Presentación de Mis Mejores Fotografías.

lunes, 21 de septiembre de 1992

Majada de Ostón.

Situada a 970 m. de altitud en un lugar incomparable de la Garganta del Cares la Majada de Ostón es una terraza en la mitad del Cares que cuenta con una atalaya insuperable que ofrece vistas espectaculares del Macizo Central. Con sus cabañas construidas en la peña colgante da la impresión de encontrarnos en un pequeño Machu Pichu en medio de los Picos.

Ayer regresamos de nuestra aventura por la Torre Santa y Laura nos preparó para cenar un delicioso cocido montañes que causó estragos durante la noche. A pesar de ello hoy nos hemos levantado con el ánimo de subir a la Majada de Ostón. Allí suele llevar sus cabras Tino, un ganadero de Cabrales al que Laura conoció recientemente y que le enseñó cómo guarda los famosos quesos de Cabrales en una de las cuevas escondidas en la majada.

Para subir a la Majada de Ostón hay que dirigirse a Caín y hacer buena parte de la Senda del Cares hasta la Majada de Culiembro. Se distingue bien porque es la única majada de la Ruta del Cares, y marca el punto en el que la senda se tuerce hacia la derecha. De allí parte una senda que sube en zig-zag por la Canal de Culiembro directamente a la Majada de Ostón. Hay que salvar un desnivel de más de 600 metros, pero la ascensión ofrece vistas reconfortantes con la perspectiva de las altas cumbres del Macizo de Los Urrieles.

Tuvimos la suerte de encontrarnos con Tino, quien nos acompañó en la ascensión por la canal y nos enseñó los secretos que esconde su Majada.


La Pica de Ostón tiene una caída brutal sobre el Cares y permite contemplar numerosas canales del otro Macizo, como la Canal de Piedra Bellida o La Canal de Ría. También puede distinguirse el Collado Cerredo en lo alto de Amuesa y la panorámica completa de la vertiente asturiana de la Ruta del Cares.



domingo, 20 de septiembre de 1992

Aproximación a la Torre Santa (2.596 m.).

Con sus 2.596 m. de altitud Torre Santa es la montaña más alta del Macizo Occidental de los Picos de Europa y una de las más elevadas de la Cordillera Cantábrica, sólo superada por diez cumbres todas ellas en los Picos de Europa. La primera ascensión conocida fue la realizada el 4 de agosto de 1892 por Paul Labrouche, François Bernat Salles y Vicente Marcos.

Existe desde antaño una gran controversia en torno a la denominación de la montaña, conocida habitualmente como "Peña Santa de Castilla", aunque por fin se tiende a eliminar el dichoso gentilicio puesto seguramente por los asturianos, quienes a su vez intentan atribuírsela en varias publicaciones con descripciones como "una de las montañas más bellas de Asturias", perteneciendo íntegramente a León. Y lo de "Peña" o "Torre" es muy relativo: Gregorio Pérez "El Cainejo" siempre se refirió a ella como "Torre Santa", más que nada para diferenciarla de Peña Santa de Enol, pero en Caín la siguen llamando "Peña Santa"; en Valdeón en cambio se inclinan más por "Torre Santa", y si nos atenemos estrictamente al significado de los términos alpinísticos "Torre" y "Peña" lo cierto es que se trata de una Torre.

Todas las vías de acceso a la cima de Torre Santa son de escalada, la mayoría de gran dificultad. Sin embargo existen en la cara norte tres vías más asequibles: La Canal Estrecha, La Canal Ancha y La Canal del Ojal. Hemos consultado con varios escaladores y algunos de ellos nos han dicho que por la Canal Estrecha sería posible subir sin equipamiento de seguridad, pero lo cierto es que no hemos conocido a nadie que se haya presentado en la cumbre sin al menos un trozo de cuerda.

Nuestro objetivo es aproximarnos lo máximo posible a la cumbre de Torre Santa, sin pretensión alguna de escalarla puesto que no somos escaladores, pero sí que queremos alcanzar la Canal Estrecha y subirla hasta donde podamos. Para ello hemos planificado subir a Vega Huerta, la base de la montaña, bordearla por La Forcadona, y una vez superado El Neverón ascender por la Canal Estrecha hasta donde sea posible.

Como Laura está trabajando en el Parque no puede acompañarnos, de modo que nos vamos Carlos, Ricardo y yo. Nos alojamos en su casa de Prada y partimos temprano rumbo a La Bermeja por Pantivalles y Pambuches. Hace un mes subí por primera vez a La Bermeja, fue mi primera ascensión en solitario, de modo que conozco perfectamente el camino y me apetece mucho que Carlos y Ricardo conozcan esta ascensión, lo malo es que llevamos todo el equipo necesario para montar campamento en Vega Huerta y la mochilas pesan lo suyo. No resultó fácil portearlas por la Canal del Bufón.

Tras el paso por la cumbre de La Bermeja toca descenderla por la vertiente norte para dirigirse hacia Los Moledizos. Para ello hubo que salvar una caída por una brecha muy pronunciada que nos exigió mucha atención para no desestabilizarnos con las mochilas. Al final tuvimos que soltarlas y dejarlas caer por el barranco para poder descender con más seguridad. Una vez salvado el mayor desnivel pudimos dar con la senda del Camino del Burro, que procedente de Vegabaño sube por la Canal del Perro para dirigirse directamente a Vega Huerta.

