sábado, 18 de febrero de 2006

Crónica del primer año viviendo en los Picos de Europa.

Esta es la crónica que resume lo acontecido a lo largo del año en el que decidí iniciar una vida rural en Posada de Valdeón, rodeado de las montañas más altas, en plena naturaleza y en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa.


Durante todo el 2004 apenas tuve contacto con la naturaleza, fue un año de mucho trabajo dedicado exclusivamente a sacar adelante nuestro negocio, "La Cesta Biológica". Tan solo alguna salida a los montes de Geras de Gordón y una pequeña escapada al Cabo de Gata aliviaron mi sed de montaña durante todo el año.

Pero 2005 ha sido un año muy importante en mi vida, un año que difícilmente podré olvidar y que sin duda pasará a la historia como el año del cambio, un cambio radical de rumbo en todos los sentidos.

Al principio estuve un poco perdido y desorientado, fruto de la situación en la que me ví metido como consecuencia de mi ruptura matrimonial. Tuve que renunciar a años de trabajo y esfuerzo por hacer realidad mi mejor proyecto empresarial, y proyectar mi futuro laboral hacia otros horizontes muy diferentes. Lo que sí tenía claro es que no podía quedarme en León de brazos cruzados dejando pasar el tiempo mientras recordaba tiempos pasados, necesitaba el cambio y un nuevo rumbo.

Para salir adelante encontré trabajo en una distribuidora de productos ecológicos, pero sentía que tenía que marcharme de León, aunque por culpa de ese trabajo tuve que permanecer ligado a la ciudad durante todo el año. Decidí entonces vender mi piso y buscar casa por los pueblos cercanos a León en busca de una vida lo más rural posible: Santovenia del Monte, Matallana, Aviados, Orzonaga, La Vecilla, La Magdalena... Y la encontré en Cuevas de Viñayo, un lugar estupendo, rodeado de Montañas, bosques y a escasos 30 km. de León.


Cuevas de Viñayo, un pueblecito con apenas 20 habitantes.

Allí había una casa de ensueño, grande, de piedra, acondicionada con garaje, taller, un salón enorme, tres dormitorios, cocina, despensa, dos baños... incluso una gran finca rústica adosada en la parte trasera. Justo lo que estaba buscando, el lugar perfecto para vivir; ni por un momento me detuve a pensar en los posibles inconvenientes de vivir allí solo y aislado, directamente me puse en contacto con la inmobiliaria y el 30 de marzo inicié los trámites para comprarla.

Casa de "Las Eras" en Cuevas de Viñayo

Una casa de estas características me permitiría desarrollar proyectos futuros relacionados de una u otra manera con el Turismo Rural. Pero unos días antes de la fecha prevista para la firma de la compra-venta mi jefe, que por aquel entonces buscaba una cámara frigorífica de segunda mano me enseñó un anuncio en el periódico donde había encontrado algo interesante. No se cómo pudo ocurrir, pero mi vista se dirigió directamente a un pequeño anuncio en la misma página que decía: "Se vende apartamento en Posada de Valdeón".


Vivir en los Picos de Europa... sería fantástico. Claro que tarde o temprano tendría que renunciar a mi trabajo en León y pensar en cómo poder ganarme la vida allí. Pero eso no me preocupaba todavía, confiaba en que tarde o temprano se me ocurriría algo. Rápidamente me desplace a Posada para ver el apartamento y no tardé en confirmar mi decisión: Paralicé todos los trámites de la compra de la casa de Cuevas de Viñayo (lo cual me supuso la pérdida de los 3.000 € que había entregado en concepto de señal) e inicié el proceso de adquisición del apartamento de Posada de Valdeón.

Posada de Valdeón vista desde el Monte Piergua

A partir de mayo comencé a desplazarme a Posada todos los fines de semana para recuperar los contactos con las gentes del valle que había conocido anteriormente cuando pasé el invierno del 2003 en Santa Marina de Valdeón. Allí seguían, por ejemplo, mis vecinos de entones Josefa y Eusebio, con quienes me uniría una gran amistad.

Eusebio y Josefa sentados en su casa de Santa Marina.

