sábado, 18 de julio de 1992

Ascensión al Pico Cotalba (2.026 m.).

Germán Quintana, que pertenecía a un grupo de alumnos y profesores del Colegio Loyola, realizaba una ruta a pie por los Picos de Europa entre los Lagos y Ordiales. Los indicios apuntaban a que en algún punto decidió pararse un rato a descansar. A los miembros de los equipos de rescate les llegaban informaciones contradictorias que complicaron aún más una de las búsquedas más largas que se han producido en Asturias; fue un despliegue sin precedentes.


Las principales hipótesis sobre lo que le ocurrió aquel día a Germán Quintana, del que nunca más se supo, se bifurcan en dos direcciones: Buenos conocedores de los Picos sospechan que el niño intentó alcanzar de nuevo a su grupo y se perdió tomando un camino equivocado hacia el peligroso barranco del río Junjumia, un despeñadero imposible, infranqueable y sin salida, ubicado en las inmediaciones del refugio de Vegarredonda y que, tras un descenso salvaje entre paredes verticales desemboca en el río Dobra, escenario ya de varias muertes. Otros expertos montañeros se inclinan por que el joven hubiera podido extraviarse en Ordiales y desaparecer por alguna de las simas. Se da la circunstancia de que hasta dos horas más tarde, sus compañeros no se dieron cuenta de que faltaba.



El
7 de Junio de 1987, durante el operativo de búsqueda y 51 días después de su desaparición, se produjo un accidente de helicóptero de la Policía Autónoma Vasca en la Vega de Enol donde perdieron la vida los siete integrantes: Los dos pilotos, los cuatro guías del grupo de salvamento y el responsable de la Protección Civil de Asturias.



Esta foto tomada desde la Vega de Enol, en los Lagos de Covadonga, muestra el Macizo Occidental de los Picos de Europa; la montaña que se ve más hacia la derecha es el Pico Cotalba (2.026 m.), nuestro objetivo. Pasaremos noche en el Refugio de Vegarredonda para salir temprano hacia el Mirador de Ordiales y realizar la ascensión del Pico Cotalba. Además de mi hermana Laura y Carlos De Vega, Ricardo se une para acompañarnos en la ascensión. Con todo el equipamiento necesario partimos temprano hacia Vegarredonda.


Esta ruta nos hace recordar en todo momento la extraña desaparición del niño que realizaba una excursión al Mirador de Ordiales con su colegio, hace ahora cinco años. Al principio pensábamos que era muy raro que alguien desapareciera así, sin dejar rastro, sobre todo teniendo en cuenta que peinaron la zona durante 51 días sin encontrar nada, pero a medida que alcazábamos mayor altitud y desaparecía la vegetación nos dimos cuenta que la roca estaba plagada de lapiaces y simas. Pudo meterse por alguna de aquellas simas para explorar o para resguardarse.

A media tarde llegamos al Refugio de Vegarredonda, situado a 1.460 m. de altitud. El refugio sirve de base para las ascensiones al Pico Cotalba, al Requexón, a la Torre de Santa María de Enol o a Torre Santa. Todavía se encuentra en pie el refugio original, un poco más arriba que el actual. Se trata de un refugio muy confortable, amplio y con servicios.

Al anochecer sacamos nuestra cena al exterior para disfrutar de las magníficas vistas del ocaso, momento que aproveché para lanzar esta foto con la cámara reflex de mi hermana. Estábamos rodeados de un espeso mar de nubes.

Al día siguiente partimos temprano hacia el Mirador de Ordiales. Dejamos las mochilas en el refugio, solo llevamos lo imprescindible para la ascensión, de modo que fuimos muy ligeros. Pero el tiempo no estaba acompañando, la niebla había subido durante la noche y no veíamos nada; sólo podíamos guiarnos a base de seguir la senda y los hitos.

El Mirador de Ordiales es un balcón que asoma directamente al Valle de Angón y desde sus 1.691m. de altitud ofrece unas magníficas vistas de toda la Cordal de Ponga. Pero este mirador es más conocido por estar aquí enterrado desde 1.949 Pedro Pidal, el Marqués de Villaviciosa, la primera persona que coronó el Naranjo de Bulnes junto a Gregorio Pérez "El Cainejo". Fue además el impulsor del actual Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.

Lástima que en cuanto llegamos al Mirador no pudimos disfrutar de las vistas por estar todo cubierto por la niebla. Allí nos encontramos con un excursionista solitario muy extraño que se acercaba a nosotros amenazante y se pegaba a nuestra cara cada vez que hablábamos. Al principio asustaba pero pronto nos dimos cuenta que su actitud se debía a que estaba sordo y necesitaba acercarse mucho para poder escuchar. Al final resultó ser un buen conocedor de la zona y nos indicó la ruta que debíamos seguir para realizar la ascensión al Pico Cotalba.

La ascensión no resultó ser muy complicada, salvo por la niebla que de vez en cuando se metía de lleno y no nos permitía distiguir la cumbre. Finalmente llegamos más o menos a las 12 de la mañana y permanecimos en la cumbre una media hora esperando que las nubes nos dejaran disparar alguna foto. De vez en cuando chispeaba alguna gota de agua y Ricardo sacó su chubasquero amarillo; parecía el "Capitán Pescanoba".


miércoles, 15 de julio de 1992

Travesía Macizo Central de los Picos de Europa.

