




Después de comer comenzamos con la lenta ascensión hacia el Canto del Rayo, a más de 2.200 m. de altitud. Por el camino nos cruzamos con un montón de excursionistas que vienen de hacer la ruta de la Laguna Grande de Gredos, perfectamente señalizada por todo el trayecto.
A eso de las 17:00 llegamos al alto desde donde ya podemos distinguir nuestro objetivo, el Pico Almanzor.
Y hacia abajo, el impresionante valle glaciar del Circo de Gredos, que en los mapas figura como "Los Pinarejos".
Después del Canto del Rayo viene un prolongado descenso hacia la Laguna Grande, situada a 1.948 m. de altitud. En sus inmediaciones se encuentra confundido entre las grandes rocas el Refugio Elola.
Hemos llegado con tiempo suficiente como para organizar todo nuestro material en el refugio antes de las 20:00, hora a la que está prevista la cena en el refugio. Hoy por la noche se produce el cambio horario, de modo que tenemos la suerte de contar con una hora más de sueño y poder así madrugar más para acomenter la subida al Almanzor.
Después de cenar ponemos el despertador a las seis de la mañana y Clara se va a dormir. Rafa y yo preferimos salir un rato fuera a pasear alrededor de la Laguna antes de meternos a dormir.
La Canal es una gran torrentera de piedras y enormes bloques graníticos que dificultan mucho la marcha. Hay que trepar, saltar, sortear grandes rocas...
Poco a poco vamos ganando altura, pero es difícil buscar el camino más corto y más cómodo, todo está repleto del grandes pedruscos. A media canal se abre a nuestra derecha otra enorme canal que culmina en la Portilla del Crampón, situada a 2.544 m. de altitud, y desde donde ya podremos disfrutar de las vistas de la otra vertiente.
Llegando a la Portilla del Crampón pisamos las primeras nieves de la temporada, lo que dificulta bastante agarrarse con seguridad a las rocas por la fuerte pendiente.
Aquí las vistas comienzan a ser espectaculares; nos sorprende lo lejos que podemos ver el horizonte, distinguiendo en la lejanía la Comarca de La Vera y poblaciones como Navalmoral de La Mata o Talavera de la Reina. Pero nuestro objetivo está a la derecha, a escasos metros, sólo tenemos que acometer la trepada final más expuesta de toda la ascensión.
Hay que subir por un callejón final de unos 40 metros muy escarpado, sobre todo al final. Nunca había estado en una cumbre tan escarpada y tan reducida de espacio; apenas entramos los tres en la cima.
Llegamos a la cumbre del Almanzor a las 12:00 en punto (de la nueva hora), y allí permanecimos unos 10 minutos contemplando el paisaje, haciendo fotos y grabando las escenas con la videocámara.
Hacia el sur lo que primero distinguimos es el Valle del Tiétar y el Embalse de Rosarito, donde se encuentra el límite entre las dos Castillas, y más allá el Embalse de Valdecañas, con aguas del Río Tajo. Al fondo, la serranía de los Montes de Toledo.
Como era de esperar, en este punto, el más alto del Sistema Central, podemos distinguir las diferentes sierras que conforman esta semi-cordillera: La Sierra de Gata, la Sierra de Francia, la de Béjar, incluso logramos distinguir las lejanas Sierras de Guadarrama y Somosierra. Como no podía ser de otra manera Torre Cerredo debe su primera ascensión a nuestros vecinos franceses, que en su afán exploratorio recorrieron todo nuestro patrimonio alpino arrebatándonos la conquista de numerosas cimas; en el caso del Torrecerredo el honor recae en el Conde de Saint Saud que junto a su amigo Labrouche y la ayuda de sus Guías Juan Suárez (Espinama) y F. Salles (Gavarnie) consiguieron alcanzar esta cumbre en el año 1882.
Sábado, 12 de septiembre de 2009. Por fín llegó el día tan esperado... Me acompaña mi amigo Rafael Páez en la que va a ser su primera ascensión en los Picos de Europa, y nada menos que a la cumbre más elevada, el "Techu" como lo llaman en Asturias. En mi caso es el tercer intento; el primero en agosto de 1994 fracasó por falta de previsión para el regreso (intentamos la aproximación desde Bulnes por Amuesa pero nos dimos la vuelta antes de seguir subiendo), y el segundo en septiembre del 2002 fracasó por culpa de una tendinitis aguda en el Jou de los Cabrones después de subir desde Piedra Bellida.
A las 2 de la mañana llegamos al Collado Pandébano (1.212 m.) después del largo viaje desde Madrid. Rápidamente montamos la tienda y nos echamos a dormir las cuatro horas que disponíamos para ello. A las seis de la mañana sonó el despertador; Rafa pudo descansar pero yo no pegué ojo en las cuatro horas, el maldito saco que llevé no me protegió del frío de la noche. En una hora y cuarto levantamos la tienda, desayunamos, preparamos las mochilas y nos pusimos en marcha.
A las 7:30 pasamos por la Majada de La Terenosa (1.315 m.) donde se encuentra el refugio del mismo nombre. Antaño por aquí vendían el auténtico queso de cabrales, pero por lo visto ya no hay queseros en las majadas, sólo algunos elaboradores en pequeñas fábricas de Sotres.
La ascensión hacia la base del Naranjo es constante pero suave hasta que llegamos al Collado Vallejo (1.530 m.), punto en el que la ruta se adentra en la Canal de Vallejo. Pasando Las Traviesas llegamos al Jou Luengo y la pendiente comienza a aumentar. Las vistas del Naranjo desde aquí son imponentes, sobre todo cuando vas llegando a la base, miras hacia arriba y parece que nunca termina esa descomunal pared oeste...

A las 10:00 llegamos al Refugio de la Vega de Urriellu (1.903 m.). Llegamos en menos tiempo de lo previsto, de modo que nos quitamos la mochila y descansamos media hora para comer algo. No pudimos entrar en el refugio ni siquiera para tomar un café porque lo estaban limpiando, así que nos quedamos fuera "pelaos" de frío.
Ahora nos espera uno de los pasos complicados de la ascensión, la Brecha de los Cazadores, una pequeña chimenea que abre paso por el murallón del Neverón de Urriellu hasta la Corona El Rasu (2.170 m.).
Desde aquí podemos disfrutar de una de las vistas clásicas del Naranjo de Bulnes.


Los hitos nos conducen a la Horcada entre la Torre Bermeja y Torre Cerredo. Y aquí comienza la escalada vertical hacia la cumbre. Giramos hacia la derecha atravesando una profunda chimenea en la que decidimos depositar las mochilas; nos hemos quedado sin agua así que no vamos a comer en la cumbre; tan solo llevamos la videocámara. En algún tramo hemos utilizado la cuerda, más que nada por seguridad, pero la escalda se realiza sin demasiados problemas salvo por la sensación de vacío, que es cada vez mayor.

