Presentación de Mis Mejores Fotografías.

sábado, 5 de junio de 2010

Transcantábrica VII: Crónicas.

Miércoles, 26 de mayo de 2010:
¡Por fin comienza la aventura! El pronóstico del tiempo no es el más deseado, anuncian cielos muy nubosos con probabilidad de lluvias y tormentas durante al menos los próximos tres días. Parece que a partir del sábado podría mejorar por la llegada de un anticiclón, pero hasta entonces me hago a la idea de que tendré que caminar bajo la lluvia, con niebla, refugiándome de las tormentas que puedan caer y orientándome con la ayuda de los mapas y la brújula. Peso 67 kg. y la mochila alcanza los 17 kg, algo menos que la del año pasado, sobre todo por los crampones, que esta vez no los llevo.

Tal y como estaba previsto, el ALSA me dejó en Arbás del Puerto a eso de las 10:00 de la mañana. He llenado la cantimplora con el agua del caño situado frente a la Colegiata y comienzo a caminar subiendo por la pista que sube hacia las antiguas minas de carbón. El cielo está cubierto y hace bastante fresco, pero es de agradecer comenzar la ascensión bajo la brisa fresca de la montaña. El Cellón (2.035 m.), mi primer objetivo, no se ve, está cubierto por las nubes, pero al menos puedo distinguir en el horizonte el trayecto de mi ruta.

A las 11:15 alcanzo los saltos de agua del Río Pozas, punto en el que abandono la pista y comienzo a subir directamente por el arroyo buscando pasos por donde puedo. A las 12:05 supero los saltos de agua y llego a las Fuentes del Río Pozas, ya muy cerca del Cellón, donde hago una primera parada para descansar. Detrás quedan el Valle de Arbás y la Estación de Pajares.

Como por un golpe de suerte la niebla ha subido lo suficiente como para dejarme distinguir la cumbre del Cellón muy cerca y he podido alcanzarla exactamente a las 12:46.

De vez en cuando chispea un poco de agua pero en general se está bastante bien aquí arriba disfrutando del paisaje. He comido unos frutos secos, he escrito la nota de cumbres y he analizado la crestería que tengo que recorrer durante las próximas horas.

Mientras tanto recreo la vista mirando hacia Asturias y distinguiendo entre grandes valles las poblaciones de Campomanes y Pola de Lena.

Pero antes de que se meta de nuevo la niebla reanudo la marcha porque viendo dónde se encuentra el Pico Tres Concejos me doy cuenta de que todavía queda mucha marcha por delante.

Cruzando la crestería que desciende del Cellón y bordeando el Monte de La Pisona (1.803 m.) y el Cueto de Las Glayas (1.779 m.) distingo en el fondo del valle el pueblo leonés de Pendilla.

A las 15:37 llego por fin al Collado Propinde (1.589 m.) después de caminar sin parar durante más de dos horas. Se me ha hecho más largo de lo que yo creía, pero aquí estoy, descansando durante unos minutos antes de comenzar la subida hacia el Cueto Tres Concejos (2.020 m.).

Durante la ascensión se ha metido la niebla y ha comenzado a llover, y para complicar aun más las cosas, no hay ni senda ni vereda a la vista. Pero logro guiarme con la ayuda de la brújula y algunos hitos que parecen indicar la vía de ascensión hacia el cueto. A las 18:06 paso muy cerca de la cumbre, pero no hay vista que merezca la pena y sigo caminando sin parar hacia la Collada del Cuadro que logro distinguir en medio de la niebla.

Cresteando por el Pico Pisones (2.050 m.) hacia el collado comienzo a notar ya los primeros síntomas de agotamiento y siento molestias en el tobillo derecho. A las 19:08 alcanzo por fin la Collada del Cuadro (2.020 m.) que me abre paso ya hacia la nueva vertiente.

Se trata del Valle del Río Tonín con los Altos de Aguazones y Braña Caballo al fondo. No se distingue todavía el Puerto de Piedrafita, tendría que llegar a los Altos de Aguazones para poder divisarlo, pero ya son más de las siete de la tarde y dentro de una hora debería comenzar a buscar una zona para acampar.

Una hora después llego a un Collado que me da por fin visibilidad hacia la zona del Puerto de Piedrafita, de modo que sin pensarlo más comienzo a descender ladera abajo para buscar un llano donde poder acampar.

