta. Precisamente hace tres años un grupo de espeleólogos franco-español batieron aquí el record de España llegando hasta sus 1.589 m. de profundidad.


Perdidos y desorientados en medio de ninguna parte, de pronto vemos cómo asoman unos picos en lo alto:


Probablemente se trate de los Cuetos del Albo, pero ninguno de nosotros está lo suficientemente seguro. Se está haciendo tarde y pronto debemos encontrar alguna referencia mejor para dar con el refugio. Decidimos subir un poco más alto a ver si logramos salir de la niebla. Por fin, con las últimas luces del día logramos alcanzar el límite superior de la niebla, pero sin tener ni idea de por dónde andamos.


Lo único que podemos hacer ahora es buscar en medio de toda esta roca un buen lugar donde pasar la noche. Caminando casi a oscuras con los frontales puestos descendemos hacia lo que nos parece un circo o un jou donde suponemos encontrar algo de terreno firme.


Y allí perdidos los cuatro, Raúl, yo y nuestros colegas asturianos Carlos y Paco, improvisamos un pequeño campamento, cenamos y nos echamos a dormir en los sacos mientras contemplábamos el firmamento.


Al día siguiente amaneció con más claridad y pudimos observar todo lo que teníamos a nuestro alrededor.


Con ayuda de los mapas supimos entonces que nos hayábamos en el Jou del Agua, bastante desviados del Jou de Los Cabrones donde estaba el refugio. Comenzamos a caminar salvando todo tipo de obstáculos: Trepadas, destrepadas, simas... en algunos tramos tuvimos que hacer uso de cuerdas de seguridad. Y allí fue donde comencé a notar que algo no iba bien en mis rodillas, sentía un dolor muy intenso en los lados de la rodilla cada vez que descendía un paso.


Casi dos horas después de comenzar a caminar por fín dimos con el Jou de Los Cabrones. No nos extrañó entonces el nombre que le pusieron a esta zona. Y allí estaba el refugio. Yo lo único que deseaba era llegar, soltar la mochila y pedirle al guarda una pomada o algo que aliviara el dolor de mis rodillas.


Descendimos al refugio para descansar un poco, conocer al guarda y considerar nuestras posibilidades de alcanzar la cumbre de Torre Cerredo. Carlos y Paco lo descartaron desde un principio y decidieron descender a Bulnes. Raúl y yo no nos resignábamos a abandonar, pero lo cierto es que mis rodillas no estaban para más ascensión. Finalmente tomamos la decisión de abandonar.


Nos planteamos entonces la posibilidad de bajar por la Canal del Agua directamente a El Cares. A priori una bestialidad pero lo cierto es que el guarda no nos lo puso tan crudo; tan solo necesitaríamos unos 25 ó 30 metros de cordino para salvar el paso de la Canal del Agua a la Canal de Ría, y precisamente llevábamos suficiente cordino encima. Lo que teníamos claro era que descender de nuevo por la Cuesta del Trabe hasta Bulnes, Poncebos y Caín nos parecía una auténtica matada. Subimos al Collado del Agua y allí tomamos la decisión.


La bajada nos pone los pelos de punta, y a mí la tendinitis me hace ir más despacio de lo normal. Aun así, siendo ya la una de la tarde no podemos demorar más nuestra decisión y sin pensarlo más nos ponemos a bajar por la canal.


Pero al cabo de una hora de descenso vertiginoso nos encontramos con un grupo de montañeros cargados de material de escalada que nos advierten de lo complejo que va a ser cruzar a la Canal de Ría para evitar el cortado que termina con nuestra canal; de hecho uno de ellos nos confiesa que él nunca haría la Canal del Agua bajando. Entonces fue cuando nos entró el pánico: Las dos de la tarde y yo con una tendinitis aguda en las rodillas, o nos damos la vuelta para arriba o nos arriegamos a cruzar ese paso tan complicado.

Nos quedamos unos minutos pensándolo en silencio, ninguno de los dos sabíamos qué decir. Al final tomamos una de las decisiones más difíciles de tomar en la Montaña: Abandonar nuestro objetivo y retirarnos a tiempo.