Los Picos de Europa constituyen una unidad montañosa que se desprende de la Cordillera Cantábrica hacia el norte acercándose a unos 20 kilómetros del Mar Cantábrico. Favorecido por la naturaleza de la roca calcárea y las abundantes precipitaciones se ha originado un importante Karst que ha dado lugar a la formación de numerosos hoyos ("Jous"), simas y profundas gargantas.

De los tres macizos que conforman la unidad montañosa es el Macizo Central, también conocido como el Macizo de los Urrieles, el más extenso y agreste, donde se encuentran las mayores altitudes y las simas más profundas.

Alberto, Tato y yo nos hemos planteado un reto para este año, al igual que hizimos el año pasado cuando fuimos a pedal desde León hasta los Picos de Europa. Nos hemos puesto delante del mapa del Macizo Central de los Picos de Europa y hemos trazado un recorrido para atravesarlo de sur a norte: Partiremos de Cordiñanes, subiremos a Collado Jermoso, cruzaremos la Vega de Liordes, bajaremos los Tornos de Liordes, subiremos el teleférico de Fuente De, ascenderemos el Pico Tesorero, cruzaremos los Horcados Rojos, cruzaremos el Jou sin Tierra, pasaremos por la Vega de Uriellu, tocaremos el Naranjo de Bulnes, y bajaremos hacia El Cares por Bulnes y Poncebos.

Nos llevamos la tienda de campaña y comida abundante para los cinco días a base de latas de conservas, embutido envuelto en una tela, pan, leche, galletas, leche condensada y alguna lata de Isostar.

Partimos el sábado 11 de julio desde Cordiñanes. Es la segunda vez que subo a Collado Jermoso y recuerdo la ruta perfectamente: La Rienda de Asotín, el Hayedo y la Vega de Asotín, la Canal Honda (y su atajo para evitarla por el Argayo Berón) y el Argayo Congosto. Recuerdo también a la Aguja Señora del Tío Toribio, perfectamente visible desde el Argayo Congosto.

Poco antes de entrar en el Argayo Congosto nos encontramos con una pareja de alemanes que andaban totalmente desorientados. No entendían ni "J" en castellano, de modo que nos comunicamos como pudimos con el inglés. No tenían ni idea de por dónde se subía al refugio, estaban a punto de meterse por un desvío hacia la Canal de Asotín que conducía directamente a un cortado sin salida. Les dijimos que nos acompañaran y treparon el Argayo Congosto detrás de nosotros. El tipo se parecía mogollón al actor Rutger Hauer, el de Blade Runner.

En esta ocasión no pernoctamos en el refugio, como nos llevamos la tienda de campaña con su material repartido entre las tres mochilas montamos campamento en las proximidades del refugio. En lo alto de la Torre Jermosa había decidido montar su tienda un obsesivo de la fotografía que perseguía una instantánea de un rebeco con Torre Santa al fondo. Se había traído a su hijo pequeño y le dijimos que aquel no era un buen lugar para montar la tienda porque durante la noche se levantaban vientos huracanados. No nos hizo caso. A las tres de la mañana le vimos desmontar su tienda y meterse en el refugio... hacía un viento endiablado.

Me cautivó la belleza de la Torre de Friero con su impresionante corredor norte. Al día siguiente partimos temprano rumbo a la Vega de Liordes por Las Colladinas. La imagen de la Torre Jermosa con Torre Santa al fondo es digna de las mejores postales de los Picos de Europa.

Llegamos a la Vega de Liordes más o menos a la hora de comer. Teníamos la vega entera para nosotros solos; el año pasado la habíamos visto desde el Collado Remoña y no nos imaginábamos que era tan grande. Sacamos nuestras viandas de las mochilas y nos pusimos a comer. Acto seguido nos entraron ganas de cagar y cada uno nos buscamos el mejor retrete rocoso disponible.

Echamos un último vistazo al Valle de Valdeón y a la Torre Santa y emprendimos el descenso por los vertiginosos Tornos de Liordes mientras escuchábamos en la radio portátil de Tato el desarrollo de la etapa del Tour de Francia.


Llegamos a Fuente De a última hora de la tarde y fuimos directamente al Camping para contratar una parcela para acampar esa noche. Después de lavarnos nos sentamos en una de las mesas del bar donde nos encontramos con Rutger Hauer y su chica. No sabíamos que habían hecho la misma ruta que nosotros, habían salido más temprano, por eso no coincidimos. Estuvimos charlando con ellos un buen rato poniendo en práctica nuestras dotes con el inglés.


El día siguiente amaneció con el cielo totalmente encampotado, pero pronto nos dimos cuenta que eran nubes bajas y el personal del teleférico nos confirmó que arriba estaba despejado. Fue un momento espectacular cuando la cabina del teleférico cruzo las nubes y aparecimos por encima del mar de nubes con un sol radiante.

Comenzamos a caminar en dirección a la Cabaña Verónica, que se la ve perfectamente a los pies del Pico Tesorero. Poco después de pasar por La Vueltona nos encontramos con que la senda estaba cubierta por un gran nevero. Cruzar un nevero en pleno verano fue toda una novedad para mí, nunca lo había experimentado.


Pero lo que más deseaba en aquel momento era llegar a Horcados Rojos para disfrutar de las vistas del Naranjo de Bulnes, con la Sierra de Cuera y el Mar Cantábrico de fondo. Antes pasamos por la Cabaña Verónica, una cabina en forma de iglú extraída de un portaaviones que sirve de refugio para 8 únicas plazas.