A las 20:58 llego a un pequeño circo al lado de un nevero a los pies del Pico Aguazones (2.101 m.) que reune las mínimas condiciones para acampar. Con el agua del nevero me preparo una buena sopa para cenar y me meto en la tienda poco después de las diez de la noche.





Jueves, 27 de mayo de 2010:
Me he despertado numerosas veces durante la noche pero en general puedo decir que he dormido bien, calentito y lo que es más importante, me siento descansado después de la paliza de ayer. Son las 8:15 y está metida la niebla, pero no hace mucho frío, así que desayuno tranquilamente y desmonto el campamento.

A las 10:00 comienzo a caminar descendiendo por el Valle Aguazones hasta una Majada a los pies del Cueto Vea desde donde parte una pista que conduce al Puerto de Piedrafita.

Me encuentro exactamente en el nacimiento del Río Torío disfrutando de un paisaje precioso mientras decido cómo evitar el paso por el Pico Laguna, pues estoy comprobando con los prismáticos que no voy a poder atravesarlo por ninguna de sus vertientes. Creo que lo más adecuado será descender por la pista del puerto y subir por el valle paralelo de Bucipeñas hacia el Collado Morgao.

A las 12:00 paso por la Casa del Puerto, a 1.454 m. de altitud. Desde aquí distingo el pueblo leonés de Piedrafita y la imponente mole del Braña Caballo (2.182 m.).

A las 12:30 llego al punto de partida para ascencer hacia el Collado Morgao con la sensación de haber tomado una decisión acertada evitando el Pico Laguna. Lo que me preocupa ahora es subir por una ladera repleta del piornos y brezos en la que no se observa sendero aparente, algo que no me sorprende al ver que por aquí hay ausencia total de ganado.

Mientras subo por la ladera abriéndome paso como puedo en medio del piornal llego a constatar el abandono completo de los montes en la vertiente leonesa de la cordillera, fruto de la desaparición casi total de la actividad ganadera. Los senderos antes mantenidos por los ganaderos están adandonados, prácticamente desaparecidos. En cambio, tan pronto como cruzo el límite hacia la vertiente asturiana no hago más que divisar ganado, escuchar sus cencerros y caminar por senderos y veredas abundantes bien marcados. Y todo por el escaso o nulo interés por parte de la Junta de Castilla y León en mantener y preservar la única actividad que da vida a los pocos pueblos que quedan en la montaña leonesa.

Después de subir durante más de dos horas por el monte se mete la niebla perdiendo por completo las referencias visuales, hasta que llego a un alto marcado con un hito. Debe tratarse del Pico de las Llanonas (1.903 m.), porque justo por la otra vertiente cae en picado la ladera y hay un lindero que probablemente sea el límite provincial.


Decido entonces caminar en sentido Este sin perder de vista el límite provincial y con el mapa en la mano para ir distinguiendo collados y picos a lo largo de la crestería.


Cuando llego al Collado de La Madera (1.808 m.) decido parar para comer, porque tengo hambre y llevo un buen rato pensando en una sopa caliente en medio de este frío cada vez más intenso.

Durante las dos siguientes horas camino prácticamente a ciegas, guiándome únicamente de la brújula y el mapa que a veces no parecen darme la información correcta respecto a mi posición. Y para más complicación se pone a llover...

A las 18:00 creo haber alcanzado el Alto de La Fitona (2.041 m.) aunque no estoy nada seguro de dónde me encuentro. En teoría a partir de este punto debería comenzar a descender por la ladera norte siguiendo una trayectoria en sentido nordeste.


Pero no contaba con encontrarme con cortaos imponentes y con neveros con tanta pendiente. Esta vez sí que estoy acojonado, además son ya más de las siete de la tarde y pronto tendré que pensar en buscar un lugar donde acampar, algo que por aquí sería imposible. La pendiente es muy fuerte, y tampoco quiero descender demasiado, no vaya a ser que caiga directo al Valle del Río Ayer y me desvíe de mi trayectoria.

Cruzando y descendiendo por los neveros lo he pasado verdaderamente mal, porque todavía permanecen algunas placas de hielo bajo la nieve y con esta pendiente podría perder el equilibrio y caer directamente hacia el abismo.