En Vega Huerta todavía se encuentran en pie los restos del antiguo refugio de Peña Santa, destruido varias veces por las frecuentes tormentas que caen en la zona. El problema es el abastecimiento de agua, muy escasa en esta época del año. Lejos queda la Cueva del Agua, pero hemos tenido suerte y cae un hilillo de agua por una pequeña manguera situada en las inmediaciones de la vega.


La estampa de la cara sur de Torre Santa desde Vega Huerta es descomunal; con la ayuda de los prismáticos pudimos distinguir a un grupo de escaladores que a última hora de la tarde estaban alcanzando la cima. Montamos el campamento y pasamos la noche escuchando las voces de los escaladores que descendían con sus frontales por la pared sur de Torre Santa. Finalmente llegaron a eso de las cuatro de la mañana y acamparon a nuestro lado.



Por la mañana nos levantamos con los primeros rayos del sol y mientras desayunábamos le preguntamos a uno de los escaladores por la Canal Estrecha; nos confirmó que era la vía más fácil para subir a Torre Santa, pero siempre con cuerdas para asegurarse y con casco; nos dijo que caían muchas piedras y que ya ha habido bastantes accidentes por no llevar el casco. Le preguntamos si podríamos subir sin material aunque solo sean algunas trepadas y nos dijo que sí, pero había que tener mucha seguridad y dejar las mochilas abajo.

Desmontamos el campamento y comenzamos a caminar rumbo a La Forcadona. La senda está muy bien marcada y no hay posibilidad de confusión, puesto que la ruta comunica Vega Huerta con el Jou Santu y con Vegarredonda y es una de las más frecuentadas, aunque por ahora no nos hemos cruzado con nadie.


El paso por La Forcadona no entraña dificultad alguna, aunque hemos tenido que trepar con mucho cuidado para evitar un nevero muy sólido por el que era imposible pasar. Las dificultades llegaron después con El Neverón. Pensábamos que podríamos atravesarlo sin problemas, pero nada de eso, tiene una pendiente muy prolongada y está completamente solidificado por lo que resultó prácticamente imposible dar un solo paso sobre él.

Como queríamos aproximarnos a la Canal Estrecha optamos por evitar el nevero por la parte más alta metiéndonos por la rimaya que lo separa de la roca, pero donde realmente nos metimos fue en un callejón sin salida, era imposible avanzar un paso con seguridad portando las mochilas y con una caída de varios metros por debajo sobre el nevero. Unos escaladores vieron que estábamos en apuros y bajaron para ayudarnos, nos ataron con cuerdas y nos sacaron de allí. Hubo un momento en el que Carlos se quedó colgado de la cuerda, las pasamos canutas para salir de allí.

Aquellos amables escaladores nos llevaron hasta la base de la Canal Estrecha y nos indicaron el mejor camino para descender hacia el Jou Santu. Después del trance por el que acabábamos de pasar descartamos cualquier mínimo intento de trepar algo por la canal. Como consecuencia de uno de los golpes mi cámara sufrió un impacto que provocó este efecto en la instantánea que tomé a La Forcadona desde el Jou Santu.


Al fin y al cabo hemos alcanzado los 2.330 metros de altitud y nos hemos quedado a unos 265 metros de la cumbre, lo cual no está nada mal para un primer intento. Pero descendimos al Jou Santu con el miedo metido todavía en el cuerpo.


Peña Santa de Enol parece desde aquí bastante más asequible, quizás en otra ocasión nos planteemos su ascensión. Ahora solo pensamos en llegar al Boquete y descender por la Canal de Mesones hasta Caín.


A la salida del Boquete se abre ante nosotros un panorama espectacular de la Garganta del Cares, pero el cielo está cubierto y todavía tenemos que descender por la Canal de Mesones hasta Caín teniendo que salvar un tremendo desnivel. Nos preocupaba el paso por el Sedo de Mesones, pero finalmente lo superamos sin dificultad.


Llegamos a Caín a última hora de la tarde, tal y como estaba previsto para que Tony, uno de los compañeros de Laura nos recogiera y nos subiera hasta Prada donde Laura nos esperaba con un cocido montañés que devoramos sin dejar rastro.

viernes, 14 de agosto de 1992

Travesía por el Horcado Pambuches.

Entre la Torre Ciega y las Torres de Arestas se forma uno de los horcados más impresionantes de los Picos de Europa, por no decir el más grande y espectacular. Visible desde cualquier punto del Valle de Valdeón el Horcado Pambuches llama la atención por lo profundo y cerrado que es y por las descomunales paredes que lo conforman.


Desde que lo ví por primera vez siempre tuve curiosidad por saber qué se vería al otro lado del Hocado Pambuches. Ayer, cuando pasé por las Lleras de Pambuches camino de La Bermeja lo vi tan cerca que me entraron muchas ganas de subirlo, pero mi objetivo ayer no era ese, sino subir la Bermeja.

