martes, 28 de septiembre de 1999

Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote).

El volcán Timanfaya de la isla de Lanzarote protagonizó entre 1730 y 1736 uno de los episodios eruptivos más largos de la etapa moderna. En el centro de aquel escenario se encuentra actualmente el Macizo de Timanfaya, también conocido como Las Montañas de Fuego. La región fue declarada Parque Nacional el 9 de agosto de 1974, y el 7 de octubre de 1993 toda la isla de Lanzarote fue declarada Reserva de la Biosfera. Fruto de aquellas erupciones se registran actualmente anomalías geotérmicas que responden a la existencia de una cámara magmática residual muy próxima a la superficie.

Marta y yo completamos nuestra Luna de Miel con cinco días de estancia en la Isla de Lanzarote. Tengo especial interés en conocer el Parque Nacional de Timanfaya. Sus condiciones ambientales son tan extremas que la única vegetación predominante aquí son los líquenes; es el lugar idóneo para el estudio de la colonización vegetal, proceso que comienza precisamente con la aparición de los líquenes, capaces de asentarse sobre la roca desnuda y subsistir únicamente con el agua del rocío soportando oscilaciones térmicas muy acusadas.

En Timanfaya se han descrito más de 150 especies diferentes de líquenes por lo que, al margen de su carácter eminentemente geológico, este Parque Nacional puede considerarse como un Parque Liquenológico, lo que para mí significa encontrarme ante un mi "paraíso botánico".

El Parque está atravesado por unos 12 kilómetros de carretera que lo cruza de norte a sur entre las poblaciones de Mancha Blanca y Yaiza. Allí se encuentra el centro de visitantes y la famosa Ruta de Los Volcanes, a donde van a parar todos los turistas.

Desde Yaiza sale otra carretera que llega hasta la costa oeste de la isla, que constituye también el límite natural del parque con el Océano Atlántico. Allí puede visitarse El Golfo (un cráter que ha sido engullido en parte por el mar y cuya media luna se yergue escarpada ante una playa negra y una laguna verde) y Los Hervideros (el sector costero en el que se observa el golpe de las olas sobre los brazos de magma que llegaron al mar y que hoy son roca solidificada).

Durante estos días hemos visitado absolutamente todo lo visitable de la isla: La Playa de Famara, la del Papagayo, Los Jameos del Agua, La Cueva de Los Verdes, El Jardín de Cactus, Orzola, el Mirador del Río... incluso hemos tenido tiempo de cruzar el Estrecho de La Bocaina y pasar un día paseando por las Dunas de Corralejo, en la vecina isla de Fuerteventura.

Todo muy bonito y muy interesante, pero me he llevado una gran decepción al comprobar de primera mano la elevada densidad turística de Lanzarote, la mayor de todas las Islas Canarias. Los datos están ahí, millones y millones de visitantes al año, existen en Lanzarote más plazas hoteleras que habitantes autóctonos, un desarrollo incontrolado fruto de la especulación inmobiliaria, sin duda.

Tanto es así que se me quitan la ganas de volver a visitar la isla en el futuro, hay "turistas" por todos los lados, está todo lleno, es prácticamente imposible encontrar un lugar tranquilo donde pasear plácidamente y disfrutar del paisaje, imposible, no lo hay en toda la isla. Tan solo en Las Montañas de Luna, en el Parque Nacional, pero claro, allí es imposible entrar, las única visita permitida al parque es la que está pensada para los turistas, la Ruta de Los Volcanes, un paseo en bus por carretera desde donde te enseñan el paisaje, y con parada en un mirador (con bar) donde cientos y cientos de turistas esperan su turno para el típico paseíto en dromedario.

Mi interés por el parque va mucho más allá y no tiene nada que ver con esto. Ni una sola mención a lo verdaderamente extraordinario del parque, los líquenes. ¿Qué coños pintan aquí estos dromedarios y qué hace aquí toda esta gente? Consumir, eso es lo que quieren, la isla "vende" su paisaje y millones de turistas dejan aquí su pasta, por no mencionar los miles de ellos que han construido aquí sus "casitas" de veraneo. Me ha parecido lamentable.

Consulté a los guardas del parque la posibilidad de hacer una ruta por el interior con fines puramente científicos, para observar y reconocer in situ la flora característica del parque, y lo único que me dijeron fue que visitara el Centro de Visitantes.

Así que salí del Parque Nacional totalmente decepcionado, no sin antes parar en la carretera y meterme "de estrangis" en los dominios del parque para recoger algunas muestras de líquenes con el objeto de identificarlas algún día e incluirlas en mi herbario científico.

sábado, 25 de septiembre de 1999

Barranco de Las Angustias (Caldera de Taburiente).

La Caldera de Taburiente es un enorme cráter de 8 km. de diámetro situado en la isla de La Palma, cuyos desniveles superan los 2.000 m. entre el punto más alto situado en el Roque de Los Muchachos (2.426 m.) y Dos Aguas, en la salida al mar por el Barranco de Las Angustias. Dentro de la caldera las pendientes son tan fuertes que los desprendimientos son habituales y en ocasiones los senderos quedan bloqueados. Es especialmente peligroso encontrarse dentro del Barranco de las Angustias cuando se producen lluvias torrenciales.

Marta y yo llegamos a la Isla de La Palma el 22 de septiembre. Estamos de Luna de Miel, pero entre sol y playa reservamos un día para hacer una de las grandes rutas por el interior de la Caldera de Taburiente.

Hemos estado en la cumbre del Roque de Los Muchachos (2.426 m.), el punto más elevado de la isla, pero su ascensión no tiene ningún mérito porque se accede a él por carretera desde Hoya Grade, pasando por el Observatorio Astrofísico. Eso sí, las vistas desde el Roque son realmente impresionantes, sobre todo cuando diriges la mirada hacia en interior de la caldera, casi siempre cubierta por nubes bajas.

