Presentación de Mis Mejores Fotografías.

martes, 16 de agosto de 1994

Murallón de Amuesa (Aproximación a Torre Cerredo).

Torre Cerredo con sus 2.648 metros es la montaña de mayor altitud de los Picos de Europa, de la Cordillera Cantábrica y también del todo el noroeste peninsular, estando enclavada en el Macizo Central de los Picos de Europa o Macizo de los Urrieles, en la divisoria de las provincias de León y Asturias. Su cima, con un desnivel de más de 2.200 metros sobre el río Cares, el más acusado de la Península Ibérica, posee unas magnificas vistas del Macizo Occidental y de las canales que vierten sobre la garganta del Cares.

Su lejanía y difícil acceso en lo más alto del Macizo de Los Urrieles la convierten en la montaña más inaccesible de los Picos, motivo por el cual pasó desapercibida para los locales durante mucho tiempo, y todavía hoy este hecho sigue exigiendo un soberano esfuerzo por parte de quienes pretenden alcanzar su cima.

Esta temporada mi hermana Laura vuelve a trabajar en el Parque Nacional, pero esta vez en la vertiente asturiana. Ricardo, Carlos y yo no queremos dejar que pase este verano sin organizar otra de nuestras grandes aventuras por los Picos de Europa y hemos pensado en aproximarnos los máximo posible a Torre Cerredo. Disponemos de cuatro días, dos para la aproximación y otros dos para el descenso, y hemos pensado que quizás la forma más accesible de llegar sería subir desde Bulnes por la Canal de Amuesa y ascender por la Cuesta del Trabe hasta el Refugio Jose Ramón Lueje, que sirve de base para las ascensiones al Pico de Los Cabrones y a Torre Cerredo.

Hemos quedado con Laura en Valdeón pero lo primero que nos ha dicho es que el lunes tiene que trabajar. Por un momento nos hemos replanteado la expedición porque ahora disponemos de dos días en lugar de cuatro y no creemos que podamos llegar en tan poco tiempo. No obstante Laura está dispuesta a regresar ella sola cuando fuese necesario sin que nosotros tengamos que alterar nuestro programa.

Partimos el viernes por la tarde desde Caín para dirigirnos a Culiebro. Allí tenemos pensado pasar la primera noche al raso en algún remanso del Río Cares y continuar al día siguiente por la Senda del Cares hasta Poncebos.

Llevamos todo el equipamiento necesario para acampar repartido entre todas las mochilas. Tenemos por delante más de dos mil metros desnivel, va a ser una ascensión durísima, la más dura que hayamos realizado. Recuerdo perfectamente la Canal de Amuesa, hace muy poco que bajé por ella y solo pienso en lo duro que va a ser subirla con este calor y esta humedad.

Encontramos un ribazo al lado del río que resultó ser espléndido para pasar la noche, no fue necesario ni montar la tienda, pasamos la noche con los sacos extendidos y nos dormimos contemplando el cielo estrellado entre los dos murallones del Desfiladero del Cares.
Al día siguiente retomamos la senda muy temprano y llegamos a Poncebos poco antes de que empezasen a llegar los turistas. Cruzamos el Puente de La Jaya sobre el Río Cares y subimos por la Canal del Tejo hacia la aldea de Bulnes. En algo menos de una hora llegamos al Puente Colines, que cruza el río para subir al Barrio del Castillo (Bulnes de Arriba). Poco a poco vamos ganando altura hasta que llegamos a la Canal de Amuesa donde comienza la subida más dura y pendiente.

El calor y la humedad relativa hace que suframos lo indecible a cada paso de la ascensión. Los últimos metros de la canal se hacen eternos, parece que nunca vamos a llegar. Cuando por fin hallamos la fuente sabemos que estamos a punto de alcanzar la majada.

Llegamos al Collado Cima (1.386 m.) más o menos a media tarde. Ha sido una ascensión de más de 1.100 metros de desnivel y estamos reventados y sin fuerza alguna para continuar la ruta hacia la Cuesta del Trabe. Decidimos montar campamento en la majada y pasar allí la segunda noche.

Al día siguiente amanece con la típica niebla que se mete por la Garganta del Cares hasta que se disipa luego con el calor. Nos levantamos muy temprano y preparamos el desayuno antes de desmontar el campamento. Mientras recogemos el material debatimos qué hacer durante la jornada que tenemos por delante. La niebla comienza a desaparecer y podemos ver justo enfrente la Majada de Ostón.

No nos faltan ganas, pero si subimos por la Cuesta del Trabe luego no nos quedaría tiempo para descender y regresar a tiempo para que Laura pueda incorporarse a su trabajo. Ella nos anima para que continuemos con nuestro programa aprovechando que tenemos tiempo pero finalmente lo hablamos entre todos y decidimos acompañarla.

Eso sí, les dije que descendiéramos por la Canal de Piedra Bellida hacia el Pando Culiembro para que conociesen y disfrutasen de las espectaculares vistas desde el Collado Cerredo.