Pero por la noche les estuve contando a Laura y a sus compañeros del Parque los detalles de mi ascensión y mi inquietud por subir al Horcado. Entonces Carlos, que libraba el día entero, se ofreció a subir conmigo para que luego bajáramos por la otra vertiente hasta dar con la Canal de Capozo. "Terreno desconocido e inexplorado", pensé yo, toda una aventura que no podía dejar escapar a pesar de tener el cuerpo todavía resentido del esfuerzo de ayer.

Partimos temprano con lo justo en la mochila en dirección a Pantivalles y Pambuches exactamente por el mismo camino de ayer. En cuanto Carlos empezó a subir me fui quedando atrás aunque intentaba seguir su ritmo como podía con la lengua fuera; me estuvo contando anécdotas de cuando trabajaba en el Parque de Somiedo, se ha pateado un montón de rutas y montañas, lo cual se nota en sus piernas, tiene unos muslos que se parecen a los de un caballo...

A medida que nos vamos metiendo en el Horcado la pendiente aumenta tanto que hay que tener mucho cuidado con las rocas que se van desprendiendo en cada paso. El terreno es muy inestable y es muy conveniente ir juntos para que las piedras no se nos vengan encima. Al principio las paredes del horcado están bastante separadas, pero a medida que vamos ganando altura se van estrechando tanto que al final casi podríamos tocarlas con los brazos puestos en cruz.


Los últimos metros del horcado son verdaderamente vertiginosos, hay que agarrarse fuertemente con las manos; gracias que hay un viejo cordino atado en la roca que permite agarrarnos con seguridad hasta conseguir la última trepada. Por fin se abre ante mis ojos el panorama al otro lado del horcado: Un paisaje verdaderamente inhóspito con Torre Santa al fondo.


Pero todavía queda mucho camino que recorrer por un lugar desprovisto totalmente de señal humana, no hay sendas, veredas, marcas ni hitos, por aquí no pasa ninguna ruta marcada en los mapas. Tenemos que ir por donde vayamos pudiendo hacia la Pedriza Carbanal que se ve al fondo.

Al cabo de un buen rato caminando y esquivando obstáculos llegamos al punto alto de la Canal Tras La Envernosa, que cae directamente hacia el murallón de La Farfada. Apetece seguirla pero ambos sabemos que aquella canal no tiene salida posible.

Finalmente llegamos a la Pedriza Carbanal y desde allí descendemos directamente por la Canal de Capozo hasta La Farfada.

jueves, 13 de agosto de 1992

Ascensión a la Torre Bermeja (2.393 m.).

La Torre Bermeja es la peña situada más al sur del Macizo del Cornión (Occidental) de los Picos de Europa. Con sus 2.393 m. de altitud ofrece una espectacular visión de Torre Santa (2.596 m.), del Mar Cantábrico, de Asturias y de la Cordillera Cantábrica. Su ascensión desde Posada de Valdeón supone salvar un desnivel de 1.465 m. Pero el paso por la Canal de Pambuches, Collado Verde y Canal del Bufón recompensa y mucho el gran esfuerzo físico.


Hace unos días observaba desde la cumbre de La Palanca la vía de ascensión a La Bermeja por la Canal de Pambuches pensando que ese sería mi próximo objetivo en los Picos de Europa, mi primera ascensión en el Macizo Occidental.

Mi hermana Laura ya está trabajando en el Parque y vive en Prada compartiendo casa con otros guardas, de modo que he ido a visitarla para quedarme unos días y explorar algunas de las rutas que ofrecen las peñas de Valdeón, con la mente puesta sobre todo en la Bermeja. Pero hay un inconveniente: Voy totalmente solo, y todo el mundo me desaconseja que realice una ascensión en solitario sin conocer la ruta. Carlos, uno de los guardas compañeros de Laura se ofrece para acompañarme al día siguiente, pero yo no quiero esperar. Prefiero afrontar este reto yo solo, mi primera ascensión en solitario.

Amanece un día soleado y totalmente despejado; en la mochila llevo prismáticos, cámara, mapa, brújula, un bocata y la cantimplora, nada más. Salgo a primera hora de la mañana y comienzo a subir desde el viejo molino de Posada por la senda que asciende hasta Pantivalles. Conozco el camino porque el año pasado ya habíamos subido hasta Pantivalles Laura, Carlos y yo cuando regresábamos de nuestro intento de ascensión al Pico Jario, en Sajambre.

A la altura del Hayedo de Pambuches hice mi primera parada para descansar y llenar la cantimplora en el abravadero, única fuente de agua de toda la ascensión.

En cuanto entré en la Canal de Pambuches la ruta se hizo mucho más dura, la pendiente es brutal y el terreno es muy inestable, y el calor aprieta con fuerza. La vía está marcada por numerosos hitos y no cabe posibilidad alguna de perderse. A mi derecha dejo el Horcado Pambuches y en lo alto ya se puede divisar el Collado. Allí me encontré con un grupo de excursionistas de uno de los campamentos del valle, un montón de chavales que se dirigían a la Bermeja con sus monitores. Eran tantos que dejé que siguieran subiendo y aproveché apara tirarme en el collado y disfrutar del paisaje durante un buen rato.