Ahora sí que puedo decir que estoy perdido, no tengo ni la más remota idea de dónde me encuentro, no hay nada que me indique un camino claro, una referencia, algo, ni siquiera aparece una pequeña vaguada donde poder montar la tienda y refugiarme de este frío y esta lluvia.

Por fin, a eso de las 20:25 llego a un circo rodeado de neveros con bastante sitio para poder montar la tienda.

Merodeando por la zona he encontrado las ruinas de una antigua majada donde he decido montar el campamento. Lo que me fastidia ahora es la lluvia, porque estoy empapado y no podré encender una triste hoguera para que me caliente.


Tan pronto como he montado la tienda me he metido dentro para secarme y cambiarme de ropa. Me he preparado la cena y he tratado de buscar en el mapa el punto exacto donde me encuentro. Tengo algunas sospechas pero los datos son confusos, esta majada no aparece reflejada en el mapa. Y echo en falta el altímetro, si supiera a qué altitud me encuentro lo tendría más fácil, ha sido una metedura de pata no haberlo traído.





Viernes, 28 de mayo de 2010:
Hoy el tiempo debería mostrar síntomas de cambio, pero más bien parece lo contrario, porque no ha parado de llover durante casi toda la noche. Suerte que he dormido estupendamente y no ha entrado ni una gota de agua dentro de la tienda. Pero he tenido sueños de lo más extraños, quizás tengan algo que ver con lo mal que lo pasé ayer por la tarde para llegar hasta aquí y la sensación de encontrarme perdido en algún lugar de las montañas de Vegarada.

En medio de una niebla cerrada he levantado el campamento y sin desayunar he comenzado a caminar en sentido nordeste en busca de pistas, senderos, veredas, hitos... A las 10:15 encontré una senda muy cerca de la majada, buena señal, lo malo es que cada poco la cubre un enorme nevero y luego cuesta mucho adivinar por dónde continúa. Pero el hecho de que todavía haya por aquí tanto nevero me indica que debo andar por una altitud en torno a los 1.800 m. Tengo que seguir bajando, pero a pesar de la niebla adivino los cortaos y es imposible seguir bajando. De nuevo tiro de mapa y brújula, pero nada, ahora estoy caminando hacia el sur, no entiendo nada!!

Por fin, gracias a Dios a eso de las 11:15 la niebla empieza a disiparse y veo hacia abajo una gran vega rodeada de bosques, pero no tengo ni idea de dónde estoy.

Poco después comienza a levantar la niebla y puedo distinguir entre las alturas un enorme mazico calcáreo. Seguramente se trate de la Peña del Faro.

Efectivamente, ya estoy posicionado en el mapa, y justo de frente, mirando hacia el nordeste, localizo por fin el Puerto de Vegarada. ¡Estoy salvado!


Ahora ya respiro tranquilo, así que me he quitado la mochila, la ropa y todo lo que tenía mojado y lo he puesto a secar al sol mientras me preparo un buen desayuno en medio de esta vega tan espectacular. Son las 12:00 y todavía queda mucho trecho para llegar al puerto pero prefiero tomármelo con calma, en cuanto llegue al puerto sólo tendré que caminar por la pista asfaltada hacia el Valle de Riopinos, y por fin el sol ha hecho acto de presencia así que hoy no creo que tenga más problemas con la orientación.


El retraso es considerable, hasta las 14:30 no llego al Puerto de Vegarada, pero confío en que todavía conserve fuerzas para subir a la Estación de San Isidro y llegar al Lago Ausente. Descarto ya la opción de subir a la cumbre del Pico Agujas, estoy demasiado cansado y la rodilla derecha me está dando ligeros síntomas de tendinitis.

A las 16:00 llegué a la base de la estación en Riopinos, más tocado de lo que creía, caminando por la pista asfaltada he acusado aun más el dolor en la pierna derecha y me preocupa bastante la ascensión hasta la Collada de Agujas, situada a 1.941 m. de altitud.

Sin embargo he tardado tan solo 40 minutos en alcanzar la collada, el descanso allí abajo me ha venido muy bien, aproveché para comer algo y estirar bien, sobre todo estirar, con mucho dolor, algo que sin duda me ha ayudado a subir. Ya puedo ver el sector más oriental de la Cordillera Cantábrica con los Picos de Europa cada vez más cerca, aunque hoy están cubiertos por las nubes.