Durante esos fines de semana me alojaba en diferentes hospederías del pueblo. El 8 junio organicé una ruta a la Vega de Llos a la que se apuntaron amigos y clientes de La Cesta Biológica: Roberto, Jacinta, Quique, Maite, Isaac... Tres días después repetiría la misma ruta con mi madre y mi tía Mª Carmen.

Cascada de Llos, deshielo en la Vega de Llos

El 18 de junio ya estaba muy avanzado el proceso de la compra del apartamento. Ese fin de semana me alojé en el Albergue donde trabajé durante el invierno del 2003, "La Ardilla Real", gestionado ahora por mis amigos Julio y Laura, y subí con mi nuevo coche al Caben de Remoña para hacerle una sesión de fotos: Le bauticé como "El Trepas".


Al "Trepas" lo compré en Cangas de Onís el 28 de mayo.

Finalmente todo se materializó el día 6 de julio de 2005, cuando firmé la compra-venta del apartamento y la correspondiente hipoteca. Lo pinté, lo acondicioné, comencé a llevar mis muebles y en agosto terminé de instalar la cocina. A partir de entonces cada viernes por la tarde me cogía el Trepas y me iba a Posada a pasar el fin de semana para planificar mi futuro profesional en el Valle de Valdeón.

Durante aquellos días me encontraba triste y abatido, cansado de la vida, se habían frustrado mis proyectos y se habían aniquilado todas mis esperanzas de futuro. Aquellas escapadas a la Montaña me hacía recobrar fuerzas a la vez que le daba tranquilidad a mi espíritu en medio de tanta soledad.

Buscaba cualquier sendero y caminaba por veredas perdidas hacia lo más alto que podía para asegurarme de encontrarme al fin solo y alejado de todo. Poco a poco, bajo la influencia del tiempo y de la Montaña los fanstasmas del pasado se fueron marchando mientras dejaba que penetraran en mí todas las impresiones y sensaciones de la naturaleza.

Varias ideas rondaban ya por mi cabeza, como la de montar una empresa de turismo activo, que sería pionera en Valdeón, o la de poner en marcha un centro de producción y recolección de plantas medicinales y aromáticas. Pero lo primero que hice fue apuntarme en la web de Toprural para ofrecer mis servicios de Guía de Montaña por los Picos de Europa.

En octubre comencé ha hacer las primeras rutas guiadas: A la Cueva del Agua de la Canal de Capozo, al Monte Corona, al Monte Piergua, a Dobres, a la Vega de Llos... Por mediación de Top Rural conocí a Almudena, que se apuntó a varias de estas rutas y vino a visitarme frecuentemente.

Pantivalles desde el Monte Piergua (25 de septiembre de 2005)

Subiendo a la Cueva del Agua (16 de octubre de 2005)


En los bosques de Llos (15 de octubre de 2005)

Subiendo a Cuesta Duja (7 de enero de 2006)

Llevando a Dobres al grupo ecologista AVAFES (18 de febrero de 2006)

En noviembre llegaron las primeras nieves al valle, pero eso no impediría que siguiera desplazándome a Posada cada fin de semana.

Ventiscas en los altos de La Bermeja


Primeras nevadas en el Valle (26 de noviembre de 2005)

La nieve se acumula en los tejados de mi casa.

Noches de luna llena en el puerto de Panderrueda (11 de diciembre de 2005).


Persiguiendo huellas por el Monte Piergua (5 de febrero de 2006)

Amanecer en el Valle (26 de noviembre de 2005).


Puestas de Sol...

Mientras le daba vueltas a los proyectos que tenía en mente para emprender un negocio en el valle, se me brindó una oportunidad que no pude rechachar: La disponibilidad de un local comercial a la entrada del pueblo, frente al Ayuntamiento.


Se trata de un local muy amplio que ofrece multitud de posibilidades, aunque requiere una fuerte inversión para acondicionarlo y reformarlo, tanta que agotaría todos mis ahorros y necesitaría financiación. En lo primero que he pensado es en un supermercado rural, ya que el año pasado falleció Fonso, el propietario del único supermercado del pueblo que precisamente cerró el pasado verano.