Media hora después me puse en pie y continué con la ascensión buscando la entrada por la Canal del Bufón. La llaman así porque al parecer por allí hay una profunda sima por donde circulan fuertes corrientes de aire que al salir emiten un sonido muy característico.

A partir de aquí ya hay que agarrarse con firmeza a la roca porque hay varios tramos que exigen una buena trepada. Pero allí me encontré otra vez con los chicos del campamento que estaban atascados. No hubo manera de que avanzaran y yo no podía pasar por encima de ellos, así que me desvié por otro lado y fui trepando a roca viva dejándolos a todos allí parados.




Subí a toda leche para evitar coincidir con ellos otra vez y sobre todo para que me permitieran disfrutar de la cumbre en solitario. Finalmente llegué a la cumbre a eso de las 14:30; no había nadie, tenía todo aquel paisaje para mí solo, saqué la cámara y los prismáticos y me puse a explorar el panorama. Es espectacular la visión de Torre Santa y de todo el Macizo Central, se pueden distinguir todas las cumbres, El Llambrión, Torre Cerredo... También se ven las principales cumbres de la Cordillera, Peña Prieta, Espiguete... y hacia el norte puede distinguirse la línea que marca el horizonte con el Mar Cantábrico.

Saqué mi bocata, me tiré en una roca para descansar un buen rato y poco antes de que llegaran los del campamento recogí mis cosas y me preparé para el descenso. Pero antes que ellos llegaron desde la Canal del Perro otros tres montañeros con los que estuve charlando un rato en la cumbre. Les dije que disfrutaran de la cumbre antes de la llegada del campamento porque en cuanto todos aquellos chavales llegaran no quedaría sitio ya para nadie. Antes de despedirnos se ofrecieron para hacerme una foto dejando así testigo de mi primera ascensión en solitario.



domingo, 26 de julio de 1992

Ascensión a la Torre de La Palanca (2.614 m.).

Sólo existen 10 cumbres en la Cordillera Cantábrica que superan los 2.600 metros de altitud, y las diez se concentran en el Macizo Central de los Picos de Europa:


1ª Torre Cerredo: 2.648 m. (León-Asturias).
2ª Torre del Llambrión: 2.624 m. (León).
3ª Tiro Tirso: 2.640 m. (León).
4ª Torre Sin Nombre: 2.638 m. (León-Asturias).
5ª Torre de Casiano de Prado: 2.622 m. (León).
6ª Torre de Las Llastrias: 2.621 m. (León).
7ª Torre Blanca: 2.617 m. (León-Asturias).
8ª Torre de La Palanca: 2.614 m. (León).
9ª Peña Vieja: 2.613 m. (Cantabria).
10ª Torre Bermeja: 2.606 m. (León-Asturias).

Del Macizo Occidental sólo Torre Santa roza los 2.600 m., pero no llega (2.598 m.). Fuera de los Picos de Europa las únicas cumbres que intentan alcanzar tales cotas son Peña Prieta en Cantabria (2.536 m.), Curavacas en Palencia (2.520 m.), El Pico Tres Provincias en León-Palencia-Cantabria (2.497 m.), El Espigüete en Palencia (2.450 m.) y Peña Ubiña en León (2.417 m.).

Hace tan solo unos días que estuve por aquí con Alberto y Tato realizando una travesía por el Macizo Central de los Picos de Europa; a punto estuvimos de subir a La Palanca, pero teníamos que llegar a Fuente De y no podíamos perder mucho tiempo con una ascensión que desconocíamos por completo.

Pero en esta ocasión Carlos, Ricardo, mi hermana Laura y yo estamos decididos a llegar a la 8ª cumbre de los Picos de Europa: La Torre de La Palanca. Y nada mejor para afrontar esta ascensión que pernoctar en el Refugio de Collado Jermoso.



Estando el refugio tan cerca es aconsejable dejar las mochilas abajo y subir lo más ligero posible puesto que no es necesario llevar ningún tipo de material para escalda. Para acometer la ascensión hay que subir hasta el Hoyo del Llambrión, donde suelen acumularse nieves perpetuas. Una vez en el hoyo hay que aproximarse a la Torre del Peñalba e iniciar una trepada vertiginosa agarrándose fuertemente a la roca y procurando evitar los pedreros. Al otro lado del hoyo se encuentra marcada con señales amarillas la vía de ascensión a la Torre del Llambrión.

Al cabo de unos 40 minutos de ascensión ya se distingue la cumbre de La Palanca, de modo que lo único que hay que hacer es trepar por donde mejor se pueda hasta llegar a la cumbre.


La cumbre de La Palanca es muy amplia y permite pasearse tranquilamente por todos sus rincones buscando las mejores tomas fotográficas, como por ejemplo la de Torre Cerredo. También puede distinguirse el Naranjo de Bulnes, o el Pico Tesorero en cuya cumbre estuve hace unos pocos días.

La cumbre del Llambrión está justo al lado, tan cerca que puede verse perfectamente el vértice geodésico.