Pasadas las tres de la tarde cruzamos el refugio y sin parar caminamos y caminamos por los Cuetos del Trabe. Al llegar a Amuesa tenía las rodillas tan destrozadas que no me atreví a descender por la Canal de Piedra Bellida. Optamos entonces por bajar hacia Bulnes e intentar llegar a Poncebos antes de que anochezca. Los dos éramos conscientes de que no llegaríamos a tiempo para regresar a León, de modo que llamamos por teléfono para advertir que tendríamos que pasar una noche más.


Tuve que "arrastrarme" literalmente por los pedreros de la Canal de Amuesa por aliviar en lo posible el dolor que me causaba la tendinitis en ambas rodillas. No podía caminar y me sentía mal por hacerle perder tiempo a Raúl que tenía que acudir al trabajo al día siguiente.


Al llegar a Bulnes se nos echó la noche encima y bajamos por la Canal del Tejo a oscuras y con los frontales. Cuando por fin alcanzamos Poncebos nos tiramos al suelo y dormimos unas cuantas horas.


Al día siguiente tardamos más de cinco horas en recorrer los 12 km. de la Ruta del Cares. Mientras caminaba aguantando el dolor pensé que mis años de locura montañera habían llegado a su final. Tengo ya 30 años de edad y noto que ya no tengo la misma capacidad y resistencia que tenía años atras. Es cierto que para subir Torrecerredo desde Caín hay que estar en plena forma, entrenar lo suficiente y estirar correctamente, y yo no lo he hecho. Tengo que pensar que si quiero aventurarme en rutas de este calibre, necesito entrenar, calentar, ponerme en forma y llevar bastón.

sábado, 20 de julio de 2002

Travesía por el Cornión (Macizo Occidental de los Picos de Europa)

La Torre Bermeja es la peña situada más al sur del Macizo del Cornión (Occidental) de los Picos de Europa. Con sus 2.393 m. de altitud ofrece una espectacular visión de Torre Santa (2.596 m.), del Mar Cantábrico, de Asturias y de la Cordillera Cantábrica. Su ascensión desde Posada de Valdeón supone salvar un desnivel de 1.465 m. Pero el paso por la Canal de Pambuches, Collado Verde y Canal del Bufón recompensa y mucho el gran esfuerzo físico.


Es la cuarta vez que realizo la ascensión a la Torre Bermeja y no será la última porque hoy por hoy es la ascensión más atractiva de las que conozco en los Picos de Europa. La subí por primera vez hace diez años, aquella ascensión en solitario el día 13 de agosto de 1992. Poco después volví a subirla acompañado de Carlos y Ricardo cuando planificamos una aproximación a Torre Santa. Y el 11 de julio de 1993 la subí por última vez durante aquella Travesía por el Macizo Occidental que hice junto a Alberto y Oscar.


En esta ocasión me acompañan Raúl y David (los hermanos de Carolina) y dos montañeros más que se han apuntado para la ocasión. Para David es la primera vez que va a realizar una ascensión, de hecho, es la primera vez que se mete en la Montaña, tan solo tiene 16 años de edad y esperamos que esta travesía suponga su iniciación en el mundo del alpinismo. 


Hemos madrugado tanto que salimos de León todavía de noche, todo para llegar lo más pronto posible al Valle de Valdeón. A las ocho de la mañana ya estábamos subiendo por Pantivalles hacia la Canal de Pambuches. 


El calor es abrasador, sospecho que por la tarde se formarán nubes de evolución y habrá tormenta, espero que no estropeen lo que tengo pensado para el descenso, ellos todavía no lo saben pero cuando estemos en la cumbre voy a proponerles que vayamos hasta Vega Huerta, todo dependerá del tiempo que haga y de cómo responda el joven David a la ascensión. 


Aquel collado que se ve allí arriba es el Collado Verde. Vamos a subir por la vía normal, por la Canal del Bufón. La trepada es perfecta para disfrutar, todos están respondiendo formidablemente, incluso David parece que está disfrutando, de momento no ha dicho ni "mu". 


La ascensión se ha dado muy bien, hemos subido todos como tiros y poco antes de las doce del mediodía ya estábamos todos pisando cumbre.


Una vez más vuelve a impresionarme la descomunal cara sur de la Torre Santa.