Pero ya no estoy para más esfuerzos, el Pico Agujas y el Pico Requejines quedan descartados, voy a descender con cuidado por las pistas del circo de Cebolledo para coger la pista que conduce al Lago Ausente.

Desde aquí puedo ver muy cerca la solitaria montaña del Pico Susarón.


Aunque el sol está presente hace bastante frío y las nubes que vienen de Asturias están amenazando constantemente con cubrir todo el panorama y envolverlo todo en un manto frío y húmedo. Antes de que lleguen voy a apresurarme en bajar y llegar al Lago Ausente.


Caminando por la pista del Lago Ausente he sorprendido a una pareja de rebecos que merodeaban por la zona.


Con las nubes encapotando ya las cumbres más próximas llego al Lago Ausente a las 18:40. Pero hace tanto frío que de nuevo me veo obligado a sacar la ropa de abrigo.

Es una lástima que no pueda permanecer mucho tiempo aquí disfrutando de un paraje como el que me rodea, pero me preocupa la niebla y encontrar y camino para llegar a Isoba, porque aunque parezca extraño no hay senta ni pista que conduzca desde aquí directamente al pueblo. Tengo que atravesar todavía varios montes que me imagino estarán plagados de matorral y piornos.


Con la niebla ya cubriéndolo todo camino en dirección norte siguiendo por veredas y algún que otro cortafuegos. Tras pasar por varias vaguadas y sortear algunas colinas por fin alcanzo la ladera que cae hacia la carretera del puerto, pero está tan cubierta por matorral que me resulta imposible dar un paso estable en medio de tanto piorno. He encontrado un arroyo y decido seguir el curso de las aguas porque es el único sitio por donde medianamente puedo avanzar algo, aunque las rocas están tan resvaladizas que pierdo el equilibrio a cada paso que doy.

Por fin llego al pueblo de Isoba a las 20:30. En la Pensión de Casa Federico me espera una habitación con cama, un baño caliente y una buena cena.




Sábado, 29 de mayo de 2010:
Después de un descanso como este estoy como nuevo. Andrés me ha tratado estupendamente y Paula sigue cocinando con su vieja plancha de leña y carbón. Para hoy los pronósticos anuncian anticiclón por toda España, pero aquí lo cierto es que está todo cubierto por la niebla.

Hoy me espera una jornada más corta, algo más suave y más traquila que las tres anteriores, aunque tendré que atravesar el Pinar de Lillo y subir el Pico del Lago. He hecho hueco en la mochila para meter el bocadillo que Paula me ha preparado con su chorizo casero y a las 11:00 he reanudado la marcha poniendo rumbo hacia el cercano Lago de Isoba.

El lago presenta una abundante vegetación subacuática y está plagado de ranas en plena temporada de reproducción. Buscando por los alrededores me he encontrado de nuevo con la Ranita de San Antonio, la única especie de rana europea capaz de "trepar" por la hierba.

Y con tanto alimento a la vista no es de extrañar que ande por aquí también una cigueña llenando el buche para alimentar a su polluelo.

El día comienza a despejar y mirando hacia atrás descubro por fin la silueta inconfundible del Pico Torres, cuya cima espero coronar algún día.

Siguiendo el curso de las aguas del río Isoba me adentro en el Valle de Langreo bordeando la Peña de San Justo por su vertiente sur. La ruta está convenientemente marcada y señalizada para llegar a Cofiñal, pero antes de continuar hacia el pueblo yo giraré en sentido opuesto para cruzar la carretera que sube al Puerto de las Señales por el puente "Los Hitos" y entraré directamente en el Pinar de Lillo.

El río Isoba ofrece por aquí numerosas cascadas y pozas que merece la pena visitar. En un improvisado descanso para comer unos frutos secos pude sorprender a una especie de lagartija endémica del noroeste peninsular, la Lagartija Gallega (Podarcis bocagei), considerada una subespecie de la Lagartija Ibérica cuyo macho presenta una fuerte coloración verde sobre el dorso de su cuerpo.

Y llegando al Pinar de Lillo sorprendí a un Escribano Montesino cantando sobre una roca.