Pero lo que más impresiona es sin duda la vista del Valle de Valdeón, estamos tan altos que parece que estuviéramos volando.

Le dije a Laura que me sacara una foto con Torre Cerredo al fondo, la más alta, la montaña que espero conquistar tarde o temprano.

El descenso es mucho más rápido y sencillo que la ascensión porque ya no es necesario evitar los pedreros, más bien todo lo contrario, podemos aprovecharnos de ellos y descender a gran velocidad deslizándose por las torrenteras de piedras.

sábado, 18 de julio de 1992

Ascensión al Pico Cotalba (2.026 m.).

Germán Quintana, que pertenecía a un grupo de alumnos y profesores del Colegio Loyola, realizaba una ruta a pie por los Picos de Europa entre los Lagos y Ordiales. Los indicios apuntaban a que en algún punto decidió pararse un rato a descansar. A los miembros de los equipos de rescate les llegaban informaciones contradictorias que complicaron aún más una de las búsquedas más largas que se han producido en Asturias; fue un despliegue sin precedentes.


Las principales hipótesis sobre lo que le ocurrió aquel día a Germán Quintana, del que nunca más se supo, se bifurcan en dos direcciones: Buenos conocedores de los Picos sospechan que el niño intentó alcanzar de nuevo a su grupo y se perdió tomando un camino equivocado hacia el peligroso barranco del río Junjumia, un despeñadero imposible, infranqueable y sin salida, ubicado en las inmediaciones del refugio de Vegarredonda y que, tras un descenso salvaje entre paredes verticales desemboca en el río Dobra, escenario ya de varias muertes. Otros expertos montañeros se inclinan por que el joven hubiera podido extraviarse en Ordiales y desaparecer por alguna de las simas. Se da la circunstancia de que hasta dos horas más tarde, sus compañeros no se dieron cuenta de que faltaba.



El
7 de Junio de 1987, durante el operativo de búsqueda y 51 días después de su desaparición, se produjo un accidente de helicóptero de la Policía Autónoma Vasca en la Vega de Enol donde perdieron la vida los siete integrantes: Los dos pilotos, los cuatro guías del grupo de salvamento y el responsable de la Protección Civil de Asturias.



Esta foto tomada desde la Vega de Enol, en los Lagos de Covadonga, muestra el Macizo Occidental de los Picos de Europa; la montaña que se ve más hacia la derecha es el Pico Cotalba (2.026 m.), nuestro objetivo. Pasaremos noche en el Refugio de Vegarredonda para salir temprano hacia el Mirador de Ordiales y realizar la ascensión del Pico Cotalba. Además de mi hermana Laura y Carlos De Vega, Ricardo se une para acompañarnos en la ascensión. Con todo el equipamiento necesario partimos temprano hacia Vegarredonda.


Esta ruta nos hace recordar en todo momento la extraña desaparición del niño que realizaba una excursión al Mirador de Ordiales con su colegio, hace ahora cinco años. Al principio pensábamos que era muy raro que alguien desapareciera así, sin dejar rastro, sobre todo teniendo en cuenta que peinaron la zona durante 51 días sin encontrar nada, pero a medida que alcazábamos mayor altitud y desaparecía la vegetación nos dimos cuenta que la roca estaba plagada de lapiaces y simas. Pudo meterse por alguna de aquellas simas para explorar o para resguardarse.

A media tarde llegamos al Refugio de Vegarredonda, situado a 1.460 m. de altitud. El refugio sirve de base para las ascensiones al Pico Cotalba, al Requexón, a la Torre de Santa María de Enol o a Torre Santa. Todavía se encuentra en pie el refugio original, un poco más arriba que el actual. Se trata de un refugio muy confortable, amplio y con servicios.

Al anochecer sacamos nuestra cena al exterior para disfrutar de las magníficas vistas del ocaso, momento que aproveché para lanzar esta foto con la cámara reflex de mi hermana. Estábamos rodeados de un espeso mar de nubes.

Al día siguiente partimos temprano hacia el Mirador de Ordiales. Dejamos las mochilas en el refugio, solo llevamos lo imprescindible para la ascensión, de modo que fuimos muy ligeros. Pero el tiempo no estaba acompañando, la niebla había subido durante la noche y no veíamos nada; sólo podíamos guiarnos a base de seguir la senda y los hitos.

El Mirador de Ordiales es un balcón que asoma directamente al Valle de Angón y desde sus 1.691m. de altitud ofrece unas magníficas vistas de toda la Cordal de Ponga. Pero este mirador es más conocido por estar aquí enterrado desde 1.949 Pedro Pidal, el Marqués de Villaviciosa, la primera persona que coronó el Naranjo de Bulnes junto a Gregorio Pérez "El Cainejo". Fue además el impulsor del actual Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.

Lástima que en cuanto llegamos al Mirador no pudimos disfrutar de las vistas por estar todo cubierto por la niebla. Allí nos encontramos con un excursionista solitario muy extraño que se acercaba a nosotros amenazante y se pegaba a nuestra cara cada vez que hablábamos. Al principio asustaba pero pronto nos dimos cuenta que su actitud se debía a que estaba sordo y necesitaba acercarse mucho para poder escuchar. Al final resultó ser un buen conocedor de la zona y nos indicó la ruta que debíamos seguir para realizar la ascensión al Pico Cotalba.