En el mirador de los Horcados Rojos estuvimos comiendo antes de enfrentarnos a la ascensión del Pico Tesorero, que con sus 2.570 m. de altitud se convierte en la primera de mis grandes ascensiones, nunca antes había estado en un punto geográfico tan elevado. Concurren en su cumbre los límites provinciales de León, Asturias y Cantabria; estábamos en "Tierra de Nadie". Saludamos de nuevo desde la cumbre a la Torre Santa.


También ha sido la primera vez que he experimentado la sensación de vacío cuando hemos bajado hacia el Jou de los Boches por el cable de acero que está amarrado a la roca. Un mal paso durante aquel descenso y no lo cuentas, y como te pille una tormenta mientras bajas agarrado al cable date por muerto, no sería la primera vez.

Mientras cruzamos el Jou de los Boches hacia el Jou sin Tierra paramos para deslizarnos con las esterillas por alguno de los neveros. Estábamos sedientos, hacía mucho calor, así que nos prometimos bebernos una botella de vino en el refugio del Naranjo de Bulnes.

En cuanto llegamos al refugio preguntamos por el guarda para reservar nuestra plaza. Nos dijeron: "Es aquél"... "Hola, ¿eres el guarda del refugio?" "Puede..." nos contesta. Debía tener una crisis de identidad, el muy gilipollas. En fin, nos asignó nuestra plaza y nos explicó las normas. Al menos nos permitió cenar dentro del refugio, nos sentamos en una de las mesas y sacamos nuestras viandas. Cuando vimos a los de al lado sacar su hornillo y calentarse unos espaguetis se nos cayó la baba... y nosotros ahí, con nuestro trozo de jamón, lomo y chorizo... "Tenemos que hacernos con un hornillo", meditamos.


El día siguiente continuamos nuestro camino en dirección hacia Pandébano, desde donde lanzamos las fotos con la estampa clásica del Naranjo de Bulnes. Nos llamó la atención un ganadero que intentaba meter a las vacas en los graneros, al parecer había una que se le estaba resistiendo y no paraba de gritar: "¡Aposenta, aposenta!"

De Pandébano bajamos hasta Bulnes, y de Bulnes a Poncebos por la Canal del Tejo. Llegamos reventados, pero nos quedaba por delante toda la Ruta del Cares. De vez en cuando paramos para meter los pies en las gélidas aguas del canal. Llegamos a Caín cuando comenzaba a caer la noche, pero estábamos tan cansados que no teníamos ganas de montar la tienda, así que nos metimos en el pórtico de la Iglesia y allí tiramos los sacos para dormir bajo la mirada atónita de los cainejos que pasaban por allí.


Ha sido una aventura memorable; regresamos a León con la sensación de que se nos ha hecho demasiado corta. No obstante, ya tenemos anotado que para el próximo año vamos a hacer la Travesía por el Macizo Occidental.

domingo, 28 de junio de 1992

Canal de Capozo y La Pedriza Carbanal.

Desde Posada de Valdeón y siguiendo el curso del Río Cares el valle se cierra hasta la Garganta que conduce al último pueblo de León, Caín, punto de partida de la Senda del Cares. Pero antes se extiende en el Monte Corona el bosque mixto mejor conservado de la Península Ibérica, un bosque en el que conviven hayas, robles, arces, avellanos, tilos, fresnos, nogales, abedules...

En la vertiente del Monte Corona que asciende hacia el Macizo Occidental de los Picos de Europa discurre un sendero que conduce a la Vega Huerta a través de la Canal de Capozo. Vega Huerta es la base para las ascensiones a Torre Santa, la cumbre más elevada del Macizo Occidental.

La ruta de ascensión a la Vega Huerta por la Canal de Capozo ofrece un montón de atractivos, como el atravesar los bosques del Monte Corona, contemplar el nacimiento del Arroyo de La Farfada directamente desde las entrañas del murallón rocoso, contemplar desde lo alto la frondosidad del bosque de Corona, adentrarse hacia lo profundo de la angosta Canal de Capozo a los pies de las paredes del Cueto Agudos, ascender por los pastos de la Pedriza Carbanal y descubrir la colosal estampa de la Peña Santa a medida que nos vamos acercando a Vega Huerta.


El año pasado descubrí solo algunas de las maravillas naturales de los Picos de Europa: El Naranjo de Bulnes, Collado Jermoso, el bosque de Vegabaño... Pero sé que estos paisajes esconden otras muchas sorpresas, así que me he propuesto para este año 1992 un montón de rutas y aventuras para descubrir en profundidad este increíble paraje natural tan cercano a casa.

Al principio del año, el 3 de enero, fuimos a Posada de Valdeón Carlos, Ricardo y mis hermanos Luis y Laura para pasar un fin de semana rural que aprovechamos para conocer la aldea de Caín de Arriba, el Monte Corona y La Farfada. Nos enteramos entonces de que el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga convocaba plazas para trabajar durante el verano.

Nos presentamos a la convocatoria de selección del Parque Laura, Ricardo, Carlos y yo, a parte de un montón de gente residente en el valle y en los alrededores. Dábamos por hecho que el Parque iba a contratar a gente del Valle de Valdeón, pero aun así no perdimos la esperanza y nos presentamos dispuestos a superar la prueba. Las preguntas no eran muy difíciles, pero había alguna bastante compleja porque utilizaba la toponimia propia del lugar de la cual todavía no éramos muy conocedores. A pesar de todo, Laura hizo un gran examen y superó la prueba, fue seleccionada junto a otra chica residente del Valle. Así que trabajará durante el verano en el Parque Nacional: ¡Qué suerte! y ¡qué envidia! Pero lo bueno para mí es que podré visitarla y hacer un montón de rutas por el Valle de Valdeón.