Inicié entonces un minucioso estudio de mercado para valorar las posibilidades de este proyecto, y he llegado a la conclusión de que es perfectamente viable. Con mucho trabajo y empeño por mi parte y el apoyo de las gentes del valle, creo que podré sacar adelante el proyecto, siempre y cuando cuente con la financiación. Para ello estoy elaborando una memoria con todos los detalles del proyecto para presentarla en el banco y conseguir esa financiación.

Hoy 18 de febrero de 2006 ha sido mi último día en León. He dejado el trabajo, he cerrado todos los asuntos que tenía pendientes y he roto con todos los vínculos que me han unido a esta ciudad desde que nací. A partir de hoy inicio una nueva vida, hoy nace la etapa rural en la vida del Treparriscos...

sábado, 4 de septiembre de 2004

Desierto de Tabernas (Almería).

El Desierto de Tabernas (Almería) es un paraje único en Europa, el único desierto propiamente dicho de todo el continente. Su interés ecológico se basa en el modelado del relieve, en la vegetación y en la fauna. Un conjunto sumamente complejo de factores climáticos, edafológicos y geológicos han contribuído para modelar un sobrecojedor paisaje formado por grandes "Bad Lands", cárcavas, ramblas, barrancos, torrenteras y planicies de austera vegetación sometidos a continuos procesos de erosión.


La barrera montañosa de la Sierra Alhamilla favorece el aislamiento de la influencia mediterránea y provoca el efecto Fohën a escala reducida, lo que hace disminuir la humedad relativa del aire y contribuye a extremar las oscilaciones térmicas. En consecuencia la desolación vegetal es espectacular, y las pocas especies que logran colonizar las cárcavas y los taludes conforman una comunidad con un alto grado de xerofilia, semejante al de los desiertos norteafricanos. Muchas de estas especies son endémicas de Almería y junto con una fauna condicionada por factores ecológicos tan peculiares el resultado es un Paraje Natural exclusivo protegido legalmente desde 1989.


Es Sábado, 4 de septiembre de 2004. Me encuentro en San José (Cabo de Gata, Almería) disfrutando de unos pocos días de vacaciones con Marta junto a nuestros amigos Oscar y Loli, que también se han traído a su pequeña Laura. Hemos venido en busca de decanso, relajación, tranquilidad y reflexión, sobre todo mucha reflexión después de un período de dos años plagados de intensísimo trabajo, y después de cinco años de un matrimonio que desde hace unos días atrás atraviesa una profunda crisis que probablemente conduzca a su fin.


Tengo mucha ansiedad metida en el cuerpo debido a los acontecimientos de los últimos días y necesito evadirme de todo lo antes posible; siento más que nunca la necesidad de un contacto directo con la naturaleza y el Cabo de Gata me ofrece varios parajes para poder escaparme.

Después de examinar detenidamente los mapas y valorar todas mis posibilidades y los recursos que tenía al alcance, decido salir hoy de madrugada con el coche en dirección a la Sierra Alhamilla y al Desierto de Tabernas para hacer una pequeña ruta por alguno de sus espectaculares barrancos.


Se trata de una ruta por el fondo de una de las ramblas más profundas del desierto, la Rambla de Tabernas. El sendero discurre por el lecho arenoso de la rambla desde el Puente de Los Callejones, en las proximidades del "Mini Hollywood", hasta un oasis que fue construído en 1962 para rodar una de las escenas de la película "Lawrence de Arabia".


En contra de lo que yo pensaba Marta decidió a última hora acompañarme en la ruta. Cojimos el coche y pusimos rumbo a la Autovía del Mediterráneo con dirección a Murcia para tomar la Nacional 340 en Sorbas y recorrer los paisajes de la Sierra Alhamilla.

Visitamos los pueblos de Lucainena de Las Torres, Los Romerales, Turrillas... hasta llegar a Tabernas y al cruce de la A-92. Dejamos el coche en el aparcamiento del "Mini Hollywood" y descendimos el barranco por un sendero construído con maderos entablados.

Ya en el fondo del barranco caminamos siguiendo el lecho de pequeños riachuelos rodeados de cañas y juncos hasta la primera bifurcación de la rambla. El espectáculo geológico es sobrecogedor: Numerosos desplomes cuaternarios rodeados de grandes cárcavas modeladas a capricho del sol, del viento y del agua durante miles de años.