A las 13:50 llego a la entrada del Pinar de Lillo. Hoy es sábado y es muy probable que venga por aquí algún turista, lo que significa que podría estar vigilado por la Guardería del Parque Regional de los Picos de Europa. No obstante estoy decidido a entrar, pues se trata de uno de los mayores atractivos de la Travesía, el poder cruzar el único pinar autóctono de Pinus sylvestris de la Cordillera Cantábrica.

Han pasado ya 16 años desde que hice aquel estudio de investigación basado precisamente en buscar indicios y pruebas que determinen el pasado autóctono del Pinar de Lillo. El estudio formó parte del programa de prácticas del departamento de Ecología de la Facultad de Biológicas de León, y guardo muy buenos recuerdos de aquellas jornadas de trabajo de campo dentro del Pinar.

Sin duda es toda una reliquia, alguien que no lo conozca podría decir que se trata de un pinar cualquiera, pero simplemente observando algunos detalles puedes darte cuenta de la auténtica singularidad de este paraje. Solo por poner algunos ejemplos, es especialmente singular observar ejemplares tan grandes de pino silvestre conviviendo con las hayas sobre un suelo tan húmedo y tan rico en especies vegetales, con tantas turberas plagadas de esfagnos y plantas carnívoras, con una distribución de los portes que para nada se corresponden con la intervención humana, con semejante variedad de especies tanto de musgos como de líquenes, etcétera, etcétera. En definitiva, presenta multitud de similitudes con los pinares escandinavos.


Camino con cuidado, sin meter ruido, hacia el fondo del pinar para meterme inmediatamente por una de las sendas que recorre su interior. Tiro algunas fotos y grabo con la videocámara algunas tomas para el recuerdo, porque no es fácil entrar hasta aquí. Además es temporada de reproducción del Urogallo, y sé que están por aquí, recuerdo los cantaderos que encontré mientras trabajaba en la toma de datos para el estudio.

Aprovechando las veredas y los antiguos cortafuegos fui cogiendo altitud poco a poco hasta alcanzar las cotas más altas del pinar. En cuanto salí de la cobertura arbórea sorprendí a una pareja de ciervos que me observaban atónitos hasta que escaparon hacia el interior del bosque.


Ahora queda la parte más difícil, de nuevo ascensión hasta los dos mil y pico metros del Pico del Lago, última barrera montañosa antes de llegar al Valle de Maraña a los pies del Macizo de Mampodre. Echando la vista atrás contemplo la Peña de San Justo y el sector de la cordillera recorrido durante los últimos días, todavía cubierto por las nubes del Cantábrico.


La ascensión es lenta y agotadora, y hace ya mucho calor. Avanzo unos cuantos metros, levanto la vista y veo que la cumbre siempre en la misma posición. Mi pierna derecha vuelve a avisarme con pinchazos dolorosos en la rodilla recordando que la tendinitis sigue ahí. A las 18:45 alcanzo por fin la cumbre del Pico del Lago (2.009 m.).


Ya no recordaba las vistas tan magníficas que ofrece esta ascensión, y dado que tanto los Picos de Europa como el Macizo de Mampodre están prácticamente cubiertos por nubes, centro mi atención hacia el horizonte sur, donde puedo ver la Meseta que se extiende tras el embalse del Porma y la Peña Susarón.

Desde aquí puedo ver muy cerca del Lago Tronisco numerosas vegas a su alrededor donde podría pasar la noche de hoy, pero me llama especialmente la atención una pequeña vaguada que estoy distinguiendo bajando hacia el Valle de Maraña.

Efectivamente esta vaguada tiene todo lo que necesito, suelo llano, un arroyo con agua fresca, leña abundante para una pequeña fogata y unas vistas de Mampodre realmente inmejorables.
A las 20:30 ya tengo montado el campamento y me dispongo a prepararme una buena sopa para cenar mientras pienso y planifico la jornada de mañana.

Al anochecer sube la niebla y comienza a refrescar, pero a ratos las nubes despejan el cercano Macizo de Mampodre y me permiten disfrutar de la belleza de los últimos rayos de sol iluminando las altas cumbres.





Domingo, 30 de mayo de 2010:
Hoy tengo que llegar a la Collada de Valdemagán, para lo cual tendré que pasar por el pueblo de La Uña. Estoy relativamente cerca, pero se me presentan dos alternativas: Por un lado ir hacia la Ermita de Riosol tal y como tenía planeado, o bien, bajar hacia Maraña y recorrer todo el valle hasta enlazar con la carretera de La Uña. De las dos opciones me he inclinado hacia la segunda, porque estando tan cerca de Mampodre me parece más interesante conocer esta comarca de la que tanto he oído hablar.