También hemos visitado La Cumbrecita, el acceso al Parque por El Paso, donde otro espléndido mirador nos permite disfrutar de otra panorámica diferente de La Caldera de Taburiente.

Pero hoy hemos contratado los servicios de un taxi del parque para que nos lleve por una tortuosa pista forestal hasta Los Brecitos (1.081 m.), en la ladera oeste de la caldera. Desde allí partiremos por una senda hacia las Casas de Taburiente, en el fondo de la Caldera, bajaremos por Dos Aguas y recorreremos el Barranco de Las Angustias hasta llegar muy cerca de su salida al mar.

El taxi nos recoge en el Lomo de Los Caballos, a un kilómetro de Los Llanos de Aridane. Hora de salida: 9:15 de la mañana. La subida a Los Brecitos se realiza por una pista no asfaltada que cruza el Barranco de Las Angustias y sube por una ladera a lo largo de 13 kilómetros de curvas zigzagueantes.

El taxi nos deja en un lugar llamado "La Farola". El sendero que baja a las Casas de Taburiente está perfectamente señalizado, por lo que no hay ninguna posibilidad de pérdida. Durante el descenso atravesamos la corona forestal de la Caldera, dominada por el Pino Canario (Pinus canariensis). Sorprende mucho comprobar el efecto de la solifluxión en los pinos, cuyos que crecen con la base totalmente curvada debido a la gran pendiente sobre la que se asientan. Pero también me sorprende la escasa presencia de especies acompañantes, tan solo algunos arbustos como las jaras y algún piorno, no he visto nada más especialmente llamativo. Sí me ha parecido escuchar los cantos de abundantes herrerillos y mirlos, y volando por el cielo me ha parecido ver un cernícalo.

Al llegar a la zona de acampada de Las Casas de Taburiente descubrimos algo excepcional en las Islas Canarias: Un arroyo por donde discurren aguas cristalinas procedentes del Barranco de Los Cantos. Basta considerar que el agua ha sido la causante del abrupto relieve de La Caldera. En numerosos puntos se observan roques más o menos monolíticos, como el que tenemos delante: El Roque de la Brevera Macha. Se trata de aglomerados volcánicos que han resistido a la erosión del agua.

Mientras descendemos hacia Dos Aguas llegamos a un punto donde tenemos que cruzar el río. Aquí es donde decidimos parar para comer tranquilos lejos del bullicio de la zona de acampada. Para cruzar el río nos quitamos las botas porque el agua baja torrencial y no hay muchas rocas por donde cruzar.

Más abajo logramos distinguir el más famoso de los roques del parque, el Roque de Idafe. En las fotos parecía más pequeño, pero en realidad es bastante grande, mucho más de lo que imaginábamos.

Enseguida llegamos al ver el Barranco de Almendro Amargo, por el que discurre el famoso arroyo con las aguas de color rojizo anaranjado por los hidratos de hierro que llevan disueltos y que han teñido de color rojo el cauce del barranco.

En Dos Aguas se reunen las dos principales cuencas de La Caldera, la de Taburiente y la del Almendro Amrgo. A partir de aquí nace el Barranco de Las Angustias, la vía natural de salida al mar de todos los materiales erosionados en La Caldera. Como era de suponer este agua va a ser aprovechada para las zonas de cultivo de la costa, de modo que un canal construído desde Dos Aguas y que discurre a lo largo de todo el barranco facilita su canalización. Es muy parecido al que discurre entre Caín y Poncebos en la Ruta del Cares.

Llegando a La Hacienda del Capellán comenzamos a notar ya los síntomas del agotamiento físico. Notamos cómo nos vamos alejando de la caldera y cómo el barranco va desciendo hacia el mar, pero no logramos divisar el final. Seguimos caminando sin cesar esperando encontrar el final del camino en cada curva, pero nada de nada, se nos está haciendo eterno, por algo lo llaman el Barranco de Las Angustias...

Aproximandamente a las seis de la tarde llegamos por fin al Lomo de los Caballos, el punto desde donde partimos por la mañana. Estamos agotados pero encantados de haber conocido las entrañas de esta angosta caldera. En un par de días ponemos rumbo a la isla de Lanzarote, donde nos espera la segunda parte de nuestra Luna de Miel.

domingo, 21 de junio de 1998

Travesía Collado Jermoso - Liordes.

El Refugio Diego Mella fue construido en 1942 en un lugar privilegiado de los Picos de Europa para servir como base a las ascensiones del Llambrión, La Palanca y la Torre del Peñalba: El Collado Jermoso. Su construcción fue ideada por Diego Mella, pero fue el arquitecto Julián Delgado Úbeda, presidente de la Federación Española de Montañismo, quien la llevó a buen término. Es el refugio más antiguo de los Picos de Europa y está situado a 2.064 m. de altitud, en la base del Macizo del Llambrión.

Sigo pensando que Collado Jermoso es el lugar más espectacular, especial y bonito de los Picos de Europa, y cualquiera de las rutas para acceder a él no dejan indiferente a nadie, por eso cuando mis amigas Carolina y Mary me pidieron que les llevase de ruta por los Picos de Europa no lo dudé ni un momento: Vamos al Collado Jermoso.

He subido un montón de veces, tantas que ya he perdido la cuenta, pero para mí sigue siendo la ruta más bonita de los Picos: Ascender al collado desde Cordiñanes y descender por la Vega de Liordes, pasando noche por supuesto en el Refugio Diego Mella.

Para Marta es la segunda vez, a pesar de que cuando la traje por aquí hace ya unos años me dijo que había sido una ruta tan dura que no volvería nunca más. Y por mi parte qué decir, más que estoy ansioso de volver a pisar la Montaña, llevo meses sin salir de León, entre el trabajo y la mudanza (por fin me he emancipado) no he tenido la posibilidad de salir al campo ni un solo día en todo lo el año.