Para este fin de semana, último del mes de junio, nos hemos propuesto alcanzar la base de Torre Santa subiendo por la Canal de Capozo y encontrar esa misteriosa Cueva del Agua de la que nos han hablado las gentes del valle. Sabemos que se haya escondida en algún lugar de la canal y que es el único punto donde podremos abastecernos de agua una vez superada la Farfada.



Partimos del Mirador del Tombo, a unos 800 m. de altitud en las proximidades de Cordiñanes, desde donde se inicia la senda. Sabemos que tenemos que descartar cualquier bifurcación que gire hacia la derecha.

Después de caminar durante unos 30 minutos, nos adentramos en el bosque de Corona en su parte más elevada y próxima al murallón rocoso. Pronto comenzamos a escuchar las aguas torrenciales de La Farfada, que es precisamente ahora en la primavera cuando bajan con mayor caudal por el deshielo. Nos han contado que en este lugar encontraron este invierno el cadáver de un montañero que se había despeñado desde la Canal Tras La Envernosa.


La senda cruza La Farfada a través de un puentecillo de madera y se adentra en las profundidades del bosque a medida que nos aproximamos a la base de la Canal de Capozo. Hay que pasar por varios argayos y un sedo bastante imponente que ofrece unas vistas espectaculares del todo el Valle de Corona.

Una vez superado el sedo comienza la ascensión más pronunciada por la canal mientras van desapareciendo las hayas del bosque por la altitud, más o menos a unos 1.400 m. De vez en cuando miramos hacia el cielo porque se están agrupando demasiadas nubes, pero de pronto nos topamos con los restos de un corzo aparentemente devorado por una manada de lobos.



A medida que vamos avanzando van mejorando las vistas del Macizo Central, tenemos justo en frente el Collado Jermoso y la Canal de Asotín. Pero el cielo se está oscureciendo cada vez más y todavía no hemos encontrado la Cueva del Agua.

Sabemos que en algún punto en torno a los 1.530 m. de altitud tenemos que apartarnos de la senda hacia la izquierda y buscar una oquedad en el terreno. No se ve a simple vista, hay que apartarse y buscar hasta toparse con ella, es la Cueva del Agua; en su interior hay un manantial de aguas frías y cristalinas, un sitio perfecto para descansar, comer y refugiarse de la posible tormenta que se avecina.

Salimos y seguimos caminando, y pronto me llama poderosamente la atención la extraña forma del murallón rocoso que se distingue hacia arriba, es como si la roca hubiese sido horadada por un glaciar. Es el final de la Canal de Capozo abriéndose paso hacia la Pedriza Carbanal, desde donde podemos distinguir ya la característica silueta de la Peña Santa.


El agotamiento y la amenaza constante de tormenta nos obliga a darnos la vuelta con el tiempo justo para regresar. Nos habíamos planteado la posibilidad de alcanzar los Puertos de Cuba para descender por el Hoyo Verde hacia la Canal de Mesones directamente a Caín, pero ni de lejos, comienza a tronar y a chispear de vez en cuando. Mientras bajábamos a toda prisa por la canal escuchando los truenos me acordaba de mi primo Nani, que murió a causa de un rayo que le cayó precisamente cuando estaba en la cumbre de Peña Santa. Siempre hay que tenerle respeto a las tormentas en los Picos de Europa, así que nos refugiamos en la Cueva del Agua hasta que las fuerzas de la naturaleza se tranquilizaron.

sábado, 2 de noviembre de 1991

Aproximación al Pico Jario (1.913 m.) desde Vegabaño.

El Valle de Sajambre es un auténtico jardín botánico representativo del Bosque Atlántico y situado en el entorno de la vertiente leonesa de los Picos de Europa. Oseja de Sajambre es la capital del municipio, pero de sus cinco pueblos Soto de Sajambre es el más especial, caracterizado sobre todo por su perfecta sintonía con el entorno forestal.

Escondido entre la abrumadora naturaleza que lo rodea, Soto de Sajambre es considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. Desde aquí parten numerosas rutas de entre las que destaca la Senda del Arcediano y la subida a la Majada de Vegabaño, donde se encuentra el refugio del mismo nombre que sirve de base para las ascensiones a las principales cumbres del Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Una de las rutas que parten desde el mismo refugio de Vegabaño es la ascensión al Pico Jario (1.913 m.), que ofrece una panorámica excepcional de los Picos de Europa.

Desde que subimos a Collado Jermoso nos han entrado ganas de regresar a los Picos de Europa para seguir descubriendo sus maravillas. Hemos oído hablar mucho de Vegabaño, sobre todo por la frondosidad de sus bosques, que precisamente ahora en pleno otoño presenta colores de los más variados.

Tenemos intención de subir a la Majada de Vegabaño con el Suzuki de Carlos, y desde allí aproximarnos al refugio desde donde parte la ascensión al Pico Jario.



El único problema es que el tiempo no acompaña, si bien es propio de esta época, pero nos hubiera gustado que no lloviera tanto. Hemos subido con el Suzuki por la pista forestal que parte de Oseja de Sajambre; al principio la pista estaba en buen estado, pero a medida que íbamos subiendo los surcos eran tan grandes y profundos que patinamos en cada una de las cuervas de la pista.


Llueve a cántaros, pero con los chubasqueros bien ajustados emprendimos camino hacia el refugio de Vegabaño, que está muy cerca de donde hemos dejado el Suzuki, a unos 15 minutos caminando. Visitamos el refugio y sus instalaciones y rápidamente nos pusimos en marcha para subir al Jario.