De frente distinguimos la espectacular silueta del Monte Alfaro, uno de los más característicos del Desierto de Tabernas, reconocible en numerosas secuencias de películas rodadas en Almería.



La rambla que viene por nuestra derecha procede de la Rambla de Otero, un espectacular barranco que sirvió de panorámica para rodar secuencias de películas como "Lawrence de Arabia", "Indiana Jones y la Última Cruzada", "El bueno, el feo y el malo", o "La Muerte tenía un Precio".


Después de caminar durante una hora llegamos al famoso oasis que, por lo que nos han dicho en el punto de información turística del "Mini-Hollywood" fue construído por Eddie Fowlie en 1962 con plameras traídas de Alicante para rodas varias escenas de "Lawrence de Arabia". Posteriormente utilizaron el mismo oasis para rodar algunas escenas de "La Muerte tenía un Precio".

Ha sido una ruta sencilla y tranquila, pero sobre todo me ha parecido muy interesante recorrer los parajes donde se rodaron películas tan importantes para la historia del cine. Mientras caminaba me imaginaba al equipo de rodaje dando instrucciones a actores tan ilustres como Harrison Ford, Clint Eastwood o Peter O'toole.


Me han quedado ganas de volver en otra ocasión y recorrer con mayor detenimiento todas estas zonas, o incluso subir alguna montaña como el Monte Alfaro, que a pesar de no sobrepasar los 750 m. de altitud tiene que ofrecer una vista espectacular de todo el Desierto de Tabernas. ¡Volveré!

domingo, 15 de junio de 2003

Ascensión al Pico Anzo (2.074 m.).

He organizado esta ruta para el grupo de Tai chi de Roberto (cliente y amigo de "La Cesta Biológica"), quienes ya vinieron a Picos cuando trabajaba en el albergue de Santa Marina. Se han alojado allí durante el fin de semana y hoy domingo me he reunido con ellos en Santa Marina para llevarles a la Majada de Montó. Mi hermana Laura se ha apuntado para acompañarnos.

Se han quedado todos impresionados de la frondosidad y belleza de los bosques de Santa Marina, que en esta época del año se presentan realmente exultantes. A pesar de la subida, un tanto moderada, todos logran llegar a la Majada de Montó aunque divididos en varios grupos.


En lo alto de las vegas de Montó sacamos los bocatas y comimos todos juntos hasta que a mí se me ocurrió la idea de alcanzar alguna de las cumbres cercanas. La mayoría optaron por quedarse con Roberto para asistir a una de sus sesiones de Tai chi. Pero yo, Laura y alguno más (los más deportistas) nos lanzamos a la aventura de subir hasta alguna cumbre.



Algunos subieron tan rápido que les perdimos la pista, pero Laura y yo fijamos la vista concretamente en el Pico Anzo (2.074 m.) y no descansamos hasta que llegamos a la cumbre.

De alguna manera, esta ruta pone punto final a una etapa muy especial de mi vida, un invierno entero viviendo en los Picos de Europa, un invierno en el que ha habido mucha nieve y de la que me llevo muchos recuerdos...

lunes, 5 de mayo de 2003

Crónica del Invierno 2002-03 en Santa Marina de Valdeón.

He pasado siete meses en los Picos de Europa trabajando para la empresa Recursos Turísticos Valdeón, S. L. La mayor parte de mi trabajo ha consistido en atender los servicios del Albergue "La Ardilla Real": He atendido la cocina, el bar-restaurante, las habitaciones... A veces me acercaba al Camping "El Cares" para comprobar que todo estuviera en orden.

Ha sido una etapa muy especial, en la que por primera vez he podido conocer de cerca lo que significa vivir en el medio rural rodeado de montañas, en uno de los pueblos más bonitos de la provincia: Santa Marina de Valdeón.




Apenas éramos diez habitantes durante el largo invierno conviviendo en un pequeño pueblo de la Montaña Leonesa. Carlos, con sus caballos guardados en el establo durante los temporales de nieve, vive con su madre Mª Gloria, y se pasó el invierno aprendiendo a manejarse con el ordenador e internet gracias a las clases que le fui dando.