La noche ha transcurrido sin ningún contratiempo, salvo un grupo de caballos que cruzó a media noche mi campamento a galope tendido. Me desperté a la hora habitual y a las 10:15 aproximadamente me eché a andar.

Siguiendo el curso del arroyo he descendido por un barranco bastante cerrado que me conduce directamente al Valle de Maraña, teniendo que molestar a una pareja de sapos que estaban muy concentrados en su tarea sexual...

El Valle de Maraña es realmente espectacular, me recuerda mucho a los Picos de Europa, no me extraña que exista un plan para declarar esta zona Parque Nacional.


Hacia las 12:15 llego al pueblo de Maraña, una villa muy cuidada que ha sabido mantener la arquitectura rural típica de estas montañas. Pero no me entretengo en hacer parada, a pesar de que mis piernas me piden un pequeño descanso. La tendinitis de mi pierna derecha me hace pisar fuerte sobre la izquierda y tanta sobrecarga me está causando ya la aparición de una ampolla. Finalmente, a la salida del pueblo en dirección a La Uña tengo que detenerme para echar un descanso bajo la sombra de un enorme chopo.


Una vez reanudada la marcha por la carretera distingo en el horizonte la silueta inconfundible del Espiguete, una de las montañas más altas y emblemáticas de la Montaña Palentina.


Caminando bajo un sol abrasador llego a La Uña a eso de la 14:20 pensando ya en tomar la ruta que da acceso a la Collada de Valdemagán por la pista que sube hacia los puertos de la Fonfría. Recuerdo cuando venía por aquí hace años, buscando rutas para entretener las largas jornadas dominicales cuando todavía vivía en León. Marta y yo llegamos un día hasta aquí para contemplar los Picos de Europa.


Pero en esta ocasión tendré que abandonar la pista a la altura de la Majada de Gusmerín y seguir el curso del Arroyo Carcedo hasta llegar a lo más alto del collado. Echando la vista hacia atrás tomo las últimas instantáneas del Macizo de Mampodre.


Pero alcanzar la Collada de Valdemagán se me resiste, hace mucho calor y tengo los pies machacados; es curioso, pero hoy que he caminado varios kilómetros sobre carretera noto que me agota más caminar sobre terreno llano que sobre terreno montañoso. Por fin alcanzo la ansiada collada a las 17:25. Estoy a 1.734 m. de altitud y se abre ante mí la mejor panorámica posible de los Picos de Europa.

Lástima que todavía halla tanta nube cubriendo las cumbres, pero no deja de ser una panorámica espectacular. Estoy viendo el Valle de Sajambre y sus pueblos, veo el bosque de Vegabaño, el Jario, el Pico de La Rocha (Panderrueda), la Bermeja, el Friero...

El descenso por el Valle de Valdemagán parece vertiginoso, pero no lo es tanto. Estoy a tiempo de descender al menos hasta los 1.400 m. de altitud para buscar un lugar de acampada que esté próximo al bosque y donde pueda disponer de agua. Desde aquí no parece que sea complicado.

A las 19:00 llegué a la entrada del bosque, pero ya no quiero seguir caminando, por hoy es suficiente. Mañana será una jornada muy tranquila en la que me sobrará tiempo para llegar hasta Soto de Sajambre. Voy a montar el campamento en una vaguada que me ofrece una visión magnífica de Sajambre y los Picos. Lo único que me preocupan son las hozaduras de jabalí repartidas por todo el terreno, lo que me hace pensar que hoy por la noche podría tener visitantes.





Lunes, 31 de mayo de 2010:
Pues efectivamente tuve visita durante la noche, un enorme jabalí anduvo merodeando por aquí, sus gruñidos me acojonaron, sabía que andaba por ahí cerca mientras yo permanecía inmóvil dentro de la tienda.

Me levanté a las 7:30 de la mañana y con toda la calma del mundo me dispuse a levantar el campamento y a desayunar mientras me irradiaban los primeros rayos del sol. A las 9:30 ya estaba atravesando el bosque por la Majada Tronceda.