Es sábado, día 20 de junio de 1998. Amanece un día espléndido, totalmente despejado, con una temperatura muy agradable, casi veraniega. Los Picos no conservan en sus cumbres prácticamente nada de nieve. Hemos salido muy temprano de León y hemos llegado a Posada de Valdeón a muy buena hora y hemos dejado el coche aquí para salir ya de ruta rumbo a Cordiñanes, 3 km. de paseo mañanero muy agradables e ideales para acostumbrarse al peso de las mochilas y para calentar. Se respira aire puro y limpio.

El Cordiñanes cargamos de agua las cantimploras y cruzando la aldea me acerco hasta la casa de Evarista, la venerable anciana que conocí hace unos años cuando subí por primera vez a Collado Jermoso. Nada más salir de Cordiñanes comenzamos a subir por la senda que conduce zigzagueando a la Rienda de Asotín, primer punto interesante de la ascensión.

Es una prueba de fuego porque el vértigo juega una mala pasada a todos los que pasan por aquí por primera vez, pero no ha sido el caso ni de Carolina ni de Mary, las dos han pasado por la rienda sin inmutarse. Marta ha tenido más miedo y al igual que la otra vez la he despojado del peso de su mochila y ha podido pasar sin preocuparse por el equilibrio.

Se puede decir que esta vez voy muy bien acompañado a Collado Jermoso: Esas tres chicas que posan en plena Rienda de Asotín son Carolina, Marta y Mary.

Después de cruzar el Hayedo de Asotín acusando ya el esfuerzo de la ascensión llegamos a la Vega de Asotín, donde realizamos la primera parada para descansar. Allí nos encontramos con un par de montañeros que también subían a Collado Jermoso y... ¡sorpresa! Resulta que uno de ellos es Basilio Llamas, el experto en Briófitos de la Facultad de Biológicas de León. Charlamos un buen rato con él recordando los primeros años de carrera pero sin entretenernos demasiado, todavía queda la parte más dura de la ascensión.

Basilio y su acompañante suben por la Canal Honda, pero yo llevo a Carolina, Mary y Marta por el atajo que evita pasar por aquel pedrero tan insufrible de la Canal Honda, nosotros subimos por el Collado Solano, que ofrece ya unas vistas magníficas del Cares y del Monte Corona.

Después del Collado Solano llegamos a la base de la Torre Jermosa. Aquí la sensación de altitud y de vacío comienza a hacerse notar, pero lo que a mí más me preocupa es que con este calor y con esta sudada nos hemos quedado ya sin agua, hemos dejado secas las tres cantimploras antes de tiempo.

Para llegar a la fuente del Llambrión todavía nos queda la ascensión más difícil de la ruta, el Argayo Congosto. Marta se acuerda muy bien de este lugar por lo mal que lo pasó, pero esta vez ha subido fenomenal, al igual que Carol y Mary, aunque Carol estaba tan desesperada por beber que se tragó las primeras aguas que vimos descender por el argayo.

Finalmente llegamos al refugio a eso de las seis y media de la tarde. Lo primero que hicimos fue reservar nuestra plaza para asegurar la noche porque por allí había numerosos montañeros y por un momento llegué a pensar que podríamos quedarnos sin sitio. Pero no fue así, el guarda nos reservó tres colchonetas bajo cubierta, de modo que compartiríamos la noche con Basilio y compañía.

Dejamos nuestras cosas en el refugio, fuimos a la fuente para asearnos y nos acercamos a la Torre Jermosa para ver la espléndida puesta de sol.

Hacía mucho tiempo que no dormía en el interior del refugio, las últimas veces que vine a Collado Jermoso monté la tienda de campaña en los alrededores. Hemos dormido relativamente bien a pesar de los ronquidos de los acompañantes. Para hoy he propuesto subir a la Torre de Palanca pero en cuanto he visto las caras de mis tres acompañantes he descartado la idea.

Después de desayunar y de recoger el equipo nos despedimos del guarda y de Basilio y comenzamos a caminar hacia Las Colladinas. Allí nos hicimos varias fotos:
El resto del camino hacia la Vega de Liordes fuimos disfrutando del paisaje y de los rebecos. El camino por aquí es mucho mas suave que el de ayer y Carol, Mary y Marta marchan a muy buen ritmo. En la Vega de Liordes aprovechamos para comer y para tirarnos en la hierba durante un buen rato. Es un lugar maravilloso, yo me siento genial, estoy en el corazón de los Picos en compañía de mi novia y con dos de mis mejores amigas, ¿qué más se puede pedir?

Después de la Vega de Liordes tocó subir hacia el Collado de Liordes y bajar por el Sedo de Pedabejo. En este sedo Marta tubo problemas con el vértigo y tuve que despojarla de nuevo de su mochila para que pudiera destrepar por el sedo con seguridad.

Una vez llegados al Caben de Remoña tomamos las veredas que descienden poco a poco hacia Santa Marina de Valdeón y llegamos a Posada pasadas las siete de la tarde. Ha sido un fin de semana memorable, mañana toca regresar a la vida cotidiana en León. Espero volver pronto a los Picos.

martes, 30 de septiembre de 1997

Parque Nacional de Garajonay (La Gomera)

La Laurisilva es uno de los ecosistemas forestales más singulares de La Tierra. Es un tipo de bosque formado por varias especies de árboles de hoja perenne cuya existencia está ligada a regiones costeras en latitudes subtropicales, a determinados niveles de altitud y donde se den elevados niveles de humedad ambiental y temperaturas suaves y constantes durante todo el año. En las islas atlánticas (Azores, Madeira y Canarias) se conservan los restos de estos bosques del Terciario como auténticos fósiles vivientes, y es en las cumbres centrales de la isla canaria de La Gomera donde la laurisilva alcanza su máxima expresión, un espacio natural que en 1981 fue protegido bajo la figura del Parque Nacional de Garajonay.