A cambio le echaba una mano de vez en cuando en sus cuadras, sobre todo cuando tenía que curar a algún caballo, cuando nacía un potro o cuando "Valdeón", su semental, tenía que cubrir a alguna yegua. En alguna ocasión también le acompañé con los caballos para llevar de ruta a los turistas.

Con Josefa y Eusebio, mis vecinos, pasé largas tardes sentado al calor de la lumbre y charlando de nuestras vidas mientras saboreábamos el delicioso café de puchero que Josefa preparaba con cariño. Con ellos aprendí muchas cosas de la vida rural: Eusebio era experto en la siega con guadaña; a pesar de su avanzada edad manejaba el hacha como nadie en el pueblo, él me enseñó a cortar la leña y a desmenuzar los grandes tocones con el hacha y las "pines". También me enseñó a untar la pala con manteca de cerdo para evitar que la nieve se pegue a la pala. A fijarme en la luna para no cortar la leña en luna llena, pues no ardería la madera (y es totalmente cierto, pude comprobarlo). También me enseño a tener cuidado con los "cimbriones" (grandes acúmulos de nieve que se forman en los bordes de los tejados por la acción del viento) y a quitarlos con grandes varas de madera... En fín, un montón de cosas.



Pepe vive solo al lado de la casa de María, su hermana, que a su vez vive con sus hijos Fonso y Manolo. Los cuatro viven del ganado, y se pasaron el invierno llevando vacas de cuadra en cuadra por todo el pueblo.


Ludivina vivía sola con su perro en una casa apartada del pueblo. No hablaba con nadie, ni siquiera cuando salía a comprar al frutero ambulante intercambiaba una sola palabra con sus vecinos. La pobre anciana salía de su casa vestida con un abrigo negro andrajoso, con un bombin sobre una peluca negra y con su cachaba con la que azotaba a su perro... era digno de ver. Su casa era la antigua cantina del pueblo. Cuentan sus vecinos que cuando vivía su marido, tenían que bajar a recogerlo de Posada porque no se tenía en pie de la borrachera que llevaba encima; pero al entrar en su casa se encontraban a Ludivina con una cogorza todavía más tremenda...



A Balbino y Orfelina también se les veía poco. Vivían a la salida del pueblo y apenas salían de casa. Por lo visto no hacen buenas migas con los vecinos, enfrentados desde hace años por el trazado de la futura carretera que atravesará el pueblo hacia Posada.


Francisco y María también viven de las vacas, y apenas se les vió pasear por las calles del pueblo, además María estaba un poco delicada de salud y cada poco marchavan a León. Y el resto de los vecinos del pueblo dejaron sus casas vacías durante el crudo invierno para pasarlo con sus familias en León: Daniel y Fermina, Amable, Generosa... tan solo venieron algún fin de semana de buen tiempo.



El Camping se encuentra aislado a un kilómetro del pueblo. Dado que tendría que acudir allí prácticamente a diario, lo primero que hice fue buscar una vereda que me condujera lo más rápido posible sin tener que hacer todo el recorrido por el camino asfaltado.



Allí se encontraba Sole con toda su prole. Sole era una gata que un día apareció con sus dueños, unos turistas quienes la avandonaron en el camping. Desde entonces se hizo dueña y señora de las instalaciones del camping, y por lo que cuentan lo defiende a capa y espada contra cualquier intruso que se atreva a adentrarse en su territorio. Incluso la han visto espantar a los jabalíes que intentan entrar desde el cercano bosque.



Vivía en una caseta junto a otros tres gatos, y cada vez que me veían aparecer por los setos se ponían como locos porque sabían que les llevaba la comida.



Una de mis primeras tareas en el Camping consistió en retirar la hoja caída durante el otoño, podar los setos y recolectar leña para llevarla al albergue. No era tarea fácil, pero disfruté de aquellos días de soledad trabajando tranquilamente en el camping y con la Sole pegada a mi sombra.



Pero el invierno estaba al caer y la nieve no tardó en llegar, más pronto de lo que yo esperaba, de hecho me sorprendió sin tener preparada toda la leña necesaria para pasar el invierno. El 2 de noviembre amaneció ya con una fina capa de nieve sobre el pueblo.