La ruta está muy poco marcada, no logramos divisar ningún hito y de vez en cuando la niebla nos quita toda la visibilidad. Pero de cuando en cuando la lluvia nos da un respiro y podemos ver algo del paisaje que nos rodea. Sobre todo nos llama la atención la diversidad de colores del bosque, amarillo, naranja, rojizos, ocres... Lástima que los Picos estén cubiertos por las nubes.

A medida que vamos cogiendo altura llegamos a divisar el Macizo Central asomando detrás de Dobres; logramos distinguir entre las densas nubes el Collado Jermoso, el Llambrión nevado y el grupo de la Torre de Friero.


Al final no hemos llegado a la cumbre, nos hemos quedado a unos cien metros por debajo, pero la realidad es que estamos empapados, tenemos frío y estamos muy cansados. Hemos decidido darmos la vuelta y descender con la intención de darnos una vuelta por Vegabaño.



domingo, 6 de octubre de 1991

Collado Jermoso (por el Argayo Congosto).

El Refugio Diego Mella fue construido en 1942 en un lugar privilegiado de los Picos de Europa para servir como base a las ascensiones del Llambrión, La Palanca y la Torre del Peñalba. Su construcción fue ideada por Diego Mella, pero fue el arquitecto Julián Delgado Úbeda, presidente de la Federación Española de Montañismo, quien la llevó a buen término. Es el refugio más antiguo de los Picos de Europa y está situado en el Collado Jermoso a 2.064 m. de altitud, en la base del Grupo del Llambrión.

Cuando subí al Collado Remoña con Alberto y Tato el mes pasado nos encontramos con un guarda que nos dejó ver con sus prismáticos la ubicación exacta del Refugio de Collado Jermoso. Pensé entonces que mi próxima ruta por los Picos de Europa serviría para llegar hasta el mismo refugio.

Recientemente me he comprado una Guía de los Picos de Europa y un mapa de rutas por el Macizo Central. En la guía figura la ruta de ascensión al Collado Jermoso por la Canal de Asotín como una de las rutas más duras de los Picos, con un desnivel de más de 1.200 m. pero a su vez la destaca como una de las rutas de mayor belleza de los Picos. Me muero de ganas de subir y no estoy dispuesto a esperar hasta el próximo verano, así que pongo toda la maquinaria en marcha para subir al Collado Jermoso el fin de semana del 5 y 6 de octubre, justo antes de que cierren el refugio para el invierno.

Mi hermana Laura se apuntó de primeras a la aventura y no nos costó mucho convencer a nuestro amigo Carlos De Vega para que se viniera con nosotros. Nos organizamos los tres para salir el sábado temprano con el Suzuki de Carlos.

Fuimos directamente a Cordiñanes. Aparcamos el Suzuki al lado del abrevadero que hay a la entrada del pueblo; llenamos las cantimploras y nos preparamos las mochilas para comenzar con la ascensión. Le preguntamos a una vecina del pueblo por dónde se coge la senda que sube hacia la Rienda de Asotín y la buena señora nos acompañó durante un buen trecho para indicarnos el camino correcto. Evarista era su nombre, y nos habló de sus años jóvenes en los que subía el ganado por la Canal de Asotín.

La Rienda de Asotín es el primero de los pasos delicados de la ruta, un sedo excavado a pico en la misma pared de la montaña, con una caída de más de cien metros. Tras pasar por el sedo, la ruta se abre paso hacia la Canal de Asotín a través del Hayedo de Asotín, un espeso hayedo situado a 1.400 m. de altitud.


De momento la ruta está bien marcada y son numerosos los hitos que nos indican el buen camino. El hayedo es precioso, enclavado ahí entre dos grandes montañas y ofreciendo unas vistas magníficas del Macizo Occidental. En una de las paradas improvisadas para descansar intento hacerme un palo con una vara de haya.

Tras pasar por el hayedo la ruta se abre paso en la Vega de Asotín, la base para las ascensiones a la Torre de Friero por su gran Corredor Norte. De frente sube la senda por la Canal de Asotín directamente a la Vega de Liordes, pero nosotros debemos dirigirnos hacia la izquierda para pasar por la Canal Honda. Nos habían hablado de la posibilidad de evitar la Canal Honda durante la subida por lo incómodo de subir pisando piedras tan inestables, así que optamos por subir por la alternativa recomendada que parece bien marcada por los hitos.

Aquí es donde la pendiente comienza a notarse de verdad y el cuerpo empieza a acusar el esfuerzo de la subida. Pero el paisaje es verdaderamente impresionante. Estamos justo debajo de la Torre Jermosa, a punto de entrar en el llamado Argayo Congosto, donde vierten las aguas que proceden del nevero del Llambrión.

Por el Argayo Congosto hay que agarrarse con las manos con bastante frecuencia para asegurar bien los pasos, pero en ningun momento se expone demasiado al vacío. El paisaje es sobrecogedor; nos parece espectacular el enorme corredor norte del Friero. En los últimos pasos el terreno es todavía más pendiente e inestable y la niebla no nos deja divisar el horizonte, pero el refugio ya está muy cerca, lo sabemos porque se escucha el agua que cae de la fuente del Llambrión.



Llegamos al refugio más o menos a las siete de la tarde. Lo primero que hizimos fue visitar las instalaciones del refugio y consultar con el guarda las normas y condiciones de nuestra pernocta. Acto seguido nos acercamos hasta la fuente para asearnos y cambiarnos de ropa, y nos dimos una vuelta por los alrededores para contemplar el paisaje, aunque la niebla era tan abundante que no nos permitió disfrutar del mar de nubes tan característico de esta zona.