Al interés científico que supone el carácter relíctico de estos bosques hay que añadir su riqueza en especies vegetales endémicas, especies exclusivamente ligadas a estas formaciones. Aparte de los arbustos característicos, que en estas condiciones excepcionales adquieren un porte arbóreo, el parque presenta una importante variedad de especies de helechos, musgos y líquenes, muchas de ellas endémicas. Y eso es precisamente lo que yo quiero explorar, pero para eso necesito adentrarme en interior del parque y recorrer algunas de las zonas más inaccesibles.

Pero la visita de hoy no va por ahí, estoy de vacaciones con mi novia Marta, estamos pasando unos días en Tenerife y hoy nos hemos venido a pasar el día a la isla de La Gomera, de modo que estamos recorriendo la isla en plan turístico. Me hubiera gustado organizar una ruta para subir el Alto de Garajonay, el punto más elevado de la isla a 1.487 m. de altitud, hacer un recorrido por el interior del parque, y acercarme a los famosos acantilados de Los Órganos. Pero tan solo tenemos unas horas para regresar al puerto y no podemos extendernos demasiado en nuestra visita.

Lo primero que hemos hecho nada más llegar a San Sebastián de La Gomera ha sido desembarcar el coche y subir por la carretera hacia el Valle de Hermigua, pero varios miradores por el camino nos han entretenido y al final hemos llegado al valle a la hora de comer. Comimos cerca de Agulo y por la tarde visitamos el Centro de Visitantes del Parque Nacional, a un par de kilómetros de Agulo. Allí nos informaron de la red de senderos y rápidamente subimos por la carretera de Vallehermoso para adentrarnos por el interior del parque.

Llama la atención la ausencia total de cráteres volcánicos en toda la isla, de hecho, la isla de La Gomera es la única isla canaria en la que no se han producido erupciones volcánicas desde hace millones de años. Pero los procesos erosivos han originado en la isla importantes barrancos y vistosos elementos geológicos conocidos como Roques, testimonio de antiguas chimeneas volcánicas.

Solo nos dio tiempo a dar un paseo rápido por uno de los senderos señalizados por el parque, lo suficiente para descubrir la singularidad de esta vegetación, enormes arbustos con los troncos y las ramas tapizados de musgos y líquenes.

Antes de regresar a San Sebastián de La Gomera tuvimos tiempo de parar en los miradores desde los que pudimos distinguir los famosos Roques del parque, como el Roque de Agando, el Roque de La Zarcita o el Roque de Ojila.

No dio tiempo para más, ha sido una visita "relámpago". Nos quedamos con las ganas de visitar la isla con mayor detenimiento, pero para ello es necesario pasar al menos un par de noches en la isla, quizás en otra ocasión tengamos la oportunidad de regresar, esperemos que sí.








domingo, 28 de septiembre de 1997

Aproximación al Teide (3.718 m.).

El Parque Nacional de Las Cañadas del Teide fue el 3º Parque Nacional declarado en España después de La Montaña de Covadonga y Ordesa y Monte Perdido. Situado en el centro de la isla de Tenerife comprende un gran circo de 16 km. de diámetro en cuyo centro se alza el volcán del Teide, que con sus 3.717 m. es la montaña más alta de España. Un teleférico que sube hasta La Rambleta (3.555 m.) rompe con la belleza del paisaje y con el encanto de conquistar el punto más alto de España, aunque recientemente el Parque ha restringido el acceso al cráter.

Es la primera vez que visito la isla de Tenerife, ya tenía ganas de conocer las Islas Canarias de las que tanto he oído hablar. Se lo prometí a Marta antes del verano, con el primer sueldo de mi vida haremos nuestro primer viaje juntos, nueve días en la Isla de Tenerife. Tenemos tiempo para recorrer toda la isla de punta a punta, pero en mi mente hay un objetivo claro e irrenunciable: Subir el Teide. Ciertamente se me quitan las ganas al contemplar los cientos de turistas que suben cada día en el dichoso teleférico. No es mi intención precisamente meterme dentro de todo ese mogollo, pero tampoco quiero someter a Marta a una dura ascensión de más de 1.300 metros de fuerte desnivel entre la base del Teide y el cráter. Así que solo se me ocurre una cosa: Subir en el teleférico y descender caminando.

Y así ha sido. Nos acompaña Nuria, una compañera de la Facultad con la que curiosamente hemos coincidido en el mismo hotel de Puerto de la Cruz. Salimos muy temprano del hotel y llegamos a la base del Teide más o menos a las nueve y media de la mañana. Queremos subir en el el primer viaje del teléférico para no coincidir con mucha gente, pero en cuanto llegamos al aparcamiento de Los Roquillos nos dimos cuenta de que aquello estaba ya petao.

Al menos me tranquilizo al pensar que casi nadie de aquellos turistas tuviera la idea de bajar caminando. El tiempo es magnífico, pero ya nos han advertido de que allí arriba, a más de 3.500 metros de altitud hace bastante frío, así que nos llevamos unos jerseys por si acaso. El teleférico llega hasta un pequeño llano justo en la base del cono conocido como La Rambleta. Unos guardas del Parque Nacional custodian que nadie se meta por el sendero que conduce hasta el cráter. Yo me pregunto: Si ahora prohíben el acceso al cráter, ¿para qué coños han instalado aquí este dichoso teleférico?