La ascensión no resultó ser muy complicada, salvo por la niebla que de vez en cuando se metía de lleno y no nos permitía distiguir la cumbre. Finalmente llegamos más o menos a las 12 de la mañana y permanecimos en la cumbre una media hora esperando que las nubes nos dejaran disparar alguna foto. De vez en cuando chispeaba alguna gota de agua y Ricardo sacó su chubasquero amarillo; parecía el "Capitán Pescanoba".


miércoles, 15 de julio de 1992

Travesía Macizo Central de los Picos de Europa.

Los Picos de Europa constituyen una unidad montañosa que se desprende de la Cordillera Cantábrica hacia el norte acercándose a unos 20 kilómetros del Mar Cantábrico. Favorecido por la naturaleza de la roca calcárea y las abundantes precipitaciones se ha originado un importante Karst que ha dado lugar a la formación de numerosos hoyos ("Jous"), simas y profundas gargantas.

De los tres macizos que conforman la unidad montañosa es el Macizo Central, también conocido como el Macizo de los Urrieles, el más extenso y agreste, donde se encuentran las mayores altitudes y las simas más profundas.

Alberto, Tato y yo nos hemos planteado un reto para este año, al igual que hizimos el año pasado cuando fuimos a pedal desde León hasta los Picos de Europa. Nos hemos puesto delante del mapa del Macizo Central de los Picos de Europa y hemos trazado un recorrido para atravesarlo de sur a norte: Partiremos de Cordiñanes, subiremos a Collado Jermoso, cruzaremos la Vega de Liordes, bajaremos los Tornos de Liordes, subiremos el teleférico de Fuente De, ascenderemos el Pico Tesorero, cruzaremos los Horcados Rojos, cruzaremos el Jou sin Tierra, pasaremos por la Vega de Uriellu, tocaremos el Naranjo de Bulnes, y bajaremos hacia El Cares por Bulnes y Poncebos.

Nos llevamos la tienda de campaña y comida abundante para los cinco días a base de latas de conservas, embutido envuelto en una tela, pan, leche, galletas, leche condensada y alguna lata de Isostar.

Partimos el sábado 11 de julio desde Cordiñanes. Es la segunda vez que subo a Collado Jermoso y recuerdo la ruta perfectamente: La Rienda de Asotín, el Hayedo y la Vega de Asotín, la Canal Honda (y su atajo para evitarla por el Argayo Berón) y el Argayo Congosto. Recuerdo también a la Aguja Señora del Tío Toribio, perfectamente visible desde el Argayo Congosto.

Poco antes de entrar en el Argayo Congosto nos encontramos con una pareja de alemanes que andaban totalmente desorientados. No entendían ni "J" en castellano, de modo que nos comunicamos como pudimos con el inglés. No tenían ni idea de por dónde se subía al refugio, estaban a punto de meterse por un desvío hacia la Canal de Asotín que conducía directamente a un cortado sin salida. Les dijimos que nos acompañaran y treparon el Argayo Congosto detrás de nosotros. El tipo se parecía mogollón al actor Rutger Hauer, el de Blade Runner.

En esta ocasión no pernoctamos en el refugio, como nos llevamos la tienda de campaña con su material repartido entre las tres mochilas montamos campamento en las proximidades del refugio. En lo alto de la Torre Jermosa había decidido montar su tienda un obsesivo de la fotografía que perseguía una instantánea de un rebeco con Torre Santa al fondo. Se había traído a su hijo pequeño y le dijimos que aquel no era un buen lugar para montar la tienda porque durante la noche se levantaban vientos huracanados. No nos hizo caso. A las tres de la mañana le vimos desmontar su tienda y meterse en el refugio... hacía un viento endiablado.

Me cautivó la belleza de la Torre de Friero con su impresionante corredor norte. Al día siguiente partimos temprano rumbo a la Vega de Liordes por Las Colladinas. La imagen de la Torre Jermosa con Torre Santa al fondo es digna de las mejores postales de los Picos de Europa.

Llegamos a la Vega de Liordes más o menos a la hora de comer. Teníamos la vega entera para nosotros solos; el año pasado la habíamos visto desde el Collado Remoña y no nos imaginábamos que era tan grande. Sacamos nuestras viandas de las mochilas y nos pusimos a comer. Acto seguido nos entraron ganas de cagar y cada uno nos buscamos el mejor retrete rocoso disponible.

Echamos un último vistazo al Valle de Valdeón y a la Torre Santa y emprendimos el descenso por los vertiginosos Tornos de Liordes mientras escuchábamos en la radio portátil de Tato el desarrollo de la etapa del Tour de Francia.


Llegamos a Fuente De a última hora de la tarde y fuimos directamente al Camping para contratar una parcela para acampar esa noche. Después de lavarnos nos sentamos en una de las mesas del bar donde nos encontramos con Rutger Hauer y su chica. No sabíamos que habían hecho la misma ruta que nosotros, habían salido más temprano, por eso no coincidimos. Estuvimos charlando con ellos un buen rato poniendo en práctica nuestras dotes con el inglés.