Pero apenas llegaron turistas por el pueblo. Tan solo alguna reserva esporádica y algún visitante que se dejó caer por allí durante los fines de semana. Al principio me costó organizarme yo solo para atender a la vez habitaciones, bar y cocina; llegué incluso a poder atender yo solo hasta 15 comensales sin problemas. Cuando las previsiones de visitas eran mayores, sobre todo en los puentes, Rogelio, me jefe, me traía una flota de ayudantes.



Un día a Carlos se le perdió un potro en lo alto del puerto. Lo buscamos durante varios días hasta que al fin apareció pastando en solitario en unos prados próximos a Portilla de La Reina. Estaba claro que algo lo había espantado para irse tan lejos, pero la sorpresa llegó cuando Carlos se acercó para comprobar que tenía todo el costillar abierto: Le había atacado un oso. Al potro no le pasó nada, salió del trance pero se pasó el resto del invierno encerrado en las cuadras mientras se curaba de las heridas.






En otra ocasión se dejó caer por allí un caminante solitario que me pidió alojamiento gratis una noche a cambio de una ayuda en mis tareas. Venía caminando desde Barcelona, sin dinero, acompañado de un perro que se le pegó tras su paso por las montañas de Cantabria. Su intención era llegar a Santiago de Compostela, era la quinta vez que realizaba el camino y se proponía volver a Barcelona en las mismas condiciones. Por supuesto que le alojé, a cambio únicamente de que me contara sus vivencias durante aquella larga aventura. Charlamos largo y tendido hasta bien avanzada la noche a la luz de la lumbre. Al día siguiente partió temprano acompañado de su perro, y mientras le veía desaparecer en el horizonte pensaba en cuándo podría yo lanzarme a una aventura como esa.

Aproximadamente un mes después, mientras miraba impactado las imágenes del naufragio del Prestige en las costas gallegas por la televisión, pude reconocer a aquel tipo trabajando en las labores de limpieza. Había sido uno de los primeros en apuntarse voluntario y le entrevistaron en varias televisiones, incluso el Rey se acercó para estrecharle la mano. Menuda aventura la de aquel hombre...




Mientras tanto, las nevadas se sucedían en el valle y en Santa Marina nos quedamos incomunicados varios días hasta que veíamos aparecen la máquina quitanieves.

Las heladas eran escalofriantes. Había que tener cuidado con los chupiteles que colgaban de las cuadras y del propio albergue...

El 29 de enero cayó la nevada más fuerte. Viendo las condiciones meteorológicas mi jefe me desaconsejó que fuera a Santa Marina, pero yo cogí el coche desde León y con las cadenas puestas y mucho cuidado conseguí llegar a Posada. Estaba especialmente preocupado por Sole y su prole, que llevaban ya varios días sin comer aislados por la nieve.






En Posada tuve que esperar varias horas hasta que Juan Ramón pudo abrirme la carretera hasta Santa Marina:


Tardé una hora el recorrer los tres kilómetros de subida a Santa Marina. En el pueblo llevaban ya tres días incomunicados. Mientras subía lentamente pensaba en cómo llegar al camping con tal cantidad de nieve recién caída.



Tan pronto como llegué al albergue abrí hueco para poder dejar el coche, me puse las polainas y con la nieve hasta la cintura intenté abrirme camino hacia el camping. Tan pronto como Eusebio tuvo conocimiento de mis pretensiones, agarró sus botas y me acompañó. Cuando conseguimos llegar no había rastro ni de Sole ni de sus congéneres.

Pero a los pocos días la Sole apareció maullando a la puerta del albergue. La dejé entrar y se pasó conmigo el resto del invierno. Tan pronto como llegó la primavera ella sola se marchó al camping y allí se quedó.



A partir de la Semana Santa el albergue comenzó a llenarse ya de contínuo todos los fines de semana. Esos días eran agotadores, todo el día trabajando sin descanso: A las siete de la mañana había que preparar los primeros desayunos, después de limpiar las habitaciones había que preparar los menús de la comida; las comidas se extendían hasta las seis de la tarde, luego con las cenas, hasta las doce o la una de la mañana... Y al día siguiente más. El único respiro llegaba cuando regresaba a León.