Cenamos en el comedor del refugio en compañía de los otros excursionistas y nos fuimos pronto a dormir. Fuera se nota mucho viento y frío, mucho frío, de hecho el guarda ha pronosticado que por la mañana amanecerá con una fina capa de nieve cubriendo las cumbres más altas.

De madrugada nos despertó un rebeco que encontró la puerta arrimada del refugio, entró y se dio una vuelta por el comedor. Pero hace tanto frío fuera que no nos apetece nada salir del calor de nuestros sacos. Finalmente a las nueve de la mañana nos levantamos para vestirnos y desayunar; mis pantalones, que pasaron la noche fuera tendidos, estaban tan tiesos que apenas se podían doblar...

El cielo está cubierto de nubes y amenaza con ponerse a llover o a nevar de un momento a otro. Así que tan pronto como terminamos de desayunar, pagamos al guarda, preparamos las mochilas e iniciamos el descenso por el Argayo Congosto.

Al principio bajamos un poco acojonados por la pendiente y el terreno mojado, prácticamente helado, pero pronto llegamos al pedrero de la Canal Honda y a la Vega de Asotín.

Probablemente esta sea la última ruta que haga por los Picos de Europa este año, pero ya estoy pensando en la próxima temporada para llevar a cabo un montón de rutas. Y entre mis proyectos no descarto la posibilidad de apuntarme para trabajar en el Parque Nacional.

lunes, 23 de septiembre de 1991

Ruta ciclista a los Picos de Europa.

Esta aventura tiene un antecedente histórico que se remonta al 1 de julio de 1954. Tres muchachos de Astorga que rondaban los veinte años de edad se embarcaron el una aventura que no olvidarían durante el resto de sus vidas. Julio, Lorenzo y Tancio cogieron sus bicicletas, prepararon sus macutos y se fueron pedaleando desde Astorga a Asturias atravesando la Cordillera Cantábrica por el puerto del Pontón.





Julio era mi padre, y tan pronto como me compró mi primera bicicleta, me relató aquella aventura con todo detalle:


El primer día recorrieron 110 km. entre Astorga y Cistierna. Recuerdan que por aquella época circulaban tan pocos coches que era todo un acontecimiento ver a tres chicos con sus bicicletas pasando por cada uno de los pueblos. En Cistierna buscaron alojamiento barato y les recomendaron la casa de una señora del pueblo que disponía de camas para los forasteros. Al ver que aquella señora tenía dos hijas muy guapas decidideron quedarse a dormir aunque fuera directamente en el suelo del pasillo... Por la noche Julio y Lorenzo no desaprovecharon la oportunidad de salir al baile del pueblo acompañando a aquellas dos señoritas tan monas, mientras Tancio se quedaba sólo en la habitación escribiendo a su novia de Astorga.

Al día siguiente aquella hospedera tan generosa les llenó los termos de un riquísimo ponche y partieron hacia el Pontón. Pasaron por Crémenes, Riaño, Vegacerneja, el Puerto del Pontón, Oseja de Sajambre... estaban realmente impresionados al ver aquellas Montañas de las que no estaban acostumbrados. Comieron en el cruce con Soto de Sajambre y continuaron bajando hasta que llegaron a media tarde al pueblo de Caño. Hacía tanto calor que Julio no pudo evitar la tentación de lanzarse a las frías aguas del río Sella, hasta que un guarda del coto de pesca lo sacó de allí a gritos. Se trataba de un coto privado donde solía ir a Pescar el "Generalísimo Franco"; incluso les llevó a su casa para enseñarles las fotos que conservaba de Franco pescando en aquellas aguas.

Bajaron a dormir a una hospedería de Cangas de Onís y allí se quedaron durante todo el día siguiente haciendo turismo. A la mañana siguiente subieron a Covadonga y pasaron otro día entero recorriendo los atractivos turísticos de la zona. Tancio se olvidó sus gafas en la Basílica y tuvieron que regresar de nuevo a Covadonga desde Cangas, antes de partir hacia Gijón, su siguiente destino. Habían enviado una maleta desde Astorga a Gijón con ropa limpia y elegante para poder disfrutar de sus días de vacaciones en la costa.


En Gijón permanecieron seis días hasta que regresaron a León subiendo por el Puerto de Pajares. Pero al llegar a Puente de los Fierros estaban tan reventados que aprovecharon que pasaba un tren para subirse y evitar tener que pedalear el Pajares, todo un "rompepiernas". En Busdongo se bajaron del tren y continuaron pedaleando hasta llegar a Astorga.

Por primera vez en muchos años estoy disfrutando de un verano dedicado plenamente para mí, sin tener que preocuparme de los estudios y disfrutando de todo el tiempo del mundo para mi ocio y tiempo libre.



En junio aprobé la Selectividad con una nota aceptable de 5,78 (5,80 con la revisión posterior); el 2 de julio realicé la Preinscripción en la Universidad de León solicitando plaza para la Facultad de Veterinaria, pero el 23 de julio me notificaron que mi nota de la Selectividad era insuficiente para que me admitiesen en Veterinaria, de modo que me confirmaron plaza en la Facultad de Biología, que era mi segunda opción.