Da gusto ver unos chozos típicos reconstruidos y tan bien acondicionados como estos. El bosque es precioso y el día es magnífico, estoy disfrutando al máximo de esta naturaleza viva, se que dentro de unos días me voy a acordar de estos lugares cuando viaje por el suburbano de Madrid...

A las 10:25 llegué a la Central de Pío, la primera central hidroeléctrica construída en Sajambre, que desde antaño ha estado suministrando el alumbrado de todo el valle.


Desde aquí la senda se convierte ya en pista forestal y se mete de lleno en el corazón del bosque cada vez más cerrado. A las 11:15 llego a Pío de Sajambre, un pueblo pequeñito y casi escondido entre los bosques que lo rodea.



Hasta aquí llega la carretera desde Oseja, de modo que a partir de ahora se trata de caminar sobre asfalto hasta Soto, situado a unos cinco kilómetros de aquí. Tenía previsto comer en Oseja de Sajambre, pero he llegado a las 12:20, cansado y con mucho calor aunque decidido a recorrer los tres kilómetros que me separan de Soto de una sola tirada para comer y descansar durante toda la tarde.


Bajo un sol abrasador llego a Soto de Sajambre a las 14:30. En el hostal Peña Santa tienen comida y habitaciones, así que sin pensarlo decido coger una habitación y darme una buena ducha de agua fresca antes de bajar a comer. Por la tarde me dedicaré a descansar, a relajar mis piernas, a hacer masajes y estiramientos y a lavar toda la ropa posible. Una gran puesta a punto para la dura jornada que me espera mañana.





La Fundación El Arcediano, creada para fomentar el desarrollo económico y social del Valle de Sajambre ha editado dos trípticos, uno con información detallada de los alojamientos, lugares de interés turístico y actividades, y otro con un plano completo de Soto y sus lugares. Nada que ver con Valdeón y su escaso o nulo interés en fomentar su desarrollo turístico, que año tras año ha ido cayendo sin que pongan remedio alguno. Aquí la gente es muy diferente, han acondicionado la antigua escuela del pueblo convirtiéndola en un curioso museo , han remodelado el viejo molino hidráulico, la fábrica de luz, el lavadero de las fuentes...

También ha sido curioso encontrarme un libro escrito por el polémico autor leonés (y natural de Sajambre) Eutimio Martino, titulado "Si yo tuviera pluma", en el que recopila una serie de indicios muy interesantes que apuntan a que Cervantes era de Sajambre!! Nada menos. Lo he estado leyendo por la tarde y me ha parecido sorprendente e interesante.

Martes, 1 de junio de 2010:
7ª Jornada de la Travesía, la Nº 13 del recorrido total, entre Soto de Sajambre y Amieva, por la clásica Senda del Arcediano. Originariamente fue una Vía Romana de la que se conservan vestigios de la calzada, pero el primer documento que hace referencia al camino data del siglo X, donde aparece con el nombre de Vía Saliamica o Carrera maiore, y fue en el siglo XVII cuando recibe la denominación de Senda del Arcediano. Desde aquellos remotos tiempos hasta finales del siglo XIX el camino comunicó la meseta con la costa cantábrica salvando una complicadísima orografía que hoy voy a recorrer.

He comenzado a caminar a las 9:50 subiendo por la pista que sale del pueblo y que sube ininterrumpidamente hacia los Collaos de Pandamones. Durante la ascensión me he encontrado con personal de Tragsa realizando labores de acondicionamiento de la pista, lo cual ha sido un poco molesto.

A las 11:15 llegué a Los Collaos donde la pista desaparece transformándose en una senda bien marcada que va bordeando el Jurcueto hasta la Portillera.

Cruzo la Portillera a eso de las 11:52, llegando al punto más alto a 1.497 m. de altitud. Entro por tanto en terreno asturiano, descendiendo por la Vega de Toneyu. Allí me he encontrado con ganado y jóvenes pastores que parecen haber subido desde Amieva. Al salir de la vega me encuentro ya con los primeros vestigios de la calzada romana.

Llegando a la Majada de Saúgu comienza a llover ligeramente, pero la temperatura es bastante agradable, no creo que se ponga a llover con más intensidad. Llegando al Monte Tresbustiellu la calzada cruza el bosque y la Ría Cortegueros para salir de nuevo por El Cantal donde asoma ya vertiginosamente hacia el cañón del Río Dobra. Desde aquí se ve ya el embalse de La Jocica y la senda que procede de Carombo. En frente estoy viendo Bellanzo y hacia arriba de las peñas asoma por algún lugar el Mirador de Ordiales.