El sendero que conduce al Refugio de Altavista está perfectamente señalizado y delimitado, de hecho, está terminantemente prohibido abandonar el sendero. El paisaje es indescriptible, y como yo pensaba, nadie baja con nosotros. Hace frío, pero tampoco tanto como para ponerse el jersey. En cuanto comencemos a caminar nos vamos a aclimatar. El refugio está a unos 3.200 metros de altitud. Es cierto que se nota el efecto de la altitud, caminas como más pesado, como si te fatigaras más, y eso que estamos descendiendo.

Al llegar al refugio nos encontramos con un tipo que iba forrado con un saco de dormir cubierto de arriba a abajo, solo asomaba la nariz. "Buenos días" le dijimos. Nos paramos a charlar un momento con él, parecía que estaba muerto de frío (yo iba en manga corta). "¡Por las noches baja la temperatura aquí por debajo de cero grados!" no exclamó con asombro. "Hay días que nosotros tenemos esa temperatura en León durante todo el día" le respondimos.

El sendero sigue sin tener pérdida, está perfectamente marcado y desciende progresivamente hacia la Montaña Blanca. Las lenguas de lava son impresionantes, pasamos por lugares increíbles, de una belleza inimaginable, y la panorámica de Las Cañadas y del oceano son espectaculares.

La pendiente es bastante fuerte y no suaviza en ningún momento. A medida que vamos llegando a la Montaña Blanca van apareciendo unos enormes bloques de roca volcánica esparcidos por un área muy extensa, son los conocidos "Huevos del Teide", inconfundibles, enormes bloques de roca que bajaban por la ladera del volcán envueltos en llamas.

La Montaña Blanca se encuentra a 2.680 m. de altitud. En su cumbre hay un espléndido mirador y un camino que desciende directamente hacia Las Cañadas. Este camino es ya mucho más suave y pasa también por lugares muy bonitos. Al final hemos tardado unas tres horas y media en bajar, contando con las paradas y los descansos.

He visto que la ruta es perfectamente asequible para realizarla ascendiendo, con parada en el refugio para dormir. La idea es subir a la cumbre de madrugada, justo cuando sale el sol y antes de que lleguen los primeros guardas del parque. Creo que es uno de los amaneceres más espectaculares de La Tierra, sobre todo ver cómo se proyecta la sombra del Teide sobre el oceano. Queda pendiente para otra ocasión.

martes, 10 de junio de 1997

Diseño de Rutas para el Camping "Bosque de Gordón".

Hace unos días ha sido inaugurado oficialmente el Camping de 1ª Categoría "Bosque de Gordón". Se trata de un completísimo camping que contará con numerosas instalaciones además de un equipo técnico de asesores, monitores y guías que ofrecerán grandes aventuras a los visitantes que elijan pasar unas vacaciones en uno de los paisajes más únicos de la Montaña Central Leonesa.

El camping se enclava en en el corazón mismo de uno de los valles más angostos y espectaculares de la comarca de Gordón, donde los parajes que lo rodean ofrecen al turista la oportunidad de conocer de cerca la riqueza natural que caracteriza a la Montaña Central Leonesa.

A finales del año pasado los promotores del camping contaron con el visto bueno de la corporación municipal y de las autoridades provinciales y pusieron en marcha el proyecto para la construcción de uno de los mayores campings de la comunidad de Castilla y León, que ocuparía cerca de 30.000 metros cuadrados y tendrá capacidad para cerca de mil personas.

El alcalde de La Pola de Gordón, don Ángel González Juárez, enseñó a los promotores un ejemplar de los "Itinerarios Didácticos por la Comarca de Gordón" y no tardaron en ponerse en contacto conmigo para ofrecerme trabajo. Querían que diseñara diversas rutas por los alrededores del camping y me ofrecieron un puesto de Guía e Intérprete de la Naturaleza.

Rápidamente me puse "manos a la obra" y mientras se construía el camping diseñé cinco rutas de senderismo y una pequeña guía en forma de tríptico donde vendrían detallados cada uno de los itinerarios. Las rutas son las siguientes:

Ruta Nº 1: El Bosque de Gordón.
Se trata de un sencillo recorrido circular a lo largo del Valle de Santas Martas caracterizado por el Rebollar (Quecus pyrenaica), el bosque caducifolio característico de estas montañas.

Ruta Nº 2: El Pinar de La Pola.
Se trata de un pinar de repoblación de Pinus sylvestris cuya plantación data de los años cincuenta y hoy cuenta con pinos que superan los treinta metros de altura. Además del pinar el itinerario pasa por la ladera sur del Valle de Santas Martas atravesando el bosque de rebollos.

Ruta Nº 3: Ascensión al Cueto San Mateo.
No podía faltar la ascensión a la montaña emblemática de Gorgón, "El Cueto" como lo llaman en La Pola. Con sus 1.609 m. de altitud la montaña ofrece una panorámica espectacular de toda la comarca además de una ruta hecha para disfrutar. Se pasa por un hayedo en perfecto estado de conservación, y en las inmediaciones de la cumbre hay una cueva que merece la pena visitar.

Ruta Nº 4: La Cascada del Fontañán.
Es otro de los itinerarios que parten del mismo camping, pasa por la Ermita de El Millar, cruza el Río Bernesga y penetra por una de las laderas del Fontañán que esconde un pequeño tesoro natural: Un salto de agua de unos veinte o treinta metros.

Ruta Nº 5: La Cruz de Los Barrios.
Un pedacito de historia. Tampoco podía faltar la visita a los restos de la antigua fortaleza de Gordón, el Castillo de Gordón, construido por Alfonso III allá por el siglo IX. Hoy solo se conservan los viejos muros a lo largo de todo el perímetro de la fortaleza, pero en el mismo cerro se encuentra hoy una gran cruz que es muy visitada por los gordoneses.

A mediados de febrero consideraron que las rutas podrían ser auto-guiadas con la ayuda de mi tríptico y me ofrecieron el puesto de Socorrista. Para ello tuve que obtener en un tiempo record los títulos de Primeros Auxilios y Socorrismo Acuático.