El tiempo acompaña, todavía tenemos muchas horas por delante y de fuerzas vamos todos sobraos, de modo que mi propuesta de seguir adelante con la travesía hacia Vega Huerta fue bien acogida por el resto del grupo.




Para descender hacia el Camino del Burro hay que bajar primero por un argayo bastante pronunciado y muy quebradizo. 

El resto del camino hasta Vega Huerta se hizo sin problemas, mucho calor eso sí, calor y sed, nos quedamos sin agua poco antes de llegar a Vega Huerta. Menos mal que todavía llegaba un hilillo de agua a la fuente y pudimos llenar con paciencia las cantimploras. Descansamos lo justo para bajar hacia la Pedriza Carbanal y enroscarnos en la Canal de Capozo.


Al final el tiempo se portó y bajamos por la Canal de Capozo si sobresaltos. Se hizo largo, muy largo, el pobre David estaba ya que no podía dar un paso más. Pasamos por la Cueva del Agua, La Farfada, Cordiñanes y llegamos a Posada. Ahora bien, esos tres kilómetros entre Cordiñanes y Posada se hicieron eternos...

sábado, 4 de mayo de 2002

Bosque de Muniellos (Asturias).

La recientemente declarada Reserva de la Biosfera de Muniellos se sitúa en el confín suroccidental de Asturias, entre los concejos de Cangas de Narcea e Ibias. La abrupta orografía unida a la elevada pluviosidad pusieron freno a la transformación del paisaje por parte del hombre y gracias a ello hoy podemos decir que Muniellos constituye una representación casi virginal de las comunidades vegetales y animales que en otro tiempo fueron dominantes a lo largo de la Cordillera Cantábrica.  


Tenía muchas ganas de conocer el Bosque de Muniellos y descubrir los secretos que guarda en su interior, pero no es posible adentrarse en lo profundo del bosque salvo con un permiso explícito de la guardería de la Reserva del Principado, una solicitud que hay que presentar con bastantes meses de antelación, puesto que las visitas al bosque están rigurosamente controladas y son bastante limitadas. 

La primera visita quedó programada para el 14 de diciembre del año pasado. En aquella ocasión fuimos mi hermana Laura, mi cuñado Alfredo, mi madre, yo y mi amigo y compañero de carrera Oscar.   



Iniciamos el recorrido en Tablizas siguiendo la senda que sube por el Arroyo de Cullada. 


Se trata del sendero que discurre por una sucesión rítmica de vallinas tan característica del paisaje de Muniellos y que recorre todo el valle pasando en su punto más alto por las Lagunas de Muniellos. No hay mucho desnivel, pero el recorrido es largo, muy largo, y se requiere de todo el día para hacerlo completo.   


Pero en diciembre los días son tan cortos que resulta imposible recorrer la totalidad del sendero, de modo que caminamos hasta la Vallina de Las Fayonas y luego dimos la vuelta para regresar antes de que oscureciera.

La pureza del aire y la elevada humedad relativa en Muniellos contribuyen al espectacular desarrollo de los líquenes epífitos que otorgan al bosque un aspecto fantasmagórico muy característico. 

Regresamos a Tablizas con el propósito de reservar otra visita para realizarla en primavera con los días más largos y poder así hacer el recorrido completo de la senda. En el calendario estaba disponible en 4 de mayo y todos consideramos que sería un día perfecto para la segunda visita.

Y así fue, la segunda visita quedó programada para hoy 4 de mayo de 2002, pero ni Alfredo ni Oscar pudieron venir. En su lugar vinieron Carolina y Fernando que aceptaron encantados la propuesta de hacer la ruta completa de Muniellos. 



El pronóstico del tiempo advierte de la posibilidad de nevadas por encima de los 1.800 m. de altitud, pero lo cierto es que a primera hora de la mañana parece que el buen tiempo nos va a acompañar, y al menos así lo hará durante la primera parte del recorrido por la ladera de solana. 


Sin embargo a medida que vamos avanzando el tiempo va empeorando y me doy cuenta de que estamos caminando a un ritmo demasiado lento y pausado. Intento imponer un ritmo constante en la marcha pero me resulta imposible, mi madre comienza a tener ligeras molestias en su rodilla y no puede caminar más rápido.