El camino sigue descendiendo poco a poco hasta adentrarse de lleno en el bosque. Sigo cruzándome con mucho ganado y pastores procedentes de Angón. Finalmente le pregunto a uno de ellos quien me confirma que hoy 1 de junio es el día en el que todos suben el ganado a las vegas altas para dejarlo allí pastando durante toda la temporada estival. Me ha sorprendido mucho que la mayoría de ellos eran bastante jóvenes.

A las 15:40 llego al Collado el Cueto Angón, situado a 806 m. de altitud. Ahora toca seguir caminando por pista asfaltada hasta Amieva.


A las 16:00 paso por Amieva sin entrar en el pueblo, me basta con verlo desde arriba mientras camino hacia la villa de San Román. El cuerpo me pide entonces parar para beber y comer algo, además se está poniendo a llover y sopla aire bastante frío desde el norte.

Justo antes de llegar a San Román se mete la niebla y decido parar en el lavadero del pueblo para cambiarme de ropa, refrescarme los pies y plantearme en qué punto puedo dar por finalizada la jornada.


Pero son las 17:15, todavía es pronto para detenerse aunque el cuerpo y sobre todo los pies me piden acabar ya, y el caso es que la Senda del Arcediano ya no está señalizada como tal y no se ve nada con la niebla. No tengo ni idea de dónde podría acampar por aquí, además todo son prados privados muy bien delimitados.

La verdad es que me veo con ganas de seguir adelante, aunque no se muy bien hasta dónde. He visto en algún cartel indicaciones para continuar por el "Camín Real" hasta Santillán pasando por Carbes y Sames. Esto supone abandonar mi pretensión de seguir el trazado original del Arcediano hasta Vis. Siguiendo una de esas indicaciones me pierdo descendiendo por una senda sin saber muy bien a dónde voy a parar.



Pues llego a la villa de Carbes y sigo bajando, pero las indicaciones del Camín Real son tan confusas que me vuelvo a perder. Finalmente decido continuar por la carretera sin complicarme más la vida, pero estoy tan cansado que me vuelvo a plantear la posibilidad de acampar por aquí.




A las 19:30 lego a Sames caminando como un zombi con una mochila que a cada paso que doy aumenta de peso considerablemente. Justo pasando por el pueblo coincido con un funeral, todo está lleno de coches y de gente. Hay numerosos hospedajes, así que quizás sea el momento de detenerme y dejar para mañana los 12 km. que me faltan para llegar a Cangas.

Pero no me detengo, sigo adelante encabezonado en llegar a Cangas. A las 19:41 llego a Precendi, en el cruce con la carretera del Desfiladero de los Beyos. El indicador marca 11 kilómetros para llegar a Cangas.


Calculo entonces que quizás en un par de horas llegue por fin a Cangas de Onís, el problema es que estoy auténticamente reventao, con calambres en la espalda, los hombros destrozados, las piernas flaqueantes y las plantas de los pies literalmente abrasadas. Pronto se cumplirán 12 horas caminando prácticamente de manera ininterrumpida desde Soto de Sajambre. Esto es una locura, una auténtica matacina...




Finalmente llego a Cangas de Onís a eso de las 22:30, justito a tiempo para que no me pille la noche caminando por la carretera. He tenido suerte, sobre todo de conservar fuerzas para llegar sano y salvo tras más de 30 kilómetros de marcha. Casi no me lo creo, he juntado las dos últimas jornadas de la travesía en una sola, aunque estoy matao.

He ido directamente al hotel para darme un baño y he podido comprobar los efectos de semejante locura: Mis pies están plagados de ampollas. Pero aun así, me he vuelto a poner las botas y tambaleándome he conseguido llegar al restaurante del hotel donde han tenido la gentileza de darme de cenar a pesar de la hora.

Pero a pesar de todo solo puedo pensar en una cosa: ¡Conseguido! He completado la Travesía Transcantábrica, en trece jornadas, desde Caboalles hasta Cangas de Onís. Ha sido una aventura irrepetible que nunca olvidaré.

Hasta siempre, mi Cordillera...