He pasado todo el mes de agosto en Llanes y, entre otras cosas he re-descubierto los Picos de Europa recorriendo aquellos parajes con mi bicicleta. A mediados de agosto tuve que regresar a León porque me habían declarado "Util para el Servicio Militar" (se me había olvidado solicitar el último aplazamiento...). Así que no tuve más remedio que hacerme "Objetor de Conciencia" y aproveché para visitar a mis amigos Alberto y Tato con el objeto de convencerles para que se vinieran conmigo a los Picos de Europa antes de que iniciemos los estudios universitarios.


Alberto y yo hemos salido juntos en numerosas ocasiones con las bicis por los alrededores de León, de modo que me vino a la cabeza aquella aventura de mi padre con sus amigos hace 37 años y les convencí a los dos para que hiciéramos algo parecido. Además, los tres tenemos la misma edad que ellos cuando lo hicieron. Sería una bonita forma de despedir este verano tan especial y de homenajear de alguna manera aquella aventura de mi padre.


Planificamos entonces irnos en bici a los Picos de Europa el 19 de septiembre, quedarnos unos días por allí, hacer alguna ruta turística y regresar de nuevo con las bicis el día 23. Unos días antes, le dimos a nuestro amigo Juan de Crémenes la tienda de campaña para que pudiéramos cogerla cuando pasemos por su pueblo, ahorrándonos así peso considerable durante al menos los primeros 75 kilómetros.


El miércoles 18 de septiembre por la tarde nos reunimos los tres para supervisar nuestros macutos y repasar la planificación de nuestro viaje; teníamos que organizar espacio suficiente para llevar la ropa necesaria, víveres en abundancia para todos los días y dejar espacio para repartirnos el material de acampada. Llevamos pan, chorizo, jamón, lomo, queso, galletas, leche condensada, huesitos, latas de conservas, isostar, agua... y poco, muy poco dinero.


Con unos 10 Kg. cargados a la espalda y una adrenalina que nos salía por las orejas partimos el jueves 19 temprano rumbo a Cistierna, donde teníamos planificado realizar una parada para descansar y comer. Alberto salió con tanta euforia que le metió caña a la bici durante los primeros 10 kilómetros hasta perdernos de vista, pero poco antes de llegar a Mansilla de las Mulas nos lo encontramos tirado en la cuneta con una pájara monumental. "Me duele la cabeza, estoy mareao", decía.
Pronto se recuperó y durante los siguientes 40 kilómetros fuimos los tres juntos pedaleando tranquilamente haciendo relevos para contrarrestar el efecto del viento. Llegamos a Cistierna poco antes de la una de la tarde. A la salida de Cistierna paramos un poco para mear, descansar y comer un poco.
Por la tarde seguimos pedaleando hasta llegar a Crémenes donde nos esperaba Juan con la tienda de campaña. No queríamos ni pensar el tener que aumentar el peso de las mochilas con esos hierros y esas lonas. En el bar de Juan nos repartimos el material y sin más demoras continuamos ruta hacia Riaño.


Tras subir la presa de Riaño a mí me subió el tono muscular y comencé a pedalear como un bestia dejando atrás a los dos rezagados. Pero poco antes de llegar a Carande me entró tal pájara que acabé tirado en la cuneta chupando leche condensada como un bebé hambriento... Lo peor fueron las risas de Tato y Alberto cuando pasaron por delante.


A media tarde llegamos los tres juntos a las calles medio desérticas del nuevo Riaño. Estábamos tan reventados que decidimos quedarnos por allí y desistir de nuestro empeño de llegar a los Picos en el mismo día. Habíamos recorrido ya 94 kilómetros. A la salida de Riaño había un cartel enorme con la planificación de la nueva urbanización de Riaño donde figuraba la ubicación de un camping. Fuimos hasta aquella ubicación pero allí no había nada más que maleza. Preguntamos en el pueblo y nos dijeron que el camping más cercano se encontraba en Boca de Huérgano, el siguiente pueblo a unos 8 kilómetros en dirección a San Glorio.


Llegamos a Boca de Huérgano a eso de las ocho de la tarde y allí se encontraba un camping cerrado a cal y canto y medio destartalado. Nos dijeron en el pueblo que podíamos saltar y montar allí la tienda, así que eso fue precisamente lo que hicimos.
Nos aseamos como pudimos y fuimos a un bar a tomar unas cervezas con algo de embutido del pueblo. No había casi nadie, pero unos paisanos nos dieron conversación y nos contaron historias del Oso Pardo y del Lobo. La charla estuvo muy interesante pero estábamos tan molidos que nos fuimos pronto a dormir.


A media noche comenzamos a oir ruidos muy extraños alrededor de nuestra tienda. Estábamos acojonados, era la primera noche que pasábamos juntos en el monte. Ni corto ni perezoso Tato sacó su navaja y decidimos los tres salir de la tienda a ver quién merodeaba por allí. Con las historias del Oso Pardo y del Lobo que nos habían contado los lugareños del pueblo estábamos ya prepaparados para enfrentarnos a una gran bestia salvaje, pero lo que realmente encontramos fue un caballo perplejo pastando tranquilamente al lado de nuestra tienda.


Con las primeras luces del alba nos despertamos temprano envueltos en un manto de niebla y humedad. Lo primero que hicimos fue desmontar el campamento y buscar un bar en el pueblo donde poder desayunar. Estaba todo cerrado, pero un hombre mayor advirtió que estábamos buscando algo y nos preguntó. Precisamente aquel hombre era el propietario del bar más antiguo del pueblo y nos abrió su establecimiento para que pudiéramos desayunar. Nos sirvió unos cafés acompañados de una cesta repleta de magdalenas y sobaos deliciosos.