Pero al final surgieron desavenencias insalvables con los promotores y poco antes de la inauguración del camping he decidido apartarme de la empresa. Sencillamente no me ofrecen las garantías suficientes para poder desarrollar mi trabajo adecuadamente.

El camping ha sido inaugurado el 6 de junio y cuenta con las cinco rutas debidamente señalizadas y con el tríptico-guía diseñado por mí.

sábado, 24 de mayo de 1997

Ascensión a la Peña Fontañán (1.629 m.)

Entre Los Barrios de Luna y Cistierna recorre el reborde sur de la Cordillera Cantábrica una gran estructura geológica reconocible a nivel cartográfico que los geólogos denominan "El Sinclinal de Alba". Una de sus montañas representativas es la Peña del Fontañán (1.629 m.), que conserva muy cerca de su cresta cimera trincheras fortificadas construídas durante la Guerra Civil Española.

Efecticamente, a lo largo de la primera línea de cumbres de la Cordillera Cantábrica desde la Meseta se extiende un importante sistema de fortificaciones defensivas que van desde Aralla y el Cerro Pedroso hasta el Fontañán, pasando por el Amargones y la Peña Muezca. Estas fortificaciones constituyeron la primera línea defensiva republicana durante la Guerra Civil, fueron asediadas durante la ofensiva franquista en septiembre de 1937 hasta que finalmente las tropas fascistas conquistaron el Valle de Gordón y el frente tuvo que retirarse hacia el norte.

Con este argumento animé a Raúl para que me acompañara una vez más en la conquista de una de las cumbres más populares de la Comarca de Gordón. Mi intención es conocer la ruta y el estado en el que se encuentran las trincheras con el objetivo de incluirla en el programa de actividades turísticas del futuro Camping "Bosque de Gordón" que estoy diseñando.

Quiero hacer pasar la ascensión por el salto de agua del Monte Gigante, en la ladera sur del Fontañán. La ruta partiría de El Millar, a la altura de su ermita. Desde allí parte una pista que cruza el río Bernesga por un puente; al otro lado del río circula una senda que comunica Nocedo del Gordón con La Pola. Tomamos la senda hacia la derecha y caminamos hasta dar con el camino que llega desde La Pola. Entonces giramos a la izquierda y seguimos caminando. Seguimos el curso del arroyo hasta que alcanzamos el salto de agua, una cascada que en verano no dice mucho, pero en la primavera con el deshielo resulta espectacular.

A partir de aquí la ascensión del Fontañán no está ni indicada ni referenciada de manera alguna. Primero hay que trepar por las peñas que rodean la cascada hasta llegar al hayedo; cruzamos el hayedo en sentido ascendente hasta que llegamos a la crestería del Fontañán, donde se aprecian claramente los plieges geológicos. Desde aquí ya solo queda seguir subiendo hasta alcanzar la cumbre.

Es una ascensión demasiado complicada para incluirla en el programa de actividades del Camping, solo podría hacerse la ruta de forma guiada, no hay senda ni veredas ni hitos. Pero las trincheras se encuentran en perfecto estado de conservación, así que estaría muy bien marcar la ruta por su elevado interés histórico.

viernes, 27 de septiembre de 1996

Ascensión a Peña Valdorria (1.927 m.)

Tras una larga subida desde Nocedo de Curueño se alcanza perdido entre grandes montañas a 1.340 m. de altitud el pueblo de Valdorria, famoso porque allí cerca se encuentra la cueva a la que se retiró como anacoreta Froilán, el patrono de León. En su memoria se construyó la ermita-mirador sobre el desplome vertiginoso del río Valdorria. Al norte se levanta la imponente Peña de Valdorria, de 1.927 m. de altitud, espina dorsal de las primeras calizas que asoman en la Cordillera Cantábrica.

En un intento de retomar nuestra actividad montañera mi amigo Raúl y yo nos hemos venido a Valdorria para subir la Peña del mismo nombre que junto al Pico Correcillas es una de las montañas más visibles desde la capital leonesa. Hemos subido con el Fura hasta Valdorria, desde donde se adivina perfectamente la ascensión a la Peña. Lo primero que llama la atención a medida que vamos cogiendo altitud es el perfecto cuenco glaciar que aparece sobre el pueblo de Montuerto.

La cumbre se alcanza sin demasiadas complicaciones, no es necesario seguir ningún tipo de senda o vereda, solo se trata se buscar la forma más asequible para subir, pudiendo aprobechar alguna de las trepadas que ofrecen los riscos calizos.

Las vistas recompensan con creces el esfuerzo: El Valle de Valdeteja con el Pico Bodón, El Pico Correcillas, la Peña Las Pintas, las Montañas de Riaño, incluso asoma en el horizonte el Espiguete y Peña Santa .

lunes, 25 de marzo de 1996

La Arboleda del Río Canímar (Cuba).

El Río Canímar es uno de los ríos más caudalosos de Cuba, desde su desembocadura en la Bahía de Matanzas tiene 12 kilómetros navegables que ofrecen la posibilidad descubrir la naturaleza más exótica de Cuba y viajar en la historia al recorrer las aguas en las que corsarios y bucaneros desarrollaron el comercio del contrabando hasta que en 1720 las autoridades coloniales españolas construyeron un fortín al oeste de la desembocadura armado con cuatro grandes cañones. A lo largo del río se han localizado también numerosos asentamientos aborígenes, lo que le convierte en uno de los lugares arqueológicos más importantes de Cuba.