Comencé a ponerme nervioso porque estaba viendo que no llegábamos a las lagunas a tiempo para regresar por la otra vertiente. Pasamos una vallina, otra, y otra, y otra... así hasta que comenzó a llover. Sacamos los chubasqueros y seguimos caminando sin pausa. Querían parar a comer pero les dije que no teníamos mucho tiempo, quería llegar a toda costa a las lagunas para respirar tranquilo sabiendo que tendríamos tiempo suficiente para el regreso por la otra ladera. Entonces el grupo se disgregó: Yo continué caminando a buen ritmo, Fernando y Carolina se fueron quedando atrás y mi madre y Laura iban las últimas deteniéndose cada poco para descansar la rodilla. 

Y para colmo de desgracias se pone a nevar copiosamente. Echo una mirada hacia atrás y veo que nadie me sigue. Entonces regreso y me los encuentro atrás, caminando lentamente. Están cansados, chopados de agua y hambrientos, pero me preocupa especialmente el estado en el que se encuentra mi madre, está claro que no puede seguir. Estamos muy cerca, lo presiento, debemos estar debajo de la Peña Velosa, a punto de entrar en el Cotarrón de Las Lagunas, pero lo cierto es que no se puede seguir caminando en estas condiciones, mojados, hambrientos y con el tiempo justo para regresar. 

Total, que la expedición quedó abortada por segunda vez, no hay manera, un fracaso. Regresamos por el mismo sendero y llegamos a Tablizas a última hora de la tarde a punto de anochecer, agotados y reventados, sobre todo mi madre, que ya no podía dar un paso más. Carolina llegó helada de frío, estaba temblando, con claros síntomas de hipotermia. De hecho, lo pasó fatal en el coche durante el regreso a León, no paró de vomitar a lo largo de todo el camino.    


sábado, 11 de agosto de 2001

Aventura en el Pico Bodón (1.960 m.).

Al norte de León, en tierras donde antaño vivieron los astures, al final de las Hoces del Río Curueño se alza magestuoso El Bodón (1.957 m.), una de las montañas más altas del Alto Curueño.




Hace unos siete años subí por primera vez el Bodón acompañado de mi amigo Raúl, fue una de mis primeras ascensiones y me quedó un buen recuerdo de aquella montaña. 

Ahora somos Patxi, otro Raúl (hermano de Carolina) y yo quienes vamos a subirlo. Queremos entrenarnos para una posible ascensión a Torre Cerredo, la más alta de la Cordillera, en los Picos de Europa, y para ello hemos elegido esta montaña. 

Todo surgió de manera muy improvisada, ayer mismo nos telefoneamos y quedamos para salir hoy a la montaña. Pero lo que parecía una simple ascensión pronto se convirtió en una gran aventura por culpa de dos errores de cálculo: Primero, nos olvidamos el mapa en casa y comenzamos a trepar por la montaña vecina pensando que estábamos en el Bodón. Y segundo, el descenso por la cara norte se complicó por la enorme pendiente y por los grandes cortados que nos bloquearon el paso. Y otro error fue no llevar la cámara de fotos, motivo por el cual ésta crónica está carente de fotos. 

Dejamos el coche aparcado al final de las Hoces de Nocedo, justo después del cruce de la carretera de Valdeteja. Un gran murallón de piedra sobre la misma carretera ofrece varias vías de ascensión que nos parecieron muy sugerentes y sin pensarlo ni un momento nos pusimos a trepar como locos sin darnos cuenta de que lo que estábamos subiendo no pertenecía al Pico Bodón, sino a la montaña vencina, el Cobella, de 1.711 m. de altitud.

De todas formas no nos dimos cuenta hasta que llegamos a la cumbre y disfrutamos de una auténtica trepada usando las manos y los pies. Casi dos horas de ascensión ininterrumpida hasta que se me ocurrió mirar hacia el norte para darme cuenta de que la enorme montaña que teníamos justo enfrente era el Bodón.