El día siguiente amaneció con el cielo totalmente encampotado, pero pronto nos dimos cuenta que eran nubes bajas y el personal del teleférico nos confirmó que arriba estaba despejado. Fue un momento espectacular cuando la cabina del teleférico cruzo las nubes y aparecimos por encima del mar de nubes con un sol radiante.

Comenzamos a caminar en dirección a la Cabaña Verónica, que se la ve perfectamente a los pies del Pico Tesorero. Poco después de pasar por La Vueltona nos encontramos con que la senda estaba cubierta por un gran nevero. Cruzar un nevero en pleno verano fue toda una novedad para mí, nunca lo había experimentado.


Pero lo que más deseaba en aquel momento era llegar a Horcados Rojos para disfrutar de las vistas del Naranjo de Bulnes, con la Sierra de Cuera y el Mar Cantábrico de fondo. Antes pasamos por la Cabaña Verónica, una cabina en forma de iglú extraída de un portaaviones que sirve de refugio para 8 únicas plazas.


En el mirador de los Horcados Rojos estuvimos comiendo antes de enfrentarnos a la ascensión del Pico Tesorero, que con sus 2.570 m. de altitud se convierte en la primera de mis grandes ascensiones, nunca antes había estado en un punto geográfico tan elevado. Concurren en su cumbre los límites provinciales de León, Asturias y Cantabria; estábamos en "Tierra de Nadie". Saludamos de nuevo desde la cumbre a la Torre Santa.


También ha sido la primera vez que he experimentado la sensación de vacío cuando hemos bajado hacia el Jou de los Boches por el cable de acero que está amarrado a la roca. Un mal paso durante aquel descenso y no lo cuentas, y como te pille una tormenta mientras bajas agarrado al cable date por muerto, no sería la primera vez.

Mientras cruzamos el Jou de los Boches hacia el Jou sin Tierra paramos para deslizarnos con las esterillas por alguno de los neveros. Estábamos sedientos, hacía mucho calor, así que nos prometimos bebernos una botella de vino en el refugio del Naranjo de Bulnes.

En cuanto llegamos al refugio preguntamos por el guarda para reservar nuestra plaza. Nos dijeron: "Es aquél"... "Hola, ¿eres el guarda del refugio?" "Puede..." nos contesta. Debía tener una crisis de identidad, el muy gilipollas. En fin, nos asignó nuestra plaza y nos explicó las normas. Al menos nos permitió cenar dentro del refugio, nos sentamos en una de las mesas y sacamos nuestras viandas. Cuando vimos a los de al lado sacar su hornillo y calentarse unos espaguetis se nos cayó la baba... y nosotros ahí, con nuestro trozo de jamón, lomo y chorizo... "Tenemos que hacernos con un hornillo", meditamos.


El día siguiente continuamos nuestro camino en dirección hacia Pandébano, desde donde lanzamos las fotos con la estampa clásica del Naranjo de Bulnes. Nos llamó la atención un ganadero que intentaba meter a las vacas en los graneros, al parecer había una que se le estaba resistiendo y no paraba de gritar: "¡Aposenta, aposenta!"

De Pandébano bajamos hasta Bulnes, y de Bulnes a Poncebos por la Canal del Tejo. Llegamos reventados, pero nos quedaba por delante toda la Ruta del Cares. De vez en cuando paramos para meter los pies en las gélidas aguas del canal. Llegamos a Caín cuando comenzaba a caer la noche, pero estábamos tan cansados que no teníamos ganas de montar la tienda, así que nos metimos en el pórtico de la Iglesia y allí tiramos los sacos para dormir bajo la mirada atónita de los cainejos que pasaban por allí.


Ha sido una aventura memorable; regresamos a León con la sensación de que se nos ha hecho demasiado corta. No obstante, ya tenemos anotado que para el próximo año vamos a hacer la Travesía por el Macizo Occidental.

domingo, 28 de junio de 1992

Canal de Capozo y La Pedriza Carbanal.

Desde Posada de Valdeón y siguiendo el curso del Río Cares el valle se cierra hasta la Garganta que conduce al último pueblo de León, Caín, punto de partida de la Senda del Cares. Pero antes se extiende en el Monte Corona el bosque mixto mejor conservado de la Península Ibérica, un bosque en el que conviven hayas, robles, arces, avellanos, tilos, fresnos, nogales, abedules...

En la vertiente del Monte Corona que asciende hacia el Macizo Occidental de los Picos de Europa discurre un sendero que conduce a la Vega Huerta a través de la Canal de Capozo. Vega Huerta es la base para las ascensiones a Torre Santa, la cumbre más elevada del Macizo Occidental.

La ruta de ascensión a la Vega Huerta por la Canal de Capozo ofrece un montón de atractivos, como el atravesar los bosques del Monte Corona, contemplar el nacimiento del Arroyo de La Farfada directamente desde las entrañas del murallón rocoso, contemplar desde lo alto la frondosidad del bosque de Corona, adentrarse hacia lo profundo de la angosta Canal de Capozo a los pies de las paredes del Cueto Agudos, ascender por los pastos de la Pedriza Carbanal y descubrir la colosal estampa de la Peña Santa a medida que nos vamos acercando a Vega Huerta.