Cansados ya del excesivo bullicio de Varadero hemos contratado los servicios de un par de guías cubanos para que nos lleven a descubrir alguno de los lugares más recónditos e interesantes de los alrededores de Matanzas, quienes no dudaron en llevarnos a La Arboleda, un paraje al margen del Río Canímar accesible solo en bote desde el embarcadero de Matanzas y donde podríamos disfrutar de un sitio tranquilo rodeados de naturaleza salvaje y lejos del complejo turístico.

Se trata de un cañón con escarpas erosivas muy abruptas rodeado de bosque tropical en el que hemos podido distinguir mangles, laureles, palmas, cocoteros, guayabos... También hemos podido escuchar los catos típicos de la avifauna tropical además de disfrutar de la presencia de numerosos flamencos y garzas.

En La Arboleda hemos desembarcado para descansar un buen rato tumbados en confortables hamacas mientras esperábamos para degustar una excelente comida criolla que nos ofrecieron con un montón de frutas exóticas propias del lugar.

Mientras los demás se divertían con las diversas atracciones del lugar Marta y yo nos cogimos una canoa y nos fuimos a remar por el lugar para acercarnos hasta la otra orilla y ver más de cerca la exuberante vegetación ribereña.

Con esta excursión hemos terminado nuestro Viaje de Fin de Carrera a la isla de Cuba. Ha sido una semana que me hubiera gustado aprovechar más desde un punto de vista naturalista, pero he tenido que repartirme entre saciar mi ganas de aventura para descubrir la naturaleza más salvaje de estas latitudes y compartir con Marta y el resto de mis compañeros algunas de las visitas más turísticas de la isla, como la obligada visita a las ciudades de La Habana y Matanzas.

Además de los lugares que he visitado me llevo como recuerdos la grandísima amabilidad de los cubanos que a pesar de vivir en la pobreza más extrema se afanan en agradar a los turistas, el hambre que he pasado durante todos estos días en los que me he alimentado casi exclusivamente de plátanos, la variedad de coches y camiones clásicos clonados con piezas fabricadas por los propios cubanos.

domingo, 24 de marzo de 1996

Playa Sirena (Cayo Largo).

Cuando el Almirante Cristóbal Colón realizó su segundo viaje por las Américas en 1494 dejó constancia en sus escritos de su estancia durante doce días en una isla paradisíaca situada al sur de Cuba en el Mar Caribe, a la que bautizó como la "Isla San Juan Evangelista" (hoy "Isla de la Juventud"). Se estaba refiriendo al Archipiélago de los Canarreos, un conjunto de islas e islotes a lo largo de unos 150 km. sobre un mar poco profundo con playas vírgenes y arrecifes de coral. Durante los siglos posteriores estas islas estuvieron dominadas por corsarios y piratas, y fueron escenario de numerosos combates navales y naufragios hasta que pasaron al más completo olvido siendo visitadas en ocasiones por algunos pescadores. Con la llegada de la Revolución Cubana las islas salieron del olvido y aprovechando sus incalculables valores naturales han pasado a convertirse en unos de los referentes turísticos más importantes de Cuba.

Desde Varadero hemos sobrevolado Cuba en una vieja avioneta checoslovaca de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos "Aerotaxi" con dirección al Aeropuerto Internacional Vilo Acuña de Cayo Largo. Despegamos a las 8:00 del aeropuerto de Varadero y hemos llegado a Cayo Largo aproximadamente a las 9:15. Nada más salir de la avioneta lo primero que hemos notado es una bocanada de aire cálido propio del clima tropical que todavía no habíamos sentido en Varadero.

Sabemos que toda la isla está rodeada de playas paradisíacas, muchas de ellas vírgenes a las que casi no llegan los turistas, pero hemos ido directamente a la Playa Sirena, la más accesible desde el aeropuerto, porque sólo tenemos hasta las 16:00 para disfrutar de nuestra corta estancia en la isla.

En torno a las playas hay arrecifes coralinos plagados de gorgonias y peces coralinos, y en estas aguas es fácil encontrarse con tiburones, barracudas, rayas y tortugas marinas. También nos han hablado de la presencia de iguanas y pelícanos, pero no hemos visto nada de eso, lo único que hemos podido hacer ha sido zambullirnos directamente en las cálidas aguas del Mar Caribe.

Nos han hablado de la posibilidad de llevarnos a bucear por los arrecifes, pero el presupuesto de nuestro viaje a Cuba ya no dio para más. Una lástima, porque bucear por estas aguas hubiera sido una experiencia inolvidable.

sábado, 23 de marzo de 1996

Cueva Saturno (Cuba).

A unos 12 km. de Matanzas (Cuba) en dirección Varadero se encuentra una gruta a la que aflora un lago de aguas cristalinas conocida con el nombre de Cueva Saturno. Para llegar hasta ella hay que dirigirse al Aeropuerto de Varadero y coger un ramal que lleva a la costa, muy cerca del poblado de Carbonera. Allí se encuentra bien señalizado un centro turístico construido en las cercanías del fenómeno kárstico donde hay que pagar una pequeña cantidad para poder visitar la gruta.

Para acceder a la cueva hay que bajar por una amplia dolina de disolución en la que han construido una escalera de cemento que conduce directamente al lago.

Observamos abundantes estalagmitas y estalactitas. El lago tiene una profundidad de 18 metros pero sus aguas son de una transparencia tan increíble que permiten ver el fondo sin dificultad alguna. Muchas estalagmitas están sumergidas de forma parcial o total, lo que quiere decir que en tiempos pasados la cueva no estaba inundada.

El agua está fría, muy fría, pero en cuanto te pones las gafas y comienzas a bucear por su interior no puedes pensar en otra cosa que en la belleza que te rodea. Intenté llegar lo más profundo que pude pero la presión no me permitió bajar más allá de los cinco o seis metros. No obstante tuve la suerte de llegar hasta un punto donde había un pequeño trozo que se había desprendido de una estalagmita que no dudé en coger para llevármelo de recuerdo.