Yo recordaba perfectamente que el Bodón era la última gran montaña del cordal y hacia el norte se abría el enorme Valle de Vegarada. Todavía no nos habíamos repuesto del esfuerzo cuando les dije: "Chicos, me he equivocado, este no es el Bodón, es el de ahí enfrente". 

Ni cortos ni perezosos iniciamos el descenso hacia el collado y comenzamos a subir directamente por la cara sur del Bodón. Tuvimos que parar a media ascensión para reponer fuerzas y finalmente alcanzamos la cumbre bien entrada la tarde. 

Apenas tuvimos tiempo para disfrutar de la cumbre porque les propuse a mis compañeros realizar un descenso "a la aventura" por la cara norte, directamente hacia Tolibia. 

Al principio todo fue bien, la pendiente era muy prolongada pero pudimos destrepar varios farallones sin demasiadas dificultades. Hasta que de pronto nos topamos con un cortado. Ciertamente, la perspectiva desde arriba no te permite saber si abajo hay un cortado, no lo ves hasta que llegas a él. Y eso fue lo que nos pasó. 

Tuvimos que bordear la montaña hacia el oeste buscando un paso que nos permitiera destrepar con un mínimo de seguridad. Nos recordó al reciente episodio del Cares, aquel en el que nos perdimos bajando de Cuesta Duja. 

Se hizo bastante duro y las pasamos canutas en algún tramo, pero finalmente logramos llegar a la base sanos y salvos. Para alcanzar el pueblo tuvimos que cruzar el río, y no fue fácil, con las piernas resentidas por la doble ascensión resultó complicado mantener el equilibrio en aquellas aguas tan frías y turbulentas del río Curueño. 

domingo, 1 de julio de 2001

2ª Ascensión a la Torre de La Palanca (2.614 m.)

La Torre de La Palanca (2.614 m.) es una de las cumbres más elevadas de los Picos de Europa, ascensión obligada si se pernocta en el refugio de Collado Jermoso (2.042 m.). Ofrece impresionantes vistas de todo el Macizo Central, del Naranjo de Bulnes, del Macizo Occidental y del mar Cantábrico. Su ascensión no entraña ninguna dificultad salvo alguna trepada expuesta tras la Torre del Peñalba.


Sábado, 30 de junio de 2001. He organizado para el grupo de amigos de Carolina una ascensión a la Torre de La Palanca (2.614 m.) con noche en Collado Jermoso. A pesar de haber estado ya en muchas ocasiones en Collado Jermoso, tan solo será la segunda vez que subo a la cumbre de La Palanca nueve años después de haberla coronado por primera vez. Quizás allí decidamos subir el Llambrión, pero en principio prefiero ir por lo seguro y ya conocido.

Partimos de León repartidos en dos coches, pero justo a la salida de la ciudad los que iban detrás de mi no se percataron de que tuve que frenar en un semáforo y golpearon su conche contra el mío. A mi Citroën Xsara no le pasó nada, pero al coche de ellos se le rompió el radiador.

Con en susto todavía en el cuerpo la mayor parte de ellos decidieron suspender la ruta; yo me ofrecí para llevar a los que entraran en mi coche pero al final sólo Julio y Laura se apuntaron. Carol y el resto optaron por quedarse el fin de semana en León. Laura es prima de Fernando, el novio de Carolina, y a Julio no le conocía, así que aprovechamos el viaje para charlar largo y tendido para conocernos mejor. Laura estuvo en la aventura del Cares y también había venido a la Cueva del Agua y a Pambuches, y Julio es aficionado a la escalada, recientemente había conocido al grupo de Carolina y se había apuntado a esta ascensión.

Cuando llegamos al Puerto de Pandetrave dejamos el coche, agarramos las mochilas y nos pusimos a caminar por la pista hasta el Caben de Remoña. Parece que el tiempo va a ser bueno, aunque se ven algunas nubes bajas.


Hoy estreno nueva cámara digital, una Minolta Dimage 2330. Tiene más resolución que la anterior y las fotos por fin pueden verse en el ordenador con bastante más nitidez. 


Hace tiempo que dejé de subir la Canal de Pedabejo por el pedrero; se sube mucho mejor por el sedo. Un inmenso mar de nubes cubre todo el valle del Liébana y parte de Valdeón, pero pronto nos plantamos en el Collado Remoña dejando atrás la niebla y allí les enseñé a Julio y Laura las vistas del Llambrión, Collado Jermoso y la Vega de Liordes.