Tan pronto como terminamos de desayunar nos montamos en las bicis y con gritos de dolor dimos los primeros pedaleos. Teníamos los culos destrozados por el sillín del día anterior. En cuanto se disipó la niebla se quedó una mañana con el sol radiante, la brisa fresca de la mañana, un paisaje espectacular... A los pocos kilómetros tuvimos que parar porque a Tato le entraron ganas de cagar. Luego, al llegar a Portilla de la Reina el turno para liberar el lastre fue de Alberto, quien cometió la torpeza de bajarse al puente sin un paquete de clines... aunque pudo apañárselas con un envoltorio de los Donuts que se acababa de zampar.
Durante todo el trayecto por las Tierras de La Reina apenas nos cruzamos con coches, y acometimos la subida del Puerto de Pandetrave casi sin darnos cuenta, aunque el viento a favor nos ayudó considerablemente. A eso de la una de la tarde llegamos a las últimas rampas del puerto, prácticamente sin bajarnos de las bicis. La imagen de los Picos de Europa asomando sobre el horizonte fue algo que no olvidaremos jamás, estábamos eufóricos, rápidamente nos soltamos de las bicis y comenzamos a disparar fotos. Imaginé entonces la sorpresa de mi padre cuando asomaron a estas montañas, es realmente impresionante.

Para celebrarlo sacamos el pan y abrimos una lata de pulpitos. Pero nos quedaba lo mejor, descender por el puerto hasta Santa Marina de Valdeón, donde se encuentra el Camping. El primero en lanzarse a "tumba abierta" por aquel descenso fue Tato, del que perdimos a pista a los pocos metros. Alberto y yo bajamos más prudentemente disfrutando del paisaje, y yo no pude evitar la tentación de detenerme a tirar algunas fotos de vez en cuando. Me encantó ver aquel pueblecito tan bonito rodeado de pastos y metido en aquel valle en medio de los Picos.
Cuando llegué a Santa Marina me encontré a Tato y Alberto haciéndome señales con las manos y la marca de una rodada de bicicleta plasmada en el asfalto. Y es que la carretera de pronto desaparece, hay que coger un camino rural que conduce al interior del pueblecito. Tato casi se estampa contra la cuneta y lo mismo le ocurrió a Alberto. Yo como estaba avisado tomé las precauciones oportunas y frené justo a tiempo.

Lo primero que hicimos al adentrarnos en el pueblo fue buscar un bar, y encontramos una vieja cantina llamada "Bulnes" que además de servir bebidas surtía al pueblo de todo tipo de cosas, a modo de tienda rural. Le preguntamos al paisano dónde se encontraba el Camping y nos dio las indicaciones necesarias. No había casi nadie por el pueblo, tan solo algunas gallinas, gatos y alguna vaca. Pero al llegar al camping nos encontramos con bastantes turistas.


Alquilamos una plaza para nuestra tienda de campaña y aparcamos las bicicletas. Sacamos la comida y comimos tranquilamente sentados en la hierba mientras contemplábamos aquel paisaje sobrecojedor. Por la tarde nos dedicamos a descansar, relajarnos, salir a pasear, jugar al billar, consultar nuestra economía y planificar la ruta que íbamos a hacer al día siguiente.
Echamos un vistazo al mapa que tenían colgado en el camping y nos recomendaron subir a la Vega de Liordes, a más de 2.000 metros de altitud, para contemplar desde allí las vistas del Macizo Central y el Collado Jermoso. Nos hablaron de un refugio que había por allí arriba.
A la mañana siguiente partimos hacia el Caben de Remoña subiendo por un sendero que partía desde el mismo pueblo. Fue una subida agotadora, pero subimos como tiros y cuando llegamos al Caben nos impresionó la vista del otro valle y los murallones de los Picos de Europa tan de cerca.
Subimos por la senda de la Canal de Pedabejo hasta llegar a lo alto del Collado Remoña donde nos encontramos con la vista del Macizo...

Nos sentamos en la roca para comer delante de la inmensa Vega de Liordes. Después comenzamos a descender tranquilamente hasta que nos sorprendió una tormenta bajando ya del Caben de Remoña y poco antes de llegar a Santa Marina los rayos eran tan estruendosos que bajamos corriendo dando brincos por encima de las zarzas. Llegamos al camping y desde la cafetería pudimos disfrutar de los espectaculares rayos que caían alrededor, uno de ellos cayó en el mismo camping, fue impresionante, lo más cerca que hemos estado nunca de una tormenta.

Al día siguiente nos quedamos por la zona haciendo algo de turismo, bajamos a Posada de Valdeón y pasamos buena parte de la tarde-noche en la plaza de Santa Marina de Valdeón; habían organizado una fiesta en el pueblo amenizada por un hombre que tocaba el acordeón y era gracioso ver a las gentes del pueblo disfrutando de aquel improvisado festejo.
El día 23 por la mañana partimos con nuestras bicicletas hacia Posada temerosos de la subida que nos esperaba con el Puerto de Panderrueda. Era una mañana de sol radiante pero un manto de nubes subió por la Garganta del Cares y pronto llenó todo el valle.

Sin embargo fuimos a buen ritmo todo el tiempo y a pesar del lamentable estado de la carretera de Riaño pudimos disfrutar del paisaje a lo largo de todo el trayecto.


A primeras horas de la tarde llegamos a Cistierna tan agotados que decidimos acercarnos a la Estación del tren de la FEVE con la esperanza de coger algún tren que nos llevara directamente a León.

Y así fue, tuvimos la suerte de tener que esperar tan solo una hora para que parase un tren procedente de Bilbao que nos llevaría directamente a León.