Muy cerca de la Cueva de Saturno se encuentra la Playa El Coral, que como su nombre indica es una de las más populares de Cuba por la práctica del buceo. Como el día anterior había habido mucho oleaje había en la playa un montón de fragmentos de coral, esponjas de varios tipos, gorgonias, medusas... Recogí varias muestras para mi colección particular. Fue una lástima no haber podido bucear por el estado de la mar.

De entre todas las especies que pude reconocer me llamó especialmente la atención ver en su estado natural a la "Fragata Portuguesa" (Physalia physalis), un hidrozoo del orden de los Sifonóforos con apariencia de medusa (no es una medusa), que al igual que la mayoría de los Cnidarios posee tentáculos urticantes cuya picadura es peligrosa y muy dolorosa.

viernes, 22 de marzo de 1996

Parque Nacional Ciénaga de Zapata (Cuba).

Colón alude en su diario de navegación al asombro que le causó la abundancia de saurios que detectara en su circunnavegación por la isla grande a la que bautizó con el nombre de "Juana". Pero la depredación que sufrieron en los siglos posteriores hizo que los cocodrilos fueran desapareciendo y los pocos ejemplares que se salvaron de la extinción acabaran refugiándose en una de las zonas más recónditas del litoral antillano, la Ciénaga de Zapata, al sur de la provincia de Matanzas, en la isla de Cuba. La mayor colonia la forman la especie Crocodylus rhombifer, de la que se conservan en el parque alrededor de diez mil ejemplares repartidos en diferentes corrales.

Después de estar durante tres días en Varadero buscando la posibilidad de alquilar un coche hoy hemos tenido suerte y hemos conseguido un Suzuki, aunque nos ha constado una pasta, sobretodo por la fianza, tuvimos que depositar entre todos casi el valor total del vehículo; no nos hemos fiado mucho, pero no teníamos otra alternativa. Al final nos hemos metido dentro como hemos podido yo, Marta, Nieves, Elena, Carmen y Carolina, y hemos puesto rumbo al sur de la isla: Queremos visitar la Bahia de Cochinos, la Ciénaga de Zapata, la Laguna del Tesoro y la aldea taína de Guamá.

Por fin salimos del círculo turístico de Varadero y nos adentramos en la Cuba profunda, en la realidad de un país asolado por la miseria y la pobreza. El embargo económico impuesto recientemente por Estados Unidos está causando estragos en un país ya de por sí limitado de recursos. No hay tiendas, no hay supermercados, no hay panaderías, no sabemos dónde comprar algo de comida, no hay leche, huevos, patatas...

Cuando llegamos a Juaguey Grande el Suzuki nos dejó tirados. Lo primero que pensamos fue que nos habían engañado y que se habían quedado con todo nuestro dinero, pero las gentes del pueblo fueron muy amables y nos pusieron en contacto telefónico con la agencia quienes se presentaron en pocas horas con un coche de substitución.

Continuamos nuestra excursión dirigiéndonos a Playa Larga y Playa Girón, en la Bahía de Cochinos. De pronto empezamos a ver esparcidos por la carretera miles de cangrejos aplastados; nos bajamos del coche para verlos de cerca pero el hedor a marisco putrefacto era nauseabundo. Se trata de las especies Gecarcinus ruricola y Gecarcinus lateralis, que en la época de lluvias entre abril y junio entran en su etapa reproductiva y cruzan la carretera por centenares siendo totalmente imposible transitar sin aplastar a cientos de ellos. Jamás había visto cosa igual, no entiendo cómo siendo un Parque Nacional no se ha tomado algún tipo de medidas para proteger a estas especies.


En Playa Girón paramos para descansar y contemplar la famosa Bahía de Cochinos. No pudimos ver nada que nos recordara al escenario de la fracasada invasión de 1961 en la que tropas mercenarias anticastristas financiadas y dirigidas por la CIA intentaron invadir Cuba por la Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro. Yo me puse las gafas de buceo y aproveché el momento para lanzarme a las cálidas aguas de la Bahia y disfrutar de la diversidad biológica que ofrece el buceo por esta zona: Gorgonias, corales, esponjas...

Secluded Bay, Playa Giron, Playa Girón, Cuba
Lo siguiente era visitar uno de los corrales de cría del cocodrilo cubano, para lo cual nos dirigimos al complejo turístico de Guamá. Se trata del mayor criadero de cocodrilos de Cuba; primeramente te dan una breve explicación sobre estos animales que en edad adulta pueden superar los cinco metros de longitud; luego vas paseando por las diferentes ciénagas donde puedes verlos de cerca, casi tocarlos, incluso te ponen alguna cría en el brazo para que puedas cogerlo y hacerte una foto, algo a lo que yo renuncié, no soporto estas cosas típicas de los turistas. También te hacen una demostración de cómo cazarlos con lazo, y puedes ver cómo devoran la comida que les echan los criadores.



Junto al criadero hay un embarcadero donde pudimos alquilar un recorrido en lancha motora por la Laguna del Tesoro. Su denominación tiene un origen legendario, al parecer fue aquí donde los indígenas escondieron sus riquezas tras la llegada de los europeos. Pero el mejor tesoro de la laguna es un complejo de doce pequeñas islas que reproducen con fidelidad lo que pudo ser una aldea taína, con viviendas de madera y una treintena de imágenes pétreas de aborígenes en las labores propias de su forma de vida, realizadas por la escultora cubana Rita Longa.





Allí fue donde pude ver por fin el Zunzuncito, el colibrí cubano (Mellisuga helenae), el ave más pequeña del mundo. Me quedé fascinado al verlo, irrumpió cuando menos esperaba como una joya en el aire, un destello de perfección, en un instante dejé de respirar para no asustar al diminuto animalillo y disfrutar de su aleteo vertiginoso.