La niebla intenta subir por la Canal de Pedabejo pero no logra sobrepasar del Collado Remoña.

Abajo nos espera la inmensa pradería de la Vega de Liordes, la mayor vega de los Picos de Europa.


Aprovechamos el paso por la Vega de Liordes para descansar y comer un poco. Hacia abajo por la Canal de Asotín asoman las nubes desde el Valle de Valdeón.
Al llegar a Las Colladinas nos encontramos con los omnipresentes rebecos. Siempre que he pasado por aquí me los he encontrado, y en esta ocasión los veo algo más confiados que otras veces, ocasión que aprovecho para ver si logro una buena instantánea mientras Julio y Laura continuan subiendo.

Al llegar a lo más alto de Las Colladinas nos hacemos una foto con la Torre de Friero al fondo.

Llegamos al refugio de Collado Jermoso a eso de las seis de la tarde. Después de asearnos en la fuente con las gélidas aguas que vienen del nevero del Llambrión, dejamos las mochilas en el refugio y nos fuimos a recorrer las inmediaciones del Collado Jermoso. El mar de nubes es impresionante de modo que nos sentamos tranquilamente en lo alto de la Torre Jermosa a contemplar el panorama.

Justo en frente tenemos la mejor vista posible de Torre Santa. Es una ocasión única para fotografiar la puesta de sol detrás de su impresionante mole y con ese manto blanco a los pies...


A pesar de tener el refugio al lado la temperatura es tan agradable que decidimos tirar los sacos al suelo y hacer vivac durante toda la noche. Después de cenar nos tumbamos a contemplar las estrellas, se veían con tanta nitidez que no perdimos detalle a lo largo de la Vía Láctea. Mientras Julio y Laura se daban sus primeros arrumacos, yo intentaba recordar las veces que he subido a Collado Jermoso y las noches que pasé aquí con Alberto, Tato, con Laura y Carlos de Vega, con Carolina y Carmen, con Marta...

A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol sobre las naranjas paredes del Llambrión, desayunamos y nos preparamos para la ascensión.

Hacia abajo han desaparecido las nubes que ayer cubrían todo el Valle de Valdeón y se puede contemplar el macizo de la Bermeja con la Canal de Pambuches entera.

Alcanzamos la cumbre de La Palanca después de una hora de ascensión desde Collado Jermoso. Julio nos demostró su gran habilidad en la escalada trepando por la Torre del Peñalba. Ya desde la cima, nos pusimos a identificar los Picos y lancé las panorámicas con mi recién estrenada cámara digital.


El Cantábrico está cubierto de nubes, pero se ven todos los picos sin excepción: El Naranjo, los Cuetos Albos, el Neverón de Urriellu, Peña Vieja, Tesorero...

La Torre de Friero no parece tan impresinante desde aquí, claro que sobrepasamos en unos doscientos metros su cota más alta. No obstante nos permite ver con todo detalle su impresionante corredor norte de arriba a abajo.


Y hacia el norte mi próximo objetivo, la montaña más deseada, la cumbre de los Picos, Torre Cerredo...



sábado, 12 de mayo de 2001

Alta Travesía del Cares (Cuesta Duja).

Cuesta Duja es una pradera de alta montaña literalmente "colgada" en la vertiente del Macizo Central de los Picos de Europa que cae directamente sobre la Garganta del Río Cares. Forma parte del que probablemente sea el mayor desnivel de la Península Ibérica (unos 2.300 m. entre Torre Cerredo y en Río Cares en apenas 2 kilómetros). Su extrema situación la convierte en prácticamente inaccesible, pero los cainejos la han aprobechado desde antaño para alimentar a parte de su ganado. Lo que es increíble es conocer el lugar por donde lograban subirlo...



Lo que comenzó siendo un simple paseo por la Senda del Cares acabó convirtiéndose en una de las mejores aventuras que he vivido en los Picos de Europa. Dos semanas después de llevar al grupo de amigos de Carolina y Raúl al Collado Pambuches hemos organizado otra excursión, esta vez con nuevas incorporaciones, para recorrer los rincones más espectaculares de la Garganta del Cares.