Mientras tanto en León la tienda comienza ya a contar con una clientela fija y resulta necesario plantearse un apoyo logístico y un nuevo enfoque hacia otros servicios (repartos a domicilio, búsqueda de nuevos productos, abrir vías de distribución a los nuevos agricultores ecológicos, diseñar un espacio web, etcétera).



Así que hace aproximadamente un mes tomé la decisión de dejar el trabajo. Rogelio, mi jefe, no se lo ha tomado mal. Pero sí que voy a echar de menos a mis vecinos y amigos Josefa y Eusebio, a Sole, a las noches blancas y silenciosas, al olor de la leña quemada, al sonido del ganado pastando en los montes, a los venados y su berrea, al arrendajo, a las chovas, a los zorros que usmean por las noches en los gallineros, a los lobos que no se dejan ver pero se les intuye, al oso que merodea por el bosque...



lunes, 25 de noviembre de 2002

Recursos Turísticos Valdeón, S. L.

A principios de año Marta y yo pusimos en marcha nuestro más ambicioso proyecto empresarial, "La Cesta Biológica", primera tienda de León especializada en Alimentación Biológica procedente de la Agricultura Ecológica Certificada. La tienda abrió sus puertas al público el 8 de abril, después de meses de estudio y trabajos de preparación.

Los gastos de constitución y puesta en marcha han sito tan costosos que para dar respiro al negocio durante sus primeros meses de funcionamiento he tenido que buscar alguna fuente de ingresos alternativa. Así que durante el verano me dediqué a enviar mi currículum a varias empresas en busca de trabajo. Una de ellas fue como en otras ocasiones Tragsa, con la esperanza de conseguir una contratación temporal para trabajar de guía o vigilante en el Parque Nacional de los Picos de Europa.

No hubo suerte, pero el 9 de septiembre recibí una citación de la Viceconsejería de Trabajo de la Junta de Castilla y León para una entrevista el 17 de septiembre. Por supuesto acudí a esa entrevista, en la que me entrevistó la propia viceconsejera en persona. Al parecer le llegó información de mi disponibilidad de la Oficina de Empleo, en la que detallaba mis preferencias para trabajar en el Medio Rural.

Una semana después de aquella entrevista recibí una llamada del gerente de la empresa Recursos Turísticos Valdeón, S. L. (RETUVAL, S.L.) para ofrecerme la posibilidad de trabajar en labores de mantenimiento y gestión del Camping "El Cares", en Santa Marina de Valdeón.


Nos citamos en Santa Marina a finales de mes para una entrevista de trabajo y conocer los detalles del puesto que se me ofrecía. Por supuesto acudí a esa entrevista, entuseasmado ante la posibilidad de trabajar por fin en los Picos de Europa, un sueño que llevaba persiguiendo desde hace años.

El trabajo consiste en llevar a cabo labores de mantenimiento de las instalaciones del Camping durante la temporada baja, y gestionar el Albergue "La Ardilla Real". Cuando hablo de gestionar, me refiero a atender todos los servicios del albergue: Alojamiento, bar y cocina.

Acepté el trabajo y las condiciones y acordamos que iniciaría los trabajos para la limpieza y el acondicionamiento del albergue el jueves 3 de octubre.


El trabajo me permite dos días a la semana para descansar, lunes y martes, que aprovecho para ir a León y llevar mercancía fresca a la tienda. Los miércoles por la mañana salgo para Santa Marina y allí me quedo hasta el domingo por la tarde. Durante esos días, planifico los menús para el fin de semana, atiendo el bar, mantengo el albergue limpio y visito a diario el camping para revisar las instalaciones, limpiarlo, podar los setos y recoger la hoja caída del otoño.

Excepto los fines de semana que vienen algunos excursionistas, paso la mayor parte del tiempo solo. De vez en cuando visito a alguno de los vecinos del pueblo, de los que he contado nueve, sobre todo a Josefa y Eusebio, que viven al lado del Albergue. Carlos es el más joven, más o menos de mi edad, y es propietario de la "Yeguada Cares"; de vez en cuando visita el bar y charlamos largos ratos. Por las noches duermo en una de las habitaciones del albergue y no tengo gastos de manutención, puedo comer lo que necesite de la despensa.