El año pasado descubrí solo algunas de las maravillas naturales de los Picos de Europa: El Naranjo de Bulnes, Collado Jermoso, el bosque de Vegabaño... Pero sé que estos paisajes esconden otras muchas sorpresas, así que me he propuesto para este año 1992 un montón de rutas y aventuras para descubrir en profundidad este increíble paraje natural tan cercano a casa.

Al principio del año, el 3 de enero, fuimos a Posada de Valdeón Carlos, Ricardo y mis hermanos Luis y Laura para pasar un fin de semana rural que aprovechamos para conocer la aldea de Caín de Arriba, el Monte Corona y La Farfada. Nos enteramos entonces de que el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga convocaba plazas para trabajar durante el verano.

Nos presentamos a la convocatoria de selección del Parque Laura, Ricardo, Carlos y yo, a parte de un montón de gente residente en el valle y en los alrededores. Dábamos por hecho que el Parque iba a contratar a gente del Valle de Valdeón, pero aun así no perdimos la esperanza y nos presentamos dispuestos a superar la prueba. Las preguntas no eran muy difíciles, pero había alguna bastante compleja porque utilizaba la toponimia propia del lugar de la cual todavía no éramos muy conocedores. A pesar de todo, Laura hizo un gran examen y superó la prueba, fue seleccionada junto a otra chica residente del Valle. Así que trabajará durante el verano en el Parque Nacional: ¡Qué suerte! y ¡qué envidia! Pero lo bueno para mí es que podré visitarla y hacer un montón de rutas por el Valle de Valdeón.

Para este fin de semana, último del mes de junio, nos hemos propuesto alcanzar la base de Torre Santa subiendo por la Canal de Capozo y encontrar esa misteriosa Cueva del Agua de la que nos han hablado las gentes del valle. Sabemos que se haya escondida en algún lugar de la canal y que es el único punto donde podremos abastecernos de agua una vez superada la Farfada.



Partimos del Mirador del Tombo, a unos 800 m. de altitud en las proximidades de Cordiñanes, desde donde se inicia la senda. Sabemos que tenemos que descartar cualquier bifurcación que gire hacia la derecha.

Después de caminar durante unos 30 minutos, nos adentramos en el bosque de Corona en su parte más elevada y próxima al murallón rocoso. Pronto comenzamos a escuchar las aguas torrenciales de La Farfada, que es precisamente ahora en la primavera cuando bajan con mayor caudal por el deshielo. Nos han contado que en este lugar encontraron este invierno el cadáver de un montañero que se había despeñado desde la Canal Tras La Envernosa.


La senda cruza La Farfada a través de un puentecillo de madera y se adentra en las profundidades del bosque a medida que nos aproximamos a la base de la Canal de Capozo. Hay que pasar por varios argayos y un sedo bastante imponente que ofrece unas vistas espectaculares del todo el Valle de Corona.

Una vez superado el sedo comienza la ascensión más pronunciada por la canal mientras van desapareciendo las hayas del bosque por la altitud, más o menos a unos 1.400 m. De vez en cuando miramos hacia el cielo porque se están agrupando demasiadas nubes, pero de pronto nos topamos con los restos de un corzo aparentemente devorado por una manada de lobos.



A medida que vamos avanzando van mejorando las vistas del Macizo Central, tenemos justo en frente el Collado Jermoso y la Canal de Asotín. Pero el cielo se está oscureciendo cada vez más y todavía no hemos encontrado la Cueva del Agua.

Sabemos que en algún punto en torno a los 1.530 m. de altitud tenemos que apartarnos de la senda hacia la izquierda y buscar una oquedad en el terreno. No se ve a simple vista, hay que apartarse y buscar hasta toparse con ella, es la Cueva del Agua; en su interior hay un manantial de aguas frías y cristalinas, un sitio perfecto para descansar, comer y refugiarse de la posible tormenta que se avecina.

Salimos y seguimos caminando, y pronto me llama poderosamente la atención la extraña forma del murallón rocoso que se distingue hacia arriba, es como si la roca hubiese sido horadada por un glaciar. Es el final de la Canal de Capozo abriéndose paso hacia la Pedriza Carbanal, desde donde podemos distinguir ya la característica silueta de la Peña Santa.


El agotamiento y la amenaza constante de tormenta nos obliga a darnos la vuelta con el tiempo justo para regresar. Nos habíamos planteado la posibilidad de alcanzar los Puertos de Cuba para descender por el Hoyo Verde hacia la Canal de Mesones directamente a Caín, pero ni de lejos, comienza a tronar y a chispear de vez en cuando. Mientras bajábamos a toda prisa por la canal escuchando los truenos me acordaba de mi primo Nani, que murió a causa de un rayo que le cayó precisamente cuando estaba en la cumbre de Peña Santa. Siempre hay que tenerle respeto a las tormentas en los Picos de Europa, así que nos refugiamos en la Cueva del Agua hasta que las fuerzas de la naturaleza se tranquilizaron.