Cuando pasé por aquí el mes pasado no pude ver esta vista tan espectacular por estar todo cubierto por la niebla. Pero hoy es muy diferente, tenemos justo delante la impresionante Canal de Mesones con la Torre Santa al fondo. También se ve la Bermeja y las Torres de Arestas. Poco antes de meternos de lleno en la Canal de Piedra Bellida pudimos ver el Valle de Valdeón y la Cuesta Duja.

Finalmente llegamos de nuevo a Culiembro donde aprovechamos para darnos un refrescante baño en las gélidas aguas del río Cares.

Aunque no hemos cumplido con nuestro objetivo, que era llegar al menos hasta la base de Torre Cerredo, sí que hemos hecho completa la ruta circular que bordea el Murallón de Amuesa. Finalmente acompañamos a Laura y pasamos la noche en la casa que acaba de alquilar en la aldea de Bada, muy cerca de Cangas de Onís.

Aprovechando su día de trabajo subimos con ella a los Lagos de Covadonga y con su uniforme del parque nos acompañó hasta la Vega de Ario para que regresáramos Carlos, Ricardo y yo por la Canal de Trea.

domingo, 7 de agosto de 1994

Ascensión al Pico Susarón (1.879 m.).

Por la Ruta del Porma y el Embalse de Vegamián se levanta a espaldas del despoblado Camposolillo una soberbia montaña que dio nombre a una de las más famosas y relamidas novelas del costumbrismo provincial: "Susarón", escrita por el canónigo astorgano Jose María Goy en 1919. No es que sea una montaña muy elevada e importante, pero su especial silueta y su carácter solitario la convierten en una de las montañas más bonitas de la cordillera.

La expropiación forzosa de los terrenos de Camposolillo para la inundación del Valle de Vegamián por culpa de la construcción del Embalse del Porma obligó en los años sesenta al abandono irreversible del pueblo, pero las aguas del pantano nunca llegaron a cubrirlo del todo pasando a ser propiedad de la Confederación Hidrográfica del Duero. Desde entonces se han realizado numerosos proyectos para intentar recuperar el pueblo pero ninguno de ellos ha cuajado hasta la fecha.

El fin de semana pasado subí nada menos que la Peña Ubiña acompañado de mi viejo amigo Raúl. Y hoy domingo hemos hecho lo propio con la Peña Susarón, mi montaña favorita, la que me enganchaba cuando era niño mientras mi padre nos llevaba a esquiar a San Isidro; en cuanto llegábamos a Boñar le preguntaba a mi padre: "¡Papá, dónde esta el Susarón!", y nada más asomarnos a la presa del embalse del Porma me decía: "Ahí lo tienes". No la quitaba el ojo de encima mientras cruzábamos el embalse preguntándome una y otra vez: "Cómo se subirá esta montaña, cómo me gustaría estar allí arriba...". Pues hoy aquel sueño se ha hecho realidad.

Hemos llegado temprano y hemos aparcado el Fura cerca del Puente de San Tirso, en Redipollos. Esta vez vamos mejor equipados que la semana anterior; le he dejado a Raúl unas chirucas y llevamos en la mochila unos buenos bocatas junto con la cantimplora y los prismáticos. Nos disponemos a subir a lo largo de la crestería de la peña, confiando en no encontrarnos con demasiados obstáculos. Al principio hay que hacer una pequeña trepada pero rápidamente cogemos la cresta y no hay más que subir y subir. No hay senda alguna ni marcas ni hitos que indiquen la subida, tan solo hay que fijarse en la cumbre y dirigirse hacia ella.

Pero el calor es sofocante y el sol abrasa, en una de las paradas bebimos de la cantimplora y caí en la cuenta: No habrá agua suficiente para los dos y por supuesto no encontraremos ningún manantial en toda la peña. Tenemos que racionar el consumo de agua porque la ascensión será larga y el calor va a ser insoportable.

Las botas se agarran con firmeza a la caliza y subimos buena parte de la montaña sin problemas, pero al llegar cerca de la cumbre tuvimos que descender por la cara norte para sortear un cortado de varios metros por donde era imposible pasar. Hasta allí llega la enorme brecha que asciende por la cara sur siguiendo una vía de ascensión que procede de Camposolillo. Los últimos cien metros de ascensión requieren de una buena trepada por la roca.

Alcanzamos cumbre más o menos a la hora de comer. Las vistas son increíbles, se ve todo el embalse del Porma, Mampodre, los Picos, se ve incluso la Meseta Castellana a través de todo el Valle del Porma. Hace mucho calor, nos quitamos las camisas, sacamos los bacatas y apuramos las últimas gotas de agua de la cantimplora. Después de comer nos tiramos en la roca para dormir una siesta placentera hasta que nos despertó el rugido de las alas de un buitre que sobrevolava la cumbre. Nos dio un buen susto, pero la imagen de aquel enorme buitre fue bestial. Estuvimos siguiéndole la pista hasta que se posó en una roca y pudimos verlo de cerca con los prismáticos.

De regreso bajamos rápidamente hacia Redipollos a donde llegamos con claros síntomas de deshidratación. La piscina del pueblo estaba a revosar de gente, entramos en el bar y pedimos un par de cervezas. Un paisano del pueblo nos había visto durante el descenso y no dudó en acercarse a nosotros para decirnos: "¿Pero cómo se os ocurre subir al Susarón con este calor?".