Casi todos conocen la Ruta del Cares, unos la han hecho entera, otros conocen solo la parte de León hasta el Puente Bolín, otros conocen la parte asturiana, y alguno ni siquiera la había hecho hasta hoy. 

Les he llevado hasta la zona de Culiembro enseñándoles las diferentes canales que suben a los dos macizos, Dobresengros, Trea, Ría, Piedra Bellida... En Culiembro decidí bajarles al Río Cares para que cruzaran el río.


Subimos por los Pandos de Culiembro hasta el Horcado Turonero, al inicio de la Canal de Piedra Bellida, un buen lugar para comer disfrutando de unas vistas espectaculares. 


Mientras nos comíamos el bocata saqué el mapa y pensé: "¿Qué tal si les propongo una aventura?". Entonces les planteé dos opciones, la primera: Regresar por donde habíamos venido. La segunda: Cruzar a la vecina Canal de Ría, buscar la forma de llegar a Cuesta Duja y desde allí, bajar al Cares por donde pudiéramos. Esta claro que la primera opción es la más segura, la más asequible y la más razonable. Sin embargo la segunda opción, la más arriesgada, la más inconsciente y la más atrevida es la que les resultó a casi todos mucho más interesante. 

Hasta Cuesta Duja yo se que no hay problemas porque por el mapa se ve claramente que un sendero cruza la Canal de Ría y llega a Cuesta Duja, ¿pero después? No tengo ni idea de cómo bajar desde allí al Cares, aunque se que tiene que haber alguna forma porque he oído a los cainejos hablar un montón de veces de Cuesta Duja como uno de los mejores lugares para llevar a las cabras. Sospecho que tiene que haber algún paso para llegar a la vecina Canal de Dobresengros, pero nunca he estado por allí y no se lo que nos vamos a encontrar. 


Impresionante la Canal de Ría, preciosa, nunca había pasado por ella, solo la había visto desde el vecino Macizo del Cornión, desde la Vega de Ario... Pero es guapísima, me entran ganas de subirla hasta arriba pero es larguísima, llega directamente a los Picos de Dobresengros, al Jou de los Cabrones, pero no hay paso posible salvo cruzar a la vecina Canal del Agua, y creo que es bastante difícil. 


Pasamos por rincones verdaderamente bonitos, con vistas impresionantes, parece que estamos volando sobre el Cares, es espectacular.


Este es el Monte Cuebre, un pequeño halledo que tenemos que cruzar antes de iniciar la ascensión a la Horcadina del Cuebre por unas rampas verdaderamente empinadas. 


Llegados a este punto me doy cuenta de que hay gente que no se trajo cantimplora y el agua comienza a ser un bien escaso. Juntamos las cantimploras disponibles y hacemos balance del agua que nos queda. Decido que es necesario imponer un régimen de racionamiento de agua porque no sabemos cuánto tiempo nos quedará hasta encontrar algún arroyo. Patxi se encargará de controlar el agua y de que cada uno beba solo su parte asignada. 


Se está haciendo tarde, nos estamos quedando sin agua y, por si fuera poco, el tiempo está empeorando. No me quiero ni imaginar qué sería de nosotros si se pone a llover o a tronar estando "perdidos" entre Cuesta Duja y Dobresengros. Alguna chica está empezando a ponerse nerviosa ante la situación y pronto será víctima del pánico si no intervengo con decisión: "¡Tranquilos! Todo está bajo control, no os preocupéis que todo va a salir bien". 


En Cuesta Duja la situación se tranquilizó y nos pusimos a buscar agua como locos. Mientras tanto yo miraba el mapa y buscaba la forma de salir de Cuesta Duja y cruzar a la vecina Dobresengros. "Si llegamos a Dobresengros estamos salvados" les dije a Patxi y a Raúl. "Desde allí arriba podemos buscar un paso hacia la Canal de Cámara y quizás encontremos la forma de llegar a Dobresengros".   


Pero el problema es que son ya más de las siete de la tarde y tan solo nos quedan un par de horas escasas de luz, no hay tiempo para seguir subiendo, hay que bajar ya. 

El tiempo nos da una tregua y se abren  algunos claros que nos facilitan buscar un sedo que baje hacia el Cares directamente desde Cuesta Duja. "Tiene que haberlo" pensaba yo, pero en cuanto llegamos a la parte baja nos sorprende un impresionante cortado. 

Me lo temía, ya me lo habían dicho los cainejos, que Cuesta Duja se precipita hacia el Cares por un cortado.


Pero entonces encontré un sedo, estaba muy poco marcado y discurría por una cresta muy expuesta al vacío, pero no había otra forma de salir de allí. "Tiene que ser por ahí" les dije. 


Comenzamos entonces a descender por el sedo...


Pero llegamos a un punto sin salida: Todo son cortados por un lado y por otro. "Creo que en algún lugar de la bajada nos hemos metido por un camino equivocado" les dije a Patxi y a Raúl. "Pero se está haciendo demasiado tarde y se nos va a caer la noche encima". "Será mejor que busquemos algún lugar donde refugiarnos por si tenemos que quedarnos". Una cueva del lugar podría ser un buen sitio si se diera el caso. "¡Pero no tenemos agua!". "¿Cómo vamos a pasar la noche entera sin agua?". "A mí me preocupa más el frío que el agua", les dije yo...

Las chicas vieron nuestro semblante de preocupación y entró de nuevo el pánico entre el grupo. "Escucharme bien, ésta es la situación: Estamos perdidos. Lo primero que tenemos que hacer es mantener la calma y lo segundo buscar un lugar donde refugiarnos por si se nos cae la noche encima. Dentro de una hora escasa ya no podremos seguir caminando por aquí. Vosotros buscar un lugar seguro y confortable donde podamos pasar la noche y mientras, Patxi, Raúl y yo buscaremos agua por los alrededores". Una chica se echó a llorar, estaba aterrorizada. Me acerqué a ella para tranquilizarla: "No te preocupes, no va a pasar nada, vamos a estar todos bien". Tenía que hacer todo lo posible para que no contagiara el pánico al resto del grupo. 


Fernando se quedó con el resto del grupo para calmar los ánimos mientras Patxi, Raúl y yo nos pusimos a buscar a la desesperada una salida rápida del lugar. Entonces encontramos un canalillo muy expuesto y empinado por el que quizás pudiéramos pasar. "¿Vosotros creéis que las chicas podrán pasar por aquí?" les pregunté. "Es posible". En cualquier caso, o las pasamos por aquí como sea o nos quedamos todos arriba.

Estaba oscureciendo, pero algo me decía que una vez superado ese paso llegaríamos a Dobresengros y estaríamos salvados. "Si pasamos entraremos en la Canal de Cámara, y desde esta canal pasaremos sin problemas a Dobresengros, hay que intentarlo, no perdamos más tiempo". Entonces subimos arriba y se lo dijimos al resto. Todos accedieron a intentarlo. Patxi bajó el primero y desde allí fue ayudando al resto a que bajaran. Yo me quedé el último para tranquilizar el ambiente entre las más asustadas y para ayudarlas a pisar donde debían.

Al final logramos que todos pasaran y descendimos por un pando empinado hasta unas rocas. Estaba ya muy oscuro pero en cuanto cruzamos por aquellas rocas comenzamos a escuchar los sonidos de las aguas torrenciales. "¡Estamos salvados!". "¡Es el arroyo de Dobresengros!".

Por fin pudimos beber agua y llenar las cantimploras para el resto del camino, aunque tendríamos que caminar con mucho cuidado por la Senda del Cares. "¡No hay tiempo que perder, tenemos que caminar rápido para llegar a Caín antes de que oscurezca del todo!"... Ninguno llevábamos linterna. 

Llegamos a Caín sanos y salvos a las diez y media de la noche y por fin pudimos respirar tranquilos. "¡Hemos llegado por los pelos!". Hemos tenido mucha suerte porque teníamos todas las papeletas para habernos quedado perdidos allí arriba. Hemos encontrado el único lugar posible por donde bajar y eso nos ha salvado. 

Para todos de los que han vivido esta aventura, estoy seguro que la recordarán para siempre.